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2 sept 2026

La Atención Primaria y sus incendios ¿incontrolables?

"Aquí cuelgo la bata", escribí hace más de dos años para anunciar que dejaba de trabajar en mi centro de salud (lo sentía como mío ya que allí hice el MIR y trabajé durante varios años) tras ver como me iba quedando solo en un turno de tarde en el que se suponía que debería haber nueve médicxs. Me fui, sí, en un intento de visibilizar la situación de abandono en la que estábamos. Como escribía entonces, nos sentíamos abandonados a nuestra suerte, ya que ante la falta de una buena planificación, nuestra situación dependía de la suerte. El que de repente dos compañerxs se tuvieran que coger una baja al mismo tiempo generaba una dinámica de sobrecarga cada vez vez más intensa que nos llevaba al resto por delante en efecto dominó.

Han pasado dos años, pero la historia se repite. Me quedé en el barrio, en un centro de salud vecino, y de nuevo me encuentro viviendo la misma historia en este nuevo lugar. Muchos meses con varias plazas sin cubrir, bajas sobrevenidas de compañerxs, a lo que se suman las vacaciones de verano a las que todxs tenemos derecho... Todo esto nos ha llevado a que en estos meses haya habido varios días en los que en alguno de los turnos ha habido uno... o ningún médico.

¿Será que arrastro una maldición conmigo? ¿Seré muy mal compañero y hago huir a la gente? ¿O es solo casualidad? Sin poder descartar del todo ninguna de las anteriores, me inclino más a pensar que el problema tiene que ver con la falta de foco y planificación adecuada. Porque se ha hablado mucho en estos años de "centros críticos", pero no tanto de los territorios en crisis en los que estos se sitúan mayoritariamente. Mi nuevo centro de salud está en el mismo distrito que el anterior, incluso en el mismo barrio. Parece que este territorio es cuestión de tiempo el que le toque a uno o a otro, dependiendo de las circunstancias concretas de cada uno en cada momento.

Desde la gerencia se nos insiste exclusivamente en que debemos esforzarnos por organizarnos bien, como si fuera un problema que se pudiera resolver en cada centro con los recursos que hay. Un poco como a  las cuadrillas precarizadas de bomberos forestales a las que luego les toca enfrentar fuegos cada año más salvajes e incontrolables. Sin embargo, cada es más evidente que para abordar el problema de los incendios no basta con la acción de estos equipos en el momento de urgencia, aunque su labor sea fundamental, sino que debe complementarse con medios y recursos para poder hacer un trabajo de prevención a lo largo del año. Para ambas cosas, prevenir y controlar incendios, es clave conocer bien el territorio y adecuar los recursos a este: su orografía, el tipo de usos que tiene, los árboles y flora de la zona, la humedad y clima habituales... Si no se cuenta con la realidad concreta del entorno, lo que hagan perderá efectividad y sentido.  

Igual pasa con el cuidado de la salud, especialmente el desarrollado desde la Atención Primaria, la Medicina y la Enfermería Familiar y Comunitaria. Pero las políticas implantadas en la Comunidad de Madrid imponen el "todo igual en todas partes": los mismos cupos, la misma configuración de los equipos, las mismas categorías profesionales, los mismos tiempos. Todo diseñado desde despachos alejados de la realidad concreta de cada lugar. ¿Consecuencia? La multiplicación de las desigualdades existentes en los territorios y un mayor impacto de estas en la salud de quienes habitan los barrios y pueblos con mayor riesgo de convertirse en tierras quemadas. 

10 jul 2024

Desigualdades, opresiones, resistencias, luchas (y III): Resistencia, mestizaje y abogacía por la salud

"Un punto de partida para poder explorar juntas caminos mestizos hacia nuevos horizontes de liberación..."

Así terminaba la anterior entrada de esta serie, tras bucear en la visión de María Lugones sobre  cómo se entremezclan las diferentes características que nos conforman y el rol que pueden jugar éstas en las dinámicas de opresión y privilegio. Más que una intersección de desigualdades / opresiones, lo que propone esta autora es la imagen de un tejido en el que poder situar tanto las violencias sufridas como las resistencias puestas en práctica. 

Es este segundo aspecto, que habitualmente queda fuera de foco, el que propongo explorar, ya que es lo que más nos puede ayudar a explorar esos caminos mestizos señalados al principio. Al igual que la atención sanitaria se ha ido construyendo en torno a la enfermedad, dejando de lado la mirada salutogénica y su búsqueda sobre cómo se genera salud, el campo de las inequidades en salud se ha centrado en cómo estas enferman y matan a quienes viven en condiciones más precarias. Pero tan importante como esto es poder entender también cómo resisten, se cuidan y luchan estas mismas personas y grupos porque, si queremos mejorar la salud de quienes se encuentran en situaciones más difíciles, tendremos que apoyarnos en los esfuerzos que ya están haciendo. Y estos apuntan más allá de las desigualdades habitualmente descritas en la mayor parte de las investigaciones. Como también explicamos en el anterior artículo de esta serie, quienes viven en pobreza y exclusión, así como otros colectivos marginalizados (en el sentido de que son expulsados de los espacios centrales de nuestra sociedad), señalan no solo las desigualdades, sino especialmente las dinámicas de opresión que violentan sus vidas, frente a las cuales tratan de organizarse y buscar alternativas. Así, el horizonte que señalan no es solo de curación o disminución de daños, sino de liberación y emancipación. 

¿Cómo apoyar entonces en esta caminar? 


31 may 2024

Desigualdades, opresiones, resistencias, luchas (I): lnequidades ocultas (la mochila y el maletín)


Es tu turno. Abres la puerta de la consulta, y tras recibir el "buenas tardes" del médico, te sientas en la silla, dejando a un lado la mochila, o el bolso, lo que sea que vayas cargando entremezclando en su interior restos de los días pasados y cosas útiles para lo que pueda venir por delante. Ahí queda, a un lado de la silla o colgada de ésta.  

