26 oct. 2014

Sobre cuidados y medicinas

Como médico que soy, agradezco la sabiduría de esta reflexión de Juan Hernández Yañez. Siempre he estado convencido de que el papel de la enfermería, auxiliares, limpiadores/as, etc. es tanto o más importante que el nuestro. De hecho cuando vi la foto esta famosa del cuadro médico que se había encargado de la atención de Teresa Romero, enseguida me venía la pregunta de qué es lo que en concreto  se había aportado desde el punto de vista clínico que permita situarles como "salvadores". Pero si la clave en un caso como el del ébola, hoy por hoy, es sostener la vida para permitir que sea el propio organismo el que supere la infección... El papel de sueros y medicamentos en pruebas es hoy por hoy totalmente desconocido. Y para sostener la vida, lo más importante son los cuidados cercanos. En este sentido sí que hay algo en lo que no estoy de acuerdo con el articulo: aunque se señale como una imagen que no gusta al autor, cuanto más se acerquen estos cuidados a los de una madre corajuda, más vida infundirán...

La otra mitad del cielo (de Teresa)


El caso de Teresa Romero, la TCAE que, según parece a estas alturas y esperemos que sea definitivamente, ha sobrevivido a la enfermedad hemorrágica del virus de Ébola, nos va a ofrecer un sinfín de "estudios de caso" como ningún otro casi en la historia del Sistema Nacional de Salud. Ojalá que aprendamos mucho, pero mucho, mucho...


Sobre lo que no se debe hacer pero se hizo; sobre lo que sí se debe hacer pero no se hizo; sobre héroes (muchos, pero no todos igual de visibles) y villanos (pocos, pero muy villanos y todos muy visibles); sobre la manera en que gentuza sin principios ha querido arrimar el ascua a su sardina para sacer tajada política de estos terribles sucesos; sobre cómo (pero no por qué), cuando un problema de salud solo afecta a poblaciones y naciones pobres, sin recursos, nadie invierte un chavo en buscar soluciones y se dice que pasarán muchos años hasta que se encuentren, pero cuando amenaza a poblaciones y naciones opulentas se anuncia que para enero de 2015 ahí estarán tratamientos y vacunas, supongo que un pingüe negocio inasequible para los pobres y oneroso-pero-te-jodes para los ricos.



Hoy me quiero detener en la comprensible frustración (expresada de momento en las redes sociales, pero esta vez también por líderes intelectuales que no suelen mojarse mucho) de los supuestos-solo-cuidadores de Teresa, anónimos y arriesgados profesionales que han estado ahí, a su lado, en el 90% de los contactos de riesgo y en el 100% del tiempo de Teresa.



Mientras, (una mayoría de) los medios de comunicación trataban de obtener y publicar fotos de la paciente medio desnuda y con mascarilla y ensalzaban de manera un tanto moñas a las personas, a los profesionales, que compartían el grave riesgo de contagiarse, eso sí, confundiendo enfermera con auxiliar, con ATS, con técnico..., todo era tan humano. El lado emotivo, heróico y mediático.



Pero cuando llegan las buenas noticias, todo eso desaparece.



El Ébola tiene una tasa global de mortalidad que varía en función de las diferentes cepas del virus, pero viene a situarse en el 60% de las personas infectadas. El ¿tratamiento? que se sigue en los países donde se producen los brotes, bien se nos dice, consiste en acompañar al paciente, nutrirlo, hidratarlo, proporcionarle higiene, estabilidad emocional, procurar que su sistema inmunitario esté en las mejores condiciones para luchar contra el patógeno invasor... y esperar. No hay tratamiento médico ninguno... en África.



Pero cuando se importa el virus a Occidente, por motivos discutiblemente humanitarios (y yo me mostré públicamente de acuerdo cuando se produjo en España el primer caso), de repente aparecen tratamientos experimentales que aunque nunca se han probado en (los pobres) humanos (de África), solo en ratas (me censuro la metáfora), prometen ser efectivos y se aprueban y se prueban... Y a veces funcionan y otras no. Más bien no. La tasa de supervivencia de los cinco casos importados a Occidente (fallecidos o curados) no mejoran ese 40% aleatorio de momento.



Pero cuando se produce una curación... es la medicina la que aparece únicamente en escena. Y eso es simplemente obsceno e injusto, por parte de los responsables de comunicación y también de los propios médicos que saben que no existe más mérito técnico-científico que en otras situaciones similares en las que todo se juega a vida o muerte sin demasiados recursos terapéuticos (y me morderé la lengua y pediré perdón públicamente si algún día explican que hicieron algo más que echar mano de todo lo que les habían facilitado; como fue su deber).



Ahora, bien, me pregunto: ¿lo que han hecho los médicos es Ciencia y lo que ha hecho el personal de enfermería es solo Humanidad, valor, riesgo, solidaridad? ¿Las enfermeras que han atendido a Teresa no han aplicado conocimientos técnicos y competencias profesionales, solo han sido como una tierna y corajuda madre que ha estado ahí en los momentos difíciles?



¿Qué coño les pasó por la cabeza a esos cuatro fenómenos, y les obnubiló la razón, para olvidarse de que los cuidados en enfermería que ha recibido Teresa  -ella misma personal de enfermería-  han sido críticos para la curación de Teresa, no sé en qué proporción con respecto a los antivirales, sueros humanos y resto del arsenal médico-farmacológico, pero sin duda de manera crítica, fundamental? Sí, curación: porque aunque aún haya algunas enfermeras fundamentalistas y legiones de médicos trasnochados que afirman que la enfermería cuida y la medicina cura, eso es científica y radicalmente falso. Los cuidados de enfermería forman parte de la terapéutica clínica, de la misma forma que la atención médica forma parte  -o debería hacerlo-  de los procesos de cuidados. Y así lo reclaman los médicos y enfermeras más lúcidos.



El doctor José Ramón Arribas y su corto equipo se han equivocado gravemente al aceptar comparecer sin su otra mitad del cielo. Lo cual no es novedad, qué pena.




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