30 jun. 2014

Abrazar la vida

Nos conocimos durante los seis meses en los que trabajé como médico en el CAID (Centro de Atención Integral para Drogodependientes). Pero ha sido ahora, en otro contexto, compartiendo tiempos de creación y reflexión en diferentes proyectos del Movimiento ATD Cuarto Mundo, cuando se han dado las condiciones para poder hablar con más libertad.

Porque mientras estás entre las paredes de un recurso como el CAID, la institución y su actividad se convierten en el ombligo alrededor de las cuales parece que todo gira: sus protocolos, sus tiempos, sus recursos, sus limitaciones...

Por eso el otro día, cuando ella me contaba su proceso vital, cómo había conseguido "desengancharse" (lo que no es lo mismo que dejar de consumir, por mucho que desde determinados enfoques en este campo se tome lo uno por lo otro; pero no, la clave no es el no volver a consumir nunca más, sino llegar al punto en el que si ese consumo existe no determine todas las demás facetas de tu vida), desplegando poco a poco anécdotas y retazos de vida, dando paso al carrusel de personas clave en este proceso, chocaba tanto la imagen que ella me daba de su proceso de liberación de la droga con los protocolos marcados por instituciones como los CAID. Al final este camino venía marcado por las relaciones con su hermano y con sus hijos, a los que hacía años que no veía, pero de los que un simple mensaje positivo permitía poner en marcha toda una dinámica de lucha y esperanza por salir adelante; por la posibilidad o no de tener una vivienda, y por las relaciones con las personas con las que convivía; por el proceso de enfermedad  y muerte de su pareja, etc. Y así tantas y tantas cosas...

Lo curioso es que durante todo este tiempo el CAID ha permanecido como un recurso constante, como una referencia permanente. Pero al hablar de lo que esta institución ha permitido, aún reconociendo el apoyo de algunos profesionales en momentos concretos, lo que aparecen en primera plana son los reproches. Pero no son reproches por haber hecho mal las cosas, no. Se trata, fundamentalmente, de que no ha encontrado allí un acompañamiento válido para el resto de circunstancias vitales que iban siendo determinantes. En los protocolos seguidos por los profesionales no había espacio para plantear que el mensaje de uno de sus hijos ofrecía un nuevo rayo de esperanza, que los conflictos con sus compañeros de piso la estaban consumiendo y la dejaban sin fuerzas para afrontar nuevos retos, o que el dolor de la despedida de su pareja necesitaba de un abrazo, simplemente.

Más que pasos a seguir, o mapas de decisiones, lo que se necesita es alguien dispuesto a dialogar con la vida de quién se acerca. Ni más, ni menos.

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