23 jul. 2012

El capitalismo farmacéutico

Una buena síntesis de las consecuencias del modelo empresarial capitalista en el campo de la salud:
 



Richard J. Roberts fue Premio Nobel de Medicina. Él y Phillip Allen Sharp fueron premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo gen splicing, el empalme de genes. Entrevistado por La Vanguardia en julio de 2007 [1], RJR afirmaba cosas sensatas del siguiente tenor: “La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas... La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital…”

“Como cualquier otra industria”, apuntilló el entrevistador. RJR no cayó en la pueril trampa: “Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos… Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos… He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad”.

Por qué dejaron de investigar, se le preguntó. La respuesta del Nobel: “Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que hacen crónica la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento… Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para convertir en crónicas dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria y comprobará lo que le digo”. Puso algunos ejemplos.

Se han dejado de investigar antibióticos porque eran demasiado efectivos y curaban del todo. “Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas”.

Sobre el Tercer Mundo señalaba RJR: “Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades “tercermundistas”, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella”.

Preguntado sobre las afirmaciones del Nobel –“¿exageraba mucho Richard J. Roberts? ¿Estaba cegado por alguna ideología izquierdista que ofuscaba su mente?”-, el científico franco-barcelonés Eduard Rodríguez Farré comentaba: “No, en absoluto, estoy totalmente de acuerdo. Si bien la industria ha generado medicamentos de gran valor, no puede haber duda sobre ello, también es cierto lo que indica (y denuncia) Roberts. No son incompatibles ambas afirmaciones” [2].

¿Es sólo eso siendo mucho ese “eso”? ¿No hay más residuos tóxicos en este lodazal? Sí, los hay. 

Miguel Jara comentaba recientemente un caso relacionado con el laboratorio multinacional Pfizer [3]. 

Pfizer ha sido acusado de practicar “una conducta delictiva” y de financiar “un oscuro sistema de coimas y sobornos a los médicos en el marco de la cadena de comercialización de los medicamentos”, según ha dictaminado el Juzgado Nacional de lo Criminal de Instrucción Número 27 de Buenos Aires. Pfizer ha quedado “envuelto en un escándalo de imprevisibles consecuencias para la multinacional, ya que el juez de Instrucción Alberto Baños y la secretaria del juzgado María Noé Rodríguez recomendaron enviar los antecedentes al Juzgado Nacional en lo Penal Económico Número 8 para que determine la gravedad de las conductas delictivas y las eventuales condenas penales”.

El laboratorio opera así: identifica a los denominados ‘médicos-negocios’, aquellos con mayor potencial prescriptor, y envía a un agente de propaganda médica “a captar su voluntad mediante el ofrecimiento de diversos beneficios económicos como puede ser la entrega de un determinado electrodoméstico o un cheque o dinero en efectivo, de tal manera se asegura que aquél recete sus productos”.

El propio Jara explica cosas muy similares en su libro Laboratorio de médicos : lo mismo que ocurre en Argentina sucede cotidianamente en España “con numerosos laboratorios sin que las autoridades judiciales españoles actúen”. Los grandes laboratorios no conocen fronteras y tienen prácticas parecidas a lo largo y ancho del “mundo globalizado”. Es la Internacional del Capital(y el mal)

¿Era aquello y es también esto? ¿No hay más? Sí hay más. Tomo pie en el excelente artículo de Milagros Pérez Oliva en el diario global-imperial del pasado martes 10 de julio [4].

Hace 8 años, en 2004, se supo que GSK [GlaxoSmithKline] había ocultado una información, apenas “un pequeño detalle”: entre los niños y adolescentes tratados con Paxil [5], un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina usado para tratar la depresión, se producía una mayor tasa de pensamientos y conductas suicidas.

Al ser descubierta, digámoslo así, la Big Pharma llegó a un acuerdo extrajudicial. Por él se comprometía a publicar todos los datos de sus estudios clínicos. “Todos” es todos. De hecho, en 2007 un cambio normativo en Estados Unidos obligaba a las farmacéuticas a publicar los datos de los estudios clínicos que realizaran. No algunos, todos los datos.

