15 oct. 2015

Sistemas y Comunidades

John Mcknight lleva mucho tiempo trabajando en el Asset-Based Development Community Development Institute, uno de los sitios más interesantes en cuanto al trabajo comunitario y la perspectiva salutogénica. Merece la pena asomarse a sus escritos, como este del que extraigo algunas ideas, recogido en el manual de Formación en Salutogénesis y Activos en Salud de la EASP.


Mapa de activos en las comunidades

Quienes toman decisiones políticas han tendido a crear sistemas jerárquicos donde un pequeño número de personas se encuentran al cargo de la producción en masa de bienes estandarizados. Los clientes/consumidores, en grandes cantidades, se hacen dependientes en este ciclo de producción. Dichos sistemas crean dependencia más que empoderamiento. En la creación de los mapas para reflejar la forma en la que funcionan estos sistemas, hemos tendido a desatender el concepto de “comunidad asociativa”, donde la dependencia reside en el consentimiento, las opciones, el cuidado y el poder del ciudadano. Los sistemas explotan las necesidades de las personas, mientras que las comunidades, por el contrario, alimentan las habilidades y capacidades existentes. Los sistemas identifican el enfoque del “vaso medio vacío”, mientras las comunidades lo hacen con el “vaso medio lleno”. La cultura del servicio produce “clientes”, mientras que la comunidad produce “ciudadanos”.

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La herramienta de sistema está diseñada para la producción en masa de bienes y servicios. La comunidad de asociaciones no está diseñada para crear  servicios, se trata del contexto donde se manifiesta el cuidado. Un cuidado que, a diferencia del servicio, no puede crearse. El cuidado es el compromiso  consentidor que uno tiene de cara al otro, dado de forma totalmente voluntaria. El cuidado no puede imponerse, gestionarse o crearse como puede hacerse con un servicio. De hecho, uno de los grandes errores de la mayoría de los mapas legisladores es la asunción de que los sistemas pueden “crear cuidado”.

La herramienta del sistema demanda clientes y consumidores. La comunidad asociativa requiere ciudadanos. En este caso, la diferencia crítica es que “ciudadano” es la palabra que designa la persona más poderosa en una  democracia. El contraste es la persona controlada, un cliente. Si buscamos el empoderamiento, la herramienta adecuada es la comunidad asociativa. Cuando nuestro objetivo es que los clientes tomen poder, nos encontramos forzosamente en una paradoja en la que nuestros mejores esfuerzos no serán mejores que la dependencia de un sistema más receptivo. 

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Existe otra diferencia entre estas dos herramientas que es esencial para la comprensión de las políticas sociales que afectan a las comunidades y las familias a las que abarcan. Los sistemas que producen servicios dependen de una materia prima básica. Esta materia prima es la deficiencia, incompetencia, desolación y enfermedad de las personas. Cuando estas personas cuentan con estos atributos se convierten en clientes y consumidores potenciales. El término general utilizado para estos atributos es “necesidad”. Para que la herramienta de sistema sea productiva, necesita necesidad, por tanto, los sistemas crean incentivos y economías que centran a las personas en sus papeles potenciales como clientes y consumidores.

Como contraste, las comunidades asociativas son estructuras que dependen de
las capacidades, habilidades, recursos y dones de las personas. Por tanto, representan el sistema de incentivos crítico para manifestar la capacidad en vez de la necesidad. Este hecho se ve más claro cuando nos damos cuenta de que una persona local podría tener una insuficiencia cardiaca y habilidades de carpintería. Un sistema de necesidades le da valor a su problemático corazón, pero la asociación que construye un centro para la comunidad valora sus habilidades de carpintería.

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