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Otra persona más que entra en la consulta. Has perdido ya la cuenta de las que han ido pasando esta tarde. La acoges invitándola a sentarse mientras levantas la vista del ordenador. Observas como deja a un lado el bolso, o la mochila, en la que no sabes si traerá algún informe que enseñarte, o la caja de alguna medicina que quiere pedirte que le recetes. Te hace pensar en el maletín médico que tienes guardado en el armario detrás tuyo, en el que llevas instrumentos básicos para poder explorar y resolver algunos problemas que pueden presentarse en las visitas domiciliarias que realizas a las personas que no pueden desplazarse hasta el centro de salud.


31 ene 2024

Aquí cuelgo la bata

Ya hace tiempo que no uso la bata en la consulta. Nunca me gustó mucho llevarla, porque marca unas distancias que creo excesivas, pero llegué a entender que para algunas personas que venían al centro de salud era un símbolo de profesionalidad, de tomarse en serio el trabajo, de cuidado... Así que acepté llevarla. Pero desde hace unos meses siento que lo que hago en la consulta no mantiene las condiciones mínimas que merecen quienes acuden a una consulta médica, no es serio, ni profesional, ni son cuidados dignos. Y no porque no quiera, sino porque no puedo. Por eso me siento un fantoche si me pongo la bata. Formo parte de un turno de tarde en el que, de 8 puestos médicos, hay 4 sin cubrir desde hace meses (algunos de ellos, años) y otras 2 compañeras están de baja de larga duración debido a la sobrecarga. Quienes quedamos, además, tenemos reducción de jornada por cuidado de menores. Así, algunas tardes solo un solo médico en todo el centro; en otros momentos, ninguno. La población a atender es de unas 30.000 personas, y un tercio de ellas no tienen médico de referencia en activo. Mis agendas de este último mes tienen una media de 60 citas diarias, aunque algunos días han pasado de 80 y de 90 citas. La demora para pedir cita médica se dispara más allá del mes. El centro se ha llegado a cerrar algunos días a las 22:30 h por intentar atender a una demanda que nos desborda y que es inabarcable en estas condiciones.

Este 1 de febrero hay cambios en las plantillas de los centros de salud de Madrid al resolverse solicitudes de movilidad que, en nuestro caso, debilitan aún más al equipo de tarde. De hecho, ya no se puede hablar de equipo médico de tarde. A partir de esa fecha quedo como único médico titular en ese turno. Es insostenible. No tiene ningún sentido seguir así. Creo que ha llegado el momento de colgar la bata y dimitir. 

27 ene 2024

Homenajeand-amos (Gracias, Juan Luis)



Hoy, 27 de enero, es el cumpleaños de Juan Luis Ruiz-Giménez. Un cumpleaños especial de alguien muy especial. Hace ya tiempo que no está de cuerpo presente entre nosotrxs y, sin embargo hoy, en el acto de homenaje en el que nos hemos encontrado unas cuantas gentes en Vallecas, escuchábamos sus palabras, compartíamos lo aprendido a su lado, nos rebelábamos frente al abandono crónico en el que se encuentra el sistema público de salud y descubríamos que sigue estando muy presente, enredado y enredando en nuestras luchas, nuestros esfuerzos, nuestras esperanzas.. Él dio siempre lo mejor de si mismo, más allá de lo esperable, y también supo encontrar en quienes estábamos alrededor mucho más de lo que nosotrxs mismxs creíamos. Quizás es eso lo que permitió llegar tan lejos, resistir y crear tanto, esa capacidad contagiosa de compartir que nos permitía abrir nuevos caminos, paso a paso, hacia horizontes compartidos de justicia y dignidad. 

... y quizás es eso lo que nos permitía esta mañana, pese a todo, volver a decir juntxs que aquí estamos, que aquí seguiremos, buscando, resistiendo, abrazando... cuidando y promoviendo salud. ¡Gracias, Juan Luis!

P.D. Y por acá los vídeos que recogen su palabras, acciones y mensaje vital. 







6 ago 2023

Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (III): Haciendo historias (y poderes)

“Contar la historia duele, te recuerda cosas que te dejan la carne de gallina. Si explicas tu vida cada dos por tres, cada vez que vas a una trabajadora social, que vas a un médico, lo que sea… Es una herida que se abre, y que no tiene porqué abrirse. Eso es muy doloroso, y es que encima se te abren otras, sales peor. Explicar todos los días, todas las situaciones… 
Tenemos una herida que curar, que hay que cuidar pero no remover, para no dejarnos encerradas en ella. Queremos avanzar, soltar lastre del pasado, no repetir.”

Militante ATD Cuarto Mundo

Algunas notas para hacer historias...

1.- Las historias importan, y mucho. Por eso la historia clínica ocupa un lugar central en el modelo de atención médica. En ella se recogen los antecedentes de la persona, su motivo de consulta, las exploraciones que se realizan y se propone un diagnóstico y un tratamiento. Pero en realidad, aunque se llame así, su enfoque pierde de vista justamente la dinámica histórica, vital, de la salud y la enfermedad, al encajarse en procesos autolimitados con un principio y un final: se consulta por un problema y se propone una solución para el mismo, que se espera sea lo más adecuada posible a este (y en ello se invierte a través de formación y medios técnicos). Esta dinámica, más propio de la atención especializada (ajustada a un modelo de consultores a quienes se pide algo concreto en relación a un problema o área específica), ha ido invadiendo cada vez más el ámbito de la atención generalista propio de la Atención Primaria en salud.

