18 oct. 2015

Participación y Salud (III) - ¿Quién participa?

Aquí seguimos con la revisión de la Petite Guide de la Participation en santé de proximité:

La salud entra en relación con numerosos ámbitos que tienen una influencia, directa o indirecta, en ella. Por eso es importante hacer un inventario de recursos a movilizar. Echad un ojo a este bonito gráfico:


Diagrama de Casper, Farrel y Thirion, 1997



Un tema fundamental para abordar quién puede participar en un proceso colectivo es el tema de la competencia (entendida como capacidad, no como competición). En el campo de la salud, esto ha bloqueado durante mucho tiempo la participación de las personas sin conocimientos sanitarios. Por eso es importante recordar que en un proyecto participativo abierto a la aportación desde distintos saberes y conocimientos, lo que es fundamental es la capacidad para llevar a cabo acciones conjuntas con otras personas y colectivos. Este es el eje clave para discriminar la participación tanto de profesionales como de ciudadan@s. Esto implica ser capaz de reconocer el valor de los diferentes tipos de saberes que existen (saberes teóricos, metodológicos, experienciales, saber-hacer, etc.), y al mismo tiempo identificar lo que un@ mism@ puede aportar, así como las propias limitaciones.

Otro punto clave es el de la representatividad. La participación implica salir del punto de vista individual y pasar a un proceso colectivo. Pero, ¿hace falta ser representativo de otras personas para participar? Aunque en un proyecto en un barrio, por ejemplo, se pueda tratar de informar a toda la población, el proceso de construcción colectiva será sólo posible con aquellas personas dispuestas a ello a título personal (o delegadas por colectivos en los que participen). Sin embargo, siempre es posible pensar en mecanismos que busquen legitimar los pasos dados a partir de la realización de encuestas, entrevistas, etc., que permitan hacer existir a otras personas en este proceso.

Pero en este punto llegamos a una cuestión que muchas veces no queda bien resuelta: la de la participación de personas en situación de exclusión. Y no suele quedar bien resuelta por varias razones. La primera de ellas y fundamental es que en general no esperamos que estas personas puedan hacer una aportación significativa. Como si el hecho de vivir en condiciones difíciles y precarias les privara de la capacidad de reflexionar sobre lo que viven y construir un pensamiento. Nos cuesta darnos cuenta de que si no somos capaces de entrar en un diálogo fructífero con ellas es porque no ponemos en marcha las condiciones para que éste sea posible. Pero claro, para eso, lo primero es convencernos de que su conocimiento y su reflexión son necesarios para construir una propuesta que de verdad sirva para todos y todas, y no solo para quiénes se parecen más a nosotr@s.

¿Cuáles son las condiciones que permiten construir vías de participación con quienes siempre suelen quedarse fuera? Acá van algunas ideas:
  • Orientar estos procesos a la acción y no solo a la deliberación, que es un modelo más adaptado a las personas con una formación determinada.
  • Solicitar, en los casos en los que se vea necesario, la presencia y apoyo de "terceras partes" de confianza que ayuden a las personas en exclusión a ganar en confianza para expresar sus puntos de vista y cuestiones, o que permitan superar las barreras de comunicación que haya, por ejemplo cuando se hablan diferentes idiomas.
  • Ir al encuentro de las personas y comunidades excluidas allí donde se encuentran, más que esperar a que vengan a donde estamos nosotr@s.
  • Adaptar los mecanismos de participación a los diferentes actores/actrices, más que fijar un cuadro fijo de actuación igual para tod@s. Por ejemplo, ¿por qué no buscar medios para que quienes no saben leer ni escribir puedan responder también a una encuesta escrita que se pasa en el barrio?
  • Aprovechar algunos medios de expresión que ayudan a evidenciar los saberes de las personas excluidas, como teatro-foro, foto-lenguaje, técnicas artísticas, etc.
  • Desarrollar oportunidades de formación tanto para ciudadanía en general y personas en situación de exclusión (por ejemplo para tomar la palabra en público, organizar el discurso, etc.) como para los profesionales (para reforzar su capacidad de escucha y el reconocimiento de otros saberes), lo que se podría encuadrar como co-formaciones conjuntas.
Por último, una nota sobre la importancia del territorio. Es importante que un proyecto colectivo de este tipo se articule en torno a un reto o necesidad concreta que moviliza a determinadas personas. Esto se puede enraizar en una comunidad concreta, local o barrial, pero también en territorios no geográficos, sino creados a partir de intereses y necesidades compartidas por personas y colectivos que establecen de esta manera un nuevo espacio de compromiso (en el momento actual, esto se favorece mucho a través de las redes sociales, por ejemplo). 

---------------------------------------------------------------------

Este artículo pertenece a la serie Participación y Salud:


No hay comentarios:

Publicar un comentario