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17 jun 2026

Guía Salud y Vivienda para acompañar a personas en riesgo de desahucio

La imposibilidad de acceder a una vivienda tiene consecuencias sociales, pero también sobre la salud. Eso lo sabemos todxs, pero muchas veces no sabemos qué hacer frente a esta cuestión. Por eso es tan importante este documento que se presentó recientemente, la "GUIA SALUD Y VIVIENDA: acompañar a personas en riesgo de desahucio", generada tras varios meses de trabajo conjunto entre profesionales sanitarixs de Atención Primaria en Salud de Puente de Vallecas, el grupo de PAH Vallekas y el centro social la Villana, con el apoyo del Grupo de Inequidades en salud y salud internacional de la SOMAMFYC.

La guía ofrece orientación en el acompañamiento a la persona, la correcta realización de informes médicos, posibles iniciativas dentro del Equipo de Atención Primaria, o el trabajo con la comunidad. ¡A ponerla en práctica!





25 nov 2025

¿Hay otros modelos de cuidados posibles?

 Cada vez hablamos más de cuidados, al tiempo que cada vez es más difícil sostenerlos y se construyen modelos profesionalizados que, prometiendo asegurarlos, va minando nuestras propias redes y capacidades para hacerlo. Una tensión constante se va apropiando de este espacio tan importante, generando una sensación de impotencia creciente y desesperante. ¿Hay otras maneras de hacer? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde ponerlas en práctica?

En este sentido, es interesante echar un vistazo a la propuesta lanzada en Hologramas. Salud feminista entre pares para un futuro postcapitalista. No tanto porque ofrezca un modelo cerrado con respuestas a todo, sino más bien porque ayuda a recentrar el foco en torno la pregunta clave de cómo promover redes horizontales de cuidado que ayuden a abrir espacios y tiempos para mirarse (y hablarse) a unx mismx y a lxs demás. 


https://craterinvertido.org/wp-content/uploads/2024/10/Holograma-Cassie-Thornton-Espanol-1.pdf 


26 dic 2024

Activación Comunitaria, Identidad y Conectores

Desde hace tiempo andamos dando vueltas al tema de la Acción Comunitaria en Salud, y la verdad es que en España hay mucho trabajo y experiencias interesantes en este sentido. Mucha de este conocimiento acumulado ha sido recogido en diversos materiales impulsados desde el área de Prevención y Promoción del Ministerio de Sanidad y la Escuela Andaluza de Salud Pública, como por ejemplo la guía Acción Comunitaria para Ganar Salud y Orientaciones didácticas para la Acción Comunitaria.

Pero siempre resulta enriquecedor abrir la mirada hacia nuevos horizontes, y en concreto el contexto latinoamericano suele aportar perspectivas interesantes. A partir de un exploración sobre el abordaje de los activos en salud en América Latina junto con Mariano Hernán y Patricia Pérez, esta última nos acercó a experiencias de diferentes territorios del continente, pero una de ellas me llamó especialmente la atención. Además, hemos tenido la suerte de que en este año hayan publicado un material sistematizando su propuesta de trabajo: "Activación Comunitaria desde sus recursos. Un enfoque participativo". Se trata de un documento sencillo pero muy trabajado y bien explicado, que pone de relieve algunas de las características que me parecen más innovadoras de su planteamiento.

En primer lugar, sitúan todo el trabajo en relación con procesos de construcción de la identidad comunitaria. Parten de una mirada hacia el pasado que permita recuperar elementos, personas y acontecimientos clave para poder entender mejor así la realidad presente y proyectar un horizonte futuro hacia el que se quiera avanzar. Esto permite enraizar y dar sentido colectivo e histórico a los diferentes proyectos que se puedan ir poniendo en marcha a lo largo del proceso.

Por otro lado, se distingue de manera clara el papel que pueden tener como facilitadores quienes ponen en marcha un proceso de este tipo, del protagonismo que deben ir asumiendo los miembros de la comunidad como parte esencial de estos procesos, con una función de conectores (de hecho se les nombra así, y no como promotores o agentes, como se hace en otros proyectos, lo cual creo que es un acierto, porque clarifica lo esencial de su tarea). Y es que la apuesta central de este modelo, concretada en los diferentes pasos que proponen en su sistematización, es la de generar encuentros, conexiones y diálogos, así como prácticas que permitan experimentar a los miembros de la comunidad sus capacidades para así poder fortalecerlas y potenciarlas colectivamente. Por eso, por ejemplo, inciden en la importancia de reflexionar bien sobre qué acciones pueden desarrollarse con éxito, aunque sean en un primer momento pequeñas, pero que permitan ir poniendo en marcha una dinámica participativa que se apoye en la confianza y reconocimiento mutuo del potencial que se tiene dentro de la comunidad.

