22 oct 2012

¡¡Más madera!!

Acá van un par de documentos que ofrecen abundantes datos para la reflexión sobre la deriva sanitaria en estos tiempos. Por un lado, el inagotable J. Gervás, que sigue ofreciéndonos buenos documentos como "REBAJAS   SANITARIAS   EN   TIEMPO   DE   CRISIS:   ¿POR   DERRIBO   O   POR RENOVACIÓN?  MÁS VALE LA RENOVACIÓN, PUES VAMOS TODOS EN EL MISMO BARCO". Y por otro un estudio traducido por gente del CAS: "RESULTADOS COMPARATIVOS DE SISTEMAS DE SALUD PÚBLICOS Y PRIVADOS EN PAÍSES CON INGRESOS BAJOS Y MEDIOS. UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA" y del que señalan algunos aspectos destacados:


“El sector privado violaba de forma más frecuente estándares de práctica médica y tenían resultados más pobres con los pacientes, pero informaban de un menor tiempo de respuesta y mejor servicio de hostelería con los pacientes. La eficiencia tendió a ser menor en el sector privado que en el público, resultado, en parte, de los incentivos perversos para llevar a cabo pruebas y tratamientos no necesarios…”

“Los estudios evaluados en esta revisión sistemática no avalan la idea de que el sector privado es habitualmente más eficiente, responsable o medicamente efectivo que el sector público….”

“La precisión diagnóstica y la adherencia a los estándares médicos fueron peores en el sector privado que en el público…..”

“Los profesionales privados tuvieron un conocimiento significativamente peor de diagnóstico y tratamiento correctos…”

“También se informó de tasas más altas de procedimientos potencialmente innecesarios, particularmente cesáreas, en el sector privado que en el público….”

“La provisión del sector público se asoció a unas mayores tasas de éxito en el tratamiento de tuberculosis y SIDA [61–64], así como vacunación…”

“Los estudios comparativos de resultados pre y post privatización tendieron a encontrar peores resultados  de los sistemas de salud asociados con iniciativas amplias de privatización de la atención sanitaria….”

“El sector privado tiende a atender a grupos con mayores ingresos y menores necesidades sanitarias….”

“El sector sanitario privado tiende a carecer de datos publicados con los cuales evaluar sus resultados, tiene mayor riesgo de atención sanitaria de baja calidad, y sirve a grupos socioeconómicos más elevados, mientras que el sector público tiende a ser menos receptivo a los pacientes y carece de disponibilidad de suministros sanitarios…..”

“El Banco Mundial ha hecho importantes declaraciones en el sentido de que la inversión en sociedades público-privadas mejora la eficiencia y la efectividad del sector sanitario [108], sin embargo varias de sus publicaciones revelan que estas afirmaciones, o bien no están apoyadas en datos,  o bien los datos no se dieron con un mínimo de detalle para pasar los criterios de inclusión requerido para esta revisión…”


Que ustedes los difruten bien. 

4 oct 2012

Ni tontunas ni mal gobierno

Imprescindible el nuevo artículo de José Ramón Repullo, en el que vuelve a incidir en la necesidad de desinvertir en sanidad en lo no eficiente, pero esta vez de manera más clara y directa: Des-invertir en tontunas clínicas y en mal gobierno para reinvertir en salud. Para quien no tenga mucho tiempo para leerlo, acá va un resumen realizado por Joan Carles March Cerdà:
 
"José Ramón Repullo, Médico y experto en Planificación Sanitaria y Economía de la Salud, escribe en uno de sus artículos titulado: Des-invertir en tontunas clínicas y en mal gobierno para reinvertir en salud, algunos aspectos que nos gustaría destacar.

De todo el artículo nos quedamos en este aspecto con el que termina el artículo: Para desinvertir en bobadas y tontunas clínicas, vendría bien desinvertir también en mal gobierno, y dejar de exhibir malos modos.

