22 sept. 2014

¿Quién lo merece?

Hoy en la marea blanca hemos estado caminando prácticamente todo el rato delante la plataforma de afectadxs por la Hepatitis C. Era llamativo el cabreo que tenían, como demostraban a través de constantes comparaciones y algunos comentarios hirientes, por las "misiones de salvamento" realizadas a los sacerdotes infectados por el ébola, propias de un sistema al que no le importa gastar lo que haga falta por salvar una vida; mientras tanto, a ellxs se les dice que este mismo sistema no da de sí como para poder pagar el tratamiento de su enfermedad crónica y de pronóstico bien negro, no solo por su mortalidad, sino por el sufrimiento que conlleva durante los años previos a ella (en parte generado por los medicamentos usados hasta ahora, no muy eficaces en acabar con la infección pero si en generar efectos secundarios muy importantes).

Esta situación me recordaba el artículo aparecido hace ya unos días en médico crítico, cuando se abordaba la diferencia de valor que marcamos entre las vidas contadas estadísticamente y las vidas "identificadas". Aunque pensándolo mejor, en realidad el problema en el caso de la Hepatitis C no es por falta de identificación, sino más bien al contrario, por exceso de identificación y relación con un estereotipo: para muchxs, el que tiene la Hepatitis C es porque habrá tenido (y puede que se siga teniendo) comportamientos de riesgo o malos hábitos, como los queramos llamar, en relación a drogas principalmente. De esta categorización escapan quienes han contraído la enfermedad por transfusiones sanguíneas realizadas antes de que se supiera detectar el virus en la sangre. Y en algunos casos se llega a marcar tanto la diferencia que se pide explícitamente que el tratamiento se financie para aquellxs infectadxs "no culpables", dejando a lxs demás de lado, como si fuera de hecho su penitencia por su mal comportamiento.

Todo esto se complementa con los discursos y loas en honor de la vida entregada de los misioneros infectados, queriendo así justificar el que ahora se dispongan para ellos todos los medios a nuestro alcance.

¿Es este el sistema sanitario y de cuidados que queremos? ¿Uno que se constituye en juez y administrador de penitencias, bien sea para limitarlas o para reforzarlas según lo que cada unx merezca?

Mal asunto este... Menos mal que sigue habiendo reflexiones sensatas y coherentes sobre este asunto, de nuevo de parte de J. Padilla.

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