De esta manera, en los centros de salud cada vez se habla más de problemas puntuales, de lo que ocurre en ese momento concreto, de lo que ha motivado la consulta. Y claro, cada vez entendemos menos, hasta el punto de que muchas veces se termina acusando a quien acude de venir sin un motivo suficientemente justificado, y así justificamos que la solución es "educar" a la población en relación al uso de los recursos sanitarios. Sin quitar que es importante el informar y formar en este sentido... ¿no es también fundamental el que los y las profesionales entendamos mejor las realidades que atendemos?

18 jul 2023

Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (II): Injusticias, saberes y salud

"Ayuda solo es si viene de quien esté más o menos como tú. Si está por encima no existe la empatía, te juzgan como si no lo estuvieras haciendo lo suficientemente bien, todo el esfuerzo que haces solo lo sabe quien está pasando por lo que tú." 


Nos cuesta reconocer las relaciones de poder que atraviesan las relaciones entre profesionales y ciudadanía. En diferentes campos, educativo, social o sanitario, se reconoce y prioriza como saber experto el de quien trabaja en ese ámbito, a costa de empequeñecer e incluso invisibilizar los conocimientos adquiridos a través de la experiencia de vida (a este saber desde el ámbito académico le llaman "saber lego", otro palabro de esos que termina confundiendo más que clarificar). Esta injustica en el reconocimiento de los saberes (aka "injusticia epistémica") tiene dos consecuencias muy importantes: 
  • eleva el estatus de una parte de la relación, potenciando el poder que tiene sobre la otra parte. 
  • limita el campo de conocimiento a explorar, al no reconocer más que el saber que hay en un lado y la ignorancia que hay en el otro, en vez de partir de que todos y todas tienen algo que aportar y mucho que aprender mutuamente.

24 ene 2023

¿Abrimos puertas?

Actualizado 1 de mayo 2023

No nos enteramos, pero a nuestro alrededor hay muchas vecinas y vecinos que han visto como en los últimos años cada vez se ha ido complicando más su acceso al sistema sanitario. Y como no nos enteramos, estas dinámicas de exclusión se perpetúan, a pesar del coste que tienen en sufrimiento y enfermedad de tantas y tantas personas, y a pesar también de las repercusiones que eso tiene en la salud de la sociedad en su conjunto. Como bien señala Nacho Revuelta, la exclusión sanitaria nos hace más estúpidos, porque perdemos todos y todas mientras nos venden la promesa de unos beneficios que no existen. 

Esta exclusión sanitaria es posible porque la legislación nacional no asegura de manera efectiva la cobertura universal de la asistencia sanitaria, pero es verdad que dependiendo de las distintas comunidades autónomas el aterrizaje de la normativa es muy diferente, como señalaran desde YoSí Sanidad Universal en su informe "El derecho a la asistencia sanitaria en las comunidades autónomas: Un derecho hecho pedazos".

De manera más concreta, Madrid es uno de los lugares en los que se está persiguiendo más sistemáticamente el acceso a al sistema sanitario de las personas migrantes. Pero también en Madrid son muchos los grupos y colectivos que están denunciando estas situaciones, acompañando para tratar de abrir puertas, estudiando como hacer efectivos los derechos que se están vulnerando con estas políticas. Y ha sido un gusto poder participar en uno de los espacios donde varios de estos grupos y personas han confluido, la Comisión de Salud Comunitaria de San Diego / Puente de Vallecas, donde tras analizar los diferentes casos, experiencias y conocimientos acumulados se ha elaborado esta Guía de Acompañamiento para el acceso a Sistema Sanitario.

16 ene 2023

Hacer y dejar de hacer (Atención Primaria Esencial)


"¿Sabéis qué hacer con la huelga? Estoy un poco perdido"
. A lo largo de estos días, desde que se retomó la huelga médica de Atención Primaria en Madrid, he compartido y recibido mensajes similares a este en varias ocasiones. Y es que después de varias semanas de parón en las consultas en noviembre y diciembre, viendo el coste que este tenía a diferentes niveles tanto para vecinas y vecinos como para profesionales, y el menosprecio y maltrato constante recibido de parte del gobierno autonómico, no es fácil saber qué hacer. Se cruzan constantemente la frustración, la rabia, la preocupación y el sentido de la responsabilidad. Así que con semejante mezcla, no queda otra que pararse y pensar hacia dónde continuar, ¿no? 

18 dic 2022

Nos la jugamos en los mínimos (detalles sobre Atención Primaria)

Algunas reflexiones que surgen
tras el diálogo entre profesionales sanitarios de Vallecas
en una de las Noches Blancas
convocadas el pasado jueves 15 de diciembre


Al escribir estas líneas, la huelga de médicos de Atención Primaria en Madrid termina su cuarta semana. Comenzó el 21 de noviembre, anunciándose como una huelga indefinida, y día a día se va confirmando esta indefinición, entre el menosprecio y ninguneo de parte del gobierno autonómico y la frustración acumulada en profesionales que sentimos que ya no podemos más, tras años y años desbordadas de trabajo y engaños por parte de la administración.

Las dudas en cuanto a la duración de la huelga se van acompañando de otras en cuanto a la gestión del día a día. ¿Qué entra y qué no entra dentro de los servicios mínimos? ¿Qué situaciones hay que seguir atendiendo y de qué manera? ¿Qué es lo que puede esperar y lo que no?

14 nov 2022

Nuestros nombres y la salud

"¿Y ahora qué?". Hoy vivimos una manifestación histórica en defensa de la Sanidad Pública y contra el desmantelamiento de la Atención Primara, inundando calles y avenidas como no se veía hacía muchos años, con la alegría compartida por el encuentro y la potencia colectiva que de nuevo se siente en marcha... ¡Aquí estamos! ¡Dignidad en pie frente a quien no hace más que pisotear derechos!

