6 jul. 2012

Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y III): ¿Qué es la pobreza?

Las desigualdades sociales tienen su coste en salud, tanto por el aumento de enfermedades como por la menor esperanza de vidas de quiénes se encuentran en la zona baja de la escala social. Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Es un problema relacionado con los menores ingresos, con la raza, con la cultura de un grupo social determinado o con conductas individuales nocivas para la salud?

Para profundizar un poco en esta cuestión, conviene revisar algunos artículos de Michael Marmot, en especial el de "The influence of income on health". Resumiendo sus estudios y su visión el tema, la causa fundamental de las desigualdades sociales en salud, el determinante clave en función del cual aumenta o disminuye la salud y la enfermedad, es la pobreza. Pero no una pobreza entendida como la "no riqueza", ni simplemente como menores ingresos económicos (que es la visión clásica del asunto, un umbral de ingresos y si estás por debajo, eres pobre), sino que contiene dos dimensiones esenciales:
  • La carencia material, pero no sólo por sus efectos más extremos (por ejemplo en los casos de hambrunas),sino en todos los casos en los que implica una falta de autonomía y control sobre la propia vida. En varios estudios, como el famoso Whitehall, se ha demostrado que la sensación de falta de control sobre las tareas a desempeñar genera un stress que conduce a un mayor riesgo de enfermar. Así, la carencia material no sólo afecta, por ejemplo, por los efectos biológicos del hambre y la desnutrición, sino también por la incertidumbre asociada al no saber si hoy va a ser posible comer o no, o a la dependencia de la caridad que igual que entrega puede guardar sus dones.
  •  La exclusión social, que conlleva la ruptura de lazos y de redes de solidaridad, lo que determina una mayor precariedad y riesgo de carencia material, pero también acarrea un desequilibrio entre los esfuerzos que se hacen por salir adelante y lo que se recibe por estos, a nivel tanto de reconocimiento social como de efectos prácticos. Así, la imagen que se tiene de las personas pobres es de que no hacen lo suficiente, y no se les reconocen sus esfuerzos ni sus capacidades, lo que las sitúa como aún más diferentes y lejanos del resto de ciudadanos. Y esta es una de las claves de la experiencia de pobreza. En una investigación del Banco Mundial en la que se realizaron miles de entrevistas a personas en situación de pobreza por todo el mundo, las respuestas a la pregunta de qué es la pobreza fueron diversas, pero con una base común: no poder hacer lo que se supone que es razonable hacer en la sociedad en la que se vive.
En definitiva, las desigualdades sociales sociales en salud se construyen no sólo sobre déficits económicos y carencias materiales, sino fundamentalmente sobre la violación de los derechos humanos más básicos: el derecho a la autonomía y a la libertad de expresión (tan a menudo cohibidos bajo relaciones de dependencia), los derechos sociales, económicos y culturales, el derecho, en definitiva, a ser una persona más, en igualdad de condiciones que el supuesto "ciudadano medio". Tener derechos, (re)conocerlos y poder reclamarlos cuando no se cumplen, uniéndose a otros en esa lucha, es la clave para poder acabar con la pobreza tal y como es vivida por quienes la sufren.

Pero para entender mejor todo esto es necesario acercarse y escuchar a quiénes viven en la pobreza. Estas claves sólo ell@s nos las pueden hacer entender. Así lo vivimos algunos compañer@s al terminar la residencia y hacer un proyecto de investigación sobre valores en salud en personas en situación de exclusión social infectadas por VIH. Y esto fue lo que entendimos: que si nos centramos sólo en la enfermedad nos estamos perdiendo otros elementos fundamentales en la construcción de la salud: la autonomía, el desarrollo personal y las redes de apoyo. La lucha contra la pobreza en su sentido más amplio, vamos.



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Este artículo pertenece a la serie "Cambiando de modelo, ¿Por qué no?":

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