6 dic. 2017

Amor prohibido

Hace unas semanas asistí a una Universidad Popular Cuarto Mundo cuyo tema en un principio me animaba poco a participar: el amor. No sé muy porqué, pero al pensar en hablar de ese tema me parecía que podía ser un poco pueril, difícil de profundizar, poco útil de cara a nuestro objetivo en ATD Cuarto Mundo de luchar contra la pobreza...

Nada más lejos de la realidad. Asistí durante dos horas a un torrente de intervenciones de las diferentes personas participantes, especialmente de aquellas en situación de mayor pobreza, espoleadas como si llevaran años esperando poder abordar este tema que tanto parecía resonarles, y cuyo compartir se enriquecía en una espiral de diálogos y reconocimiento mutuo que parecía no tener fin.

Por una vez en estas reuniones, callé. Solo abrí la boca para dar las gracias al final de la sesión por todo lo que me llevaba, mucho todavía sin digerir. Escuchar sobre las experiencias concretas en este campo, especialmente aquellas que ancladas en la primera infancia, de aquellas personas cuya realidad había sido (y en muchos casos seguía siendo) tan complicada que el amor parecía un lujo del que, sin embargo, nadie estaba dispuesto a desprenderse. De repente resonaban con fuerza esas palabra de Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo "el amor, en todas sus dimensiones y formas, es un proyecto que requiere de libertad de elección, distancia y tiempo. Para descubrir cómo los más pobres crean esos márgenes de libertad, distancia y tiempo hay que arrodillarse, pues esta libertad se produce a un nivel muy bajo". Y ahí estaba yo, con la oportunidad de poner pie a tierra, acercar el oído y escuchar, ávido de seguir aprendiendo sobre algo que descubría de repente como apasionante y necesario.

Sí, es necesario que hablemos del amor. Pero no como suele aparecer en contextos profesionales, encuadrado en sus manifestaciones más aberrantes, como una enfermedad que amenaza con desequilibrar la vida y sus fragilidades. Se multiplican los cursos, formaciones y alarmas sobre patologías relacionadas con el amor y las relaciones, y es importante, no voy a decir que no. Pero si el amor es reconocido por muchas personas como un motor fundamental para sus vidas, como un activo en salud esencial, ¿no deberíamos abordarlo también desde ese punto de vista, desde lo que aporta, construye y sana?

Sí, es difícil, hablar del amor cuando la legitimidad del conocimiento parece provenir sólo del ámbito científico y de lo cuantificable. Pero es un reto que debemos abordar si queremos acompañar realmente procesos de promoción de la salud y de cuidado de la vida. Y con él otros temas, como el perdón, la fraternidad, la esperanza... Sí, puede sonar un poco a catequesis y a más de uno/a se le pondrán los pelos de punta con esta secuencia. Pero el otro día lo decía muy claramente una militante Cuarto Mundo hablando de lo que les pide a los/as profesionales: "Por lo menos que nos den esperanza para poder cambiar". Esa, y no otra, es la prioridad que señalaba.

¿Cómo ofrecer algo a lo que no nos atrevemos a mirar de frente?

Amor, perdón, fraternidad, esperanza... deberes pendientes que tenemos.

16 nov. 2017

¿Quién te hago ser?

Recién comienzo a leer el libro de "El burócrata y el pobre. Relación administrativa y tratamiento de la miseria", de Vincent Dubois y ya se agolpan algunas ideas que señalan algunos espacios y relaciones sobre los que no suele ponerse el foco y que sin embargo son fundamentales para entender el papel que como profesionales jugamos entre la institución y la ciudadanía.

Porque mucho se viene hablando sobre la disolución de las identidades clásicas en la sociedad actual, en la que el trabajo (y el papel que juega en relación a construir el "quien soy") está en crisis, los roles familiares y relacionales se transforman a toda velocidad y la tradición es vista muchas veces más como algo a lo que enfrentarse que como un pozo del que nutrirse. Pero pocas veces se aborda cómo ante esta falta de referentes la administración y la relación que que la ciudadanía tiene con ella termina jugando un papel cada vez más importante a la hora de definir la identidad personal, especialmente en el caso de quienes van a pedir ayuda a los diferentes dispositivos que en algún momento se alinearon con el "estado del bienestar".

Porque en este momento de debilitamiento de los espacios y redes de socialización comunitaria, las administraciones abiertas al público terminan apareciendo como espacios privilegiados de relación humana y de identificación de uno/a mismo/a. Así, la puerta de la consulta de atención primaria o del despacho de Servicios Sociales se abre a unas realidades que desbordan muchas veces su supuesto papel, y al mismo tiempo contribuyen a moldearlas dentro del sistema del que forman parte.

Esto es especialmente significativo en los casos en los que la relación se articula en torno al señalamiento de una necesidad, limitación o dificultad, siendo ésta la que justifica el ser atendido, y como tal es analizada, medida y juzgada, de manera que esta "tara" termina siendo la carta de presentación de cara a la administración, pero "encarnándose" de alguna manera y modelando la identidad de la persona, que termina interiorizando su situación a partir de ella, en una posición de inferioridad respecto al resto de la sociedad.

Al mismo tiempo, el paso de un abordaje más colectivo de los problemas sociales a una mayor individualización, como se ha producido en las últimas décadas, termina reforzando un enfoque más personalizado y biográfico que se construye en diálogo con las categorías fijadas por la administración, que tiene el poder de definir si eres "víctima", "persona en riesgo", "discapacitado", "dependiente", etc. Esta identificación por categorización termina imponiendo a las personas la manera en la que deben vivir su propia vida, asignándoles un lugar, aunque no sea el que ellas mismas reivindican.  Una categorías que no son solamente rúbricas de una nomenclatura administrativa, sino que son también categorías de juicio, y que por tanto a la hora de aplicarse pueden potenciar el rol de superioridad y dominación por parte del personal administrativo que las prescribe.

De esta manera, la relación con la administración y el proceso identitario que genera termina siendo ambivalente, ya que produce al mismo tiempo relación social y coerción, contribuye a ayudar a las personas en situación difícil a salir adelante al mismo tiempo que les mantiene en su lugar dificultando su promoción. Así, los papeles que fijan la situación (y de esta manera la identidad) de una persona, resultan ser al mismo tiempo vectores de imposición normativa y de integración.

Un militante de ATD Cuarto Mundo comentaba una Universidad Popular hace unos meses "¿Porqué están todo el día preguntando a ver si mi mujer es puta o mi hijo se droga?¿Es lo único que les interesa?". Otra comentaba "Para obtener ayudas tengo que decir que soy víctima de violencia de género. Pero ya no lo soy, ya superé esa etapa. Pero es la única manera de conseguir lo que necesito".

¿Qué papel queremos jugar? ¿Cómo revisar nuestro papel como profesionales de manera que podamos potenciar el vínculo social que se ofrece en los dispositivos en los que estamos sin encerrar en categorias estancas y marginadoras? Todo un tema a ir revisando...


9 nov. 2017

La sanidad y sus hilos

Hay iniciativas que hay que conocer y recursos que hay que guardar en la caja de herramientas porque en algún momento las necesitaremos. Es el caso de Audita Sanidad, que hace pocos días ha presentado su Informe sobre los lobbies en la contratación pública de la Consejería de Sanidad en 2016 (Comunidad de Madrid).

Como muestra del interés que tiene este colectivo, acá va una parte de su análisis de las transformaciones que está sufriendo el sistema sanitario en el momento actual:

¿Cómo se aplica el modelo neoliberal a la privatización y mercantilización del sistema sanitario?

El neoliberalismo ha conseguido hacer hegemónico su credo ideológico y modelo socioeconómico. El elemento central está en la creencia “religiosa” en el papel del mercado y en el beneficio. Además se promueve el valor de la responsabilidad y capacidad individual y del ámbito del sector privado como proveedor de servicios más eficientes haciendo que el “bien común” (sanidad, educación, asistencia social,..) disminuya como valor de uso para satisfacer las necesidadades de la población hipertrofiando el valor de cambio como táctica del capitalismo. Ahora bien sustituir el concepto de “beneficio social” por “rentabilidad económica” tiene graves repercusiones.

Desde tres décadas sufrimos de la crisis económica en el sistema capitalista por el modelo de desarrollo escogido de acumulación de capital y las orientaciones neoliberales hegemónicas dominantes para la salida de la misma.  La crisis además de ser una estafa, por el engaño en que nos han mantenido y los beneficiados de todo el proceso, es un buen pretexto para el desarrollo de un modo de producción que no admite otra lógica que el triunfo total de sus presupuestos.

