2 sept 2026

La Atención Primaria y sus incendios ¿incontrolables?

"Aquí cuelgo la bata", escribí hace más de dos años para anunciar que dejaba de trabajar en mi centro de salud (lo sentía como mío ya que allí hice el MIR y trabajé durante varios años) tras ver como me iba quedando solo en un turno de tarde en el que se suponía que debería haber nueve médicxs. Me fui, sí, en un intento de visibilizar la situación de abandono en la que estábamos. Como escribía entonces, nos sentíamos abandonados a nuestra suerte, ya que ante la falta de una buena planificación, nuestra situación dependía de la suerte. El que de repente dos compañerxs se tuvieran que coger una baja al mismo tiempo generaba una dinámica de sobrecarga cada vez vez más intensa que nos llevaba al resto por delante en efecto dominó.

Han pasado dos años, pero la historia se repite. Me quedé en el barrio, en un centro de salud vecino, y de nuevo me encuentro viviendo la misma historia en este nuevo lugar. Muchos meses con varias plazas sin cubrir, bajas sobrevenidas de compañerxs, a lo que se suman las vacaciones de verano a las que todxs tenemos derecho... Todo esto nos ha llevado a que en estos meses haya habido varios días en los que en alguno de los turnos ha habido uno... o ningún médico.

¿Será que arrastro una maldición conmigo? ¿Seré muy mal compañero y hago huir a la gente? ¿O es solo casualidad? Sin poder descartar del todo ninguna de las anteriores, me inclino más a pensar que el problema tiene que ver con la falta de foco y planificación adecuada. Porque se ha hablado mucho en estos años de "centros críticos", pero no tanto de los territorios en crisis en los que estos se sitúan mayoritariamente. Mi nuevo centro de salud está en el mismo distrito que el anterior, incluso en el mismo barrio. Parece que este territorio es cuestión de tiempo el que le toque a uno o a otro, dependiendo de las circunstancias concretas de cada uno en cada momento.

Desde la gerencia se nos insiste exclusivamente en que debemos esforzarnos por organizarnos bien, como si fuera un problema que se pudiera resolver en cada centro con los recursos que hay. Un poco como a  las cuadrillas precarizadas de bomberos forestales a las que luego les toca enfrentar fuegos cada año más salvajes e incontrolables. Sin embargo, cada es más evidente que para abordar el problema de los incendios no basta con la acción de estos equipos en el momento de urgencia, aunque su labor sea fundamental, sino que debe complementarse con medios y recursos para poder hacer un trabajo de prevención a lo largo del año. Para ambas cosas, prevenir y controlar incendios, es clave conocer bien el territorio y adecuar los recursos a este: su orografía, el tipo de usos que tiene, los árboles y flora de la zona, la humedad y clima habituales... Si no se cuenta con la realidad concreta del entorno, lo que hagan perderá efectividad y sentido.  

Igual pasa con el cuidado de la salud, especialmente el desarrollado desde la Atención Primaria, la Medicina y la Enfermería Familiar y Comunitaria. Pero las políticas implantadas en la Comunidad de Madrid imponen el "todo igual en todas partes": los mismos cupos, la misma configuración de los equipos, las mismas categorías profesionales, los mismos tiempos. Todo diseñado desde despachos alejados de la realidad concreta de cada lugar. ¿Consecuencia? La multiplicación de las desigualdades existentes en los territorios y un mayor impacto de estas en la salud de quienes habitan los barrios y pueblos con mayor riesgo de convertirse en tierras quemadas.