15 nov. 2015

Investigar y Movilizar

Una amiga me contaba el otro día que está a punto de partir de viaje. Va a estar 3 meses en una zona rural de Argentina bastante aislada para realizar una investigación que parte de una solicitud clara y concreta que le hicieron los vecinos que allí residen en su última visita: "Doctora, ¿Por qué nos morimos ahora antes que cuando morían nuestros abuelos?". Parece que es una percepción compartida por muchos allí. Algo pasa, algo hace que la salud vaya perdiendo su batalla con la enfermedad y la muerte. Y para tratar de encontrar respuestas a esta incógnita, esta compañera va a buscarlas indagando en el conocimiento de la realidad que tienen estas mismas personas, apoyándose en su palabra, su memoria y su inteligencia.

Todo esto me lo contaba saliendo de una presentación de un proyecto de investigación sobre Determinantes Sociales en Salud. Un proyecto ambicioso, y caro, en que se han invertido muchos medios y experimentado nuevas técnicas (bueno, nuevas para lo que viene a ser la investigación en salud pública, pero ya experimentadas desde hace décadas en otros campos), y cuyos resultados se han tratado de difundir entre la ciudadanía, especialmente en los barrios en los que se realizó el estudio. Pero, ¿esos resultados qué aportan a los vecinos de estos barrios? ¿Realmente apuntan a las cuestiones que ellos y ellas ven necesario y urgente resolver, buscando respuestas útiles?

Más bien no. El mundo de la investigación científica responde a su propia lógica y la historia que ha ido determinando su camino. Se ancla en el pasado para estudiar el presente, determinando lo que se puede analizar y lo que no en función de las herramientas que ha conseguido atesorar. Mientras tanto, el mundo de quienes habitan los barrios, especialmente en los más castigados, se interroga por futuro, peleándose por abrir ventanas de esperanza, sin reparar tanto en si los medios para conseguirlo están a ya inventados y a su disposición o hay que crearlos de nuevas. Esto hace que en muchas ocasiones no se encuentren respuestas acertadas, pero también impulsa en algunos casos concretos para conseguir hacer aparecer lo que poco antes se pensaba imposible. Un ejemplo concreto es el de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, un espacio de apoyo mutuo que aparece aparentemente de la nada, y cuya eficacia no tiene sentido medir, como se hace por ejemplo con intervenciones en salud, ya que para quienes participan en este movimiento su validez se encarna en la vida colectiva cotidiana. Podrá ser interesante estudiar cierta características y efectos, pero más para el "campo investigador" que para quienes están comprometidos en estos espacios.

Tras esa misma presentación del otro día, otro amigo me contaba el chiste del borracho que buscaba las llaves de su casa debajo de una farola, pese a haberlas perdido en otro lado: "Es que la luz está aquí". Así es la investigación académica en muchas ocasiones, más pendiente de sus límites y necesidades que de cuáles son las preguntas que pueden de verdad hacer avanzar cuestiones fundamentales.

Por eso quizás cada vez se habla más de determinantes sociales y desigualdades en salud, pero sin que se vea luego una aplicación de este enfoque en el trabajo de los profesionales sanitarios. Y es que mientras este sea un discurso que queda en el campo de investigadores y profesionales, mucho se tardará en avanzar en un campo en el que se ha recorrido hasta ahora tan poco terreno, sobre todo a nivel práctico. Pero, ¿qué pasaría si "entregásemos" esta clave de análisis de las desigualdades en salud a quienes las sufren? ¿de qué manera eso podría movilizar y dar más potencia a sus luchas, que ya no se jugarían sólo en el campo de los derechos humanos sino también en el de salud/enfermedad?

Otra amiga comentaba que creía que el tema de los determinantes sociales era hoy por hoy un adorno para las charlas, mientras que nos pasamos la vida juzgando estilos de vida descontextualizados. Quizás debamos aportar esto que hoy por hoy queda bonito en la teoría a quiénes tienen la urgencia de encontrar herramientas para poder cambiar su realidad concreta. Desde esta necesidad de avanzar será posible desarrollar prácticas realmente transformadoras bien enraizadas en el terreno.

Muchas veces en reuniones profesionales sobre estos temas comentamos que quienes estamos allí ya estamos convencidos y "hablamos para la parroquia". Habría que hacer avanzar este discurso en otros ámbitos. Pero más que centrarnos en hablar de eso en otros espacios profesionales, creo que el reto es llevarlo a pie de calle, a pie de barrio. Aportarlo como fermento para la movilización ciudadana, y transformar desde ahí las instituciones.

¿Nos atrevemos a encarnar una investigación al servicio de quiénes más sufren las desigualdades?

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