El sector servicios posee una importancia económica creciente, tras la caída de beneficios de la industria, y hacia él se dirigen las inversiones de las grandes empresas estadounidenses y europeas. El objetivo con el que trabaja  la Organización Mundial del Comercio (OMC), en sus distintas rondas de negociaciones, es la liberalización completa del sector servicios, para lo cual es preciso erradicar o reducir a mínimos los sistemas públicos y limitar al máximo de las intervenciones de los Estados.
La OMC atribuye un papel decisivo a los Estados para facilitar el acceso a los servicios públicos del sector privado a través de la reforma del marco legal que regula la contratación por la administración pública de servicios, fondos de inversión y productos privados. El asalto a los sistemas públicos está diseñado hasta sus últimos detalles. Se llevan a cabo reformas estructurales en todos los ámbitos: recortes financieros,  fragmentación de actividades, contratas y subcontratas, reducciones de personal y precarización, degradación de las infraestructuras de los servicios públicos, y, sobre todo, introduciendo como ley suprema la rentabilidad económica, degradando el carácter de servicio público y promoviendo la inviabilidad del estado social (mal llamado del bienestar), que debe desmontarse, y  promoviendo la Agenda de Salud del siglo XXI (partnership colaboración publica/privada, minimizar y desregular lo público y aumento del copago).

Desmontar los sistemas sanitarios públicos es un medio para restringir derechos, trasladar el gasto de algunas prestaciones sanitarias a la población y apropiarse las multinacionales de la asistencia sanitaria y de los seguros médicos de los fondos públicos destinados a la sanidad.

La conversión de estos servicios públicos en verdaderos sectores productivos y la transformación del concepto salud en una mera mercancía, se está realizando mediante procesos de desinformación a la opinión pública, y bajo el pretexto de la modernización de los dispositivos asistenciales y la incorporación de formas de organización más acordes con los avances teóricos y tecnológicos, con la clara intención de ocultar lo que en realidad son decisiones políticas conscientemente planificadas.
En el sector del servicio sanitario público hay una estrategia introducida de forma lenta y subrepticiamente que tiene las siguientes dimensiones:

 La económica se caracteriza por un lado por la privatización lenta pero progresiva de la financiación pública  mediante recortes presupuestarios; aumento de la participación económica obligatoria de los ciudadanos y por otro lado por la incentivando la inversión privada para que aumente el % del gasto sanitario global a expensas del sector privado y el papel del mercado y del consumo en la satisfacción de las necesidades en salud de la población.  

La sanitaria se caracteriza por priorizar los objetivos sobre la enfermedad, limitando las actuaciones preventivas, promotoras o rehabilitadoras; focalización en la reducción de costes sin preocupación en la calidad y en la satisfacción de necesidades; ruptura del aseguramiento único, obligatorio y universal que genera la selección negativa de riesgos, el aumento de la desigualdad, la disminución de los recursos públicos, la ruptura de la solidaridad y el aumento del gasto sanitario ; la privatización de la provisión de los servicios con un incremento de la provisión privada y la desregulación del sistema sanitario público creando un marco legal que ha posibilitando medidas como la separación de las funciones de financiación, compra y provisión de servicios, la privatización de la gestión de centros públicos (dando lugar a la creación de empresas públicas, consorcios, fundaciones públicas o institutos clínicos), el impulso al acceso de financiación pública para la oferta privada, la reorganización política de los centros públicos e instauración de una nueva organización del trabajo a través de la gestión clínica y la introducción de la competitividad y mecanismos de mercado; en la política de personal, se introducen elementos de mayor flexibilidad y precariedad en el empleo y alternativas de contratación parcial o por vía de empresas privadas de servicios y propiciando también reestructurar el papel de los profesionales.

Por último se produce una redistribución del poder con mantenimiento de un peso fundamental de los sectores profesionales médicos, de las industrias; de la farmacéutica, electro medicina,  informática y de las aseguradoras, y reforzando el papel de la tecno-estructura y de los partidos políticos, pero dejando muy limitado el papel de la comunidad y de la población. Se controla, limita y se obstaculiza la participación de la población de forma organizada y de los trabajadores del sector en la planificación, gestión y evaluación del sistema en todos los niveles.

La dimensión sociocultural se centra en la creación de una imagen por la que la enfermedad sería el resultado de la responsabilidad individual. Así se configura una conciencia que culpabiliza al individuo en el desencadenamiento de la enfermedad, exonerando a la estructura socioeconómica, que se considera como una constante ajena al proceso de enfermedad. Por otro lado se introducen con mayor fuerza, por los instrumentos habituales del mercado, los estímulos al consumo de bienes, servicios y productos tecnológicos producidos por las industrias ampliamente rentables del sector pero no siempre avalados científicamente como útiles para la prolongación de la vida. Por último se potencia la desigualdad en el acceso sanitario y en los niveles de salud.

Los mecanismos que se utilizan son muy diversos:

Legislativos y presupuestarios
  • Cambio de los marcos legislativos que diseñaban nuestro modelo sanitario. Legislaciones Autonómicas (en Madrid, LOSCAM), Ley 15/97, cambio constitucional del 2011, leyes de Acompañamiento de los Presupuestos,  RDL 16/2012,…
  • Desarrollo de políticas de control y restricción de la financiación, inversión y gasto público. El recorte en los presupuestos del Estado dedicados a la financiación del servicio sanitario público que ha pasado del 6,5 % PIB en 2011 al 5,1% en 2014. Las repercusiones de estas políticas restrictivas han sido muy negativas tanto sobre los recursos como sobre la calidad de la atención prestada.
  • Adelgazamiento del sector sanitario público con disminución de plantillas y su reposición en un 10% con aumento de las jornadas laborales con sobrecargas asistenciales, baja reposición de materiales y recursos,  escasa inversión de nuevos recursos.
  • Traslado de una mayor parte de la factura sanitaria a los bolsillos de los ciudadanos y aumento de la aportación de los trabajadores en los ingresos del Estado.  En la última década el % del gasto privado ha pasado del 20 al 30% del gasto sanitario total.
  • Supresión del derecho universal a la asistencia sanitaria para toda la ciudadanía y restricción de las prestaciones financiadas públicamente.
  • Ruptura del aseguramiento único y propiciar aseguramientos complementarios privados desgravables fiscalmente.
  • Creación de líneas directas de créditos así como política fiscal favorecedora de la iniciativa privada y la introducción de instrumentos desregularizadores del sistema público para permitir la expansión rentable y generadora de plusvalías de los sectores privados.
Privatización de la sanidad pública
  • Fragmentación de la red sanitaria pública y privatización de la provisión de servicios mediante la externalización y subcontratación de servicios, la privatización de la gestión y la empresarialización de los centros de gestión directa.
  • Promoción de la iniciativa privada. Las llamadas externalización (simplemente privatizaciones)  y concesiones administrativas. PFI y PPP…. Crear lobby de la empresas privadas con sus sistemas de mercadotecnia.
Estrategia de comunicación
  • Desprestigio y deslegitimación del servicio público
  • Difusión por los medios de comunicación, redes sociales y demás medios (congresos, talleres, etc.) el argumentario neoliberal contra el sistema sanitario público para violentarlo y crear otra conciencia social
  • Mensaje reiterativo sobre lo caro, costoso e insostenible que es el sistema que habría  generado una deuda pública causa de la actual crisis. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y por tanto hay que establecer un Plan de Sostenibilidad del SS público.
  • La deuda sanitaria, culpa de anteriores gobernantes y de gestores del sistema era cuantiosa y ponía en riesgo la sostenibilidad del sistema
  • Mal  gastamos y mal usamos las prestaciones sanitarias. Se abusa de ellas.
  • Ineficiencia en la gestión del sistema  sanitario por ser público y por las normas rígidas de las administraciones públicas.
  • Defensa de sus intereses y privilegios por parte de los funcionarios por encima del bien e interés común de los ciudadanos. Se apoltronan.
  • Mucha variabilidad en la práctica clínica.
  • La gestión y provisión privada es más eficiente, de mejor calidad y seguridad.
  • Mucha ciudadanía de otros países se aprovechaban del  sistema sanitario y  venían a “beneficiarse” del mismo, sin haber cotizado.
  • Turismo sanitario como excusa para la limitación al acceso universal.
  • Libre elección: el individuo debe tener capacidad de elegir libremente cómo resolver sus necesidades y problemas de salud y su centro de salud Debe pasar a ser cliente y consumir lo que desee, pueda y necesite (consumerismo). El abordaje personalizado y la libertad de elección de los recursos por parte del ciudadano como paradigmas centrales.

24 oct. 2017

De riesgos y solidaridades

Uno de los textos que más me ha impactado últimamente por su capacidad de iluminar algunos aspectos sobre los que se suele pasar de puntillas, pero que son fundamentales para poder entender nuestra manera de situarnos en relación a la salud, es el de "Viejos y nuevos riesgos: en busca de otras protecciones", de Sandra Caponi. Pero cuando además se pone en diálogo con Raúl Zibechi y su propuesta de "La mirada horizontal", merece la pena pararse, escuchar y buscar cómo resituarse.

Y es que el tema de los riesgos, su utilización en el mundo sanitario y el cómo se han enfrentado a lo largo de la historia es un tema a revisar:

"En la sociedad industrial el riesgo se asocia con los accidentes de trabajo y con la pobreza y paralelamente se vincula con las ideas de protección social y seguridad. El reconocimiento de los riesgos llevó a que fueran creadas, estimuladas y organizadas nuevas formas de solidaridad popular tales como asociaciones de ayuda mutua, las cajas obreras, las cooperativas y mutuales, redefiniéndose los roles y las nuevas funciones del Estado. Así, la protección contra los riesgos implicó, en las sociedades modernas organizadas, la construcción de redes de solidaridad profesional integradas con un Estado capaz de garantizar la existencia de estrategias de protección contra fenómenos tales como los accidentes de trabajo, el desempleo, la enfermedad o la vejez. El Estado y las categorías socio-profesionales homogéneas son las bases sobre las que se han edificado los sistemas de protección colectiva.