"¿Y ahora qué?", pregunta un amigo al acabar, "¿Cuál es el plan?". ¿Presionar para conseguir minimizar los daños causados con los últimos planes, que han roto el sistema de atención extrahospitalaria de urgencias? ¿Empujar para volver a la situación anterior, dándola por buena? ¿Hacer campaña para conseguir el cambio político en las próximas elecciones y quitar del gobierno autonómico a quien viene desmantelando el sistema público de salud desde hace décadas, mientras favorece el negocio privado en este campo? Pues habrá que poner fuerzas en ello, está claro, pero no serán más que medidas paliativas si no nos atrevemos a mirar y dar pasos más allá de este marco limitado.

7 nov 2022

La Atención Primaria no es cualquier cosa

En estos tiempos de desmontaje de la Sanidad Pública, en los que los ataques actuales se suman a los ya recibidos desde hace años, se señala de manera recurrente a la Atención Primaria como uno de los elementos clave a defender. Pero parece que se da por hecho que todo el mundo sabe qué es la Atención Primaria en Salud (APS) y que está dispuesto a defenderla a capa y espada. Pero, ¿realmente es así? Quizás no viene mal recordar algunas cosas...

16 sept 2021

Levantando la mirada

Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.

Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles: 

- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.

- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.

- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.

¿Podemos hacer algo para intentar ir hacia un lado u otro o están ya todas las cartas echadas? Ahí está la cuestión... Y ahí está la importancia de levantar la vista, de mirar hacia atrás para recuperar aprendizajes y saberes sobre cómo ser y hacer juntas, de mirar hacia adelante para encontrar un horizonte que nos ponga en camino. Porque cada vez desde más lugares nos tratan como meros espectadores sin más objetivo que el consumo inmediato del presente. Inmóviles. Estériles.

Hoy levanto la mirada y me veo en la misma consulta de Atención Primaria en la que tanto aprendí al lado de un maestro y compañero del construir en común, Juan Luis Ruiz-Giménez. Pero ahora, en esta consulta a la que volví después de muchos años fuera de ella, empujado por la pandemia, veo como se va desmoronando de manera implacable un sistema de cuidado de la salud que buscaba no dejar a nadie fuera, pero que cada vez excluye y abandona más, al tiempo que machaca a quienes trabajan dentro de él. En el turno de tarde del centro de salud en el que trabajo ya faltan por cubrir la mitad de los puestos de medicina. Miles de personas sin médica de referencia. Como en tantos otros centros de salud a nuestro alrededor. "¡Hay que hacer algo!", se dice y se escucha, pero no encontramos la manera de ir más allá de los parches y las pataletas, los mensajes simples de "hace falta más" pero la falta de diálogo sobre cómo transformar y transformarnos ahora que el barco está haciendo aguas.

¿Todavía queda la esperanza para la Atención Primaria? De nosotras y nosotros depende. A primera vista, todo apunta a ir a peor. Para intentar evitarlo, andamos con prisas tratando de tapar los rotos, pero con eso poco haremos más que sostener una deriva que viene de largo. Es el momento de apostar por la alternativa comunitaria. No queda otra. Abrir las puertas, las ventanas, hablar y escuchar a quienes viven en los barrios en los que trabajamos, proponer y dejarnos cuestionar, reconocer nuestra vulnerabilidad para construir junto con la de otras personas que quieran apostar y apostarse en este hacer camino que no renuncie a un futuro mejor, más humano y en común.

No será la primera vez, ni la última. Hay muchas experiencias y saberes que nos pueden servir de brújula. Mi intención es ir compartiendo algunas de ellas, construyendo un mapa, o una caja de herramientas, o una constelación de estrellas que acompañen el camino. Habrá que ir viendo qué es más útil. Pero ya es tiempo. Porque el futuro comienza ahora.







22 oct 2019

Exposición de Fotorelatos sobre Salud y Pobreza



Sin posibilidades económicas, las dificultades para comprar variedad de alimentos, medicamentos o poder acceder a una vivienda se convierten en un desafío a enfrentar en el día a día. Pero abordar la pobreza sólo desde esa perspectiva nubla muchos otros procesos que acompañan esa situación y que son vertebradores de esa realidad.

Desde el comienzo del proyecto de Comunidades Activas en Salud hemos buscado un camino que nos llevara a una comprensión más completa sobre la pobreza. Para abordar el análisis de lo que nos íbamos encontrando en las reuniones con profesionales, vecinas y vecinos, hemos utilizado el informe “Las Dimensiones Ocultas de la Pobreza”, realizado por ATD Cuarto Mundo Internacional y la Universidad de Oxford. Pero también hemos querido explorar nuevas formas de expresión con las personas con experiencia de pobreza y profesionales participantes, lo que se ha concretado en el proyecto de Fotorelatos que presentamos ahora.

Esta exposición, que recorre varios ejes temáticos (Contexto, Necesidades, Experiencia de Pobreza e Interacciones), estará en la Sala Primavera del Centro Cultural Casa del Reloj, en Madrid, hasta el próximo 31 de octubre.






¡A ver qué os parece!

31 ene 2019

Conjugando salud en plural

Hace un año justamente andába enredando ideas junto a Elena Ruíz, María José Fernández de Sanmamed y Mariano Hernández a partir de la invitación de J. Gervás para escrbir algo sobre la simplicidad de la respuesta sanitaria a los problemas sociales y el peligro de medicalización con buenas intenciones. Y esto fue lo que parimos...