¿Seremos capaces de rehacer esta senda? Esperemos que haya receptividad al mensaje y podamos empezar a andar hacia un nuevo contrato social por un Sistema Nacional de Salud sostenible.

Pero antes, J.R. Repullo, empieza el artículo con un brillante comentario: Es difícil orientarse cuando hay tormenta, nadie sabe dónde está el capitán y la brújula está enloquecida. Lo primero parece que depende de las fuerzas telúricas europeas; lo segundo de las preferencias electorales de la ciudadanía, ajustadas por la buena o mala fortuna en el sorteo que parece determinar qué oficiales comandan nuestra nave; y lo tercero… bueno, en esto ya creo que la marinería de abordo puede aportar su conocimiento y experiencia para indicar el rumbo.

Sigue J.R. hablando de los problemas de suficiencia a los problemas de sostenibilidad y afirma que a veces se confunden; la suficiencia sería la virtud de llegar a fin de mes, mientras que la sostenibilidad sería la capacidad de legar un sistema a la siguiente generación igual o mejor que lo recibimos.

Un tercer apartado habla de Desinvertir en bobadas y tontunas, en el que aborda el debate sobre cuál es el porcentaje de actividad o gasto inefectivo en el sector sanitario. Y comenta: Si se enteran ahí fuera que los propios médicos investigadores en servicios sanitarios lo estiman en el 30%, vendrán los señores de negro a cortar por lo sano (nunca mejor dicho). Yo no creo que todo ese 30% inefectivo sea “recortable”, aunque sea difícilmente justificable, ya que hay factores poco controlables: holgura en decisiones clínicas, variabilidad en competencias profesionales, y el propio coste de cambiar comportamientos en un sector de conocimiento muy dinámico. Poco controlables a corto plazo; pero modificables a medio plazo, sobre todo si se empieza a trabajar de forma diferente.

Y termina abordando el apartado del que hemos titulado este artículo Desinvertir en mal gobierno y malos modos:

¿Cómo conseguir que políticos, gestores, profesionales, pacientes y ciudadanos puedan remar en la misma dirección (o parecida), en tiempos de tormenta? No lo sabemos.

 Pero sí sabemos que hay que dejar de hacer algunas cosas:

  • sectarismo partidario
  • imposición autoritaria
  • ocultismo y falta de transparencia
  • falta de participación y diálogo
  • intolerancia a las críticas
  • amenazas a los disidentes, y
  • nunca reconocer las propias responsabilidades, substituir información pública por propaganda…

O peor aún, cuando se tuercen las políticas por un mal diseño o por una gestión apresurada, dejarse dominar por la tentación maniquea de culpabilizar a otros:

  • los diferentes (turismo sanitario)
  • los pobres (“cultura de la subvención”)
  • los parados (vagos o pícaros)
  • los de la periferia (falta de lealtad de algunos miniestados autonómicos)
  • los que no son del propio partido (si lo hago yo está bien, si lo hace otro está mal, aunque sea la misma acción), o
  • simplemente los que no aplauden las decisiones (“al indiferente el reglamento vigente”).

Con todo esto destruimos capital social, cohesión territorial, reciprocidad y ética de ayuda mutua, y también tejido económico y social.

Un gobierno ejecutivo no significa “gobernar sin complejos”, pues en “organizaciones complejas adaptativas” uno debe evitar la autocomplacencia y ser capaz de crecer a través del conocimiento, la evaluación y la comparación. Vivir acomplejados por lo que no sabemos sería una actitud recomendable para todos (políticos incluidos).

Y termina el artículo con: Para desinvertir en bobadas y tontunas clínicas, vendría bien desinvertir también en mal gobierno, y dejar de exhibir malos modos. ¿Seremos capaces de rehacer esta senda? Las organizaciones profesionales (como la Organización Médica Colegial) pueden jugar un importante papel de mediación institucional; y en mi opinión la OMC lo están haciendo. Esperemos que haya receptividad al mensaje y podamos empezar a andar hacia un nuevo contrato social por un Sistema Nacional de Salud sostenible."

