28 may. 2018

Mismos valores, diferentes lógicas

Cuanto nos cuesta entender muchas veces a quienes parecen venir de otros mundos sociales distantes del nuestro. Tanto que a veces no terminamos de encontrar la lógica de sus acciones y elecciones, tapando nuestra incomprensión con razonamientos simples que terminan señalando a quienes nos desbordan con sus prácticas como incapaces de tomar buenas decisiones. Y en ese camino perdemos de vista las señales que nos dejan apuntando algunas cuestiones que es importante integrar y abordar.

Un ejemplo muy bien recogido en el informe final del proyecto "Equisanté" (realizado en Canadá siguiendo el enfoque del Cruce de Saberes y Prácticas), es el de la dificultad que hay para mantener la lactancia materna en situaciones de pobreza y precariedad. Algo que es común en todos los lugares que he tenido la oportunidad de conocer, y que genera gran cantidad de interrogantes entre profesionales sanitarios: "¿Cómo es posible que renuncien tan facilmente a la lactancia materna, en situaciones en las que además tienen pocos recursos y comprar leche artificial es un lujo que debería ser sólo el último recurso?". Parece además una especie de renuncia a vincularse con el/la bebé de manera fuerte, como si no se quisiera cargar con él o ella. Difícil de entender, difícil no juzgar...

Este fue uno de los temas que en este proceso de diálogo entre profesionales y personas con experiencia de pobreza surgió con fuerza. El diálogo permitió incorporar nuevos elementos. Así, una participante explicaba que el optar por la leche artificial es consecuencia en muchos casos del miedo a no ser capaz de aportar al bebé todos los nutrientes que necesita a través de la propia leche. Y esta idea no surge de la nada, sino de la experiencia real y cotidiana. En muchas ocasiones estas mujeres tienen dificultad para encontrar alimentación suficiente y variada que llevarse a la boca, y si no se alimentan bien, ¿cómo van a producir buena leche? Pero más allá de eso hay algo más profundo: la experiencia de años y años, de cientos de interacciones y encuentros (o desencuentros) en los que estas mujeres golpeadas por la pobreza han escuchado que no hacen lo correcto, que no son capaces, que no van a conseguir salir adelante. Esa dimensión histórica de la pobreza, incluso heredada de generación en generación, se nos escapa a quienes no la hemos vivido, nos resulta difícil de imaginar. Y frente a esta historia marcada día a día en la experiencia de estas mujeres, es difícil no sucumbir ante el mensaje claro y construido de manera sumamente atractiva de que la leche artificial tienen todo lo que una pequeña criatura puede necesitar.

Sin embargo, tras estas opciones tan diferentes por las que se apuesta desde el lado profesional o el de la vida precaria, hay más posibilidad de entendimiento de lo que se podría suponer en un principio. Los valores son los mismos: "Todas hablamos de ser una buena madre. Para el profesional, ser una buena madre es amamantar; para la mujer en pobreza, ser una buena madre es darle leche comprada. Al final estamos de acuerdo en los mismos valores: la importancia de ser una buena madre para los niños". Pero las lógicas y las elecciones que se derivan de estos valores comunes son diferentes, porque también lo son las experiencias en las que se anclan. Solo reconociendo esto como punto de partida podremos llegar a un punto de encuentro desde el cual construir una vía que recorrer en común, enriqueciendo mutuamente la mirada y el conocimiento.


22 may. 2018

Conocer, unir y separar

Pocos libros hay tan sugerentes y necesarios para abordar el tema del conocimiento de una manera global y abierta como el de "Justicia entre Saberes", de Boaventura de Sousa Santos. Y pocas profesiones necesitan tanto asomarse a estos enfoques como las sanitarias, tan entrenadas para separar, clasificar e imponer su saber, tan sensibles a la ignorancia ajena y tan ciegos/as para la propia.

Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...


"Los poderes hegemónicos que rigen la sociedad de consumo y la sociedad de información han promovido teorías e imágenes que apelan a una totalidad -sea de la especie, del mundo y hasta del universo— que existe por encima de las divisiones entre las partes que la componen. Sabemos que se trata de teorías e imágenes manipuladoras que ignoran las diversas circunstancias y aspiraciones de los pueblos, clases, géneros, regiones, etc., así como las relaciones de desigualdad, explotación y victimización que han unido las partes que componen esa seudototalidad. Sin embargo, el grado de credibilidad de estas teorías e imágenes consiste en apelar, aunque de manera manipuladora, a una comunidad imaginada de la humanidad en su conjunto. El sufrimiento ocurre en todas partes; los individuos son los que sufren, no las sociedades.

A su vez, las fuerzas contrahegemónicas han contribuido a ampliar las arenas de entendimiento político; pero, en general, las coaliciones y las alianzas han sido poco eficaces para superar las teorías de la separación, aunque lo han sido más para superar las separaciones territoriales que para superar las separaciones que provocan las diferentes formas de discriminación y opresión. Las coaliciones transnacionales han sido más fáciles entre grupos feministas y entre ecologistas o indígenas que entre unos y otros grupos Esto se debe al desequilibrio entre las teorías de la separación y las de la unión. Estas últimas, entonces, deben reforzarse para que se vuelva visible lo que hay de común entre las diferentes formas de discriminación y de opresión: el sufrimiento humano.

El respeto la por la diferencia no puede impedir la comunicación y complicidad que hace posible la lucha contra la indiferencia. El momento de peligro por el que estamos atravesando exige que profundicemos en la comunicación y la complicidad. Debemos hacerlo, no en nombre de una communitas abstracta, sino movidos por la imagen desestabillzadora del sufrimiento multiforme causado por la iniciativa humana, tan avasallador como innecesario. Las teorías de la separación, en este momento de peligro, deben formularse sin perder de vista lo que nos une; y, viceversa, las teorías de la unión deben formularse tomando en cuenta lo que nos divide. Las fronteras divisoras deben construirse con numerosas entradas y salidas. Al mismo tiempo, es importante mantener en miente que lo que une sólo une a posteriori. No es la naturaleza humana, sino la iniciativa humana la que nos une.

(…)

La comunicación y la complicidad epistemológicas se asientan en la idea de que no existe solo una forma de conocimiento, sino varias, y que es preciso optar por la que favorece la creación de imágenes desestabilizadoras y una actitud de inconformismo frente a ellas. No hay conocimiento en general ni ignorancia en general. Cada forma de conocimiento conoce en relación con un cierto tipo de ignorancia y, viceversa, cada forma de ignorancia es ignorancia de un cierto tipo de conocimiento.