La nueva normativa permitió otro pequeño descubrimiento: GSK había ocultado también datos comprometedores de Avandia, un fármaco que se recetaba para tratar la diabetes. La propia Glaxo había iniciado en 1999 un estudio secreto para averiguar si el fármaco en cuestión era más seguro que Actos, de Takeda, otra compañía farmacéutica global que absorbió Nycomed y que cuanto menos presenta dos faltas ortográficas elementales en su página web [6].

Los resultados de la investigación fueron desastrosos para GSK: no solo no era más eficaz el fármaco de la competidora sino que el suyo presentaba un significativo mayor riesgo de daño cardiaco.

Los resultados, una obviedad desde cualquier punto de vista próximo a una honestidad básica, deberían haberse comunicado a las autoridades sanitarias. Pero no se hizo.

En lugar de ello, GSK hizo todo tipo de maniobras para evitar que trascendieran. Una investigación del The New York Times reveló en 2010 correos internos entre directivos de la Big Pharma en los que se advertía que los datos del estudio no debían ver, bajo ningún concepto , la luz del día (ni siquiera las sombras en noches estrellada).

Los riesgos de Avandia fueron confirmados, tiempo después, en un estudio independiente de un cardiólogo de Cleveland. GSK reconoció finalmente que conocía los riesgos de Avandia desde 2005. ¡Rectificar es de sabios!

¿Ya está? ¿Paz y más tarde gloria? No lo crean: una mentira más sumada a otras mentiras. Son sistemáticos. Investigaciones posteriores probaron que la compañía ya tenía conocimiento de los efectos adversos no declarados desde antes de su comercialización, en 1999, y no sólo permitió que se prescribiera sin ninguna advertencia sino que hizo todo lo posible por ocultarlo sabiendo que había alternativas más seguras para los pacientes. ¡La salud humana no cuenta en sus cuentas!

Sin perdón, sin piedad, con la cuenta de resultados siempre por delante, en esas manos estamos. Que Avandia mantuviera su cuota de mercado era una cuestión “estratégica” para GSK, en un momento, señala MPO, en que su portafolio estaba huérfano de nuevos productos. Lo demás es nota a pie de página para las plegarias familiares de los domingos.

Entre los documentos ahora conocidos figura un informe interno en el que la compañía evaluaba el coste que tendría la revelación de los efectos adversos: 600 millones de dólares entre 2002 y 2004. Ese fue el punto, no la salud de las personas ni la veracidad de la información y del conocimiento. Al capitalismo realmente existente esas consideraciones le parecen ruidos, palabras pueriles o enunciados asignificativos. Puro non sense. Como el Caroll de Alicia en tierra de maravillas o a través del espejo.

En el trasfondo de lo anterior, señala MPO, subyace el giro estratégico emprendido por muchos laboratorios farmacéuticos a finales de los ochenta del siglo pasado con la finalidad de incrementar los beneficios -¡toda vale por la pasta!-, “no por la vía de obtener nuevos y mejores fármacos, algo que resulta cada vez más costoso, sino por la de conseguir nuevas indicaciones para sus viejos medicamentos”. La estrategia incluye la creación artificial de enfermedades, el intento, culminado con éxito en ocasiones, de convertir “procesos naturales en la vida como la menopausia, la tristeza o la timidez, en patologías susceptibles de ser tratadas con fármacos”. En esa estrategia seguimos inmersos, no muy distanciada de los señalado por el Nobel Richard J. Roberts.

¡Me olvidaba! GlaxoSmithKline es la tercera mayor farmacéutica del mundo. Su facturación en 2010 fue de 33.998 millones de euros, un 10% más que los recortes (es decir, hachazos) que la troika gobernante y dominante y el gobierno servil ultraconservador de Rajoy y sus muchachos y muchachas pretenden imponer a la ciudadanía menos favorecida.

PS. Para no cargas las tintas en GSK -la situación señalada está lejos de ser un “caso singular”-, vale la pena recordar también el caso de Abbott, otra farmacéutica. Tomo de nuevo pie en el artículo de MPO: Abbott extendió el uso de un anticonvulsivo aprobado en 1983 para tratar la epilepsia y el trastorno bipolar a otras patologías en las que no tenía ninguna eficacia probada (como la agitación en ancianos con demencia senil). ¿Cómo lo consiguió? El laboratorio pagó durante unos diez años a médicos y residencias de ancianos para que prescribieran el fármaco.