2 oct 2012

No llegamos igual

Por su interés, copio este artículo encontrado en el blog de Rafa Bravo:


Nuevas y llamativas evidencias de inequidad de acceso a la asistencia médica por motivos económicos

por Carlos García Marco. Médico Inspector de la Seguridad Social

Es sabido que la equidad horizontal de acceso a la asistencia médica,  es decir,  el que los enfermos reciban igual nivel de servicios ante igual grado de necesidad clínica, al margen de cuan desigual sea su edad, renta, etc.., constituye un elemento clave de la cohesión y confianza social de un país,  máxime en momentos de crisis como el que atravesamos.

En el caso de España, la equidad es valorada por la opinión pública como uno de los atributos del sistema sanitario (público y privado). Sin embargo, una reciente comparación internacional efectuada por la OCDE  posiciona a la España del 2009 entre los países con mayor  grado de inequidad pro-ricos en la utilización de servicios médicos especializados y de dentistas. Algo que ya apuntaban estudios previos, en especial otro realizado con la misma  metodología y datos del año 2000.

Para llegar a estos resultados, los autores calculan, con datos de encuestas poblacionales, la probabilidad y frecuencia de visitas al médico (general y especialista), al dentista y realización de pruebas de screening con mamografías y papanicolau, obteniendo el índice C de desigualdad según  nivel de renta : de -1 a +1, cifra ésta que expresaría máxima desigualdad pro-ricos.  En las consultas médicas, obtienen el índice H de inequidad ajustando los indicadores de desigualdad según el grado de necesidad clínica (edad, género, salud percibida y limitación de actividad),  de forma que si el intervalo de confianza de H queda por encima del 0 implica inequidad pro-ricos significativa (a su vez, multiplicando H por 75 se obtiene el % de consultas a redistribuir).

Dicho ésto, paso a  ilustrar los resultados alcanzados en los diferentes ítems:


Inequidad en la utilización de consultas de medicina general



Inequidad en la utilización de  consultas de medicina general:

La generalidad de los países, y España entre ellos, muestran desigualdad pro-pobres tanto en probabilidad como en frecuencia de utilización de este tipo de consultas, si bien cuando se ajustan datos por necesidad y se obtienen los intervalos de los índices H, no se observan inequidades significativas en la mayoría de los países.

Inequidad en el uso de consultas médicas de especialistas


Inequidad en la utilización de  consultas de  médicos especialistas:

La utilización de este tipo de servicios muestra  en casi todos los  países un patrón pro-ricos, que se mantiene al obtener los índices H de inequidad, cuyos valores en el caso de  España y en lo relativo a frecuencia de consultas médicas serían los más inequitativos de la OCDE (los autores no han podido obtener datos de USA y Alemania), hasta el punto de que habría que redistribuir de ricos a pobres el 14,7 % de todas las consultas especializadas hispanas, para lograr la equidad.

Desigualdad en acceso a consultas dentales


Desigualdades en la utilización del dentista y de pruebas de screening con mamografía y papanicolau: 

El índice C de acceso al dentista muestra desigualdad pro-ricos en casi todos los países, que en lo referente a España y en frecuencia de consultas al dentista alcanza cifras máximas sólo superados por USA, de modo y manera que habría que redistribuir de ricos a pobres el 11,3% de dichas consultas para conseguir una distribución equitativa. Por el contrario,  no se observan desigualdades económicas en el acceso a la mamografía, pero sí en el uso del papanicolau.