(…)

Creo que el paradigma de la modernidad contiene dos formas importantes de conocimiento: conocimiento-regulación y conocimiento-emancipación. Él conocimiento-regulación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado caos, y un punto de conocimiento, denominado orden. El conocimiento-emancipación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado colonialismo, y un punto de conocimiento, denominado solidaridad. Si bien estas dos formas de conocimiento están igualmente inscritas en el paradigma de la modernidad, el conocimiento-regulación, durante el último siglo, ha ganado primacía total sobre el conocimiento-emancipación. Con esto, el orden pasó a ser la forma hegemónica del conocimiento, y el caos, la forma hegemónica de la ignorancia. Dicha hegemonía del conocimiento-regulación le permitió recodificar el conocimiento-emancipación en sus propios términos. Así, lo que era saber en esta última forma de conocimiento, se transformó en ignorancia (la solidaridad se convirtió en caos) v lo que era ignorancia se transformó en saber (el colonialismo fue recodificado como orden).

(…)

La solidaridad como forma de conocimiento es el reconocimiento del otro como igual siempre que la diferencia le acarree inferioridad y, como diferente, siempre que la igualdad le ponga en riesgo la identidad."

9 abr. 2018

Explorando los cuidados

Ahora que las miradas van poco a poco explorando las realidades y significados de los cuidades, merece la pena bucear en algunos textos que permiten entender mejor los retos que estos nos plantean, como por ejemplo los de Gloria MarínLaura Palazzani, del que extraigo estos fragmentos sobre la articulación entre cuidados y justicia, entre práctica y teoría (gracias a las gentes de Madrid Ciudad de los Cuidados por recomendarnos estas lecturas):

El cuidado supone un relación asimétrica y no recíproca, de ello resulta un estrecho vínculo entre el concepto y la práctica. Cuidar no es un concepto abstracto o una teoría impersonal: del cuidado sólo puede derivarse una actitud interior, que se traduce en comportamiento, acción concreta en la realidad, en situaciones o contextos específicos de experiencia cotidiana. Cuidar no puede ser una práctica extrínseca (una acción exterior), sino que debe estar necesariamente conectada con una práctica interna (vivida, en la experiencia del agente), que implica el senti­miento (la capacidad se sentir algo hacia alguien), la empatía (la participación en lo vivido por el otro), la compasión (identificación del sujeto con la experiencia del otro). La obligación moral procede (espontáneamente) del interior (no es, no puede ser impuesto con coerción por reglas externas, a las que se obedece de forma pasiva).

Cuidar es, además, una práctica que se despliega en el tiempo: es un proceso, una tarea, un compromiso activo, una tensión constante; por tanto, es una virtud (en contraposición a la bioética de los principios) que se adquiere con el hábito de la conducta, sostenida y acompañada por una fuerte motivación personal. Es la práctica de la preocupación, de la atención, de la solicitud: desear el bien del otro, hacer bien al otro, en la capacidad de trascender los propios intereses inmediatos, que emergen en la situación concreta, con independencia del intercambio, en la gratuídad y el desinterés, con la lógica de la beneficencia o benevolencia hacia la alteridad.

En este sentido, en filosofía se podría definir el cuidado como actitud interior y compromiso activo de preocupación/atención responsable (a-simétrica y a-recí­proca) a quien es vulnerable.

(...)

Comprender la vulnerabilidad de los otros implica comprender la propia vulnerabilidad y, por tanto, comprender la vulnerabilidad como condi­ción humana (del otro, del sujeto, del hombre, de cada hombre). La conciencia del límite, un ser indigente, finito, la fragilidad como estructura antropológica y fun­damento de la acción moral. La vulnerabilidad es la experiencia de todos: al llegar al mundo (todos somos hijos, tenemos la certeza de haber nacido de otros, la alte- ridad es estructural, nadie se crea a sí mismo, sino que tiene necesidad de otros para nacer y para existir); en la enfermedad, en la marginalidad, en las situaciones de debilidad, al acercarse la muerte. La experiencia del límite es la experiencia de un yo que no es autosuficiente, tiene necesidad del otro y de los cuidados del otro. El yo tiene necesidad del otro para ser plenamente él mismo (para adquirir su iden­tidad); tiene necesidad de relacionarse, como condición y como manifestación de la identidad humana. El hombre (varón o mujer) es, al mismo tiempo, sujeto y objeto del cuidado; tienen necesidad de los cuidados del otro (ontológicamente) y tiene la posibilidad de cuidar del otro (éticamente).

(...)

El cuidado integra la justicia (siendo complementaria). El cuidado permite el reconocimiento del otro, y no sólo de forma racional como socius (es decir, aquel que pertenece al mismo orden de la existencia), sino también como prójimo, con empatía, pasando de la relación social, racional, abstracta, imparcial e impersonal, a la relación personal e interpersonal, de sentimientos y experiencias. En este sentido y más allá de la justicia, el cuidado justifica una especial atención a los agentes más débiles.

Justicia y cuidado, a la vez, permiten la realización plena de la dignidad humana: la justicia garantiza, en el ámbito biojurídico, una ética mínima (igualdad simétrica y recíproca). En bioética, el cuidado tiende hacia una ética de máximos (la responsabilidad con empatía, la solicitud altruista y filantrópica). El cuidado exige atender a las diferencias en la igualdad, a las condiciones humanas y reales.

Situar la justicia en las condiciones humanas, reales y concretas, permite especificar el concepto universal de justicia. La justicia por sí sola no es suficiente, el cuidado por sí solo no es suficiente. La justicia es necesaria, pero el cuidado le da sentido. Justicia y cuidado permiten combinar el universalismo abstracto con lo concreto: el cuidado va más allá de la justicia al reconocer el valor de la solidaridad, en su sentido público y universal. Por esta razón, la bioética del cuidado hace una importante contribución, huma­niza la actuación en el ámbito sanitario, contra los excesos de la técnica, de la tecnología, de la gestión, de lo empresarial, contra la despersonalización y buro- cratización de lo sanitario (basado siempre en protocolos y estadísticas). Empieza a ser relevante la educación y la formación en un saber biomédico que no sólo sea técnico, sino humano, que sepa poner énfasis en algo más que en las capacida­des técnicas (las habilidades profesionales), en la gestión (la optimización, la efi­cacia), apostando por las capacidades humanas para relacionarse (el médico, la enfermera, el trabajador de la salud, también la familia, los parientes y los amigos). La ética del cuidado anima a ampliar la perspectiva, prestando atención al bienes­tar global del paciente, considerándolo como persona (en su dimensión física, psí­quica, social y espiritual), atendiendo a la familia y al contexto social (el entorno del paciente). Cada vez es más evidente el valor de la relación interpersonal, la atención y la empatía que surja de una motivación interna (que no se limite a actuar, sino que piense en el ser), en el compromiso con el otro y con el bien del otro.