¡Como unos angelitos bondadosos! Por si hubiera alguna duda: palabras del máximo responsable ejecutivo de la división del fármaco Paxil, Barry Brand, ante la junta de accionistas de GSK: “El sueño de todo comercial es dar con un mercado por conocer o identificar, y desarrollarlo. Eso es justamente lo que hemos logrado hacer con el síndrome de ansiedad social” [7]. Grandes aplausos, corazones exaltados. ¡Viva el mal, viva el Capital!

Notas:

[1] Lluís Amiguet, en la contra de La Vanguardia, 27 de julio de 2007. http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2007/07/27/pagina-64/60624346/pdf.html
[2] Para el comentario de Eduard Rodríguez Farré, véase ERF y SLA , La ciencia en el ágora. Mataró (Barcelona), El Viejo Topo, 2012.
[4] M. Pérez Oliva, “Medicamentos en busca de enfermedad”. El País , 10 de julio de 2012, pp. 28-29.
[5] El Paxil era un viejo antidepresivo, la paroxetina. Como señala MPO, “volvía al mercado con nuevos ropajes y, por supuesto, nueva indicación”. Desde los foros de salud pública se criticó al laboratorio por esta manipulación. Respuesta de los responsables de GSK: culparon a la prensa por distorsión. ¡La mejor defensa es un ataque despiadado y falsario!
[6] La frase, faltas no excluidas: “Construyendo una compañia [sin acento] farmaceútica [¡con acento en la ‘u’1] global Nycomed se ha unido a Takeda en Octubre de 2011”. http://www.nycomed.com/es/takeda/
[7] Tomado también del citado artículo de Mercedes Pérez Oliva

21 jul. 2012

El derecho a la salud es el derecho a la vida

Acabo de terminar de leer el libro de Paul Farmer "Pathologies of Power" y no puedo dejar de recomendarlo como lectura que debería ser obligatoria para cualquier persona que trabaje en el ámbito sanitario. El autor propone un recorrido por diversos lugares donde ha trabajado en mayor o menor medida (Haiti, Chiapas, cárceles rusas, Boston, Peru), compartiendo experiencias concretas que le han llevado a proponer que la relación entre la salud y los derechos humanos debe ser una línea prioritaria de actuación, ya que enriquece tanto la visión sanitaria de la salud como la de los derechos humanos, cuestionando ambas desde la perspectiva de quienes viven en la pobreza y la exclusión. Porque como dice al hablar del problema de la tuberculosis multiresistente, el bacilo tuberculoso hace su propia "opción por los pobres" (como tantas otras enfermedades), lo que debe empujar a que desde la medicina se priorice también la atención a quienes más necesitan de ella. Por eso es tan importante incorporar la cuestión de la equidad en el trabajo sanitario, y preguntarnos sobre cómo es posible que bajo el paraguas del "coste-efectividad" degrademos a tantas personas al grado de "sub-humanos", ya que sus vidas y sus muertes no son tomadas en cuenta.

Pero creo que el mejor resumen de lo que se trata de transmitir en el libro es esta declaración realizada en el 2001 por un grupo de personas infectadas por VIH en una zona rural de Haití. No tiene desperdicio, aunque la traducción no es muy buena (otras versiones aquí):

"Nosotros los pacientes de Zanmi Lasante, nos sentimos afortunados de recibir medicación y cuidado de salud, aun cuando no tengamos dinero. Muchas de nuestras limitantes en salud han sido resueltas con las medicaciones. Ellas nos han beneficiado, teniendo en cuenta lo mal que habíamos estado. Nos sentimos afortunado pues hemos recibido las medicaciones, pero nos sentimos tristes por los otros, porque ellos no reciben el mismo tratamiento que nosotros.