                                         Foto: Elena Serrano

Otro día más de consulta. Otro día más arrastrando esta sensación de desenfoque, de no terminar de encontrar el rumbo, de desborde. Llevo ya 8 años en el mismo centro de salud y la dinámica de deterioro de la situación social y económica del barrio no revierte. La consulta sigue coloreándose con mil y un circunstancias sociales frente a las que siento que poco puedo hacer, la verdad. Tantos años de carrera, la residencia, tantas formaciones de mil y un tipos en mi esfuerzo por mantenerme al día, y la sensación de que hay algo fundamental que se me escapa, frente a lo que no sé qué hacer ni cómo actuar, sigue indemne. La sorpresa inicial al descubrir todas estas realidades tan distantes de la mía (¡menudo aterrizaje tuve cuando llegué a este centro!) ya pasó, pero sigo sin tener muy claro cómo dar un paso adelante. Las informaciones sobre los nuevos fármacos y protocolos de actuación se acumulan sobre mi mesa, pero todavía sigo esperando que venga alguien a explicarme cómo responder a Pedro, que relaciona el diagnostico de depresión con los tres años y medio de paro que lleva, qué hacer más allá de dar un ansiolítico a Rosa, sobrepasada por la amenaza de un desahucio, o a Inés, que no soporta más el acoso de su jefe, o que otras alternativas puedo ofrecer a Fernando para el manejo del su dolor además de las farmacológicas, de eficacia tan limitada en casos de biografías tan abigarradas como la suya. Porque mientras tanto me golpea la sensación de impotencia por no poner más que tiritas que tapan algunos síntomas mientras queda al descubierto el grueso de las causas de tantos malestares y enfermedades.

No, no puedo decir que no esté haciendo nada en estos casos. Desde el comienzo de mi formación me inculcaron que debo tener siempre una respuesta preparada frente al sufrimiento humano, así que me centro en buscar una explicación biomédica, dentro del paradigma en el que me he formado y en el que me resulta más cómodo moverme. Por lo menos me permite aportar algo, “intervenir”. Pero, ¿para bien o para mal? Muchas veces me asalta esta duda previamente a la impotencia que comentaba antes. Porque quizás de esta manera, recogiendo, encuadrando y respondiendo a lo que me comparten dentro del enfoque biológico/tecnológico/farmacológico termino legitimando ante la persona que tiene un problema, orgánico o psicológico, da igual, ya que de todas maneras queda en lo individual y requiere de un/a profesional para ser arreglado.

Transformando lo social en individual, en vez de abordar los mecanismos sociales que provocan estas realidades y que determinan la salud, puede llevarme a reforzar las dinámicas que responsabilizan, e incluso culpan, a quienes sufren de sus problemas o enfermedades. Responsabilizar para luego desposeer de cualquier capacidad de acción, situada la dolencia en un plano bioquímico inaccesible, impidiendo reconocer los propios esfuerzos por resistir, promoviendo la victimización y transformando a las personas en pacientes, pasivos/as, impotentes, a merced de “expertas/os” (¿o mejor llamarles “salvadoras/es”).

Un buen ejemplo de esto es todo el aparato construido en torno a los estilos de vida, con mil y un preceptos “saludables” lanzados como dardos a quienes acuden a nuestras consultas, sin reparar en cómo influyen los diferentes condicionantes sociales que nos encontramos unos y otras en las posibilidades de ponerlos en práctica. ¿Cómo tener una dieta equilibrada cuando la principal fuente de alimentos es un contenedor de basura o un banco de alimentos? ¿Cómo encontrar la tranquilidad para la meditación cuando estás tan sobrepasado por mil y una dificultades que resistirte a huir del mundo a través de una botella es toda una heroicidad? ¿Cómo hacer deporte cuando las instalaciones adecuadas para ello son de pago y los parques y calles de tu entorno peligrosos?

En los últimos años he tratado de leer lo que he podido sobre determinantes sociales en salud. La verdad es que es sorprendente hasta que punto se ha llegado a confirmar la influencia de éstos y lo poco que se ha traducido en prácticas concretas. «Si los principales determinantes de la salud son sociales, sociales han de ser también las soluciones», decía Marmot. Pues bien, ¿a qué esperamos para ponerlas en marcha? Será que somos mayoría quienes estamos como yo, sin saber qué hacer en concreto. Eso o que las soluciones posibles pondrían en cuestión todo el tinglado de intereses económicos, políticos y profesionales que sostiene la actual apuesta por la farmacia y la tecnología como puntas de lanza del sistema sanitario.

A veces creo ver en la enfermedad a una espía de las contradicciones del sistema. Sí, ese que dice preocuparse por la salud de todas las personas, pero que nos enferma desigualmente. El mismo que invisibiliza que la salud es una cuestión colectiva en la que sólo las consecuencias de su pérdida son individuales. Si trabajamos sólo en la resolución de éstas, si canalizamos el sufrimiento hacia lo sanitario y dejamos de atender las causas de las causas como algo sistémico, de cuidar aquello que protege nuestra salud, estaremos generando un entorno insalubre, de enfermos adaptados.

¿Y qué hacemos cuando la enfermedad se convierte en el único lenguaje legitimado de denuncia, cuando los colectivos se reapropian colectivamente de ella y la reivindican como medio de protesta? ¿Qué papel jugamos en esos casos? ¿Estamos dispuestos/as a escuchar estas formas de narrarse desde experiencias comunes de sufrimiento? No es cualquier cosa, ya que esto pone en cuestión nuestro rol como agentes de enunciación de la enfermedad. Pero al mismo tiempo nos muestra una nueva posibilidad de relacionarnos como aliadas/os y acompañantes de los procesos puestos en marcha en los cuerpos y las calles.

En la consulta, enfrente de mí, por encima de cada paciente que atiendo, puedo leer el cartel que he colgado: “Curar y solucionar a veces, escuchar, entender y acompañar siempre”. Es la brújula que he encontrado por el momento para abordar esas realidades que se me escapan, que me desbordan. Para encontrar otras maneras de hacer. Mirar cara a cara a quien tengo enfrente, a cada una de estas personas, con buen ánimo para aprender y compartir lo que sé, para promover una dinámica de diálogo, conocimiento y reconocimiento mutuo que nos permita entender mejor qué es lo que podemos aportar cada uno/a desde nuestra posición, desde el ser “paciente” o “ciudadana/o” y el ser “profesional”, para superar la impotencia que nos encierra a unas y a otros con tanta frecuencia. Dejar atrás nuestra manía tan “médica” de etiquetar síntomas y clasificar personas como base sin la cual no es posible actuar, aprender a hablar más allá de nuestros términos “sanitarios” y enredarnos en conversaciones sobre vivienda, sobre trabajo, sobre educación, sin pretender conquistar estos ámbitos desde el campo de la salud sino más bien conocer y vincularnos con lo que otras hacen. Escuchar para poder desde ahí reformular conjuntamente los problemas, considerando tanto el impacto en salud individual como la referencia a los contextos sociales, convivenciales y biológicos que los codeterminan. ¿Qué es si no tratar a las personas con la dignidad que reclaman desde las calles?

