9 jun. 2015

Ninguna vacuna incuestionable

Ahora que el debate vacunal está en el candelero, no puedo evitar acordarme de lo que escribía en una entrada hace unos meses:

"Cuando nació mi primera hija, la vacuna del neumoco entraba dentro del calendario vacunal de la Comunidad de Madrid. Pero al nacer la segunda, los recortes habían dado al traste con la financiación pública de esta vacuna. Así que decidí informarme, para ver por qué este efecto Guadiana en una vacuna que poca gente cuestionaba, al menos en mi entorno, en contraposición a otras como el VPH. Y ahí es cuando descubro que el Ministerio nunca la ha indicado como vacuna recomendada de manera sistemática, sino que ha sido utilizada en algunas regiones, como esta la nuestra tan dado a ello, para asumir aires de excelencia.

De hecho, en el libro de Carlos Gonzalez "En defensa de las vacunas", en el que hace una revisión bastante exhaustiva de la evidencia existente respecto a las diferentes vacunas, encuentro lo siguiente:

"La vacuna del neumococo no está en el calendario vacunal general espa­ñol, salvo en algunas comunidades autónomas concretas. La Asociación Española de Pediatría (en contra de los criterios del Ministerio de Sanidad, que solo la recomienda para niños infectados por el VIH, inmunodeprimi- dos o con ausencia del bazo) recomienda vacunar a todos los niños meno­res de dos años, a los menores de tres años que van a la guardería y a los menores de cinco años con factores de riesgo (inmunodeficiencias). Es decir, que si se aplica la vacuna, se ha de aplicar pronto, a la edad recomendada (dos meses); aplicarla tarde no tiene sentido, porque ya ha pasado la edad de mayor riesgo de enfermedad neumocócica, y no se recomienda para ni­ños sanos mayores de tres años.

Guevara y colaboradores han analizado con detalle las consecuencias de la aplicación de la vacuna. Inevitablemente, al tiempo que disminuyen las infecciones por los serotipos en la vacuna, aumentan las infecciones por otros serotipos no incluidos. En aquellos países en que el porcentaje de in­fecciones por serotipos no incluidos en la vacuna era alto (como ocurre en Europa), esa substitución ha sido rápida, y la efectividad final de la vacuna escasa. Critican con elegancia, pero también con contundencia, a quienes están promoviendo la vacuna al margen de las recomendaciones oficiales: la vacunación «convendría que se realizase exclusivamente de forma coor­dinada y supervisada por las autoridades sanitarias».


Debería reservarse la vacuna para los niños de alto riesgo. El uso gene­ralizado hace que la vacuna sea menos efectiva para todos, y también para esos niños de alto riesgo.""


Lo que no conté en ese momento es que cuando tras la primera revisión con la pediatra empezamos a hablar del calendario vacunal, se me ocurrió preguntarle a ella, que por lo demás es una profesional que considero que desempeña su labor con buenas artes y oficio, sobre esta duda que tenía sobre la vacuna del neumococo, que ella mostraba como "obligatoria". Ante la pregunta la pediatra defendió a capa y espada la necesidad de poner esta vacuna. El problema es que yo le compartía mis dudas a partir de los datos anteriores, y como respuesta lo único que encontré fue un "como no se la pongas y luego termine con una meningitis, verás". Así, con un par... de amenazas sin razones que valgan.

Para mí ese es el gran problema que hay con este tema de las vacunas. Que no estamos preparados para el diálogo, para el cuestionamiento mutuo, sino para la imposición de verdades que, avaladas por sociedades cientificas de las que obviamos los otros intereses que las mueven, muchos profesionales no se atreven a cuestionar. Por eso en los textos que se comparten estos días aparecen términos como "obligatoriedad", "deber", "incuestionable"...

En realidad debería ser al contrario. No hay ninguna vacuna incuestionable. Todas merecen que revisemos la evidencia que sustenta su utilización, ser puestas en duda y confirmar que se sostienen pese a ésta. ¿No es eso en realidad la ciencia? Pero esto no sólo como un mero ejercicio de los profesionales o técnicos, sino como algo a reproducir con quien manifieste dudas e inquietudes respecto a ellas. Si no es así, si no somos capaces de dialogar, entender, compartir lo que sabemos, re-construir conocimiento con quién tenemos al lado, corremos el riesgo de encontrarnos de repente refugiados tras una blanca y utilizando el discurso del miedo y la amenaza como arma arrojadiza. Por pura impotencia, sin más.   



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