En adición a nuestros problemas de salud, también tenemos otras aflicciones. Aun solo con la preocupación de estar enfermo, todavía tenemos problemas para pagar nuestro alojamiento. Tenemos problemas para encontrar empleo. Nos mantenemos preocupados por enviar a nuestros hijos al colegio y la estresante realidad que nosotros no podemos encontrar las formas de apoyarlos a ellos. No ser capaces de alimentar a nuestros hijos es el más grande reto que enfrentamos las madres y padres en toda la nación de Haití. Hemos aprendido que estas calamidades ocurren también en otros países. Como nos vemos reflejados en todas esas tragedias nos debemos preguntar: nos es cada ser humano una persona?

Sí, todos los seres humanos somos personas. Somos los afligidos quienes estamos hablando. Hemos venido juntos a Cange a exponer las dificultades de los enfermos. Nosotros tenemos algunas ideas en nuestras mochilas que nos gustaría compartir con Uds. que están en la autoridad de ver que es lo que Uds. pueden hacer para resolver los problemas de salud de los pobres.

Cuando nosotros los enfermos, quienes estamos viviendo con SIDA, hablamos del tema “Salud y Derechos Humanos”, vemos dos puntos que tienen que ser indivisibles, inalienables. Aquellos quienes están enfermos tienen el derecho a cuidados de su salud.

Quienes estamos ya infectados, creemos también en la prevención. Pero la prevención no va a curar a quienes ya están enfermos. Nosotros necesitamos tratamiento cuando estamos enfermos, pero para los pobres no hay clínicas, no médicos, no enfermeras, etc. Además los medicamentos son muy costosos. En el tratamiento para HIV por ejemplo, hemos visto, que debería ser menos de 600 dólares anuales. Aunque esto es lo que está citado en la nota de prensa, aquí en un pobre y pequeño país como Haití, cuesta dos veces más.

El derecho a la salud es el derecho a la vida. Todos tienen el derecho a vivir. Esto significa que si nosotros no estamos viviendo en miseria pero en pobreza, no estaríamos en tales condiciones precarias, esto no sería nuestro predicamento hoy.

No tener recursos es un gran problema para la gente pobre, especialmente para las mujeres quienes tienen niños pequeños. Esto es lo que en nuestra abatida realidad Haitiana es reconocida como “la misma lucha por la vida que inherentemente destruye la vida”, p.e. arañando por vida, encontramos la muerte.

Todos tienen el derecho a comer, educación, salud – es la forma en la que debería ser- nosotros no estaríamos hoy en tales encrucijadas, nosotros resolvemos el problema de las carreteras, agua y electricidad de modo que todos podrían vivir como seres humanos.

¿ Por qué nos están destruyendo? ¿ Es porque somos los más pobres, que ellos no toman nuestra supervivencia en consideración? ¿Es porque somos los más pobres que estamos marginados, que ellos no nos toman en cuenta?

Tenemos un mensajes para las personas que están aquí y para aquellos que son capaces de escuchar nuestra súplica. Nosotros estamos buscando su solidaridad. La batalla en la que estamos involucrados para encontrar un adecuado cuidado para aquellos que tienen SIDA, Tuberculosis y otras enfermedades es la misma que el combate que ha sido pagado por otras víctimas en el tiempo de modo que todos podamos vivir como seres humanos.

Para aquellos  que están escuchando hoy tenemos otro mensaje: este mensaje es para quienes manufacturan las medicinas. Nos gustaría alentarlos a desarrollar y generar medicamentos y continuar haciendo investigaciones. Pero si Uds. no bajan los precios, nosotros los abatidos pobres, no seremos capaces de comprar medicinas esenciales para sobrevivir e inevitablemente, son los pobres quienes quedarán más enfermos. Nosotros continuaremos muriendo antes sus propios ojos. Totalmente enterado que nuestra ya insufrible situación empeoraría día a día.

Nosotros le estamos haciendo un llamado a Ud. Sra Titid. Nosotros los pacientes de Cange nos sacamos el sombrero ante su pronunciamiento a nombre nuestro en la reunión de las Naciones Unidas. Sabemos que Ud. tiene la convicción y la voluntad, sabemos que está luchando por nosotros. Sin embargo, le pedimos al gobierno haga mayores esfuerzos para cooperar con nosotros que estamos enfermos ayudando a valernos de buenos doctores, buenas enfermeras, buenas medicaciones. Nosotros enviamos este mismo pedido al Ministro de Salud. Sería bueno para Ud. que está en la autoridad, hacer este trabajo antes de que mas pobres como nosotros mueran.

