9 oct. 2010

De placebos, caderas y rodillas

El British Medical Journal publica un metanálisis sobre la efectividad de el uso del condroitin sulfato y la glucosamina en relación a la artrosis de cadera y de rodilla. La noticia es que no descubre nada nuevo, sino que vuelve a reincidir en la falta de efectividad de estas sustancias en cuanto a la progresión del dolor.

Pero en el artículo explican también que muchas de las personas que toman alguna de estos dos fármacos muestran una gran confianza en su acción. Ahí puede estar un indicio del verdadero papel que juegan medicamentos de este tipo en la farmacoterapéutica actual: el efecto placebo.

La cuestión es que much@s utilizan este término simplemente para descalificar y negar sin más la utilidad de una sustancia o procedimiento. Y sin embargo, este papel es fundamental, sobre todo en enfermedades crónicas, invalidantes, que generan angustia y que enfrentan a la persona a la duda de si la medicina tiene una solución realmente efectiva para su proceso.

Esta claro que es importante no engañar a la gente, mostrando que el conocimiento médico tiene unos límites claros que hacen que gran parte de los problemas de salud y las diferentes enfermedades se escapen de sus manos.

Pero al mismo tiempo no se puede dejar a nadie desnudo frente a la intemperie del dolor y la angustia refugiándonos en el cientificismo y la evidencia. En esas circunstancias es necesario ofrecer lo que el placebo proporciona: confianza y esperanza en que algo se puede hacer, en que es posible seguir adelante. Eso sí, sin hacerlo a través de engaños ni montando negocios vendiendo supuestas medicinas de las que constantemente se demuestra su poca o nula efectividad.

En realidad el mejor placebo en estos casos es una buena relación médico-paciente que permita a la persona seguir mirando hacia adelante buscando nuevas maneras de avanzar, de cuidarse, de cuidar a otr@s. En definitiva, de vivir, sin esconderse del sufrimiento pero sin quedarse atrapado sin más en él.

P.D. Todo esto lo digo con conocimiento de causa, después de haber estado tres meses con el condroitín sulfato para ver si mejoraba mi cadera, amenazante tras una radiografía y cada vez más molesta. Tanta medicina basada en la evidencia, y cuando  me tocó a mí, me abracé corriendo a ese placebo que por lo menos me hacía sentir que algo hacía por no empeorar... Cuando lo que me ha hecho olvidarme de la molestia ha terminado siendo el nacimiento de mi hija, ¡qué mejor medicina!

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