Esta dinámica de escucha y reconocimiento de los diferentes saberes que aportamos unas y otros (experiencial, práctico y académico) es la que nos puede empujar más allá de las respuestas individuales, poniéndonos en marcha al encuentro de otras y otros diferentes para ver qué somos capaces de construir desde lo común. Esto nos lleva también a un replanteamiento de nuestro rol profesional, no queda otra, pero nos permitirá también entender mejor cómo poder hacer aportaciones más efectivas y útiles. Y, desde esta nueva posición, animar a otras personas, especialmente a quienes se enfrentan a situaciones de mayor precariedad y aislamiento, a enredarse en esta deriva en la que poder aportar y recibir, en la que poder crecer en colectivo frente a la amenaza de la impotencia y la desesperación.







21 nov 2018

Por una formación independiente

Algunas ideas de cara avanzar hacia una formación independiente, surgidas como continuidad de la mesa sobre formación médica e industria de las Jornadas de Osatzen de Noviembre 2017 (http://www.osatzen.com/jornadas2017). Para leer, compartir, revisar y cuestionar(nos).

Está en formato pdf también.

¡Gracias por el trabajo realizado a lxs autorxs!



20 oct 2018

Un propósito común

"Vemos que seguimos en el mismo lado... han pasado diez años, cinco años, y sigo con el mismo problema, sigo con el mismo dolor… Sí, vosotros avanzáis, desarrolláis, pero a la hora de la verdad nosotros estamos igual”.

Esto nos contaba Jesús, un vecino de Tetuán, cuando le invitamos a sumarse hace dos años al proyecto de Comunidades Activas en Salud. Nos conocíamos desde hacía tiempo, y la confianza construida permitía este cuestionamiento sincero, enraizado en anteriores experiencias en las que había participado en diferentes recursos por los que había pasado. En su vida, marcada por la lucha contra la pobreza y la exclusión sufrida en primera persona, se ha sentido muchas veces objeto en manos de otras personas o instituciones que han ganado siempre a su costa. Señalaba así una cuestión clave, a la que pocas veces prestamos atención: la mayor parte de proyectos y propuestas que se lanzan desde las instituciones arrancan a partir de la inquietud de determinados profesionales que buscan cómo hacer frente a cuestiones claves que es importante resolver, pero aunque puedan enfocarse a actuar sobre realidades más amplias, tanto sus objetivos como sus resultados terminan siendo determinados por quienes los ponen en marcha.

Este señalamiento que nos hacía Jesús nos ha marcado profundamente a lo largo de todo el proyecto. El punto de partida era claro: generar un proceso de diálogo colectivo entre profesionales y personas en situación de pobreza que permitiera identificar las barreras para el cuidado de la salud que encuentran estas últimas y elaborar propuestas para revertirlas. Pero, ¿cómo avanzar de manera que quienes viven en condiciones más precarias puedan sentir que sacan algo en claro a lo largo del proceso? ¿Qué debíamos intentar ganar colectivamente, que no supusiera solo una mejora para quienes estamos desde un rol profesional o para los colectivos o instituciones a los que pertenecemos? Hablando claro, ¿cómo hacer para que este proyecto no fuera sólo algo que sumar a nuestro currículum, personal e institucional, sino que personas como Jesús, Mª Ángeles, Estrella, Paloma, Nacho, Juan y Tamara sintieran que su participación en el mismo servía de verdad para cambiar sus vidas y la realidad social que les rodea? Un vecino de Vallecas nos dió una de las claves:

“De todo lo malo que hemos aprendido nosotros, los que hemos vivido los males de la miseria, hay que hacerles ver que no pueden seguir las cosas así, que no se pueden destruir las vidas como se han destruido las nuestras. Si lo ven se darían cuenta de que tienen que aprender de nosotros.”  

A lo largo de estos dos años de andadura de Comunidades Activas en Salud hemos buscando entendernos sobre cuáles podían ser los objetivos compartidos entre personas en situaciones tan diferentes como las vecinas y vecinos de Tetuán y Vallecas en situación de pobreza y profesionales de diferentes recursos de estos distritos. Hemos escuchado y recogido las diferentes miradas posibles sobre la salud y sus determinantes, así como propuestas para poder avanzar en una dinámica de salud comunitaria que no deje a nadie fuera. Un camino que hemos recorrido despacio, prestando atención para poder andarlo colectivamente, a un paso que no dejara a nadie atrás, y en el que hemos ido aprendiendo a mirar a nuevos lugares y con una perspectiva más amplia.


Así, al hablar de determinantes y desigualdades en salud, hablamos desde el principio de recursos, pero también de relaciones personales y de la distribución social del poder, como señalaba una de las mujeres que vino desde la Asociación Barró:

“Queremos que haya más recursos, pero también que se pongan más en nuestra situación los profesionales y voluntarios que están a nuestra altura. Si ellos no se ponen en nuestra situación, ¿cómo vamos a conseguir que nos entiendan los políticos, los que están más alto? Queremos que nos den un trato mejor, que nos abran las puertas, que nos sintamos queridas, que no tengamos que estar arrastrándonos para pedir una ayuda de libros, de comida para nuestros hijos. Nos asfixia, es agobiante. Esto hay que cambiarlo y hay que empezar por abajo y que nos entiendan ellos primero. Se tienen que poner en nuestra situación, entendernos y ayudarnos a subir un escaloncito más. Si no, ¿cómo lo hacemos solas?” 

