7 nov. 2010

Arriesgar...

En el interesante análisis que ofrece Roberto Espósito sobre la relación entre filosofía y biopolítica en su libro Bios, el autor profundiza especialmente en el pensamiento de Nietzsche y Foucault cómo principales anclajes de la concepción actual de este término.

Yo de Nietzsche guardo poco más que la imagen deformada que de su pensamiento me hice al estudiarlo en el instituto, aunque posteriormente me he ido encontrando con algunos fragmentos suyos o análisis que otr@s hacían de su obra que me han sorprendido y dado ganas de entender mejor su propuesta. 

Así ocurre con un párrafo que Espósito rescata de Humano, demasiado humano, titulado "Ennoblecimiento a través de la degeneración". En él, Nietzsche, sitúa en el centro del cuadro una comunidad estable, consolidada, y  habla de cómo esta estabilidad puntala el instinto de conservación, amenazando así su capacidad de innovación, de transformación, de apertura a lo nuevo, de creación. Se encierra, bloqueando toda posibilidad de vínculo con el exterior (¿para que salir afuera cuando en el adentro se alcanza el equilibrio?) y replegándose sobre sí misma.

¿De dónde puede surgir el espíritu, el acto transformador? De aquell@s que, formando parte de la comunidad, no participan del equilibrio de esta, de l@s más débiles, de aquell@s a l@s que les merece la pena arriesgar, porque tienen más que ganar que perder.

Y así, según Nietzsche,se abre dentro de la comunidad una herida a través de la cual se inocula algo nuevo a la comunidad entera, haciéndola avanzar, desarrollarse, transformarse.

Curioso texto viniendo de alguien que en otr@s much@s machaca a l@s más débiles...

Al mismo tiempo, no puedo evitar pensar cómo este punto de vista puede dar luz a tantos modos de actuar frente a l@s más pobres. Visto así, ell@s son la mayor amenaza hacia el status quo, ell@s tienen la mayor capacidad para asumir riesgos y transformar. Así, no es extraño que se desarrollen tantas políticas que, por su asistencialismo y su falso empoderamiento de aquell@s que son amenaza, terminan incapacitándoles para generar cambios, para agitar la quietud de las aguas. 

De esta manera se consigue que hasta el más pobre de nuestras sociedades tiene mucho que perder si se arriesga a abrir la herida: ayudas, pagas, libertad (o mejor dicho, no intervencionismo externo), familia...

Así, tod@s quiet@s...

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