(...)

Mientras los riesgos clásicos se refieren a contingencias de la vida cuyas consecuencias pueden ser "dominadas porque se socializan", tales como la vejez o el desempleo, los nuevos riesgos se refieren a una serie de amenazas difusas que se confunden con las debilidades y las dificultades propias de la condición humana. A lo mejor porque estos nuevos riesgos se asocian a catástrofes naturales o a conductas individuales (el número de compañeros sexuales), y por tanto parecen llevar la marca de lo incontrolable, y consecuentemente de la frustración y el fracaso.

(...)

Si los múltiples riesgos a los que estamos expuestos en la vida moderna no son mutualizables, si su control depende de cambios de comportamiento individuales, el traslado de esta lógica a los riesgos clásicos significará necesariamente un aumento de la desprotección y el aislamiento. Trasladar esa lógica a los accidentes de trabajo, a la vejez, a la enfermedad, a la violencia o al desempleo significa retirar las protecciones sociales y substituirlas por la lógica de la responsabilidad individual. Por esa razón "la ideología generalizada e indiferenciada del riesgo [la llamada "sociedad del riesgo"] se ofrece hoy como la referencia teórica privilegiada para enunciar la insuficiencia, el carácter obsoleto, de los dispositivos clásicos de protección".

(...)

La relación entre riesgo, accidente y pobreza estudiada por los higienistas del siglo XIX se ha subordinado a una nueva percepción sobre los riesgos, la de una amenaza difusa y permanente que nos condena inevitablemente al fracaso. La desaparición y el debilitamiento de las protecciones sociales clásicas dan testimonio de esa subordinación, que no por haber sido reiteradamente denunciada ha dejado de ser verdadera. El repliegue de las clásicas protecciones estatales contra la vejez o contra la violencia, y la inevitable consecuencia de que esas protecciones están en nuestras manos (como controlar el estrés o la taza de colesterol) genera monstruosidades."


Una perspectiva que nos permite resituar el concepto de riesgo y abordar los problemas que conlleva su enfoque actual mayoritario, ¿no? Pues actuemos en consecuencia, así debería ser... Y ahí es donde Zibechi muestra un camino que aunque es bastante evidente tras leer lo anterior, nos cuesta asumir desde nuestras tradiciones de lucha colectiva:

"Otro de los errores que parece necesario combatir es la obsesión por el estado. Este aspecto tiene dos vertientes. Por un lado, el estado sigue siendo un referente esencial para el movimiento popular, que sigue pretendiendo -como en el período del estado benefactor- que resuelva los problemas acuciantes de la gente. La mayor parte de las energías de los movimientos aparecen destinadas a exigir que el estado cumpla un papel que ya ni quiere ni puede cumplir. La mayoría de las luchas tienen como destinatario al aparato estatal, en sus diferentes ramas o poderes. 

Esto provoca tanto la subordinación de los movimientos a la lógica del poder estatal como dificulta que esos movimientos se concentren en la autoayuda en los niveles de base, única forma de recrear las redes de solidaridad entre los de abajo. 

(...)

Parece necesario, para trabajar por la emancipación social, abrir espacios propios fuera del alcance y de la lógica del mercado, donde construir poderes locales democráticos y autónomos. Espacios en los que sea posible ensayar nuevas formas de vida, como fueron los sindicatos, las organizaciones obreras y los barrios proletarios. Deberían ser una suerte de “laboratorios culturales” en los que hombres y mujeres sean capaces de tejer vínculos cara a cara, directos y sin intermediaciones. Espacios que sean lo suficientemente libres y abiertos como para permitir experimentar sin temor a los errores y fracasos, única forma de crear las condiciones para que se inviertan, o subviertan, los valores dominantes. Una larga práctica en espacios no contaminados, o escasamente contaminados, por la lógica dominante (incluso por el mercadeo político), puede dar pie a que se practiquen y reflexionen nuevas formas de vida, códigos propios, que vayan dando origen a una cultura política diferente, basada en la autonomía. 

(...)

Demasiado tiempo lleva el movimiento social mirando hacia afuera, hacia el estado, las instituciones, los poderes públicos o los llamados países socialistas. Mirar hacia afuera es lo que aprendimos, lo que la sociedad moderna exige; salir hacia afuera para construir otro mundo, una correlación de fuerzas más favorable. Nuestro propio mundo se ha evaporado -entre otras razones- por no prestarle la suficiente atención. Esta tendencia debe invertirse. 

(...)

Se trata de luchar, en cada lugar, por más democracia: en el barrio, en la fábrica, en el centro de estudio, en la familia. Sólo así podremos construir poderes democráticos en base a vínculos sociales solidarios y abrir espacios de sociabilidad popular. En esta lucha, debería ir tomando cuerpo una ética de la autonomía y de la diferencia, relaciones intersubjetivas que consideren a todos y todas sujetos iguales que colaboren y cooperen entre sí, rehuyendo la competencia que alienta el sistema."

Es importante revisar y calibrar nuestras brújulas... Y a mí esta pareja me ayuda a centrarla en torno a unas referencias que me parecen esenciales. A seguir caminando pues...

16 oct. 2017

7 Razones por las que apoyar #LosCuidados

Llevamos ya algo más de 30 días en campaña de crowdfunding de #LosCuidados, y este tiempo de presentar el proyecto y dialogarlo ha sido, como siempre que se abre algo a compartir, muy rico e interesante, y me ha ayudado a entender mejor el porqué tiene sentido apoyar una aventura como esta. Así que ahora que estamos en la recta final de cara a conseguir el mínimo presupuesto para hacerlo posible, acá lanzo las 7 principales razones que encuentro para apoyar este proyecto, por si pueden animar a alguien indeciso en estos días finales.


1.- La salud no debe ser un negocio, pero se hacen muchos negocios (cada vez más), con la salud. Las industrias farmacológicas y tecnológicas nos avasallan con mensajes constantes vendiéndonos las bondades de sus productos, tergiversando el sentido de lo que es la salud. Para recuperar este sentido es necesario recuperar las narrativas a pie de barrio, una búsqueda en la que ha participado desde hace años el C.S. Vicente Soldevilla y de la que se hace eco este proyecto de #LosCuidados.

2.- Se acumulan desde hace tiempo los datos sobre la influencia de los Determinantes Sociales en la Salud. Pero este saber se puede conseguir también de una manera más directa, preguntando directamente a la población, como hicieron los profesionales del C.S. Vicente Soldevilla en los años 90, lo que les llevó a escuchar con claridad el mensaje de gran parte del vecindario de San Diego: "sin vivienda digna, no hay salud". Eso cambió para siempre la práctica de algunxs de estxs profesionales y sus vínculos con la comunidad. Y de esta historia podemos seguir aprendiendo muchxs otrxs.

3.- Esta práctica que se puso en marcha en torno al C.S. Vicente Soldevilla permite recuperar muchas claves de cómo establecer una colaboración fructífera entre un colectivo profesional y el vecindario para garantizar los derechos y la salud de todxs. Una oportunidad para entender mejor qué es la participación y como entrelazar luchas entre instituciones y ciudadanía, algo tan en la picota ahora mismo.

4.- Al mismo tiempo, los encuentros cotidianos que han ido entrelazando las vidas de esta gente se han entroncado en torno a una dimensión frecuentemente olvidada, invisibilizada o tergiversada: la de los cuidados. Por eso es necesario poder reconstruir esta historia común poniendo bajo los focos lo que ha sido su núcleo vital, esta búsqueda compartida en torno a cómo sostener y acariciar la vida.

5.- Cada vez se toma más conciencia, dentro de algunos colectivos profesionales y activistas, de la importancia de las dimensiones comunitarias de la salud y de la centralidad de los cuidados. Pero en otros ámbitos estos temas siguen siendo minoritarios, incluso marginales. Por eso creemos que es necesario apostar por contar, de manera atractiva y accesible para todo el mundo, las claves de esta historia, en un documental y un libro que sea bonito al mismo tiempo que cargado de significado. 

6.- Pero más allá, o más acá, de estas razones, la más importante para mí es que detrás de este proyecto y de esta experiencia hay nombres muy concretos y muy reales, de personas por las que merece la pena apostar porque ellas han apostado siempre por otrxs: Juan Luis, Mª José, Antonio, Jara, Mar, María, Edith, Luis, Jesús, Marta, Victoria, Diego... Y tantas otras, como tú, como yo, gente dispuesta a creer, a soñar y a hacer realidad esos sueños.

7.- La última... Que ahora que queda tan poco para poder hacerlo posible, cuando casi 200 personas se han dejado conquistar por esta propuesta, sería una pena que con lo poco que queda no lo lográramos, ¿verdad?

