25 oct. 2015

Participación y Salud (IV) - ¿Qué nivel de participación queremos?

Aquí seguimos con la Petite Guide de la Participation en santé de proximité. Ya con los detalles...
 
Efectivamente, como dice el dicho popular, "en los detalles se esconde el diablo". Así que prestemos atención a una de las cuestiones en las que más fino hay que estar. Porque hablar de participación, así en titulares, está bien para dar un enfoque general, pero a la hora de ponerse manos a la obra hay que clarificar qué nivel de participación creemos que es el más adecuado para el proyecto que tenemos entre manos. Según lo que pretendamos, la implicación de otr@s llegará hasta un sitio u otro, de manera que se adecúe al objetivo que marcamos. 

Según los autores de esta guía (hay diferentes modelos, para gustos los colores) hay 5 niveles de participación:
  • Información - Sensibilización: la ciudadanía es receptora pero no se escucha su opinión.
  • Consulta: se pregunta de manera puntual sobre una cuestión determinada por una organización.
  • Concertación - Discusión: una organización somete una cuestión a debate con la ciudadanía, pero la decisión sobre qué hacer con la información que se obtenga sigue estando en manos de aquella.
  • Partenariado - Co-construcción: la ciudadanía participa en la elección de las cuestiones y problemas a resolver, en la definición de objetivos y métodos, y se le asocia en el desarrollo de soluciones y evaluación.
  • Autogestión: el proceso de decisión es facilitado por los promotores, pero las decisiones son puestas en práctica y desarrolladas por la ciudadanía.
Viendo esto, podemos caer en la tentación de pensar que ir al máximo posible de participación es siempre lo mejor. Pero la realidad nos indica que la participación es un proceso evolutivo, que suele comenzar en un nivel más bajo, pero que permite ir conociéndose, rompiendo las barreras de comunicación e ir descubriendo la potencia del trabajar en colectivo. Esto puede ser la base para ir avanzando hacia niveles de participación más elevados, siempre y cuando haya necesidad de ello en torno al reto que se quiere enfrentar entre tod@s. Es decir, la continuidad de un proceso participativo debe venir indicado por la persistencia de una cuestión abierta a la que se quiere responder, no en mantener ese espacio por que sí, sin más. 

Pero al mismo tiempo, está claro que la implicación de la ciudadanía es mayor cuanto mayor es la posibilidad de jugar un rol importante en la toma de decisiones e implementación de soluciones. Es bastante cansino sentir que tan solo se te consultan algunas cosas, además determinadas por otras personas, cuando a éstas les interesa, y que aparte de dar tu opinión no puedes influir mucho en lo que se vaya a hacer con esa información. Pero si hay posibilidades de definir cambios concretos que además van a tener consecuencias en el entorno próximo, eso puede poner las pilas a muchas personas. 

Señaladas estas dos cuestiones, queda claro que es importante saber jugar bien con los diferentes niveles de participación de los diferentes actores/actrices implicados para lograr llegar lo más lejos posible. No es posible conseguir un partenariado con toda la población de un barrio al mismo tiempo, por ejemplo, pero si que puede haber un grupo en el que haya personas de diferentes espacios y colectivos que participe de manera más profunda en el proceso, junto con dispositivos de consulta y concertación que asocien a más personas y una campaña de información que llegue a la totalidad de la población.

Lo único es que en este tipo de procesos es importante prestar mucha atención para que no haya sectores excluidos en los espacios de toma de decisiones y que estos sean equilibrados y abiertos de verdad a que la expresión de cada persona sea escuchada y tomada en cuenta. Así volvemos a lo que ya vimos sobre condiciones para que quiénes suelen ser siempre excluidos puedan participar.

Por otro lado, no hay que quedarse en pensar estos espacios de participación sólo a un nivel más estructurado, sino desarrollar vías para que desde lo cotidiano podamos ir construyendo tiempos de diálogo y encuentro: desde la consulta individual, en la que debemos hacer partícipe a la persona que acude de las decisiones que tomamos, a las relaciones que establecemos con otros lugares y colectivos del barrio. Una conversación en la calle, un encuentro en una tienda o bar, la participación en las fiestas del lugar, pueden ser momentos importantes para dialogar e ir construyendo una visión común de los problemas que hay que enfrentar juntos, así como para evaluar las acciones que estamos desarrollando. La clave, una vez más, es aceptar revisar las relaciones de poder que sitúan a l@s profesionales, especialmente a l@s sanitari@s, en otra dimensión diferente a la de l@s ciudadan@s.

Caminemos junt@s, pues.

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P.D. Una herramienta bien maja que proponen en la guía es la de la Carta de Participación Ciudadana. Se trata de hacer una lista de los dominios de intervención o los proyectos de acción, y por otro lado otra lista de agentes susceptibles de participar. Luego, colectivamente y a poder ser con los agentes concernidos, se cruzan las dos listas en un gráfico como el de abajo situando los diferentes niveles de participación de cada uno de aquellos.


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Este artículo pertenece a la serie Participación y Salud:

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