23 nov. 2019

Promover el desempoderamiento

"La ayuda sólo puede venir de quien esté más o menos como tú. Si está por encima no existe la empatía, te juzgan como si no lo estuvieras haciendo lo suficientemente bien, todo el esfuerzo que haces solo lo sabe quien está pasando por lo que tú". Esta frase acompañaba a esta foto con hecha por una vecina de Vallecas en situación precaria. Con ella quería representar una de las principales barreras para el cuidado de la salud que ella encontraba al encontrarse en situación de pobreza, respondiendo a la propuesta que le hicimos desde el proyecto de Madrid Salud en el que he estado participando en los tres últimos años, Comunidades Activas en Salud.

Desde que esta foto apareció en los grupos de reflexión que formamos alrededor del proyecto, la cuestión que señalaba generó mucho debate. ¿Esto es así realmente? ¿La diferencia de estatus determinaba de esta manera la relación en todas las situaciones de este tipo?

En realidad este tema ha sido un tema recurrente a lo largo de todo el proyecto. En el primer encuentro que celebramos entre profesionales y personas con experiencia de pobreza ya se apuntó a la cuestión del poder, el juicio (y el prejuicio) y los encuentros y desencuentros entre estos dos mundos. Una de las profesionales participantes resumía así: "me ha llamado la atención cómo se ha señalado el tema de la vergüenza. Jamás había pensado que la persona que está delante de mi en la consulta pudiera sentir vergüenza". Otro profesional completaba: "me ha dejado una cosa bastante tocado, cuando se ha dicho que desde los profesionales enjuiciamos. Me preocupa, si te digo la verdad, me preocupa bastante… partimos de la base que cuando damos un diagnóstico en las consultas damos un juicio clínico. Lo que estamos haciendo es enjuiciar al paciente, de una manera clínica pero lo enjuiciamos".

Estos dos profesionales, así como muchas de los/las demás que han participado en este proyecto, tienen una larga trayectoria de trabajo en el campo de promoción de la salud. Apuestan claramente en la linea de favorecer que las personas puedan incrementar el control sobre su salud para mejorarla.  En este marco, una de las claves que siempre se señalan es la cuestión del empoderamiento. Sin embargo, dentro del proceso de Comunidades Activas en Salud, y especialmente en la reflexión de las personas con experiencia de pobreza, este tema se ha difuminado en gran medida. Lo que se ha señalado constantemente es su contrario: los mecanismos y protocolos que desempoderan a la población en situación de mayor precariedad, no reconociendo sus capacidades y promoviendo la desesperanza y el inmovilismo. En vez de encontrar un apoyo efectivo para conseguir los objetivos que ellas mismas se marcaban, lo que encuentran de manera habitual es que se les señala como culpables de su situación,  negando su capacidad de análisis e imponiendo objetivos prefijados sin tomar en cuenta su realidad de manera global. ¿Será que hemos ido a dar en este proyecto con la gente más quejicosa e incapaz de asumir sus responsabilidades? Estamos seguros de que no, y más cuando descubrimos que esto que escuchábamos día tras día coincidía con los resultados de una investigación participativa sobre las dimensiones ocultas de la pobreza realizada por ATD Cuarto Mundo Internacional, en la que algunas de estas eran el maltrato institucional y social, y donde se señalaba como cuestión clave en la experiencia de pobreza el tema del desempoderamiento. 

¿Cómo avanzar en una dinámica efectiva de promoción de la salud en relación a la participación de quienes viven en situaciones de mayor precariedad? Porque esa es una de la claves cuando hablamos de equidad, otra de las ambiciones clave de este enfoque ¿Debemos desechar el empoderamiento como una de sus objetivos esenciales? No, no se trata de eso, sino más bien de incorporar un análisis previo de los mecanismos de desempoderamiento existentes para buscar maneras de desmontarlos. Este es un paso esencial para poder así liberar sus capacidades para hacerse cargo de la propia vida, asumiendo que eso supone abrir la puerta para que se puedan confrontar nuestras prácticas y saberes profesionales, dejando así estos /as de tutelar este tipo de procesos y permitiendo que puedan abrirse a caminos construidos en común, más horizontalmente.

En este sentido, otra de las fotos realizadas durante este proyecto de Comunidades Activas recoge muy bien la propuesta final que salió de todo el proceso de diálogo, y que permite concretar alguna de las claves en torno a equidad, participación y capacidad de control sobre la propia experiencia: "Vecinas y profesionales hemos de caminar juntas y trabajar para la mejora de la salud. Para ello es imprescindible mejorar la comunicación. Eso requiere esfuerzo por ambas partes, escucha y situarnos de igual a igual para poder responder mejor a las necesidades".



Salir a la calle, buscar un camino compartido, ¿cómo se hace eso? Otra profesional completaba: "hay que inventar cosas nuevas. Eso va a tener como efecto positivo el que las podemos hacer juntos, es decir, hacer cosas nuevas nos va a ayudar a quitar esa estructura de poder que el sistema nos ha ido colocando y en la que nos colocamos un poco sin querer, en la comunicación, en el espacio, en la relación… Pero si hacemos algo nuevo y lo hacemos entre todos, se supone que podrá ser un espacio más horizontal."

De alguna manera, este proyecto de Comunidades Activas en Salud ha sido un esfuerzo en esta línea de ir más allá de los roles establecidos, de generar una plataforma de encuentro, diálogo y co-formación entre profesionales y personas en situación de pobreza, en la que todas aprenden de todas mientras tratamos de analizar y revertir los procesos de desempoderamiento que tanto dañan a la salud individual y comunitaria. Así lo explica un vecino de Tetuán que ha participado en el proceso desde el principio: “Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”

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