9 oct. 2017

Enredando

Ahora que se viene hablando tanto de participación y el enfoque comunitario de la salud, ahora que hay tantas ganas de aprender y desarrollar prácticas en este sentido, un par de píldoras del libro "Sin Poder", de Javier Encina y Ainhoa Ezeiza, que me parece claves fundamentales:

"Para pasar de sujeto individual a sujeto colectivo, no se trata de trabajar con suma de individuos, ni siquiera con suma de colectivos, no es trabajar con asociaciones ni siquiera con colectivos estructurales (inmigración, mujer,…), no es que l@s técnic@s dejen opinar ni siquiera que escuchen, no es que todo lo que se diga en un grupo esté bien, ni mal, sino que se trata de trabajar enredando y enredándose entre los cultivos sociales y desempoderandose individualmente para construir colectivamente.

(...)

El estilo de la democracia radical puede ser el de la conmoción, que contrasta explícitamente con toda forma de promoción, la cual implica suponer que la gente está paralizada (hay que moverla) o que se mueve en dirección equivocada (moverla en la dirección verdadera, que el promotor posee). La conmoción y el contagio suponen moverse con el otro y hacerlo con todo el ser, no solo con la cabeza"

12 sept. 2017

Un huerto, muchas vidas enredadas

Releyendo algunos documentos encuentro la definición de "Activo para la salud", un término bien en boga en el mundo sanitario y comunitario: «Cualquier factor (o recurso) que mejora la capacidad de las personas, grupos, comunidades, poblaciones, sistemas sociales e instituciones para mantener y sostener la salud y el bienestar, y que les ayuda a reducir las desigualdades en salud.» (Morgan y Ziglio, 2007). Y el enfoque de trabajo con activos, Morgan y Hernán lo definen como «Proceso de coproducción de salud entre personas, comunidades y profesionales en un contexto determinado.».

A veces estas definiciones quedan flotando en el aire, abstractas y desconectadas del "mundo real". Pero otras veces toman cuerpo, conectando con experiencias vitales que dan pleno sentido y lanzan estos conceptos mucho más allá de lo que las propias palabras son capaces. Esto es lo que ha pasado, por ejemplo, con el Huerto de la Ventilla, ahora amenazado de desalojo

A lo largo de los meses que venimos desarrollando la dinámica de Comunidades Activas en Salud, una de las cosas que hemos ido recogiendo en las reuniones con profesionales y vecinas/os han sido las redes y espacios de apoyo para el cuidado de la salud. Y en Tetuán, este ahora amenazado Huerto de la Ventilla ha salido como ejemplo de espacio saludable muchas veces. Un botón de muestra:

“El huerto del barrio ha ayudado mucho a las relaciones por lo abierto que ha sido a todo el mundo, sin distinciones. Ha sido muy inclusivo. Todos hemos sido tratados iguales, y claro, te encuentras a gusto. Un espacio común, y una tarea común. Los niños allí son el nexo de unión entre los padres. Por el hecho de compartir el espacio para que los niños jueguen les da pie, a personas que en la calle no verían juntas, a tener una relación más personal y que luego se apoyen entre ellos. Hay unas normas, que en un parque público no las hay, por ejemplo no se pueden entrar mascotas que no estén atadas, no se permite beber en el recinto de manera abusiva. La prioridad son los niños y que estén en un entorno limpio y que vean que los mayores no tienen malos hábitos y así se crea un caldo de cultivo en el que pueden surgir relaciones de ayuda.”


Pues sí. En este Huerto hay muchos frutos, pero no solo se cultivan tomates y calabacines, que también redes, confianza, encuentro entre diferentes... Si releemos las definiciones del encabezado sobre "Activo en Salud" y "Trabajo con Activos", de repente se llenan de color y calor, sobre todo para quienes hemos participado en estos años de experiencia y construcción colectiva, de exploración y creatividad infantil y adulta, de tiempos cotidianos y al mismo tiempo extraordinarios... El Huerto de la Ventilla, el Huerto de la Asociación, el Huerto de al lado del cole, el Huerto de la biblioteca, el Huerto de mis amigas... Para cada quien, un nombre, una manera de apropiárselo y compartirlo al mismo tiempo. Para todas y todos, un espacio donde crecer en salud, en vida, donde enredar y enredarse con el vecindario, mucho más cercano en este espacio que en otros espacios del barrio. 







1 sept. 2017

La vulnerabilidad y el compromiso

En esta medicina nuestra tan abrazada al ideal de inmunidad y tan perseguidora de vulnerabilidades, ¿nos atrevemos a profundizar en cómo se construyen estos conceptos y qué esconden detrás? Lo mismo nos animamos a revisar desde ahí nuestro hacer en el mundo desde lo común...

Imprescindible este vídeo de la imprescindible Marina Garcés.

14 ago. 2017

En busca de acuerdos

La promoción de la salud es un campo amplio, diverso y con aspecto de cajón desastre donde parece que casi todo vale... Y no es así, o no debería serlo. Por eso es un gusto escuchar a quienes trabajan en una línea emancipadora, como María Consuelo Chapela, que en este par de vídeos ofrece una muy sugerente aproximación a su línea de trabajo. ¡Gracias a Julio por hacérmela conocer!


22 jun. 2017

El misterio de las recetas desfinanciadas

Su nombre no importa, ya estamos convencidas de ello. Al principio creíamos que su situación era excepcional, pero poco a poco vamos descubriendo cada vez más historias similares. Pero el suyo fue el primer caso que conocimos. Él se nos acercó para contarnos cómo al ir a la farmacia y recoger su medicación mensual le habían dicho que tenía que pagar: “¿cómo que tengo que pagar si yo no pagaba las medicinas?”, decía. Pero al consultar el ordenador el mensaje era claro: ahora su nombre va asociado a un TSI 3 (tarjeta sanitaria individual 3, es decir, que pagas el 40% del precio de las medicinas prescritas). Hasta ese día el protagonista de esta historia estaba exento del pago de las medicinas, ya que en su “unidad de convivencia” (es decir, su familia) perciben la Renta Mínima de Inserción (RMI) de la Comunidad de Madrid. Como era un caso aislado, o eso nos parecía entonces, nos dio por pensar que se trataba de un error informático, un cruce de datos desafortunado entre distintas instituciones que le había dejado fuera del amparo de la RMI de la que es titular su mujer, así que le dijimos que fuera a la trabajadora social para que le hiciera un justificante de receptor de RMI. Con el informe en mano, la pareja volvió a la tesorería de la seguridad social para intentar resolver el supuesto entuerto informático demostrando que recibe la RMI y que por tanto está exento de pagar los medicamentos que precisa.

Nada nos hacía pensar que fuera a haber problemas, ya que la legislación nos parece bastante clara al respecto. La exención de pagos se recoge en dos regulaciones diferentes: la primera es el funesto RDL 16/2012 que además de modificar la cobertura sanitaria universal para restringirla a aquellos que son asegurados, también regulaba el porcentaje de pago de las prescripciones según renta. En el RDL se dice que están exentos de pago aquellos que reciben rentas de inclusión (capítulo IV, punto 13.8 del RDL 16/2012) . La segunda regulación aparece en la normativa sobre renta mínima de la comunidad de Madrid, recogiéndose en el artículo 531 que aquellos que son beneficiarios de la renta mínima de inserción están exentos de pagar las prescripciones de medicamentos.

Pero el viaje de la pareja fue en balde y de nada les sirvió el informe que le había hecho la trabajadora social, ya que no se trataba de un error informático, si no que de la noche a la mañana nuestro protagonista no estaba exento de pagar la medicación por el simple hecho de que pese a convivir desde hace años, tener una hija en común y recibir la Renta Mínima como “unidad de convivencia”, al no estar legalmente casados no podía ser beneficiario del titular de la RMI y por tanto estar asegurado en las mismas condiciones. O al menos esta fue la conclusión a la que llegaron la pareja con las explicaciones que les dieron en la oficina de la tesorería de la seguridad social. No les entregaron ningún papel por escrito, nada se habló de un cambio de normativa, sólo que de repente ya no podía ser como antes…

Pero como decíamos, esta situación no es una anécdota. Este ha sido el primer caso de una veintena que hemos conocido en estas semanas. En algunos de ellos parece que el motivo es que la pareja no está casada legalmente, pero en otros casos sí que lo están y sin embargo les han quitado también la exención de pago, así que no alcanzamos a entender cuáles son los motivos del cambio en la aplicación de la normativa. Al ver que no se trataba de un caso aislado, preguntamos a las trabajadoras sociales del centro de servicios sociales municipal (las encargadas de ayudar a tramitar la renta mínima) para ver si ellas sabían a qué se debían los cambios. La misma perplejidad, las mismas dudas y tan sólo alguna explicación vaga de que la tesorería se está poniendo “más estricta con el cumplimiento de los criterios” y la iniciativa de “elevar” estas incidencias con la RMI a instancias superiores dentro del organigrama municipal.

También hemos insistido en enviar notas a través de los pacientes a la tesorería de la seguridad social para que nos explicaran a qué se debía este cambio brusco, adjuntando correos electrónicos y teléfonos pero todavía nadie se ha puesto en contacto con nosotras. La verdad es que ya nos corroe la intriga, no ha habido ninguna modificación en las dos regulaciones que contemplan el derecho a farmacia gratuita para los receptores de Renta Mínima y sin embargo se ha restringido de golpe sólo a los titulares. Cosa curiosa, ya que la RMI no se concede a una persona a título individual (salvo que esté sola) sino a la unidad de convivencia: de hecho para seguir percibiendo esta renta, todos los miembros de la unidad familiar tienen que cumplir con ciertas obligaciones como la escolarización, búsqueda de empleo… sin embargo, parece que ahora sólo cuenta el titular para la exención de pago, como si el resto de convivientes tuvieran otra forma de pagar las medicinas que no fuera la exigua RMI que reciben.

