9 nov. 2015

Salud de una vez por todas

Hace un par de semanas estuve en una jornada en la que se abordó el tema de "Comunidad Gitana y Salud". Muy interesante por las diversas experiencias y reflexiones que se plantearon, pero sobre todo por lo que permite evidenciar, al menos en mi opinión, sobre las limitaciones y líneas de progreso necesarias en el campo de la promoción de la salud con poblaciones en situación de exclusión.

Porque al enfocar estos temas partimos siempre de la constatación de que se trata de realidades complejas, en las que los determinantes y las desigualdades sociales en salud influyen mucho. Pero luego, si analizamos lo que ponemos en práctica... resulta que no parece que tengamos integrado de verdad este discurso globalizador que hacemos.

Señalamos el tema de la desigualdad como algo clave, y marcamos el empoderamiento como un horizonte a alcanzar, pero es difícil llegar a él si las principales actuaciones que realizamos se encierran en aspectos que ya vienen prefijados "desde arriba" (y que tienen más que ver con el control de aspectos problemáticos que con la promoción de la salud), como son el control de la reproducción y las enfermedades infecto-contagiosas. Y los mecanismos que ponemos en marcha son fundamentalmente educativos, asumiendo la ignorancia de la gente "pobre" o "excluida" y la necesidad que tienen de aprender de quienes hemos tenido la suerte de adquirir ese saber. Vamos, que se trata de un modelo que propone e impone su visión, prioridades y conocimientos sobre poblaciones ignorantes, marcándolas por el camino con etiquetas bastante poco amigables que parecen culparlas de lo que viven.

¿De verdad es posible empoderarse de esta manera? En este modelo, los más vulnerables o bien se quedan fuera, por no querer entrar en los protocolos que se les ofrecen, o entran en ellos a costa de silenciar su opinión y conocimiento. Me viene a la memoria un trabajo en grupo con mujeres gitanas rumanas en el que la fuerza colectiva les llevó en un momento a plantear el porqué en todos los lugares a los que llegaban lo primero que se les decía por parte de l@s médic@s era que no podían tener hij@s. ¿Porqué sus hij@s no eran bienvenid@s? O el caso de una mujer española en situación muy precaria que, tras haber visto cómo su ginecólogo la acusaba de inconsciente durante el embarazo de su tercer hijo, al tener tan pocos medios económicos, no volvió a ninguna cita de control del embarazo en los tres embarazos siguientes. Es muy fácil señalar a estas mujeres con el cartel "de riesgo" y empezar a tomar decisiones sobre lo que deben hacer y aprender. Pero, ¿qué es lo que ellas quieren? Porque esta debería ser la primera pregunta en un proceso de promoción y empoderamiento, ¿no?

Si queremos de verdad establecer dinámicas de promoción de la salud, debemos estar dispuest@s a construir junt@s. Partiendo de la pregunta primera de "¿Qué es la salud?", porque una cosa es la visión más individualista que prima en nuestra sociedad, y otra la visión colectiva y plural de quienes todavía viven en dinámicas más comunitarias. E incorporando enseguida la cuestión de las riquezas y capacidades para generar salud que tienen las personas y comunidades a las que pertenecen.

Se me ocurren tres tipos de intervenciones sanitarias en función de su lógica de fondo: las que persiguen el control (natalidad, enfermedades), las que priman la asistencia (carácter paliativo mayoritariamente) y las que buscan la promoción de la salud. Son estas últimas las que retoman el enfoque global del principio y tratan de poner los medios para atacar los determinantes sociales y las desigualdades en salud.

En este punto siempre me acuerdo de los dos determinantes clave en salud que aporta Michael Marmot en su genial "The status syndrome": el control sobre la propia vida y las posibilidades de participación social, de contacto, reconocimiento y creación con otros.

Aquí está el reto. ¿Cómo apoyamos las dinámicas colectivas en los que ya participan, por ejemplo, las personas gitanas, de manera que puedan decidir de manera más autónoma sobre la propia vida? Porque en este sentido tienen mucho ganado a nivel de redes de apoyo y espacios comunes, aunque al mismo tiempo haya riesgos y límites por los estrechos márgenes de decisión que se dan en algunas circunstancias.

Una de las últimas intervenciones de esta jornada fue bien cruda: "Estoy cansado de ver como nunca se interviene sobre las condiciones de vida de la gente. Si no se mejora la vida, sólo les daremos cuidados paliativos hasta que mueran".

Es tiempo de tomar esta cuestión en serio, bien en serio. Aprovechemos los recursos de unas y otros y pongámonos a ello.

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