16 mar. 2018

Manos a las causas

Muy interesante este vídeo de Rishi Manchanda por su clara interpelación a dejarnos de excusas y ponernos manos a la tarea de resolver los problemas de salud en su origen, y no sólo en sus consecuencias:



Algo que por ejemplo han puesto en marcha en Frome, donde un proyecto colectivo para combatir el aislamiento ha provocado una gran reducción de los ingresos hospitalarios de urgencia. Y es que la evidencia científica sugiere con bastante seguridad que las relaciones sociales deben estar en la prescripción médica. ¿A qué esperamos para seguir este camino?

28 ene. 2018

Investigando a (tu/nuestro) lado

Ya llevaba yo tiempo sin hacer referencia en este espacio al Cruce de Saberes y Prácticas, y no por falta de ganas. Más bien al contrario, el estar experimentando con este enfoque dentro del proyecto de "Comunidades Activas en Salud", promovido por Madrid Salud, Tesela Psicodrama y apoyado por ATD Cuarto Mundo, me ha ido permitiendo descubrir la potencia de esta propuesta, pero sin tiempo para aclarar y clarificar lo suficiente como para poder compartir aquí de manera ordenada.

Ahora, revisando la experiencia y materiales de otros grupos que han trabajado en esta línea, quiero aprovechar para entresacar algunas cuestiones que me parecen fundamentales. Por de pronto, para quien no haya participado nunca en un proyecto de Cruce de Saberes y Prácticas, acá va un vídeo en el que se recoge una de estas experiencias y que pone en claro algunas de las dinámicas que se suelen producir en ellas.

 

Por otro lado, hay varios artículos que recogen distintos aspectos de esta propuesta de trabajo, pero me ha llamado la atención uno especialmente: Les enjeux méthodologiques et épistémologiques du croisement des savoirs entre personnes en situation de pauvreté, praticien.ne.s et universitaires : Retours sur la recherche ÉQUIsanTÉ au Québec

En este artículo se recogen algunos aprendizajes del proyecto ÉQUIsanTÉ, desarrollado en Canadá, que creo que apuntan a algunas cuestiones clave en relación a la investigación militante y consciente de las desigualdades de saber y poder existentes entre los diferentes grupos. Y es que los dispositivos de democracia participativa pueden reforzar las desigualdades sociales cuando no transforman las formas prácticas de ejercicio del lenguaje y del poder (Young, 2000), así como la investigación participativa puede, paradójicamente, conducir a reforzar el poder de lxs científicxs para enunciar una ciencia única y objetiva (Coutellec, 2015). En este sentido, la propuesta del Cruce de Saberes y Prácticas se alínea con prácticas decolonialistas y feministas que tratan de producir y validar los conocimientos provenientes de las experiencias de resistencia de grupos sociales que han sufrido la injusticia y la opresión causada por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado.

Así, una condición primordial para que sea posible el Cruce de Saberes y Prácticas es partir del análisis de las vivencias, del saber y las experiencias de las personas en situación de pobreza, que este sea el punto de partida para una construcción de saberes cruzados.

Otra clave es que, previamente al trabajo colectivo entre personas con experiencia de pobreza, profesionales y académicos, haya etapas de reflexión y diálogo entre cada uno de estos grupos de pares. El cruce de saberes implica asumir ciertos riesgos para todos los participantes, al partir de la consciencia de las asimetrías de poder y de saber que existen entre ellos, por lo que hay que promover espacios de confianza y seguridad. No hay que tener prisa en mezclarse, ya que es necesario dar tiempo para una construcción colectiva de conocimiento. Esto es especialmente importante para las personas en situación de pobreza, cuya materia prima de saber es su propia experiencia, por lo que deben poder trabajarla para no quedarse en una mera enunciación de un testimonio, así como evitar exponerse demasiado personalmente en público. Pero este trabajo en grupos separados, donde se genera mucha información que no se comparte con el resto de participantes, es difícil de integrar para algunas de las personas investigadoras, que sienten estas precauciones metodológicas como una desposesión: su acceso a ciertos datos es limitado, se les impone una distancia con las personas en situación de pobreza y no tienen la libertad de poder utilizar por si mismas los productos de la investigación. En realidad es una consecuencia lógica, ya que la lucha contra las desigualdades genera inevitablemente conflictos al poner en cuestión las certidumbres y los hábitos.

"Lo que he vivido es más que una experiencia, es un saber. Es el saber de la vida a través de experimentar las consecuencias de un sistema".  Esto comentaba una de las personas participantes en situación de pobreza. Pero al mismo tiempo hay que recordar que lo que se ha vivido en estas situaciones es doloroso: la pobreza suscita la colera, la vergüenza, el rechazo frente a quienes se ven todavía más perjudicadxs que unx mismx. Todo esto es muy difícil de expresar, de valorar, y por eso suele permanecer generalmente invisible, ignorado y necesita ser trabajado colectivamente para llegar a estructurarse como un saber.