Acostumbradas como estamos a abrir cartas con logotipos institucionales informando del cambio de profesional sanitario o de la necesidad de vacunar a la progenie con la siguiente vacuna del calendario vacunal, echamos de menos una carta (o un whatsapp para ser más modernos) informando de los motivos por los que alguien que antes estaba exento de pagar las medicinas ya no lo está.

¿Un nuevo ataque a los derechos de quienes lo tienen más difícil para salir adelante? ¿Un nuevo recorte para ahorrar unos eurillos con los que reflotar la macroeconomía? ¿O simplemente un misterio veraniego a resolver con el que nuestras autoridades quieren que estemos entretenidos este verano?

No sabemos bien, pero mientras lo descubrimos, si es pobre, por si acaso acuérdese de no enfermar. 


Fdo. Lxs Insegurxs Sociales



6 jun. 2017

¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú

"Nos tratan como si fuéramos desechos"

Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.

Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.


kamshots Flickr via Compfight cc
: Pensaba en esto leyendo la entrada de Sergio Minué en la que recupera el concepto de Bauman sobre las "vidas desperdiciadas" y cómo la aparición de una parte importante de la población señalada como "residuos humanos" puede cambiar las bases que han sustentado hasta ahora los planteamientos de los llamados "estados del bienestar". Y me surgía la duda de qué es lo que ha cambiado para que ahora esta realidad sea reconocida de manera más clara, cuando hay tantas y tantos que se sienten tratados como  meros desechos no desde hace unos años, ni siquiera como una marca de nacimiento, sino como una herencia que se transmite de generación en generación. ¿Es que ahora este problema afecta a nuevas poblaciones? ¿Quizás es que la situación actual del mundo del trabajo no permite culpar de manera individual a quienes no se quieren incorporar al mismo y evidencia de manera más clara la responsabilidad del sistema? ¿O es solo una cuestión de cantidad?

Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.

Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.

No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:

"La realidad muchas veces no la queremos mostrar, porque nos da vergüenza y porque nos ha colgado muchos prejuicios. Personas como por ejemplo yo, que me he tirado muchos años en prisión, he estado mucho tiempo en la calle tirado, he estado con problemas de drogas, he tenido problemas con familia, los servicios sociales me han quitado hijos... No al primer profesional que llega le vas a explicar toda tu vida… se lo explicas una vez, pero es que luego ellos cogen y lo apuntan en tu historial en un ordenador y luego cuando vas a ver a otro profesional entonces ya no se fijan nada más que en esa historia. Y de lo que se trata es que tienen que sacar ese problema que tú tienes en realidad en ese momento… No el que tú has tenido anteriormente… No de los años que tú has cumplido de carcel, o de los errores que has cometido y demás."

Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:

Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc 
"Te sientes cuestionada, y encima tienes que dar pena para ser ayudada… Que cuanto peor estés sabes que más ayuda te van a dar… Si vas perfumada, si vas arreglada, no te ayudan igual. La burocracia, los papeles, el cómo me miran, el “¿realmente lo necesitará o no lo necesitará?”, el que te cuestionen, eso no te ayuda nada. Te pueden pagar la luz pero te pasas tres noches sin dormir porque te sientes mal. Y eso no te va a ayudar. Si te dan un abrazo lo mismo estás a oscuras, pero no tienes ese malestar... Desgraciadamente, como lo he vivido y tengo que hablar con la trabajadora social y he estado muy mal, he llorado en muchos sitios."

Vergüenza, prejuicios, la inercia de una historia que atrapa impidiendo avanzar, la victimización como única alternativa para conseguir ayuda y no ser catalogada como un parásito del sistema... ¿Hasta dónde pueden romper este tipo de dinámicas a una persona? ¿Qué dinámicas de resistencia permiten sacar la cabeza entre tantos pisotones? De esto también tenemos que aprender de quienes se encuentran en esta situación, como nos muestra esta misma mujer:

"Me dice mi hija cuando le digo “tenemos que ir a tal sitio” “¿pero vas a llorar, mamá?”; “Yo ya no lloro, hija, yo ya no lloro”. Si me quieren ayudar, si me quieren escuchar, si me quieren atender, pues bien. Y si no, pues si me tengo que ir de mala leche, porque lo que si que no me van a quitar es mi dignidad, ¿sabes? Soy honesta, voy con dignidad y tú a mi no me tienes que tratar como una mierda porque no lo soy”.”

Pero esta semilla de resistencia y dignidad necesita unirse a otras para transformar la realidad. Y no es fácil partiendo de donde parte. Hoy comentaba José en la misma preparación de la Universidad Popular: "es tremendo ver el metro a tope, con mucha gente de pie, y el sitio que hay a mi lado vacío. Nadie se quiere sentar ahí". Varias de las otras personas presentes asintieron enseguida: a ellas les pasa lo mismo con frecuencia.

¿Puede ser este momento, en el que también los "buenos pobres" son lanzados a la basura, la ocasión para unir fuerzas y cambiar la situación? ¿Hay capacidad de conexión entre estos dos mundos para generar una masa crítica suficiente? Ahí está la clave para transformar la crisis en oportunidad, para acabar con las dinámicas que manejan a tantos seres humanos como si fueran simples bolsas de basura que esconder, quemar o triturar.


27 may. 2017

Ecos activos

Dejo la mochila a un lado tras abrir la puerta y, cuando pasan los momentos de reencuentro hogareño,  de nuevo vuelven a resonar los ecos del Congreso de Activos en Salud en Granada. Unos días intensos, ricos, llenos de encuentros, diálogos, preguntas, pero también certezas. Sí, por una vez mis bolsillos vienen más llenos de claridades que de brumas, sin saber muy bien porqué. Pero aprovechémoslo.

La mesa final del congreso lanzó algunas cuestiones que ayudaron a ir más allá de las experiencias concretas compartidas para revisar el desde donde y cómo nos situamos los profesionales, y más en concreto lxs sanitarixs, en nuestra relación con la comunidad. Rafa Cofiño fue bien claro: "como bacterias que somos, podemos contaminar otros campos si invadimos espacios sin estar formados para ello". Todo un llamamiento a hacer lo que sabemos hacer, incorporando ahí la clave de activos comunitarios, reconocer lo que no sabemos y, desde ahí, dejar espacio para que otrxs lideren dentro de la propia comunidad. Y es que muchas veces damos por supuesto que nuestra buena disposición es suficiente, y no es así ni mucho menos.

En este punto me pareció importante que Sergió Minué trajera a colación a Bauman y sus "Vidas desperdiciadas", poniendo sobre la mesa la cuestión de la gran parte de la humanidad que es tratada como sobrante, como desechos, desperdicios de quienes no sabemos cómo deshacernos. En la busqueda histórica de una sociedad más justa una de las grandes peleas ha sido la de la universalidad, la de la construcción de un mundo, de unas reglas comunes que nos incluyeran a todos. Ahí cristalizan los derechos humanos en toda su amplitud, que tan fácilmente nos saltamos cuando de estas vidas sobrantes se trata (cuando traspasan vallas fronterizas, cuando se buscan la vida de manera autónoma escapando de la dependencia, cuando evidencian un universo demasiado diferente al que asumimos como "normalizado"...). Actualmente hay una brecha enorme con estas realidades, y cada vez va a más y no tenemos mucha respuesta frente a ello. Por eso es fundamental visibilizarlas, escucharlas, plantar los pies en su barro cotidiano para construir ahí cimientos que afiancen nuestra voluntad de no dejar a nadie fuera.

Dialogar con esta realidad cara a cara nos pueda permitir también entender mejor quiénes somos y qué podemos aportar. Escapar de la inercia que nos lleva a plantear proyectos propios con los que queremos enganchar a otrxs para descubrir qué sueñan y luchan por hacer real a pie de calle y cuál es la aportación que se nos pide. Aunque eso supone una disponibilidad que hay que asumir y no siempre es fácil. No es fácil renunciar a ser el dueño/a de tu destino, a decidir por tí mismo/a, y menos en esta sociedad de llaneros solitarios totalmente autogestionados. Pero si hablamos de participación y comunidad, tenemos que tener claro que el proceso debe ser dialogado, y nos puede empujar a asumir no tanto cómo conseguimos la participación sino cómo podemos arrimar el hombro en las acciones en marcha por el pro-común.

