18 mar. 2011

¿De qué estamos hablando?

Cuando hablamos de la lucha contra la pobreza, a veces se usan indistintamente términos como desigualdad, precariedad, miseria, pobreza a secas y extrema pobreza, lo que hace que a veces se plantee el objetivo de reducir, mientras que desde otros lados se apunte a la necesidad de erradicar esa realidad. Pero claro, es que no estamos hablando de lo mismo... Si hablamos de desigualdad, no podemos plantearnos más que de reducirla, ya siempre habrá unos que tengan más que otros, pero si hablamos de miseria, no plantearse la erradicación total y absoluta supone abandonar al que la sufre como si no fuera digno de otra cosa.

En este sentido, el libro Erradiquer la misere, coordinado por Xavier Godinot, aclara bastante las cosas. Por eso creo que merece la pena recoger algunos de los elementos que propone. Se apoya sobre todo en el concepto de pobreza como privación de capacidades aportado por Amartya Sen y el de miseria como violación de los derechos humanos de Joseph Wresinski.

Amartya Sen se ha interesado sobre las posibilidades reales que tienen los individuos de vivir la vida que desean. Propone cambiar el foco de los recursos de los que dispone cada uno para centrar la atención sobre la vida real que cada individuo es capaz de elegir, es decir, sobre los diversos modos de "funcionamiento humano", lo que depende tanto de las características personales como de la organización social. De este modo, la pobreza sería una privación de las capacidades elementales, que varían según el contexto socio-histórico. Sen quiere escapar así de la relatividad con la que se trata la pobreza cuando se fija en función de la posesión de más o menos bienes.

Por su lado, Wresinski define la precariedad como "la ausencia de una o varias seguridades que impiden a las personas o familias asumir sus obligaciones profesionales, familiares o sociales, y de ejercer sus derechos fundamentales". Esta precariedad puede llevar a la extrema pobreza o la miseria "cuando afecta a varios dominios de la existencia y se convierte en persistente, comprometiendo las posibilidades de volver  a asumir las propias responsabilidades y reconquistar sus derechos por sí mismo en futuro previsible".

Por otro lado, resulta interesante y clarificadora la propuesta analítica de Serge Paugam que se recoge en el libro sobre las diferentes formas de interdependencia que puede tomar la relación entre la población designada como pobre y la sociedad de la que forma parte. Así, remarca tres formas elementales:

  • La pobreza integrada: cuando el número de personas en situación de pobreza es muy elevado, formando un grupo social en sí mismo, por lo que no están estigmatizados y los sistemas de protección social se conforman entre los iguales. Es la situación de Europa hace muchos años, o la actual en muchos países de América Latina, Asía y África.
  • La pobreza marginalizada: los llamados "pobres" son un porcentaje pequeño de la población, frecuentemente juzgados como inadaptados al mundo moderno, muy estigmatizados y dependientes de la asistencia social. Ha sido el caso por ejemplo de Francia y EEUU en los años 30. 
  • La pobreza descalificante: los llamados "pobres" son cada vez más numerosos y arrojados fuera de la esfera productiva. Se diferencia de las anteriores en que no se trata tan sólo de una pobreza "estabilizada" que se transmite de generación en generación, sino que existe un proceso de pauperización que afecta a franjas de población que hasta entonces estaban bien integradas. Es el resultado de rupturas sucesivas, y es el modelo actual en las sociedades "postindustriales". 
Para muestra de en qué momento estamos, no hay más que mirar alrededor. Pero claro, todo ese desplazamiento hacia el mundo de la pobreza no hace sino hundir más a aquellos que ya se encontraban en él...

No hay comentarios:

Publicar un comentario