Y ahí es donde entran en juego los últimos personajes de esta aventura: lxs voluntarixs, en el caso de este trabajo de ÉQUIsanTÉ provenientes de ATD Cuarto Mundo y con años de compromiso y conocimiento sobre diferentes realidades de pobreza y exclusión. ¿Qué papel juegan en esta historia? Según una de las personas con experiencia de pobreza participantes "son como un puente. Sin el puente, se nos habría analizado. Pensamos por nosotras mismas, pero este puente permite clarificar, profundizar en nuestro pensamiento. No podría ser una investigadora quien hiciese ese puente. Hace falta alguien que conozca el mundo de la pobreza. Lo mejor es conocer los dos lados, el mundo de la pobreza y el mundo médico, que sean reconocidos por ambos lados.". Una explicación que no todas las personas voluntarias aceptan, ya que por ejemplo una de ellas sitúa su trabajo no tanto en el registro de la traducción y de la mediación sino más bien en el del apoyo, de estar al lado de las personas en situación de pobreza, con ellas, enteramente de su parte, asi como hay otra persona referente del lado de los profesionales. ¿Pero no es esto algo totalmente contrario a la pretendida objetividad científica e investigadora?¿Qué razón de ser tiene? Lxs voluntarixs explican que una parte de su trabajo consiste en evitar que las personas en situación de pobreza caigan en el silencio por la dificultad de compartir determinadas experiencias, y que puedan situarse en un diálogo de igual a igual con profesionales y académicxs, aunque esto choque con sus experiencias cotidianas de ser tratadxs como ignorantes e incapaces: "Podemos empujar a participar a las personas en situación de pobreza. Esto a veces se entiende como una manipulación. Pero nuestra experiencia de acompañarles desde hace años es la que hace que podamos empujarles cuándo se atascan, para que así puedan sacar sus saberes y también sus desacuerdos". Tema de delicados equilibrios este... ¿Cómo apoyar la toma de palabra cuando las experiencias de dolor y humillación en las que se basa el conocimiento de quienes las sufren empujan al silencio? ¿Cómo sostener y animar la participación garantizando la libertad, sin generar ni ahondar en dependencias que condicionan y amordazan?

Esto a su vez apunta a la última cuestión. Desde esta perspectiva, entonces, ¿el saber puesto en juego es un saber situado de personas en pobreza o un saber sobre la pobreza construido por estas personas en un espacio asociativo comprometido en la lucha contra la miseria? El concepto de saber situado de quienes viven en pobreza podría dar a entender que éste se construye solo, lo que es improbable en una sociedad tan desigual como la nuestra. Si Hartsock hablaba de un "punto de vista feminista" y no de un "punto de vista de las mujeres" lo hacía para marcar que el conocimiento construido es político y comprometido, no un conocimiento esencialista, reducido al testimonio de las mujeres. Lo mismo ocurre con el saber producido por y con las personas en pobreza en el seno de ATD Cuarto Mundo: un saber que podríamos calificar como "saber de lucha contra la pobreza".

Sin embargo, esta manera de plantear la investigación y el reconocimiento de su dimensión militante incomoda a algunxs investigadorxs. De hecho, sigue manteniéndose el modelo del "sociólogo comprometido" de Burawoy en la mayor parte de las situaciones de cooperación e investigación entre universitarios y sociedad civil: el profesional de la investigación desciende a la arena, escucha y se implica en los grupos que estudia, haciéndoles una devolución final sobre su acción, pero el análisis y la escritura continúan siendo su propiedad personal.

Como señala Boaventura Santos (2014), "hace falta decolonizar los metodos sociologicos". Lo que Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo, explicaba así: "que los universitarios vayan a la calle, pero no para preguntar ni para acumular información para ellos mismos, sino para aprender, para dejarse corregir, dispuestos a que se les ponga en cuestión, no solamente en su saber, sino también sobre los fundamentos, el método y la significación del saber."





31 dic. 2017

Pura determinación

Un año más se cierra, un año lleno de aprendizajes y sorpresas (y es que lo primero no puede no ir acompañado de lo segundo cuando nos atrevemos a transitar nuevos caminos). En mi caso, cierro recogiendo cabos que me han ido lanzando estos meses y que hasta ahora no he tenido tiempo de recoger, impactado y con muchas ganas de profundizar en la propuesta, nada nueva, pero si bastante  desconocida por estos lares, de la epidemiología crítica latinoamericana, su apuesta por la salud colectiva y el foco que sitúan en la Determinación Social de la Salud. No confundir, como me ha pasado a mí, con el paradigma de los Determinantes Sociales en Salud, que parece lo mismo pero no es igual.

Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.

Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:

"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de
acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.

Es decir, el análisis de los paradigmas y modelos con los que ha trabajado la epidemiología, se encuentra inevitablemente atravesado por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones en cada período histórico. Confrontaciones que no se subsanan con la adición de un reconocimiento de “causas de las causas” y de los “determinantes estructurales”, mientras sigue inserta en la misma lógica empírico-funcional.

El paradigma de la llamada epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS
sobre “determinantes sociales de la salud” es otro causalismo que explica también el orden bajo la noción causal. Representa un paradigma de transición crítica por que se abre a lo estructural, rompiendo el cerco de la visión más restrictiva de la epidemiología convencional, sin que represente un cambio de paradigma, en tanto convierte las estructuras sociales en variables y no en categorías de
análisis del movimiento histórico de la acumulación.

Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o
causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas
de contenido crítico y de movimiento:
determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).

El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del sujeto institucional, enrolado en el poder público o en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de realizaciones técnicas (tipo metas del milenio) y se propone mejorar una gobernanza, corrigiendo las distorsiones mayores, o estructurales, que amenazan la legitimidad del orden social."

¿Y entonces cómo se propone como alternativa? ¿En qué consiste el paradigma de la determinación social?

"El paradigma de la determinación social se plantea en la interfase del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la sociedad. Se propone descifrar el movimiento de la vida, de su metabolismo
histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos (económicos, políticos, culturales) y del movimiento de los geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social cuyo eje es la acumulación de capital, nombre que toma en nuestras sociedades la reproducción social.
 

No hay cabida en el eje vertebrador de este paradigma para colocar como objetivos estratégicos y
centrales:ni la redistribución de ingreso y acceso a servicios; ni las medidas limitadas de gobernanza; ni las reivindicaciones aisladas culturales; ni las propuestas de negocio ecológico, es un paradigma que busca acompañar el esfuerzo histórico de los pueblos por derrotar y desmontar el sistema actual de acelerada acumulación de capital, exclusión social y destrucción de la naturaleza, con su modo civilizatorio consumista, contaminante y derrochador. Un paradigma que se piensa y avanza en trance de transformación integral de la sociedad capitalista no sólo para conseguir metas puntuales convencionalmente medidas en indicadores de
calidad de vida, como los de ingreso, educativos, y sanitarios- sino para  emancipar a la sociedad y conseguir la vigencia plena de los 4 rubros de la vida: sustentabilidad, soberanía, solidaridad y salud/bioseguridad integral."