Con respecto a las causas de tantas y tan graves desigualdades e inequidades, los autores no encuentran una explicación, si bien es probable que los elevados índices registrados en España tengan relación con el acceso directo y gratuito al médico especialista (sin pasar por el médico de cabecera) practicado frecuentemente por las clases sociales más favorecidas y propiciado por la tenencia de  seguros médicos privados. Una cobertura privada que es utilizada de forma teóricamente alternativa al SNS (mutualidades de funcionarios, …) o suplementaria a éste, previas compras realizadas por una miscelánea de agentes sometidos a escaso control social, pese a sufragarse con cargo a diferentes partidas presupuestarias. Lo que contrasta con el modelo financiero “single-payer”  aplicado a la población cubierta por SNS, cuyos constantes recortes presupuestarios estarían contribuyendo a retroalimentar el modelo de dualización asistencial descrito.

28 sept 2012

Bajo la alfombra estan los datos

No sabía yo esto de la Reboxetina que he encontrado en Principia Marsupia. Estas farmacéuticas siempre superan la mejor de las ficciones...

"El escándalo de la reboxetina debería haber encendido todas las alarmas. Aprobada en muchos países europeos desde finales de los 90, la reboxetina es el principio activo de un fármaco para la depresión clínica.

En año 2010, un grupo de investigadores alemanes publicó en el British Medical Journal un estudio que demostraba que no sólo el medicamento era inefectivo, sino que, además, la compañía farmacéutica había ocultado a la comunidad médica aquellos tests que le eran desfavorables. De 7 ensayos clínicos contra placebo, 6 mostraban que la reboxetina no era más eficaz que el placebo. Ninguno de esos 6 estudios fue publicado en revistas científicas. Además, en los ensayos clínicos contra otros antidepresivos, la compañía farmacéutica había eliminado tres cuartas partes de los datos.

(Nota: el artículo del British Medical Journal que destapó el caso es gratuito y podéis leerlo aquí).

Inexplicablemente, en España la reboxetina sigue siendo comercializada por Pfizer bajo los nombres “Norebox” e “Irenor” (números de registro 61969 y 63157 en la Agencia Española del Medicamento). La agencia federal que supervisa los fármacos en los EEUU (conocida por sus siglas, FDA) nunca aprobó la reboxetina por falta de eficacia probada."

27 sept 2012

De postmedicina y decrecimiento

Aprovechando la convocatoria de las III Jornadas Nacionales NoGracias-Farmacriticxs, que tendrán lugar en Murcia los días 26 y 27 de octubre, se ha puesto en pie un blog en el que van apareciendo artículos que creo merece la pena revisar en torno a esta propuesta de revisar el modelo médico bajo los criterios de la sostenibilidad y la justicia social.

Para entender mejor de qué va esto, nada como leer la   introducción a las jornadas, o alguno de los artículos que van apareciendo, como “Decrecer en Sanidad para crecer en salud”.

Pasen, vean, reflexionen, dialoguen...

22 sept 2012

Desde otros lados

Aunque con muchas interrogantes abiertas, creo que merece la pena echar un vistazo a la propuesta de "La otra salud es posible", tanto por algunas propuestas interesantes que incorpora como por lo que nos puede ayudar a cuestionar nuestras prácticas a quienes nos hemos movido hasta ahora en centro de (esta) salud.

"La salud es un derecho de carácter público, un bien común, ni estatal ni corporativo -¡de todos!- que tenemos el deber de promover.

La autogestión de la salud es una aspiración justa y necesaria para el conjunto de la sociedad que requiere acciones para desarrollar centros de salud a la altura de este objetivo. La salud no puede ser un negocio, por lo tanto, nuestras conciencias tampoco puede ser mercancías al servicio de los estados, las farmacéuticas y el resto del sistema sanitario.

No podemos obviar la importante lucha que se está desarrollando en el seno de la salud pública contra el camino que ha emprendido el poder hacia la rentabilidad de la salud mediante la reconversión de lo público en privado. No obstante, la lucha no debe ser únicamente por la recuperación de un puesto de trabajo o de un hospital privatizado. Es necesaria otra salud, un nuevo paradigma entorno a la salud que abra el camino para el desarrollo de un sistema de salud al margen del modelo hegemónico.