Seguimos hablando de la importancia de los determinantes sociales en salud mientras estamos atrapadxs todavía en la casi exclusiva oferta de educación de conductas individuales saludables. Efectivamente frente a muchos determinantes estructurales nos sentimos impotentes e incapaces de cambiarlos. Pero si paramos la máquina de actividades programadas y nos ponemos a escuchar, seguro que aparecen personas y colectivos que consiguen resituarnos en cuanto al poder que tenemos para aportar cosas significativas, más del que nos creemos. Por ejemplo, si la vivienda es un determinante claro y tremendamente precarizado en el momento actual, ¿por qué no plantearnos qué  podemos aportar para apoyar la lucha de los colectivos que luchan porque se reconozca como derecho? Ya hay ejemplos claros en este campo de cómo investigar y evidenciar el impacto de la perdida de vivienda en salud puede ayudar a legitimar esta lucha y explicarla no solo desde el buenismo sino desde lo que es, una cuestión que pone en jaque nuestras vidas. ¿Para cuando abrimos estas líneas de investigación entrelazadas con las realidades de del barrio, desde abajo y en los márgenes? Porque esa es la primera clave de la co-producción de salud de la que se hablaba al final de la mañana: decidir conjuntamente con las comunidades cuáles son las preguntas que nos queremos hacer para enfocar las acciones a construir.

15 may. 2017

Comunidad, ese misterio

Sigo recogiendo algunos retazos de ese libro a partir de ahora imprescindible para mí, "The careless society", de John Mcknight. Mira que es interesante todo él, pero el capítulo en el que explora qué es la comunidad me parece que debería ser de estudio obligatorio para todas aquellas personas comprometidas a pie de barrio (o pueblo). Acá van algunos retazos con traducción libre (aunque espero que fiel en su esencia):

" Cuando Tocqueville visitó Estados Unidos en 1831, encontró que los colonos europeos estaban creando una sociedad diferente de la que conocían en Europa (...) Observó tres características con las que estos grupso operaban: Primero, eran grupos de ciudadanos que decidieron que tenían el poder para decidir cuál era el problema. Segundo, decidieron que tenían el poder para decidir cómo enfrentar el problema. Tercero, frecuentemente decidían que debían convertirse en actores clave para poner en marcha la solución.

(...)

Una comunidad es más que un lugar. Comprende diversos grupos de personas que trabajan juntas cara a cara en la vida pública, no solo en privado.

(...)

Los tipos de asociaciones que expresan y crean comunidad toman diversas formas. Muchas de ellas son relativamente formales (...) Un segundo tipo de asociación no es tan formal, frecuentemente no tiene nombre, pero representa una reunión de ciudadanos que resuelven problemas, celebran juntos o disfrutan de su cohesión social (...) Una tercera forma de asociación desarrolla su actividad en restaurantes, peluquerías, bares, tiendas... (...) Estos tres tipos de asociaciones representan la comunidad de la que mucha de la gente "etiquetada" es excluida, y en la que necesitan ser incorporados para convertirse en ciudadanos activos de una sociedad democrática (...) La incorporación como ciudadanos para por establecer relaciones en las que sus capacidades pueden ser expresadas, en las que no sean definidos solamente por sus "deficiencias". 


Para esto es importante que haya "guías" que acompañen este proceso, personas con un ojo especial para ver los dones, el potencial, el interés, las habilidades, la sonrisa, la capacidad de aquellos de quienes se dice que están en "especial necesidad" (...) Estos guías están bien conectados en las interrelaciones de la vida comunitaria (...) Consiguen sus objetivos porque tienen la confianza de sus pares en la comunidad, no porque tengan autoridad institucional (...) No piden caridad o ayuda, sino que en vez de eso presentan de manera entusiasta el regalo de una persona excluida a la hospitalidad de una persona activa en la comunidad (...) Por último, un guía comunitario efectivo aprende que debe decir adiós a la persona a la que guía dentro de la vida comunitaria. Esto no es un paso natural. Pero es necesario para que la hospitalidad de la comunidad se manifieste de manera plena y la persona excluida pueda incorporarse plenamente como ciudadana. Es un guía, no un sirviente.

(...)

La crisis que hemos creado en las vidas de la gente excluida es que ya no están más asociados a sus compañeros ciudadanos. No podemos deshacer esta terrible exclusión mediante un intento mal pensado de crear independencia ilusoria. Tampoco creando una amistad con una persona que vive en exclusión.

Nuestro objetivo debe estar claro. Estamos buscando nada menos que una vida rodeada de la riqueza y de la diversidad de la comunidad. Una vida colectiva. Una vida común. Una vida del día a día. Una vida poderosa que consigue su alegría de la creatividad y la conexión que aparece cuando nos unimos en asociación para crear un mundo inclusivo"



13 abr. 2017

Un curso, dos cursos... y muchos encuentros por compartir

El año pasado fui por primera vez a la Escola de Salut Pública de Menorca, empujado por los mil y un comentarios positivos de quienes habían ido en ediciones anteriores y facilitado por la generosidad de grandes del mundillo "saludable" como Rafa Cofiño y Mariano Hernán, que nos invitaron a Jara Cubillo y a mi a compartir saberes en el curso que dimos. Y la verdad es que la experiencia estuvo a la altura de lo esperado, un verdadero festival de encuentros y diálogos que me ayudaron a entender mejor esta búsqueda compartida de una transformación social enraizada en el conocimiento y la práctica en torno a la salud y sus gentes afines.

Y este año tengo la suerte de hacer doblete. Por un lado profundizando en el enfoque de los mapas y los activos en salud junto a Jara, Mariano y Rafa en el curso de "Comunidad, participación e inclusión: cómo trabajar desde el modelo de activos", y por otro con una apuesta nueva junto a Beatriz Aragón (médica-antropóloga que hace la calle con el Equipo de Intervención con Población Excluida en Cañada Real) y Julio Lasheras (médico de familia y salubrista, que conjuga extraordinariamente el rigor científico y una mirada tremendamente humanista). Este segundo curso se titula "¿Salud pública para tod@s? prácticas interdisciplinares para una promoción de la salud que no deje a nadie atrás" y lo presentamos así:

"El abordaje de la intervención con colectivos en situación de pobreza y exclusión social desde la Salud Pública se ha basado fundamentalmente en una perspectiva de prevención de la enfermedad y modificación de estilos de vida no saludables. Esta es una dimensión necesaria, pero dicho enfoque puede suponer también una dificultad de cara a desarrollar proyectos de promoción de la salud y la autonomía con estos colectivos si no se tiene en cuenta a las poblaciones a las que van dirigidas las intervenciones. En este curso proponemos reflexionar sobre las claves y herramientas de las que disponemos como profesionales sanitarios que nos permitan desarrollar proyectos de promoción de la salud que incorporen la experiencia, el conocimiento y la participación de quienes viven en condiciones de exclusión social, aportando nuevas miradas desde otras disciplinas como la antropología, la sociología y la pedagogía que puedan ayudarnos."

¿Qué, cómo lo ves? Buena pinta, ¿no? Pues ya sabes, si puedes, no pierdas esta oportunidad, apúntate y nos embarcamos juntxs en esta búsqueda de una promoción de la salud sin exclusiones.

26 feb. 2017

Recuperar la historia, recrear el futuro

Pocos espacios de aprendizaje he conocido tan intensos como los Seminarios de Innovación en Atención Primaria. Varias semanas de intercambio virtual culminan con dos días de diálogo abierto en torno a un tema que se ramifica y concentra al mismo tiempo, empujando el pensamiento y las ganas de transformación lejos, muy lejos. 

Así me pasó que, tras haber enviado una primera presentación sobre la Longitudinalidad de la atención y el Cuarto Mundo, salgo con esta otra  que aquí comparto bajo el brazo, fruto de los compartires de este seminario (con especial mención a las aportaciones de Elena, Marta, Nabil y Bea). ¡Gracias a todxs lxs que habéis ayudado a empujar esto!

 Recuperar la historia, recrear el futuro


Qué difícil hablar de longitudinalidad, de continuidad, con quién ve su vida atraida de manera constante hacia un eterno retorno alrededor de cuestiones básicas de supervivencia, sin encontrar seguridades que permitan un apoyo firme desde el que dar un paso adelante.

"Necesitaríamos 2 años de saber que vamos a poder quedarnos en esta casa para poder arreglar nuestra situación". Esto me lo comentaba un hombre que, sin haber tenido nunca acceso a una vivienda digna, ya que con lo que gana recuperando chatarra no da para alquilar ni comprar nada, ha echado en numerosas ocasiones solicitudes de vivienda social que no han tenido nunca respuesta positiva. Así que lleva ahora ya 15 años ocupando casas vacías, cuatro por el momento, para evitar que le quiten a sus hijxs si se ve en la calle con ellxs. La mala suerte ha querido que cuando se ha tenido que mudar el cambio del colegio de lxs niñxs no ha sido rápido, y cuando lo ha conseguido le han vuelto a echar de su nuevo piso, con lo que durante varios años han tenido que andar varios kilómetros para poder acudir al colegio cada día. Según me contaba, el no saber si mañana o pasado seguirá en la misma casa o será desahuciado hace que no pueda planificar más que al día, sin ninguna referencia para saber si es mejor invertir el poco dinero que gana en arreglar las goteras de la vivienda o en un abono transporte.


Lo mismo les pasaba a las familias con las que comenzamos a hacer la Biblioteca de Calle en Tetuán. Eran familias rumanas, muchas de las cuales vivían en un edificio que se incendió en plena noche a las pocas semanas de conocernos. Una de ellas se hizo una chabola en la zona para mantener los apoyos que habian encontrado, sobre todo en el cole. Pero un mes más tarde la chabola despareció de un día para otro, arrasada por la excavadora y una orden de derribo. De esa familia no volvimos a saber más. Marcharon del barrio quién sabe adonde. Un nuevo ejemplo del nomadismo forzoso que sufren muchxs de quienes transitan los márgenes.