Para entender mejor hacia adonde apunta:

"El paradigma de la epidemiología crítica trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una investigación intercultural, interdisciplinaria y basada en la comunidad, que busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos. Una investigación y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura, produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la determinación social general que se expresan en las 4 “S” de la vida (civilización sustentable, soberana, solidaria, saludable/biosegura). 

En el marco de este paradigma, se asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de vivir, y para lograr el control y un giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que degrada también la relación sociedad - naturaleza.

No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."

¿Y cómo se consigue avanzar en esta vía? Acá va una propuesta muy sugerente y que descoloca nuestras maneras de hacer mayoritariamente desde el campo profesional:

"Para ubicar su abordaje o proyección práctica podemos situarlo en relación con los tres elementos del triángulo de la política

a) un proyecto emancipador para la salud (teoría crítica sanitaria y proyecto estratégico de incidencia sobre los procesos críticos de la determinación social).

b) un bloque social articulado de sujetos-comunidades afectados y movilizados

c) un cuerpo de conocimientos científicos y herramientas técnicas usadas y rediseñadas en dirección al avance de los dos otros elementos."
  
Generar conocimiento que permitan generar teoría y proyecto, pero no solo, sino también construir un movimiento de sujetos y comunidades afectados... 

¿Nos atrevemos? 

No es mala propuesta para el año que empieza...




6 dic. 2017

Amor prohibido

Hace unas semanas asistí a una Universidad Popular Cuarto Mundo cuyo tema en un principio me animaba poco a participar: el amor. No sé muy porqué, pero al pensar en hablar de ese tema me parecía que podía ser un poco pueril, difícil de profundizar, poco útil de cara a nuestro objetivo en ATD Cuarto Mundo de luchar contra la pobreza...

Nada más lejos de la realidad. Asistí durante dos horas a un torrente de intervenciones de las diferentes personas participantes, especialmente de aquellas en situación de mayor pobreza, espoleadas como si llevaran años esperando poder abordar este tema que tanto parecía resonarles, y cuyo compartir se enriquecía en una espiral de diálogos y reconocimiento mutuo que parecía no tener fin.

Por una vez en estas reuniones, callé. Solo abrí la boca para dar las gracias al final de la sesión por todo lo que me llevaba, mucho todavía sin digerir. Escuchar sobre las experiencias concretas en este campo, especialmente aquellas que ancladas en la primera infancia, de aquellas personas cuya realidad había sido (y en muchos casos seguía siendo) tan complicada que el amor parecía un lujo del que, sin embargo, nadie estaba dispuesto a desprenderse. De repente resonaban con fuerza esas palabra de Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo "el amor, en todas sus dimensiones y formas, es un proyecto que requiere de libertad de elección, distancia y tiempo. Para descubrir cómo los más pobres crean esos márgenes de libertad, distancia y tiempo hay que arrodillarse, pues esta libertad se produce a un nivel muy bajo". Y ahí estaba yo, con la oportunidad de poner pie a tierra, acercar el oído y escuchar, ávido de seguir aprendiendo sobre algo que descubría de repente como apasionante y necesario.

Sí, es necesario que hablemos del amor. Pero no como suele aparecer en contextos profesionales, encuadrado en sus manifestaciones más aberrantes, como una enfermedad que amenaza con desequilibrar la vida y sus fragilidades. Se multiplican los cursos, formaciones y alarmas sobre patologías relacionadas con el amor y las relaciones, y es importante, no voy a decir que no. Pero si el amor es reconocido por muchas personas como un motor fundamental para sus vidas, como un activo en salud esencial, ¿no deberíamos abordarlo también desde ese punto de vista, desde lo que aporta, construye y sana?

Sí, es difícil, hablar del amor cuando la legitimidad del conocimiento parece provenir sólo del ámbito científico y de lo cuantificable. Pero es un reto que debemos abordar si queremos acompañar realmente procesos de promoción de la salud y de cuidado de la vida. Y con él otros temas, como el perdón, la fraternidad, la esperanza... Sí, puede sonar un poco a catequesis y a más de uno/a se le pondrán los pelos de punta con esta secuencia. Pero el otro día lo decía muy claramente una militante Cuarto Mundo hablando de lo que les pide a los/as profesionales: "Por lo menos que nos den esperanza para poder cambiar". Esa, y no otra, es la prioridad que señalaba.

¿Cómo ofrecer algo a lo que no nos atrevemos a mirar de frente?

Amor, perdón, fraternidad, esperanza... deberes pendientes que tenemos.

16 nov. 2017

¿Quién te hago ser?

Recién comienzo a leer el libro de "El burócrata y el pobre. Relación administrativa y tratamiento de la miseria", de Vincent Dubois y ya se agolpan algunas ideas que señalan algunos espacios y relaciones sobre los que no suele ponerse el foco y que sin embargo son fundamentales para entender el papel que como profesionales jugamos entre la institución y la ciudadanía.

Porque mucho se viene hablando sobre la disolución de las identidades clásicas en la sociedad actual, en la que el trabajo (y el papel que juega en relación a construir el "quien soy") está en crisis, los roles familiares y relacionales se transforman a toda velocidad y la tradición es vista muchas veces más como algo a lo que enfrentarse que como un pozo del que nutrirse. Pero pocas veces se aborda cómo ante esta falta de referentes la administración y la relación que que la ciudadanía tiene con ella termina jugando un papel cada vez más importante a la hora de definir la identidad personal, especialmente en el caso de quienes van a pedir ayuda a los diferentes dispositivos que en algún momento se alinearon con el "estado del bienestar".

Porque en este momento de debilitamiento de los espacios y redes de socialización comunitaria, las administraciones abiertas al público terminan apareciendo como espacios privilegiados de relación humana y de identificación de uno/a mismo/a. Así, la puerta de la consulta de atención primaria o del despacho de Servicios Sociales se abre a unas realidades que desbordan muchas veces su supuesto papel, y al mismo tiempo contribuyen a moldearlas dentro del sistema del que forman parte.

Esto es especialmente significativo en los casos en los que la relación se articula en torno al señalamiento de una necesidad, limitación o dificultad, siendo ésta la que justifica el ser atendido, y como tal es analizada, medida y juzgada, de manera que esta "tara" termina siendo la carta de presentación de cara a la administración, pero "encarnándose" de alguna manera y modelando la identidad de la persona, que termina interiorizando su situación a partir de ella, en una posición de inferioridad respecto al resto de la sociedad.