 La salud pública cooperativista surge de los fundamentos históricos del movimiento popular en defensa de la salud como un derecho."

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Fuera del Sistema

En algunos medios de comunicación se han hecho eco de la controversia suscitada en Francia por la publicación por parte de dos personalidades reconocidas (un célebre profesor, urólogo, diputado y ex-ministro del partido conservador Unión por un Movimiento Popular (Bernard Debré) y el director del prestigioso Instituto Necker y antiguo Decano de la Facultad de Medicina de París (Philippe Even))de una "Guía de los medicamentos útiles, inútiles o peligrosos". El libro regala jugosos titulares, como que el 50% de los medicamentes disponibles en Francia son inutiles, el 20% no son bien tolerados y hay un 5% por ciento potencialmente peligrosos. En realidad no es algo que no se haya dicho antes, pero si que es interesante el eco que se ha producido por venir de dos personas "del sistema".

Sería interesante que esto permitiera tomar en serio la propuesta que hacen los autores del libro: Es urgente hacer una “gran limpieza” en las farmacias francesas, desterrar productos inútiles, salir al paso de presuntos medicamentos que pueden ser peligros y, finalmente, recordar a los poderes públicos que todo ese desorden también tiene un costo muy gravoso para la economía nacional.

Mientras tanto, en España se plantea que para hacer sostenible el sistema sanitario (como si no lo fuera) hay que "limpiarlo" de inmigrantes no regularizados (que aparte de la inmoralidad del asunto, genera un suspuesto ahorro ridiculo si lo enfrentamos con el que sería posible si se planteara en serio el uso eficiente de medicamentos), mientras que los criterios utilizados para sacar algunos de los fármacos excluidos últimamente de la financiación pública chocan frontalmente con la evidencia científica.

Así están las cosas, aunque no nos las cuenten en voz alta...

6 sept 2012

Gastando el Sistema

Una pequeña dosis informativa muy clarificadora aparecida en Saludyotrascosasdecomer:


Holanda =  año 2009 11.2% PIB (9.5% público)// Año 2005= 9% (5.9% público)

España= año 2009 9.5% (7% público)// Año 2005= 8.2% (5.8 público)

EEUU= año 2009 17.4% (8.3 público)//Año 2005 =15.7%  6.9 Público
o

Dados evolución Gasto sanitario en el PIB Fuente OCDE[1].
 
Las distintas tablas muestran datos de la OCDE y una comparación, por supuesto odiosa, del gasto sanitario sobre el PIB en 2005 y 2009 entre tres países EEUU, Holanda y España.
Es interesante ver la evolución de Holanda de 9% a 11.2% y en gasto público de 5.9% a 9.5%, porque en 2006 el gobierno holandés reformó completamente el sistema sanitario hacia un aseguramiento privado obligatorio, frente a lo que tenían antes más parecido a nuestro sistema de salud.

Con estos datos tenemos los siguientes hechos consumados[2]:
  • El establecimiento de un aseguramiento privado obligatorio en Holanda en 2006 aumentó el gasto sanitario total un 5% anual. 
  • Las familias holandesas gastaron un 41% más frente al modelo anterior (seguro público de salud). 
  • El 3% de la población holandesa se quedó sin seguro (al no poder pagar o no estar asegurados), teniendo que ser cubiertos por gasto estatal. 
  • Al año siguiente de la reforma, sólo el 5% de los asegurados cambiaron de seguro, en un 80% debido a las decisiones de sus empresarios, no por voluntad propia.
  • El 65% de los holandeses, cuatro años después de la reforma, no confía en sus planes privados de salud.