Precariedad máxima. Sin pasado, desconocido o malinterpretado por muchxs, ni futuro, ya que no hay alternativa que permita iniciar un camino hacia un horizonte claro. El único movimiento posible termina siendo la huida o la expulsión. Solo presente, un eterno y maldito presente.

Pero la precariedad golpea también desde otros lados. La asistencia institucional que se ofrece bajo el prisma de las ayudas no tienen tampoco proyección a largo plazo. Así, en los barrios con más dificultades es habitual que muchxs profesionales salgan pronto en busca de destinos menos complicados, o que incluso se establezcan turnos rotatorios en la atención a estas familias para evitar el "queme" profesional. Está claro que frente al desgaste que supone trabajar en estos entornos hay que establecer medidas, pero... ¿y qué pasa con el "queme" de quienes viven en estos lugares y no tienen opción de escapar ni rotar con otrxs? ¿No es algo a tomar en cuenta?

Estos cambios de profesionales obligan continuamente a recomenzar las relaciones con ellxs, a volver a exponer la propia vida con todos sus contraluces a alguien que no se sabe cuanto tiempo va a mantenerse en ese puesto, avanzando en cada vuelta de tuerca hacia una mayor desconfianza y despersonalización en la relación con el sistema.

Pero no es solo un problema de temporalidad, sino del propio enfoque de muchas de nuestras intervenciones que, sin darnos a veces cuenta, terminan atacando las minimas seguridades que aún tienen quienes viven en condiciones más difíciles. La mirada profesional enfocada hacia los déficits y las necesidades invisibiliza las propias capacidades que tiene cada persona o colectivo, tanto de puertas afuera como para si misma, potenciando aún más su precariedad. Así, cuando me encontré por primera vez con las familias rumanas de las que hablaba antes para ofrecerles participar en la Biblioteca de Calle como espacio semanal abierto a todxs lxs niñxs del barrio, su respuesta automática fue “Nuestros hijos ya van al cole”. Acostumbradas a que quienes no les conocen se acerquen para ofrecer cubrir necesidades de una manera que les señala como incapaces de asumir sus propias responsabilidades, luchan por quitarse de encima esas etiquetas. Pero no es fácil convivir con ese continuo marcaje precarizador. Así, una mujer nos contaba el otro día cómo su hija le pregunta cuando se entera que va a tener cita con su trabajadora social: "¿Vas a llorar otra vez, mamá?".

Avishai Margalit, filósofo israelí, plantea en una de sus obras, "Una sociedad decente", que en la actualidad la filosofía centra su atención en el ideal de la sociedad justa basado en el equilibrio entre libertad e igualdad. Pero este ideal de la sociedad justa, aunque sublime, es difícil de poner en práctica. En cambio plantea como algo más abordable la constitución de una sociedad decente, o civilizada, que es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros.

John Mcknight, tras muchos años de trabajo comunitario, aporta una clave para mi fundamental para encontrar una vía de salida a estas situaciones: “Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema”. Esa es una de las grandes cuestiones que debemos afrontar. La historia de quienes viven en gran precariedad no está escrita por ellxs mismxs, sino recogida en diferentes expedientes e historias realizados por difentes profesionales con quienes entran en contacto pidiendo ayuda o siendo evaluadxs por sus comportamientos. De esta manera, sus historiales engordan a base del señalamiento de incapacidades, taras y problemas (de hecho muchas veces el diagnóstico que reciben quienes viven en pobreza al acudir a consulta es "problema social", donde no queda claro si lo que se quiere decir es que la causa de sus molestias es sólamente social y por tanto no compete al clínico, o que esa persona es en si misma un problema social que hay que marcar como tal para su posterior vigilancia). Pero si el compromiso del personal sanitario es con el cuidado, prevención y promoción de la salud ¿no deberían también registrarse los esfuerzos y herramientas que esta persona pone en juego para intentar cuidarse? ¿No habría que recoger cuáles son sus prioridades y habilidades en este campo, y no solo sus carencias? ¿Qué queremos hacer de las historias clínicas (u otros registros profesionales según el caso), herramientas para comprender mejor o para catalogar / desechar / descargar la responsabilidad en quién nos enfrenta a la frustración del fracaso, del eterno retorno al punto de bloqueo?

Esta cuestión es especialmente clave cuando enfrente tenemos a algunx de lxs "Otrxs": pobre, migrante, loco/a... Sus claves de entender la realidad, de interpretar el mundo, rompen con las nuestras, y en ese desencuentro es fundamental que nos esforcemos en construir puentes que permitan el acercamiento y el reconocimiento. En el caso de quienes viven desde siempre en pobreza hay una cultura de resistencia que es casi siempre menospreciada, invisibilizada, no tomada en serio. Pero no por ello deja de existir ese anhelo de proteger la propia dignidad pese a todas las dificultades, poniendo en marcha diferentes estrategias que terminan cristalizando en una manera concreta de relacionarse y convivir con otros grupos sociales. Tenemos que aprender a reconocer esa cultura, esos valores, esa comprensión del mundo, para poder dar pasos concretos que permitan escapar de la espiral de eterno retorno en la que  encierra la violencia de la extrema pobreza.

“Mi padre fue alcóholico. Pero fue la impotencia de no poder sacar a su familia adelante, sin poder ganar ni un duro desde que se levantaba hasta que se acostaba, lo que le mató".

¿La historia clínica de este hombre recogería algo de lo importante que era para él poder hacerse cargo del cuidado de su familia? ¿O se quedaría en el mero diagnóstico de la dependencia alcohólica? ¿Diría algo sobre sus esfuerzos por conseguir ganar algo de dinero, o de las habilidades que trataba de poner en juego para ello? ¿Leerla nos empujaría a juzgarle, incluso a darle por perdido, o a movilizarnos para encontrar una solución aportando además pistas de por donde buscarla?

"Lo que más se necesita es que te entiendan, que se pongan en tu situación, no que encima te tengas que sentir cuestionada, que tengas que dar pena para ser ayudada, que cuanto peor estés más ayuda puedas conseguir, es como funciona el sistema. Te cuestionan, a lo mejor te pagan la luz pero te pasas tres noches llorando porque te sientes mal. La ayuda es la comprensión y el calor que puedas recibir. Muchas veces lo que necesitamos no es que nos paguen una facturas, si no ver la manera de que podamos sentirnos que podemos hacerlo, que hay otras posibilidades".


Ese es el reto al que debemos enfrentarnos: recoger una historia fiel a esa búsqueda de dignidad que todas las personas compartimos, de manera que ayude a recrear este futuro hoy negado a quienes están en una situación más difícil, a escapar del eterno retorno del presente precario, desde las siguientes claves:
    • basarse en escucha respetuosa, comprensiva y atenta. 
    • mantener un diálogo siempre abierto en torno a cual puede ser nuestro papel de acompañamiento en el cuidado de la salud. 
    • apostar de manera clara (y apostar siempre conlleva un cierto riesgo) por que todas las personas, incluidas quienes viven en situaciones más difíciles, puedan ser protagonistas reales de sus vidas, promoviendo para ello dinámicas de libertad y autonomía. 
    • plantear esta recogida de la historia como una herrmamienta que nos ayude a aprender y a comprometernos más y mejor con este mundo tan cercano y lejano al mismo tiempo.
Frente a la extrema precariedad que oculta el pasado y niega el futuro solo es posible avanzar si somos capaces de reconstruir, paso a paso, la historia que de verdad merece ser rescatada: no la de la impotencia perpetua, sino la de la esperanza y la dignidad. Así, en el primer caso que compartía sería necesario no quedarse en el diagnóstico de depresión o lumbalgia, sino recoger también la vulneración constante del derecho a la vivienda digna que le deja sin fuerzas para seguir pese a haber probado ya con diversas alternativas; o su trabajo recogiendo chatarra ocho horas al día, sin ninguna garantía de encontrar nada por más que se esfuerce, como única manera de complementar la pobre Renta Mínima que recibe su familia y que nos les permite llegar ni a mitad de mes.

Y es que complementando la visión de la realidad de esta manera no solo conoceremos mejor sus capacidades, sino que también tomaremos mejor conciencia de nuestra responsabilidad colectiva como sociedad, y así dejaremos de echar toda la responsabilidad de sus penurias sobre sus hombros.

¿Nos ponemos a la tarea? Hay mucho que escribir...

6 feb. 2017

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"Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema.

Un punto clave en el desarrollo de la lucha por los derechos civiles fue la capacidad del movimiento negro de declarar el "problema blanco" como la cuestión central. La gente declarada deficiente y en necesidad se quitaba de encima sus etiquetas y conseguía bloquear a sus opresores.

Había algo revolucionario en esta estrategia. Reconocía que el papel de etiquetar a la gente como deficiente y declararla en necesidad es la herramienta básica de control y opresión en las sociedades industrializadas modernas. Los agentes con poder de etiquetar en estas sociedades son los profesionales de ayuda."