Una propuesta interesante, en definitiva, y que puede enriquecer todo el trabajo que acá andamos haciendo sobre activos en salud y salutogénesis en el ámbito comunitario español. ¿Nos ponemos a ello?


9 jun 2024

Desigualdades, opresiones, resistencias, luchas (II): Tejidos de violencias y cuidados

Hay una red. Un tejido entremezclado en el que se cruzan diferentes características: la edad, el género, la clase social, el estatus migratorio, el territorio que se habita, la capacidad funcional, la sexualidad... por señalar algunas de entre otras muchas que puede haber. Cada una de ellas señala un eje del tejido, y en función de la potencia acumulada en ese eje podemos encontrar mayor debilidad o fuerza en ese extremo del tejido, más capacidad de acoger dentro de la red o más tensión para rebotar lo que choque contra ella.

Llego a esta imagen preguntándome cómo poder representar los ejes de desigualdad. Pero en esa búsqueda, como ocurre en tantas otras búsquedas importantes, tropiezo con las palabras, que muestran lo que deben y ocultan lo que quieren. 

Y es que es frecuentemente se utiliza el término "desigualdades" para hablar de diferencias en salud que son sistemáticas, tienen un origen social y por tanto son evitables e injustas. Hay quien señala que sería más correcto usar la palabra "inequidades", para remarcar así la última parte de la definición. Sin embargo, sigue faltando algo... ¿qué dinámicas, qué fuerzas generan estas diferencias? ¿O es algo que ya viene dado y que se mantiene por inercia? 

¿Y si, en vez de señalar inequidad y justicia como los polos entre los que nos movemos, habláramos de opresión y de liberación?

18 jul 2023

Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (II): Injusticias, saberes y salud

"Ayuda solo es si viene de quien esté más o menos como tú. Si está por encima no existe la empatía, te juzgan como si no lo estuvieras haciendo lo suficientemente bien, todo el esfuerzo que haces solo lo sabe quien está pasando por lo que tú." 


Nos cuesta reconocer las relaciones de poder que atraviesan las relaciones entre profesionales y ciudadanía. En diferentes campos, educativo, social o sanitario, se reconoce y prioriza como saber experto el de quien trabaja en ese ámbito, a costa de empequeñecer e incluso invisibilizar los conocimientos adquiridos a través de la experiencia de vida (a este saber desde el ámbito académico le llaman "saber lego", otro palabro de esos que termina confundiendo más que clarificar). Esta injustica en el reconocimiento de los saberes (aka "injusticia epistémica") tiene dos consecuencias muy importantes: 
  • eleva el estatus de una parte de la relación, potenciando el poder que tiene sobre la otra parte. 
  • limita el campo de conocimiento a explorar, al no reconocer más que el saber que hay en un lado y la ignorancia que hay en el otro, en vez de partir de que todos y todas tienen algo que aportar y mucho que aprender mutuamente.

14 nov 2022

Nuestros nombres y la salud

"¿Y ahora qué?". Hoy vivimos una manifestación histórica en defensa de la Sanidad Pública y contra el desmantelamiento de la Atención Primara, inundando calles y avenidas como no se veía hacía muchos años, con la alegría compartida por el encuentro y la potencia colectiva que de nuevo se siente en marcha... ¡Aquí estamos! ¡Dignidad en pie frente a quien no hace más que pisotear derechos!

"¿Y ahora qué?", pregunta un amigo al acabar, "¿Cuál es el plan?". ¿Presionar para conseguir minimizar los daños causados con los últimos planes, que han roto el sistema de atención extrahospitalaria de urgencias? ¿Empujar para volver a la situación anterior, dándola por buena? ¿Hacer campaña para conseguir el cambio político en las próximas elecciones y quitar del gobierno autonómico a quien viene desmantelando el sistema público de salud desde hace décadas, mientras favorece el negocio privado en este campo? Pues habrá que poner fuerzas en ello, está claro, pero no serán más que medidas paliativas si no nos atrevemos a mirar y dar pasos más allá de este marco limitado.