Nosotros tenemos un mensaje para todos aquellos que están preocupados por nosotros, quienes se preocupan por nuestra salud, nosotros queremos agradecerles por la carga pesada que llevan con nosotros. Nosotros quienes estamos enfermos, los queremos mucho, les pedimos que se mantengan firmes, que perseveren con nosotros. Reconocemos que no es fácil encontrar gente dedicada como Uds. Estamos hablando específicamente de ‘acompañantes’, auxiliares, enfermeras, médicos, administradores y todos alrededor de quienes nos atienden incluyendo a quienes cocinan para nosotros, lavan y planchan para nosotros.

Tenemos un mensaje para los que sufren de la misma enfermedad que nosotros. Queremos decirles que no se desalienten porque no tienen las medicinas. Les pedimos que permanezcan firmes en esta lucha y no se cansen de luchar por todos para tener las medicinas necesarias y adecuado tratamiento.

Tenemos un mensaje para los grandes jefes, para aquellos de otros países, aquellos de Haití, aquellos de grandes organizaciones como el Banco Mundial, USAID,etc. Les pedimos que tomen conciencia de todo lo que nosotros continuamente soportamos. Nosotros también somos seres humanos, también somos personas y es imperativo que Uds. pongan de lado su egotismo.

Les suplicamos que pongan de lado todo egoísmo y paren de desperdiciar fondos críticos para comprar grandes carros, comprar grandes edificios y amasar inmensos salarios. Por favor paren de mentir contra nosotros las personas pobres. Ha sido alegado que nosotros no sabemos decir la hora y que esa es la razón para que seamos inelegibles o inmerecidos de medicaciones, las cuales tienen que ser tomadas en intervalos programados. Paren de acusarnos injustamente y propagar erróneas presunciones acerca de nuestro derecho a la salud o a nuestro incondicional derecho a la vida. Somos de hecho pobres, pero no porque somos pobres automáticamente signifique que también somos estúpidos. 

Es nuestro ardiente deseo que este mensaje no quede relegado como otro mero documento o papel. Como un dicho popular Haitiano menciona: mientras nuestra cabeza no sea cortada, la esperanza de usar sombrero se mantiene.

Nosotros, los pacientes de Zanmi Lasante (Socios En Salud) en Cange, tenemos una declaración que nos gustaría hacer ante todos Uds. Nosotros, significa quienes estamos enfermos, es por eso que nosotros tomamos la responsabilidad de declarar nuestro sufrimiento, nuestra miseria, nuestro dolor y por supuesto nuestra esperanza. Hemos escuchado muchas declaraciones bonitas acerca de nuestras circunstancias, pero nos sentimos apremiados de decir algo mas categórico, mas clamoroso de lo que se haya oído."

19 jul. 2012

Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VI): Aprendiendo de la historia

Según quien lo lea, todo lo escrito en las entradas anteriores de esta serie pueden resultar simplemente bienintencionadas o un mero ejercicio de ensoñación sobre posibilidades que están lejos de darse en la realidad actual.

Sin embargo, la importancia de los determinantes sociales en la salud no es algo nuevo, aunque haya sido en los últimos años cuando más se ha desarrollado este campo de investigación. De hecho, releyendo la historia es posible encontrar abundantes ejemplos en los que la actuación sobre estos determinantes ha conducido a una mejora en los niveles de salud.

Un ejemplo muy interesante es el que recoje Amartya Sen en su obra "Development as freedom": tras estudiar la evolución en la esperanza de vida en Gran Bretaña desde 1901 a 1960,encuentra que los periodos de mayor crecimiento de la misma se localizan en los periodos de 1911-1921 y de 1940-1951. Curiosamente, ambos periodos coinciden con ambas guerras mundiales. ¿No se supone que las guerras son momentos de mayor mortalidad y disminución de la esperanza de vida? Sen encuentra una explicación muy interesante: atribuye este incremento a las políticas sociales desarrolladas en estos periodos bajo la sombra de la guerra y sus consecuencias. De alguna manera, esta amenaza a la supervivencia tan concreta estimuló el desarrollo de políticas colectivas de racionamiento de alimentos, para hacer frente al hambre, y de salud pública. De hecho, el National Health Service, icono durante mucho tiempo como modelo de Sanidad Pública, se creo durante los años de la segunda guerra mundial.

