1 jun. 2015

Vamos

Acababa de fallecer su marido hacía pocos días, y me pidió que la acompañara a la cita con su trabajadora social. Al dolor por la pérdida se unía la angustia por no saber cómo poder salir adelante, ya que todos los ingresos que tenía hasta ese momento provenían de la pensión no contributiva de su pareja y de la ayuda que ella cobraba al estar reconocido él como dependiente. Necesitaba una respuesta, una ayuda, un horizonte con un mínimo de seguridad para poder seguir adelante, más sabiendo que a su cargo hay varios niños pequeños.

La acogida de la trabajadora social fue cálida y amable. Enseguida le dijo que no tenía porqué haber venido, que lo hubiera retrasado un par de semanas y así se recuperaba, tenía un poco de tranquilidad, etc. Pero, ¿qué tranquilidad y descanso se puede tener cuando no sabes cómo hacer para hacer frente a ninguna factura, cuando no tienes ni para hacer una comida decente al día? ¿Cómo cruzarse de brazos cuando te sientes en un agujero sin salida al que nadie va a acudir a rescatarte si no pides auxilio bien fuerte para hacerte notar?

Ella intentaba explicarle a la trabajadora social que necesitaba una ayuda, un apoyo que le diera cierta certidumbre de que salir adelante iba a ser posible. Eso es lo que a ella le permitiría reposar un poco tanto dolor. Pero sus palabra parecían caer en saco roto. A cambio, escuchaba: "Lo que tienes que hacer es ir al médico, que te mande una pastilla para estar más tranquila y mejor...".

Para eso parece que queda nuestro sistema sanitario: "Una pastilla y te sentirás mejor". Sin espacio ni tiempo para otra cosa, sin poder dejarse acompañar de manera colectiva, ni asumir los elementos inevitables de la vida (como por ejemplo el fallecimiento de gente cercana). De esta manera el sanitario de turno se convierte en domesticador de frustraciones ciudadanas, para que la cosa no vaya a más, para que el sufrimiento y la angustia no estallen rabiosamente.

Qué absurda cortedad de miras. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que si de verdad queremos trabajar por la salud, por mejorar la vida de la gente, necesitamos escapar del rol en el que nos encierra esta visión tan limitada de la atención sanitaria?

Por suerte, cada vez hay más gentes que quieren atreverse a jugar, a inventar otras maneras de estar con la gente, de formar parte de redes de cuidado y empoderamiento mutuo. No hay más que mirar y dejarse contagiar por los ritmos del grupo que anima La Cabecera, con energía e ideas para revolucionar un poco el panorama a este nivel.

LA SUERTE DE LA PRIMARIA from Producciones Pelvis on Vimeo.




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