[1] Country statistical profile: United States, Spain and Netherlands - Country statistical profiles: Key tables from OECD - OECD iLibrary», s. f. http://www.oecd-ilibrary.org/economics/country-statistical-profile-united-states_20752288-table-usa.
[2] Okma, Kieke G.H., Theodore R. Marmor, y Jonathan Oberlander. «Managed Competition for Medicare? Sobering Lessons from the Netherlands». New England Journal of Medicine 365, no. 4 (julio 28, 2011): 287–289.

5 sept 2012

Cuerpos políticos

Aunque centrado en dos estudios de casos en Francia, resulta muy interesante y cuestionadora la reflexión que Didier Fassin realiza en artículo "Gobernar los cuerpos" sobre el papel clave que juega el "cuerpo vivido" en la relación con las instituciones gubernamentales, desplazando o incluso haciendo desaparecer la lucha por el reconocimiento de los derechos, que se ve sustituida por llamados a la compasión y el reconocimiento del mérito.

¿En cuantos procesos (en las consultas, en las centros del Servicios Sociales, etc.) se dan dinámicas cómo la que refleja el siguiente parrafo? ¿Y qué consecuencias tienen?

"El sujeto debe exponerse frente al Estado o más bien delante de sus representantes o expertos, deber contar su vida librando sólo los momentos más susceptibles de emoción, tiene que mostrar su cuerpo a veces físicamente y otras tantas narrativamente, para de alguna manera obtener reconocimiento de derechos, y debe reproducir esta escena delante de una pluralidad de instituciones y agentes que tienen, en diversos grados, los poderes de decisión sobre su existencia (hasta llegar al punto en que el pobre o el extranjero le cuentan su vida o su enfermedad al portero de la prefectura, sin tener en cuenta ni por un momento la confidencialidad); todo esto no está ciertamente exento de consecuencias sobre el doble proceso de subjetivación y sujeción, dicho de otra manera, de construcción de sí y de sumisión al Estado. Cuando la mujer desempleada. acostumbrada a recibir un subsidio o un ingreso mínimo como derecho y ocasionalmente a salir a la calle para manifestar con la intención de defenderlo, debe posicionarse frente al Estado en una relación de obligación, presentarse como víctima exhibiendo las pequeñas y grandes miserias a las cuales su cuerpo está incesantemente expuesto (el hambre, el frío, la enfermedad), es razonable entonces pensar que la idea que ella se hace de sí misma y de su relación con el mundo social se encuentra afectada por ello. Cuando un solicitante de asilo cuya demanda ha sido rechazada, dice que si él tuviera una patología para hacer valer, podría intentarlo de nuevo para finalmente obtener el título de residencia tan deseado, no como refugiado político sino por razones humanitarias, en nombre muchas veces de problemas psiquiátricos generados por su propia situación desesperada (lo cual hace que la tarjeta tenga en sí misma un valor terapéutico), se entiende que la percepción que él tiene sobre su lugar en la sociedad que lo acoge no está indemne. Sin embargo, la cuestión es muy compleja porque se está redoblando el proceso de victimización que opera en estos dispositivos al considerar que los individuos se someten en cuerpo y alma en esta empresa que los constriñe a exponer su vida como un aval moral para merecer la generosidad pública. Entre las competencias sociales que manifiestan los dominados se encuentra esa capacidad de resistir a la multitud de solicitaciones a las cuales están sometidos: a través del silencio, de la capacidad de sacar ventaja, de la contestación —verdadero aprendizaje de la socialización en la dominación."

4 sept 2012

Regreso al pasado

Un interesante texto de Joan Benach aparecido hace unos días en El País.



La obtención del derecho a la atención sanitaria ha sido una de las conquistas sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, un bien público equiparable al derecho al voto, la educación o tener una pensión Un referente histórico de los países con sistemas sanitarios públicos financiados directamente con impuestos fue el National Health Service británico que en 1948 propuso una asistencia preventiva y curativa para “todo ciudadano sin excepción”. Junto al Reino Unido, los países nórdicos y otros países europeos siguieron procesos parecidos estableciendo sistemas sanitarios según los principios de financiación pública, acceso universal y una amplia oferta de servicios sanitarios con independencia de los ingresos, posición social o lugar de residencia.