John McKnight (The Careless Society)

¿Somos conscientes del poder que tenemos muchos profesionales para encerrar a nuestrxs "usuarixs" en etiquetas que funcionan acallando su voz y justificando la necesidad que tienen de nosotrxs como interlocutores únicos frente a su "problema", desactivando así las respuestas que se puedan dar de manera más horizontal y comunitaria?

Porque a poco que lo pensemos es enfermiza nuestra obsesión por clasificar y diagnosticar la realidad, y así separar a los diferentes tipos de pobres, de enfermos, de chavalxs con problemas de desarrollo... En vez de un diálogo personal abierto con estas realidades, varias cajas en las que encerrarlas.

Abramos canales de comunicación... aunque esto nos pueda dejar fuera de juego. Seamos valientes. 

21 ene. 2017

Mañana no vuelves, ¿verdad?

Texto aportado al Seminario de Innovación en Atención Primaria sobre Continuidad/Longitudinalidad en la Atención Clínica que se celebrará en Madrid en unas semanas. 
  • La semana que viene no vuelves, ¿verdad?”. Eso es lo que le preguntó un niño a una de las animadoras de una biblioteca de calle realizada en un barrio del chabolas en el que comencé mi compromiso con ATD Cuarto Mundo hace ya 20 años. Era el primer día que iba allí, y le habían hecho la vida imposible quitándole la muleta que necesitaba para andar y burlándose de ella. “¡Claro que volveré la semana que viene!”, contestó ella con una sonrisa, desarmando el reto que le habían lanzado. Porque en aquel barrio había una larga historia de asociaciones varias y múltiples voluntarios que habían pasado y marchado en los últimos años, defraudando los vínculos y esperanzas que se establecían con quienes allí vivían, en quienes resonaba un eco subterráneo de que no eran lo suficientemente buenos como para que quienes venían a ayudar se quedasen a largo plazo. De hecho en el barrio se oía de manera recurrente “estos niños son muy malos, no sé por que venís aquí con ellos, será porque os pagan”. Así, casi mejor espantar a quién se acercaba por primera vez, ponerle a prueba para ver si iba en serio y estaba dispuesta a estar y quedarse. Superada esta prueba de fuego, las cosas fueron mucho más fáciles los siguientes días para esta animadora, y por consiguiente para todo el equipo, hasta que se volvía a incorporar alguien nuevo y… ¡vuelta a empezar! 
  • No te creas nada de lo que te cuenten, mienten siempre”. Eso me dijo el compañero con más experiencia al comenzar a trabajar en un Centro de Atención Integral a Drogodependientes en Madrid. Pese a mi rechazo inicial, a las pocas semanas tuve que darle en parte la razón: la relación con los usuarios/as del centro se centraba en controlar si consumían o no, en una dinámica cuasi-policial puesta en práctica por profesionales muchos de los cuales no teníamos formación específica en drogas y no llegamos a durar ni un año en el puesto. Un caldo de cultivo ideal para que se busque el atajo que permita conseguir lo que se quiere y escapar del castigo siempre amenazante, sin dejarse marear por quienes estábamos aterrizando en un mundo que desconocíamos utilizando frecuentemente la autoridad de la bata como escudo para ocultar nuestras inseguridades. Además, los vínculos posibles son tan efímeros con tanto profesional en tránsito que, ¿cómo puede surgir así la confianza, que necesita un largo plazo para brotar? 
  • ¿Porqué no queréis a nuestros hijos?”. Esa fue la pregunta que nos lanzó en un taller sobre salud una mujer gitana rumana, que contaba como en todos los lugares donde había estado en sus largos años de viaje por Europa enseguida se le acercaban dispositivos sanitarios para tratar de convencerla de que debería utilizar anticonceptivos y así no tener más hijos. Otros temas de salud solo salían si ella lo demandaba. Así, los profesionales que la han atendido han sido muchos y diversos, pero la línea de actuación desde el sistema sanitario ha sido bastante homogénea y estable a lo largo del tiempo, remarcando el control de la natalidad como algo que estas familias debían adoptar como prioridad y señalándolas como irresponsables o incapaces si no lo hacían. 
Me vienen estos tres ecos a la memoria al pensar en la continuidad de la atención y los colectivos en exclusión social. La multiprecariedad vital en la que viven hace que muchas veces tengan que peregrinar de manera frecuente y recomenzar de nuevo en nuevos lugares, pero aún cuando esto no es así sus vínculos y relaciones son también muy vulnerables, con idas, venidas y frustraciones acumuladas que hacen que muchos no quieran asociarse con ellos o lo hagan solo temporalmente. Y esto no hace sino agravar su inseguridad vital, pues además se les culpa del fracaso de la relación, sea personal o profesional: “No quiere poner nada de su parte”, “no se esfuerza lo suficiente”, “yo he hecho todo lo posible, el resto es cosa suya”… Diferentes manera de enfrentarse a la impotencia que compartimos muchas veces con ellos pero de la que nos queremos desembarazar echándola exclusivamente sobre sus espaldas. 

Pero sí que hay ejemplos de atención longitudinal y de calidad con estos colectivos. Para mí un ejemplo claro es el de la UVAAD (Unidad de seguimiento cercano y Apoyo a la Atención Domiciliaria perteneciente al Servicio de Microbiología Clínica del Hospital Gregorio Marañón). En ella se viene trabajando desde hace años con pacientes infectados por el VIH que por diferentes razones (aunque en casi todos los casos relacionadas con una situación de exclusión social) han tenido dificultades en el seguimiento de unas pautas de tratamiento y en el control evolutivo de su enfermedad en otras unidades. Un estudio realizado en esta unidad durante el periodo 2004-2006 demostró que la intervención de la UVAAD mediante un abordaje específico, individualizado, interdisciplinar, activo y sostenido, atento a los aspectos psicológicos, sociales y sanitarios en el día a día y en el entorno del paciente es capaz de neutralizar efectos negativos clásicamente asociados al fracaso terapéutico en pacientes con infección VIH, con una eficacia similar a la de cualquier nuevo antirretroviral puesto en el mercado comparando las mismas variables (supervivencia, adherencia al tratamiento, etc.). Pero esto no se logra por casualidad. Es fruto de dos claves de partida compartidas por el grupo de profesionales que lo puso en marcha: por un lado la indignación y ganas de entender las causas que permitían la muerte de muchos jóvenes cuando ya había tratamiento para el VIH, pero que estos no tomaban; por otro el compromiso que nace de asumir la responsabilidad profesional que se tiene frente a esto, sin tirar del comodín "es que no hace lo que le digo". Y ese compromiso es el que les llevó a patearse los barrios de chabolas, a analizar con la gente sus dificultades y a buscar soluciones adaptadas.

En un trabajo que realizamos para valorar las claves de la eficacia de estar unidad bajo la perspectiva de los pacientes que acudían a ella, había tres claves que sobresalían para ellos: el trato personal, la continuidad en el tiempo y la atención integral. Tres características que justamente suelen echar en falta quienes viven en exclusión en otros dispositivos y que, si bien son importantes para todo el mundo, lo son aún más cuando menos seguridades vitales se tienen.

Al mismo tiempo, desde la perspectiva de los colectivos excluidos es fácil constatar que la mayor parte de las intervenciones que reciben por parte de los profesionales mantienen unas constantes inmunes al paso del tiempo o al cambio de espacio: el desconocimiento de sus capacidades y inteligencia, la continua suspicacia y evaluación, la puesta en cuestión sobre si pueden o no atender debidamente a sus hijos e hijas, etc. Así, terminan sintiéndose encerrados en su papel de víctimas incapaces, y desde ahí no hay casi margen para la promoción personal y el desarrollo de habilidades para el cuidado propio y de otras personas. No hay más que pensar en el título que les colgamos últimamente: “colectivos vulnerables”. Es importante reconocer estas dimensiones de fragilidad que sufren, pero si nuestra mirada solo se focaliza en sus necesidades, incapacidades y dificultades, ¿cómo promover dinámicas que no caigan en la dependencia o el asistencialismo?

Es verdad que muchas veces, frente a quien viene de una realidad muy diferente a la nuestra, marcada por la pobreza y la exclusión, la comunicación es difícil. Cuesta el diálogo porque venimos con claves y herramientas diferentes, no se trata sólo de que el otro no sepa expresarse o comprender. Nosotros tampoco entendemos la realidad de la exclusión vivida desde dentro, y también nos cuesta un mundo expresarnos con claridad en un lenguaje comprensible.


Por eso precisamente necesitamos tiempo, mucho tiempo y voluntad de diálogo y aprendizaje. Porque quienes viven en pobreza y exclusión pueden enseñarnos mucho sobre lo que supone vivir en condiciones muy difíciles y cuáles son las claves de acción que pueden ser realmente efectivas en estas situaciones. ¿Cómo debemos acercanos a colectivos nómadas, o a las personas sin techo, o a quienes están en prisión? ¿Qué necesidades tienen, cuáles son sus prioridades de actuación? Solo apostando por una presencia a largo plazo al lado de quienes viven en estas condiciones, poniendo las bases para la confianza y el reconocimiento mutuo, será posible encontrar pistas que nos ayuden a avanzar en una línea común y promotora de salud. Una salud que debemos construir en diálogo, mirándonos cara a cara.