Al mismo tiempo, el paso de un abordaje más colectivo de los problemas sociales a una mayor individualización, como se ha producido en las últimas décadas, termina reforzando un enfoque más personalizado y biográfico que se construye en diálogo con las categorías fijadas por la administración, que tiene el poder de definir si eres "víctima", "persona en riesgo", "discapacitado", "dependiente", etc. Esta identificación por categorización termina imponiendo a las personas la manera en la que deben vivir su propia vida, asignándoles un lugar, aunque no sea el que ellas mismas reivindican.  Una categorías que no son solamente rúbricas de una nomenclatura administrativa, sino que son también categorías de juicio, y que por tanto a la hora de aplicarse pueden potenciar el rol de superioridad y dominación por parte del personal administrativo que las prescribe.

De esta manera, la relación con la administración y el proceso identitario que genera termina siendo ambivalente, ya que produce al mismo tiempo relación social y coerción, contribuye a ayudar a las personas en situación difícil a salir adelante al mismo tiempo que les mantiene en su lugar dificultando su promoción. Así, los papeles que fijan la situación (y de esta manera la identidad) de una persona, resultan ser al mismo tiempo vectores de imposición normativa y de integración.

Un militante de ATD Cuarto Mundo comentaba una Universidad Popular hace unos meses "¿Porqué están todo el día preguntando a ver si mi mujer es puta o mi hijo se droga?¿Es lo único que les interesa?". Otra comentaba "Para obtener ayudas tengo que decir que soy víctima de violencia de género. Pero ya no lo soy, ya superé esa etapa. Pero es la única manera de conseguir lo que necesito".

¿Qué papel queremos jugar? ¿Cómo revisar nuestro papel como profesionales de manera que podamos potenciar el vínculo social que se ofrece en los dispositivos en los que estamos sin encerrar en categorias estancas y marginadoras? Todo un tema a ir revisando...


9 nov. 2017

La sanidad y sus hilos

Hay iniciativas que hay que conocer y recursos que hay que guardar en la caja de herramientas porque en algún momento las necesitaremos. Es el caso de Audita Sanidad, que hace pocos días ha presentado su Informe sobre los lobbies en la contratación pública de la Consejería de Sanidad en 2016 (Comunidad de Madrid).

Como muestra del interés que tiene este colectivo, acá va una parte de su análisis de las transformaciones que está sufriendo el sistema sanitario en el momento actual:

¿Cómo se aplica el modelo neoliberal a la privatización y mercantilización del sistema sanitario?

El neoliberalismo ha conseguido hacer hegemónico su credo ideológico y modelo socioeconómico. El elemento central está en la creencia “religiosa” en el papel del mercado y en el beneficio. Además se promueve el valor de la responsabilidad y capacidad individual y del ámbito del sector privado como proveedor de servicios más eficientes haciendo que el “bien común” (sanidad, educación, asistencia social,..) disminuya como valor de uso para satisfacer las necesidadades de la población hipertrofiando el valor de cambio como táctica del capitalismo. Ahora bien sustituir el concepto de “beneficio social” por “rentabilidad económica” tiene graves repercusiones.

Desde tres décadas sufrimos de la crisis económica en el sistema capitalista por el modelo de desarrollo escogido de acumulación de capital y las orientaciones neoliberales hegemónicas dominantes para la salida de la misma.  La crisis además de ser una estafa, por el engaño en que nos han mantenido y los beneficiados de todo el proceso, es un buen pretexto para el desarrollo de un modo de producción que no admite otra lógica que el triunfo total de sus presupuestos.

El sector servicios posee una importancia económica creciente, tras la caída de beneficios de la industria, y hacia él se dirigen las inversiones de las grandes empresas estadounidenses y europeas. El objetivo con el que trabaja  la Organización Mundial del Comercio (OMC), en sus distintas rondas de negociaciones, es la liberalización completa del sector servicios, para lo cual es preciso erradicar o reducir a mínimos los sistemas públicos y limitar al máximo de las intervenciones de los Estados.
La OMC atribuye un papel decisivo a los Estados para facilitar el acceso a los servicios públicos del sector privado a través de la reforma del marco legal que regula la contratación por la administración pública de servicios, fondos de inversión y productos privados. El asalto a los sistemas públicos está diseñado hasta sus últimos detalles. Se llevan a cabo reformas estructurales en todos los ámbitos: recortes financieros,  fragmentación de actividades, contratas y subcontratas, reducciones de personal y precarización, degradación de las infraestructuras de los servicios públicos, y, sobre todo, introduciendo como ley suprema la rentabilidad económica, degradando el carácter de servicio público y promoviendo la inviabilidad del estado social (mal llamado del bienestar), que debe desmontarse, y  promoviendo la Agenda de Salud del siglo XXI (partnership colaboración publica/privada, minimizar y desregular lo público y aumento del copago).

Desmontar los sistemas sanitarios públicos es un medio para restringir derechos, trasladar el gasto de algunas prestaciones sanitarias a la población y apropiarse las multinacionales de la asistencia sanitaria y de los seguros médicos de los fondos públicos destinados a la sanidad.

La conversión de estos servicios públicos en verdaderos sectores productivos y la transformación del concepto salud en una mera mercancía, se está realizando mediante procesos de desinformación a la opinión pública, y bajo el pretexto de la modernización de los dispositivos asistenciales y la incorporación de formas de organización más acordes con los avances teóricos y tecnológicos, con la clara intención de ocultar lo que en realidad son decisiones políticas conscientemente planificadas.
En el sector del servicio sanitario público hay una estrategia introducida de forma lenta y subrepticiamente que tiene las siguientes dimensiones:

 La económica se caracteriza por un lado por la privatización lenta pero progresiva de la financiación pública  mediante recortes presupuestarios; aumento de la participación económica obligatoria de los ciudadanos y por otro lado por la incentivando la inversión privada para que aumente el % del gasto sanitario global a expensas del sector privado y el papel del mercado y del consumo en la satisfacción de las necesidades en salud de la población.  