En España ese proceso fue tardío. Durante el periodo final de la dictadura franquista dos tercios de la población tenía alguna cobertura sanitaria. En 1978, cuando la Constitución estableció el derecho a la protección de la salud ciudadana, cuatro de cada cinco personas estaba ya cubierta por la Seguridad Social. En 1986 se produjo un cambio fundamental cuando la Ley General de Sanidad sentó las bases de un Sistema Nacional de Salud (SNS) que amplió la cobertura y proveyó atención sanitaria de mayor calidad para casi toda la población. En esos mismos años, sin embargo, el sector sanitario público se situó bajo el punto de mira de gobiernos conservadores, instituciones internacionales y grandes empresas (farmacéuticas, seguros, tecnológicas y hospitalarias), aumentando progresivamente la presión para mercantilizar la sanidad. La razón es fácil de entender: en una fase de estancamiento capitalista y reducción de beneficios, la atención sanitaria era un lugar ideal para hacer negocios. En 1987 y 1993 dos relevantes informes del Banco Mundial ya plantearon la necesidad de adoptar criterios mercantiles, desinstitucionalizar la atención sanitaria y otorgar un mayor papel a las aseguradoras y prestadores privados de servicios. No olvidemos que los sistemas sanitarios público y privado son como “vasos comunicantes”: para que el privado tenga posibilidades de lucro primero hay que desprestigiar, debilitar o “parasitar” al público. 

En 1991, el “Informe Abril” se convirtió en el primer intento serio de promover la mercantilización del sistema sanitario en España. Se abogaba por mejorar su eficiencia mediante la separación de la financiación pública de la provisión de servicios o la instauración de conceptos como la “prestación adicional” y “complementaria” cofinanciados por el usuario. Los argumentos ideológicos, repetidos desde entonces hasta la saciedad, son bien conocidos: el sector público es “insostenible” y “burocrático”, el sistema privado es “más eficiente” que el público, “la salud pertenece al ámbito personal”, los usuarios son responsables de “abusar de la sanidad”. Ni la investigación científica ni la propia OMS confirman esos supuestos. La sanidad pública es más equitativa (sobre todo cuando tiene financiación suficiente finalista), eficiente (sobre todo si se impulsa la atención primaria) y tiene más calidad que la privada (con las excepciones del confort y el tiempo de espera). 

A finales de la década de los 90 el proceso mercantilizador se acelerará. En 1997, bajo el gobierno de José María Aznar, el PP aprobó (con el apoyo de PSOE y PNV) la Ley 15/97 que permitía la entrada de entidades privadas en la gestión de los centros sanitarios públicos, y en 1999, con la construcción y gestión del hospital de La Ribera en Alzira, se abrió el camino a la mercantilización de la sanidad y el fomento a “modelos de negocio” privados. La Generalitat valenciana del PP de Eduardo Zaplana lo puso en manos de un consorcio formado por el grupo Ribera (gestión sanitaria), Adeslas (aseguradora médica), Lubasa (inmobiliaria) y Dragados (constructora). En Madrid, la cesión en 2005 del hospital de Valdemoro a la empresa de capital sueco Capio se convirtió, bajo el PP de Esperanza Aguirre, en la punta de lanza de la construcción de centros privados. En Cataluña, se configuró históricamente un sistema de gestión sanitaria mixto donde junto a los hospitales públicos hay una extensa red de centros semipúblicos con una amplia presencia de instituciones locales y grupos privados y eclesiásticos, y un modelo público con una concepción empresarial. En 1995 se aceptó el ánimo de lucro en la gestión de la sanidad pública, y las sucesivas reformas legales de CiU y el tripartito (PSC, ERC; ICV-EUA) reforzaron aún más el llamado “modelo catalán”. La reforma del Institut Català de la Salut de 2007 y la llamada “Ley Omnibus” contemplaron la posibilidad de que los hospitales públicos alquilaran operadores privados en las plantas cerradas o los quirófanos que dejaran de operar por las tardes.