También, frente a la impotencia tantas veces sentida por quienes hemos participado en el proyecto queriendo transformar realidades complejas y que parecían venirnos grandes, ha sido importante sentir que siempre es posible hacer algo, acompañarnos mutuamente, sostenernos para seguir en marcha. Jesús lo expresaba de esta manera tan clara y simbólica:

"Esfuérzate, hazlo lo mejor que puedas... ¿Que no puedes alcanzar a lo mejor la copa del árbol? Pues a lo mejor sí a las ramas, o al principio... o recoger las hojas".

Ahora, muchos de estos aprendizajes construidos colectivamente los hemos recogido en una Guía para la Acción Colectiva desde Realidades de Pobreza, "Tejiendo Salud". En ella hay herramientas y propuestas con las que esperamos contribuir a transformar la realidad de injusticia y desigualdad que nos rodea, partiendo de una premisa clara: apoyar cualquier proyecto de lucha contra la pobreza en la experiencia, el conocimiento y la participación efectiva de quienes la sufren. En ese sentido, aún sabiendo que hay muchas cosas que hemos podido hacer mejor, nos tranquiliza escuchar cómo muchas personas en situación precaria se reconocen en los materiales recogidos en esta Guía, así como al propio Jesús, que nos marcó hace dos años el reto de que con esto deberíamos ganar todos y todas:


“Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”  

Esperamos que esta Guía estimule y ayude a poner en marcha procesos con ambiciones similares. Ya nos iréis diciendo...

Epílogo: durante todo el proceso hay muchas palabras que han hecho eco y que han invitado a profundizar en ellas, para entender mejor y alumbrar nuevas perspectivas hasta entonces desconocidas para algunas de las personas participantes sin experiencia de pobreza: herida, vergüenza, juicio, miedo... Pero hay una que cada vez que se ha pronunciado ha sido repetida como eco por unas y otros, como un latigazo que invitaba a ponerse en pie pese a todas las dificultades:

"Por encima de todo, la dignidad"



22 may 2018

Conocer, unir y separar

Pocos libros hay tan sugerentes y necesarios para abordar el tema del conocimiento de una manera global y abierta como el de "Justicia entre Saberes", de Boaventura de Sousa Santos. Y pocas profesiones necesitan tanto asomarse a estos enfoques como las sanitarias, tan entrenadas para separar, clasificar e imponer su saber, tan sensibles a la ignorancia ajena y tan ciegos/as para la propia.

Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...


"Los poderes hegemónicos que rigen la sociedad de consumo y la sociedad de información han promovido teorías e imágenes que apelan a una totalidad -sea de la especie, del mundo y hasta del universo— que existe por encima de las divisiones entre las partes que la componen. Sabemos que se trata de teorías e imágenes manipuladoras que ignoran las diversas circunstancias y aspiraciones de los pueblos, clases, géneros, regiones, etc., así como las relaciones de desigualdad, explotación y victimización que han unido las partes que componen esa seudototalidad. Sin embargo, el grado de credibilidad de estas teorías e imágenes consiste en apelar, aunque de manera manipuladora, a una comunidad imaginada de la humanidad en su conjunto. El sufrimiento ocurre en todas partes; los individuos son los que sufren, no las sociedades.

A su vez, las fuerzas contrahegemónicas han contribuido a ampliar las arenas de entendimiento político; pero, en general, las coaliciones y las alianzas han sido poco eficaces para superar las teorías de la separación, aunque lo han sido más para superar las separaciones territoriales que para superar las separaciones que provocan las diferentes formas de discriminación y opresión. Las coaliciones transnacionales han sido más fáciles entre grupos feministas y entre ecologistas o indígenas que entre unos y otros grupos Esto se debe al desequilibrio entre las teorías de la separación y las de la unión. Estas últimas, entonces, deben reforzarse para que se vuelva visible lo que hay de común entre las diferentes formas de discriminación y de opresión: el sufrimiento humano.

El respeto la por la diferencia no puede impedir la comunicación y complicidad que hace posible la lucha contra la indiferencia. El momento de peligro por el que estamos atravesando exige que profundicemos en la comunicación y la complicidad. Debemos hacerlo, no en nombre de una communitas abstracta, sino movidos por la imagen desestabillzadora del sufrimiento multiforme causado por la iniciativa humana, tan avasallador como innecesario. Las teorías de la separación, en este momento de peligro, deben formularse sin perder de vista lo que nos une; y, viceversa, las teorías de la unión deben formularse tomando en cuenta lo que nos divide. Las fronteras divisoras deben construirse con numerosas entradas y salidas. Al mismo tiempo, es importante mantener en miente que lo que une sólo une a posteriori. No es la naturaleza humana, sino la iniciativa humana la que nos une.

(…)

La comunicación y la complicidad epistemológicas se asientan en la idea de que no existe solo una forma de conocimiento, sino varias, y que es preciso optar por la que favorece la creación de imágenes desestabilizadoras y una actitud de inconformismo frente a ellas. No hay conocimiento en general ni ignorancia en general. Cada forma de conocimiento conoce en relación con un cierto tipo de ignorancia y, viceversa, cada forma de ignorancia es ignorancia de un cierto tipo de conocimiento.