La sanitaria se caracteriza por priorizar los objetivos sobre la enfermedad, limitando las actuaciones preventivas, promotoras o rehabilitadoras; focalización en la reducción de costes sin preocupación en la calidad y en la satisfacción de necesidades; ruptura del aseguramiento único, obligatorio y universal que genera la selección negativa de riesgos, el aumento de la desigualdad, la disminución de los recursos públicos, la ruptura de la solidaridad y el aumento del gasto sanitario ; la privatización de la provisión de los servicios con un incremento de la provisión privada y la desregulación del sistema sanitario público creando un marco legal que ha posibilitando medidas como la separación de las funciones de financiación, compra y provisión de servicios, la privatización de la gestión de centros públicos (dando lugar a la creación de empresas públicas, consorcios, fundaciones públicas o institutos clínicos), el impulso al acceso de financiación pública para la oferta privada, la reorganización política de los centros públicos e instauración de una nueva organización del trabajo a través de la gestión clínica y la introducción de la competitividad y mecanismos de mercado; en la política de personal, se introducen elementos de mayor flexibilidad y precariedad en el empleo y alternativas de contratación parcial o por vía de empresas privadas de servicios y propiciando también reestructurar el papel de los profesionales.

Por último se produce una redistribución del poder con mantenimiento de un peso fundamental de los sectores profesionales médicos, de las industrias; de la farmacéutica, electro medicina,  informática y de las aseguradoras, y reforzando el papel de la tecno-estructura y de los partidos políticos, pero dejando muy limitado el papel de la comunidad y de la población. Se controla, limita y se obstaculiza la participación de la población de forma organizada y de los trabajadores del sector en la planificación, gestión y evaluación del sistema en todos los niveles.

La dimensión sociocultural se centra en la creación de una imagen por la que la enfermedad sería el resultado de la responsabilidad individual. Así se configura una conciencia que culpabiliza al individuo en el desencadenamiento de la enfermedad, exonerando a la estructura socioeconómica, que se considera como una constante ajena al proceso de enfermedad. Por otro lado se introducen con mayor fuerza, por los instrumentos habituales del mercado, los estímulos al consumo de bienes, servicios y productos tecnológicos producidos por las industrias ampliamente rentables del sector pero no siempre avalados científicamente como útiles para la prolongación de la vida. Por último se potencia la desigualdad en el acceso sanitario y en los niveles de salud.

Los mecanismos que se utilizan son muy diversos:

Legislativos y presupuestarios
  • Cambio de los marcos legislativos que diseñaban nuestro modelo sanitario. Legislaciones Autonómicas (en Madrid, LOSCAM), Ley 15/97, cambio constitucional del 2011, leyes de Acompañamiento de los Presupuestos,  RDL 16/2012,…
  • Desarrollo de políticas de control y restricción de la financiación, inversión y gasto público. El recorte en los presupuestos del Estado dedicados a la financiación del servicio sanitario público que ha pasado del 6,5 % PIB en 2011 al 5,1% en 2014. Las repercusiones de estas políticas restrictivas han sido muy negativas tanto sobre los recursos como sobre la calidad de la atención prestada.
  • Adelgazamiento del sector sanitario público con disminución de plantillas y su reposición en un 10% con aumento de las jornadas laborales con sobrecargas asistenciales, baja reposición de materiales y recursos,  escasa inversión de nuevos recursos.
  • Traslado de una mayor parte de la factura sanitaria a los bolsillos de los ciudadanos y aumento de la aportación de los trabajadores en los ingresos del Estado.  En la última década el % del gasto privado ha pasado del 20 al 30% del gasto sanitario total.
  • Supresión del derecho universal a la asistencia sanitaria para toda la ciudadanía y restricción de las prestaciones financiadas públicamente.
  • Ruptura del aseguramiento único y propiciar aseguramientos complementarios privados desgravables fiscalmente.
  • Creación de líneas directas de créditos así como política fiscal favorecedora de la iniciativa privada y la introducción de instrumentos desregularizadores del sistema público para permitir la expansión rentable y generadora de plusvalías de los sectores privados.
Privatización de la sanidad pública
  • Fragmentación de la red sanitaria pública y privatización de la provisión de servicios mediante la externalización y subcontratación de servicios, la privatización de la gestión y la empresarialización de los centros de gestión directa.
  • Promoción de la iniciativa privada. Las llamadas externalización (simplemente privatizaciones)  y concesiones administrativas. PFI y PPP…. Crear lobby de la empresas privadas con sus sistemas de mercadotecnia.
Estrategia de comunicación
  • Desprestigio y deslegitimación del servicio público
  • Difusión por los medios de comunicación, redes sociales y demás medios (congresos, talleres, etc.) el argumentario neoliberal contra el sistema sanitario público para violentarlo y crear otra conciencia social
  • Mensaje reiterativo sobre lo caro, costoso e insostenible que es el sistema que habría  generado una deuda pública causa de la actual crisis. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y por tanto hay que establecer un Plan de Sostenibilidad del SS público.
  • La deuda sanitaria, culpa de anteriores gobernantes y de gestores del sistema era cuantiosa y ponía en riesgo la sostenibilidad del sistema
  • Mal  gastamos y mal usamos las prestaciones sanitarias. Se abusa de ellas.
  • Ineficiencia en la gestión del sistema  sanitario por ser público y por las normas rígidas de las administraciones públicas.
  • Defensa de sus intereses y privilegios por parte de los funcionarios por encima del bien e interés común de los ciudadanos. Se apoltronan.
  • Mucha variabilidad en la práctica clínica.
  • La gestión y provisión privada es más eficiente, de mejor calidad y seguridad.
  • Mucha ciudadanía de otros países se aprovechaban del  sistema sanitario y  venían a “beneficiarse” del mismo, sin haber cotizado.
  • Turismo sanitario como excusa para la limitación al acceso universal.
  • Libre elección: el individuo debe tener capacidad de elegir libremente cómo resolver sus necesidades y problemas de salud y su centro de salud Debe pasar a ser cliente y consumir lo que desee, pueda y necesite (consumerismo). El abordaje personalizado y la libertad de elección de los recursos por parte del ciudadano como paradigmas centrales.

24 oct. 2017

De riesgos y solidaridades

Uno de los textos que más me ha impactado últimamente por su capacidad de iluminar algunos aspectos sobre los que se suele pasar de puntillas, pero que son fundamentales para poder entender nuestra manera de situarnos en relación a la salud, es el de "Viejos y nuevos riesgos: en busca de otras protecciones", de Sandra Caponi. Pero cuando además se pone en diálogo con Raúl Zibechi y su propuesta de "La mirada horizontal", merece la pena pararse, escuchar y buscar cómo resituarse.