A lo largo del proceso histórico sucintamente resumido, las estrategias para mercantilizar y privatizar la sanidad han sido permanentes, un goteo constante. El resultado ha sido reducir progresivamente la capacidad asistencial de los centros públicos, cerrándose camas, consultas y quirófanos hospitalarios, restringiendo urgencias ambulatorias y alargando las listas de espera. A decir de políticos tan significados como Esperanza Aguirre o Artur Mas, se trata de reducir la sanidad pública a su “núcleo básico” manteniendo la gratuidad de los servicios sanitarios imprescindibles. Si las clases medias dejan el sistema público, éste se debilitará y convertirá básicamente en un sistema de y para los pobres.

Bajo el discurso de una supuesta insostenibilidad financiera, haber “vivido por encima de nuestras posibilidades” y con una población en “shock” por la crisis actual, tras el goteo, llega ahora el turno al chorro de agua helada en forma de un Real Decreto-Ley (RDL 16/2012, 20 de abril) que comporta pasar de un sistema nacional de salud a un sistema tripartito basado en los seguros sanitarios para los ricos, la seguridad social para los trabajadores y la beneficencia para el resto de personas. El RDL del gobierno del PP es una contrarreforma sanitaria que nos lleva tres décadas atrás. Primero, porque se pasa de un sistema financiado con impuestos directos a un sistema basado en la financiación de un modelo de seguros con el pago del afiliado (asegurado) o el protegido (beneficiario) por la Seguridad Social y numerosos copagos. Segundo, porque se renuncia a la atención sanitaria universal excluyendo a los sectores más débiles de la sociedad española: inmigrantes sin papeles y discapacitados con una discapacidad menor del 65%, entre otros colectivos. Tercero, porque se establecen tres niveles de servicios sin definir aún, lo que apunta a una reducción de las prestaciones básicas y la generación de un sistema de beneficencia  que “arrastrará” a la clase media hacia los seguros privados con prestaciones complementarias sometidas a repago. Millones de de pensionistas, cuya economía raya en la subsistencia, deberán realizar “repagos” (un “impuesto sobre la enfermedad”) según su nivel de renta (una gestión que es compleja e injusta), y pagar por fármacos que sirven para “síntomas menores”. Y cuarto, ya que se niega la sanidad a inmigrantes o personas enfermas socialmente excluidas, el “nuevo” sistema acarreará problemas de salud pública con la saturación de los servicios de urgencias y la probable aparición de epidemias. Además, es un modelo implantado en forma autoritaria y anticonstitucional que producirá graves problemas de salud y desigualdades, especialmente en pobres, enfermos crónicos, discapacitados y quienes deban desplazarse a los centros sanitarios. Ese modelo significa “avanzar” hacia una sanidad mercantilizada, injusta, que rompe el concepto de ciudadanía y solidaridad social, que abre paso al clasismo, la desigualdad y es el fin del derecho universal a la sanidad y la salud.

Los sistemas de sanidad públicos, accesibles, con organización y gestión esencialmente públicas y una elevada calidad de prestaciones, ofrecen resultados globales de salud mejores que otros modelos. Que el sistema sanitario público pueda  mejorar su eficiencia (con más atención primaria y menos gasto farmacéutico), calidad (con más atención en salud mental por ejemplo) y equidad (protegiendo a toda la población) no puede ser excusa para que las fuerzas económicas y políticas que favorecen la mercantilización sanitaria destruyan un modelo conseguido a través de largas luchas sociales. La atención sanitaria debe ser un derecho ciudadano independientemente de la condición social y el lugar donde se viva y no una mercancía que sólo consuman los “clientes” que puedan pagarla.