(…)

Creo que el paradigma de la modernidad contiene dos formas importantes de conocimiento: conocimiento-regulación y conocimiento-emancipación. Él conocimiento-regulación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado caos, y un punto de conocimiento, denominado orden. El conocimiento-emancipación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado colonialismo, y un punto de conocimiento, denominado solidaridad. Si bien estas dos formas de conocimiento están igualmente inscritas en el paradigma de la modernidad, el conocimiento-regulación, durante el último siglo, ha ganado primacía total sobre el conocimiento-emancipación. Con esto, el orden pasó a ser la forma hegemónica del conocimiento, y el caos, la forma hegemónica de la ignorancia. Dicha hegemonía del conocimiento-regulación le permitió recodificar el conocimiento-emancipación en sus propios términos. Así, lo que era saber en esta última forma de conocimiento, se transformó en ignorancia (la solidaridad se convirtió en caos) v lo que era ignorancia se transformó en saber (el colonialismo fue recodificado como orden).

(…)

La solidaridad como forma de conocimiento es el reconocimiento del otro como igual siempre que la diferencia le acarree inferioridad y, como diferente, siempre que la igualdad le ponga en riesgo la identidad."

16 mar 2018

Manos a las causas

Muy interesante este vídeo de Rishi Manchanda por su clara interpelación a dejarnos de excusas y ponernos manos a la tarea de resolver los problemas de salud en su origen, y no sólo en sus consecuencias:



Algo que por ejemplo han puesto en marcha en Frome, donde un proyecto colectivo para combatir el aislamiento ha provocado una gran reducción de los ingresos hospitalarios de urgencia. Y es que la evidencia científica sugiere con bastante seguridad que las relaciones sociales deben estar en la prescripción médica. ¿A qué esperamos para seguir este camino?

31 dic 2017

Pura determinación

Un año más se cierra, un año lleno de aprendizajes y sorpresas (y es que lo primero no puede no ir acompañado de lo segundo cuando nos atrevemos a transitar nuevos caminos). En mi caso, cierro recogiendo cabos que me han ido lanzando estos meses y que hasta ahora no he tenido tiempo de recoger, impactado y con muchas ganas de profundizar en la propuesta, nada nueva, pero si bastante  desconocida por estos lares, de la epidemiología crítica latinoamericana, su apuesta por la salud colectiva y el foco que sitúan en la Determinación Social de la Salud. No confundir, como me ha pasado a mí, con el paradigma de los Determinantes Sociales en Salud, que parece lo mismo pero no es igual.

Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.

Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:

"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.

Es decir, el análisis de los paradigmas y modelos con los que ha trabajado la epidemiología, se encuentra inevitablemente atravesado por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones en cada período histórico. Confrontaciones que no se subsanan con la adición de un reconocimiento de “causas de las causas” y de los “determinantes estructurales”, mientras sigue inserta en la misma lógica empírico-funcional.

El paradigma de la llamada epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS sobre “determinantes sociales de la salud” es otro causalismo que explica también el orden bajo la noción causal. Representa un paradigma de transición crítica por que se abre a lo estructural, rompiendo el cerco de la visión más restrictiva de la epidemiología convencional, sin que represente un cambio de paradigma, en tanto convierte las estructuras sociales en variables y no en categorías de análisis del movimiento histórico de la acumulación.

Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o
causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas de contenido crítico y de movimiento: determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).

El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del sujeto institucional, enrolado en el poder público o en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de realizaciones técnicas (tipo metas del milenio) y se propone mejorar una gobernanza, corrigiendo las distorsiones mayores, o estructurales, que amenazan la legitimidad del orden social."

¿Y entonces cómo se propone como alternativa? ¿En qué consiste el paradigma de la determinación social?

"El paradigma de la determinación social se plantea en la interfase del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la sociedad. Se propone descifrar el movimiento de la vida, de su metabolismo histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos (económicos, políticos, culturales) y del movimiento de los geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social cuyo eje es la acumulación de capital, nombre que toma en nuestras sociedades la reproducción social. 

No hay cabida en el eje vertebrador de este paradigma para colocar como objetivos estratégicos y centrales: ni la redistribución de ingreso y acceso a servicios; ni las medidas limitadas de gobernanza; ni las reivindicaciones aisladas culturales; ni las propuestas de negocio ecológico, es un paradigma que busca acompañar el esfuerzo histórico de los pueblos por derrotar y desmontar el sistema actual de acelerada acumulación de capital, exclusión social y destrucción de la naturaleza, con su modo civilizatorio consumista, contaminante y derrochador. Un paradigma que se piensa y avanza en trance de transformación integral de la sociedad capitalista no sólo para conseguir metas puntuales convencionalmente medidas en indicadores de calidad de vida, como los de ingreso, educativos, y sanitarios- sino para  emancipar a la sociedad y conseguir la vigencia plena de los 4 rubros de la vida: sustentabilidad, soberanía, solidaridad y salud/bioseguridad integral."


Para entender mejor hacia adonde apunta:

"El paradigma de la epidemiología crítica trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una investigación intercultural, interdisciplinaria y basada en la comunidad, que busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos. Una investigación y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura, produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la determinación social general que se expresan en las 4 “S” de la vida (civilización sustentable, soberana, solidaria, saludable/biosegura). 

En el marco de este paradigma, se asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de vivir, y para lograr el control y un giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que degrada también la relación sociedad - naturaleza.

No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."

¿Y cómo se consigue avanzar en esta vía? Acá va una propuesta muy sugerente y que descoloca nuestras maneras de hacer mayoritariamente desde el campo profesional:

"Para ubicar su abordaje o proyección práctica podemos situarlo en relación con los tres elementos del triángulo de la política: 

a) un proyecto emancipador para la salud (teoría crítica sanitaria y proyecto estratégico de incidencia sobre los procesos críticos de la determinación social).

b) un bloque social articulado de sujetos-comunidades afectados y movilizados

c) un cuerpo de conocimientos científicos y herramientas técnicas usadas y rediseñadas en dirección al avance de los dos otros elementos."
  
Generar conocimiento que permitan generar teoría y proyecto, pero no solo, sino también construir un movimiento de sujetos y comunidades afectados... 

¿Nos atrevemos? 

No es mala propuesta para el año que empieza...