Y es que el tema de los riesgos, su utilización en el mundo sanitario y el cómo se han enfrentado a lo largo de la historia es un tema a revisar:

"En la sociedad industrial el riesgo se asocia con los accidentes de trabajo y con la pobreza y paralelamente se vincula con las ideas de protección social y seguridad. El reconocimiento de los riesgos llevó a que fueran creadas, estimuladas y organizadas nuevas formas de solidaridad popular tales como asociaciones de ayuda mutua, las cajas obreras, las cooperativas y mutuales, redefiniéndose los roles y las nuevas funciones del Estado. Así, la protección contra los riesgos implicó, en las sociedades modernas organizadas, la construcción de redes de solidaridad profesional integradas con un Estado capaz de garantizar la existencia de estrategias de protección contra fenómenos tales como los accidentes de trabajo, el desempleo, la enfermedad o la vejez. El Estado y las categorías socio-profesionales homogéneas son las bases sobre las que se han edificado los sistemas de protección colectiva.

(...)

Mientras los riesgos clásicos se refieren a contingencias de la vida cuyas consecuencias pueden ser "dominadas porque se socializan", tales como la vejez o el desempleo, los nuevos riesgos se refieren a una serie de amenazas difusas que se confunden con las debilidades y las dificultades propias de la condición humana. A lo mejor porque estos nuevos riesgos se asocian a catástrofes naturales o a conductas individuales (el número de compañeros sexuales), y por tanto parecen llevar la marca de lo incontrolable, y consecuentemente de la frustración y el fracaso.

(...)

Si los múltiples riesgos a los que estamos expuestos en la vida moderna no son mutualizables, si su control depende de cambios de comportamiento individuales, el traslado de esta lógica a los riesgos clásicos significará necesariamente un aumento de la desprotección y el aislamiento. Trasladar esa lógica a los accidentes de trabajo, a la vejez, a la enfermedad, a la violencia o al desempleo significa retirar las protecciones sociales y substituirlas por la lógica de la responsabilidad individual. Por esa razón "la ideología generalizada e indiferenciada del riesgo [la llamada "sociedad del riesgo"] se ofrece hoy como la referencia teórica privilegiada para enunciar la insuficiencia, el carácter obsoleto, de los dispositivos clásicos de protección".

(...)

La relación entre riesgo, accidente y pobreza estudiada por los higienistas del siglo XIX se ha subordinado a una nueva percepción sobre los riesgos, la de una amenaza difusa y permanente que nos condena inevitablemente al fracaso. La desaparición y el debilitamiento de las protecciones sociales clásicas dan testimonio de esa subordinación, que no por haber sido reiteradamente denunciada ha dejado de ser verdadera. El repliegue de las clásicas protecciones estatales contra la vejez o contra la violencia, y la inevitable consecuencia de que esas protecciones están en nuestras manos (como controlar el estrés o la taza de colesterol) genera monstruosidades."


Una perspectiva que nos permite resituar el concepto de riesgo y abordar los problemas que conlleva su enfoque actual mayoritario, ¿no? Pues actuemos en consecuencia, así debería ser... Y ahí es donde Zibechi muestra un camino que aunque es bastante evidente tras leer lo anterior, nos cuesta asumir desde nuestras tradiciones de lucha colectiva:

"Otro de los errores que parece necesario combatir es la obsesión por el estado. Este aspecto tiene dos vertientes. Por un lado, el estado sigue siendo un referente esencial para el movimiento popular, que sigue pretendiendo -como en el período del estado benefactor- que resuelva los problemas acuciantes de la gente. La mayor parte de las energías de los movimientos aparecen destinadas a exigir que el estado cumpla un papel que ya ni quiere ni puede cumplir. La mayoría de las luchas tienen como destinatario al aparato estatal, en sus diferentes ramas o poderes. 

Esto provoca tanto la subordinación de los movimientos a la lógica del poder estatal como dificulta que esos movimientos se concentren en la autoayuda en los niveles de base, única forma de recrear las redes de solidaridad entre los de abajo. 

(...)

Parece necesario, para trabajar por la emancipación social, abrir espacios propios fuera del alcance y de la lógica del mercado, donde construir poderes locales democráticos y autónomos. Espacios en los que sea posible ensayar nuevas formas de vida, como fueron los sindicatos, las organizaciones obreras y los barrios proletarios. Deberían ser una suerte de “laboratorios culturales” en los que hombres y mujeres sean capaces de tejer vínculos cara a cara, directos y sin intermediaciones. Espacios que sean lo suficientemente libres y abiertos como para permitir experimentar sin temor a los errores y fracasos, única forma de crear las condiciones para que se inviertan, o subviertan, los valores dominantes. Una larga práctica en espacios no contaminados, o escasamente contaminados, por la lógica dominante (incluso por el mercadeo político), puede dar pie a que se practiquen y reflexionen nuevas formas de vida, códigos propios, que vayan dando origen a una cultura política diferente, basada en la autonomía. 

(...)

Demasiado tiempo lleva el movimiento social mirando hacia afuera, hacia el estado, las instituciones, los poderes públicos o los llamados países socialistas. Mirar hacia afuera es lo que aprendimos, lo que la sociedad moderna exige; salir hacia afuera para construir otro mundo, una correlación de fuerzas más favorable. Nuestro propio mundo se ha evaporado -entre otras razones- por no prestarle la suficiente atención. Esta tendencia debe invertirse. 

(...)

Se trata de luchar, en cada lugar, por más democracia: en el barrio, en la fábrica, en el centro de estudio, en la familia. Sólo así podremos construir poderes democráticos en base a vínculos sociales solidarios y abrir espacios de sociabilidad popular. En esta lucha, debería ir tomando cuerpo una ética de la autonomía y de la diferencia, relaciones intersubjetivas que consideren a todos y todas sujetos iguales que colaboren y cooperen entre sí, rehuyendo la competencia que alienta el sistema."

Es importante revisar y calibrar nuestras brújulas... Y a mí esta pareja me ayuda a centrarla en torno a unas referencias que me parecen esenciales. A seguir caminando pues...