Pero quizás los ejemplos más claros los proporcione la historia de la tuberculosis, esa enfermedad que sirve como diagnóstico de la situación social de una región. Los grandes éxitos conseguidos en cuanto a  terapias efectivas frente a esta infección ha ayudado a extender el mito de que la tuberculosis no es másque eso, una simple infección que necesita ser tratada con medicamentos. Pero se olvida que las mayores reducciones en las tasas de mortalidad de la tuberculosis se consiguieron antes de que se descubrieron los primeros medicamentos efectivos, como se ve en la gráfica siguiente que analiza el caso de Escocia y Gales. A lo largo del siglo XX las tasas de mortalidad a causa de esta enfermedad disminuyeron gracias a las mejoras en las condiciones de vida, habitacionales y laborales (aunque ahora suene raro decirlo así, contribuyeron más a este descenso de la mortalidad las luchas sindicales y políticas que las investigaciones médicas). No fue hasta mediados de siglo que se empezó a utilizar la estreptomicina, que contribuyo tambien en la lucha contra esta enfermedad, pero actuando sobre un terreno ya bastante trillado.

 

Desgraciadamente, la tuberculosis sigue enseñándonos mucho sobre la importancia de los condicionantes sociales y sobre las decisiones políticas que se toman frente a estos. Resulta apasionante en este sentido, a la ve que bastante descorazonadora,  la reflexión de Paul Farmer  tras haber visitado en diversas ocasiones las cárceles rusas que se han convertido, tras el desplome del sistema político (y con él el sanitario) soviético, en un foco de tuberculosis multiresistente que durante muchos años ha traído de cabeza a los "grandes expertos" en el tema. Haciendo un resumen rápido de lo que cuenta en su libro "Pathologies of Power", la sobresaturación del sistema judicial y penal ruso hace que en el tiempo de estancia en prisión (que puede ser de hasta 10 meses antes de que se celebre el juicio, es decir, antes de que se decida si eres culpable o no) haya un riesgo alto de contraer la infección tuberculosa. Además, hay una elevada prevalencia de patógenes multiresistentes a los fármacos usados como primera línea del tratamiento antituberculoso (esta prevalencia se ha favorecido por las interrupciones en los tratamientos que se han dado cuando se han acabado las medicinas que había en el stock). En Europa Occidental o en Estados Unidos eso habría llevado a utilizar fármacos de segunda línea para tratar a estas personas. Pero en Rusia no. Y no por falta de formación de los médicos (que conocen perfectamente las pautas aprobadas internacionalmente), ni por falta de adherencia de los presos, como se apunta desde alguno sectores que buscan cómo desresponsabilizarse. No. Simplemente, los "expertos internacionales" han mantenido durante mucho tiempo que el tratamiento de segunda línea no era coste-efectivo (una de las razones es que no se les podía dar a los presos una asistencia sanitaria de mayor calidad que la que recibían los ciudadanos que vivían fuera de la prisión), y que en un país en la situación de Rusia en los años 90 lo que había que hacer era utilizar tratamientos estandar de primera línea, incluso con aquellas personas infectadas por un bacilo multiresistente (con lo cual, aparte de efectos secundarios o de poder generar nuevas resistencias, no aportaba nada más en estos casos). Para más inri, el elevado precio de los medicamentos de segunda línea no tenía mucho fundamento, pues la mayoría llevaban ya muchos años en el mercado y estaban fuera de patente. Y así, poco a poco, la enfermedad se fue extendiendo tanto dentro como fuera de las prisiones, ya que la llevaban  consigo quienes conseguían la libertad.

Decisiones políticas que condicionan determinantes sociales que marcan nuestros procesos de salud-enfermedad. Por eso debemos aprender a mirar la salud como una cuestión de derechos humanos.

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Este artículo pertenece a la serie "Cambiando de modelo, ¿Por qué no?":