2 ene. 2012

Salud o enfermedad


Ya que empecé el otro día a compartir sensaciones de desenfoque en la práctica médica, ahí va otro elemento que no me termina de cuadrar : l@s sanitari@s, formad@s y en contacto constante con la enfermedad y diversas formas de incapacidad, no contentos con manejarnos en estos campos, nos erigimos también en expert@s en salud.

De primeras, a much@s no les sorprenderá este hecho, ya que se ha terminado asumiendo como algo normal que l@s médicos y/o enfermer@s son profesionales de la salud. Incluso hay declaraciones, y muchas, de instituciones sanitarias que hablan de la salud no sólo como ausencia de enfermedad, sino como algo mucho más complejo.

Y, efectivamente, estoy de acuerdo en que la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad. Pero por esto mismo me parece que l@s profesionales que nos hemos formado (tanto en la Universidad como en el postgrado) casi exclusivamente en el manejo de patologías y en la atención a las personas que las sufren quizás no seamos l@s más indicad@s, o por lo menos no más que otros, para abordar las dimensiones que se escapan de nuestro principal campo de conocimiento.

Más que nada porque si no vamos dando lecciones que terminan por imponer nuestra visión de lo que es salud y lo que no lo es. Y nuestra visión está muy sesgada por nuestra mirada eminentemente biológica, ahora ya algo más abierta a lo psicológico, pero casi siempre muy perdida en cuanto a lo social y, sobre todo, a la integración compleja de estos elementos entre sí; también por nuestro propio origen social, eminentemente de clase media, con experiencias de vida, conocimientos y modos de expresión muy diferentes de los de otr@s, sobre todo de quienes viven en la pobreza y la exclusión.

A esto hay que añadir los intereses que existen a a diversos niveles, tanto por parte de la industria farmacéutica como desde los grandes poderes políticos y económicos, por utilizar nuestra práctica como generadora al mismo tiempo de beneficios crecientes y control social (resulta dantesco cuando alguien con una situacion vital al límite te pregunta por el colesterol como si ahí estuviera la clave a la solución de sus problemas). Sin olvidar los propios intereses personales que tod@s tenemos, y nuestra necesidad de ser reconocid@s como útiles e incluso "salvador@s".

Por todo esto, para empezar a trabajar por la salud de manera real lo primero es plantearnos en serio la gran pregunta para saber de qué estamos hablando: ¿Qué es la salud? Necesitamos pensar sobre esto. Pero no sólo los sanitarios, sino tod@s, en pie de igualdad, maestr@s tod@s de tod@s. Y así podremos descubrir que salud no es sólo llevar una alimentación sana o hacer ejercicio, sino también vivir en una casa digna, disfrutar de una seguridad vital suficiente, ser reconocido como alguien útil y capaz...

¿Qué esto se escapa de nuestras manos y capacidades? Efectivamente. Por eso necesitamos de otr@s. Pero si cada vez hay más constancia de que vivimos en un sistema injusto e insano, y que los condicionantes sociales generan una distribución tremendamente desigual de la enfermedad y la muerte, nuestra prioridad debería ser transformar, revolucionar, cambiar el sistema, con la ayuda de otr@s, aportando cada un@ desde lo que somos y podemos hacer. 

Sin embargo, en el contexto actual de recortes y amenazas al sistema sanitario, nos movemos de manera conservadora, defendiendo nuestros trabajos, nuestro papel en el mundo, sin atrevernos a cambiar de paradigma. Asi, cada vez nos encerraremos más en la gestión de la enfermedad, alejándonos de la promoción de la salud. 

El problema es que no es fácil apostar de verdad por trabajar por la salud. Porque el gran drama para l@s que ahora mismo estamos reconocid@s como profesionales sanitarios es que para ello no se necesitan tantos médic@s, enfermer@s, etc. Incluso se podría decir que cuantos menos mejor, si hablamos en términos de autonomía, de capacidad de nombrar la realidad por un@ mism@, de poner en marcha prácticas dirigidas a la transformación social.

A lo mejor esta podría ser nuestra mejor aportación en la construcción de la salud individual y colectiva. Trabajar por ser cada vez menos necesarios, volver a asumir un papel secundario y limitado.

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