5 oct 2022

Fuera de mi

 Algunas ideas y ecos entresacados de la lectura de "La expulsión de lo distinto", de Byung-Chul Han, que me parecen muy sugerentes para enfrentar diferentes crisis en torno a la salud mental en el momento actual.  

Cada vez más, el ego se sitúa en el lugar central de nuestra experiencia vital. Un lugar central desde el que se expulsa lo distinto y se niega la distancia necesaria para reconocer y encontrarse con el otro. La inmediatez y la transparencia del mundo virtual y sus conexiones impiden generar la distancia que permite ver a la otra persona, a la que es diferente, enfrente nuestra. Todo es igual, todo es yo, todo es lo mismo... Y a la vez se derrumba la autoestima, aumentan las autolesiones. ¿Cómo es posible? Va a resultar que necesito la mirada de la otra persona, su reconocimiento, su aprecio para poder así apreciarme. Sin esa mirada que confirma ¿quién es capaz de sostenerse? ¿quién puede respirar sin amor? ¿y si el daño a una misma fuera una llamada de auxilio pidiendo ser amada?

14 ene 2022

Gente haciendo cosas (Levantando la mirada V)

Hay libros que te atrapan y no te sueltan hasta el final. Y hay otros, por el contrario, que te asaltan desde la portada y cuyo planteamiento ya te conecta con ciertas claves. Eso me ha pasado con el último de P. Virno "Sobre la impotencia". Así que no sé lo que da de sí el libro, pero (me/nos) reconozco en esta presentación:

"Las formas de vida contemporáneas están marcadas por la impotencia. Sea que esté en juego un amor sin igual o la lucha contra el trabajo precario, una parálisis frenética aprisiona la acción y el discurso. No se logra hacer aquello que conviene y se desea, y al mismo tiempo no somos capaces de sufrir de manera apropiada los golpes a los que estamos sometidos. Pero allí donde parece haber una falta, (en realidad hay) un exceso de competencias y habilidades. Saboreamos la potencia, pero no la podemos volver acto; situación que genera todo un catálogo de pasiones tristes: arrogancia manchada de abatimiento, timidez descarada, alegría por los naufragios, resignación beligerante, solidaridad refunfuñante."

14 oct 2021

Determinantes, Desigualdades, Violencias (Levantando la mirada III)

"La pandemia nos afecta a todos por igual" fue uno de los primeros tópicos en desmontarse al ir conociendo datos de cómo la COVID-19 afectaba, al igual que muchas otras enfermedades, más y de forma más agresiva a quienes viven en mayor precariedad, mientras que las grandes fortunas se hacían aún mayores y los mecanismos de toma de decisiones se centralizaban en el contexto de emergencia, restando capacidad de acción local.

De repente, aspectos como la vivienda, el trabajo, los cuidados y las relaciones sociales mostraban de manera clara su vinculación con la salud. Los determinantes sociales en salud (DSS) saltaban a primera plana, aunque no se traducían en políticas ambiciosas a la altura de la determinación con la que se implantaban medidas de distanciamiento. ¿Por qué esta parálisis de acción pese a constatar la importancia de estos factores?

Quizás nos hace falta dar un paso más allá. Si no solo enumeramos los DSS como nuevas variables sino que estudiamos cómo se relacionan estos aspectos clave (vivienda, trabajo, ingresos, redes) entre ellos y con el sistema político y económico en el que vivimos, el cuadro resultante cambia bastante. Ya no limitaremos a medir la influencia de factores independientes, sino que podremos entender mejor el entretejido de las diferentes fuerzas y construcciones sociales que influyen en los procesos de salud y enfermedad, como propone el modelo de la Determinación Social de la Salud (cuya diferencia con el modelo de los DSS va mucho más allá del cambio de plural a singular). 

Esto nos permitirá abordar no solo los efectos de los factores sociales, políticos y estructurales en la salud, sino también su origen y estructura, algo clave para no quedarnos en medidas paliativas de reducción de daños. Y esto nos enfrenta a dos cuestiones clave: la del poder y la de las desigualdades / inequidades, así como a su construcción histórica, socio-económica, política y cultural en cada contexto local.

En este sentido es muy clarificador como Paul Farmer señala la cuestión de la violencia estructural como un aspecto invisibilizado que es clave incorporar a nuestros análisis: "no es posible tener un debate honesto sobre alcoholismo entre nativos americanos, o sobre adicción a drogas entre afroamericanos, sin abordar la historia de genocidio y esclavismo en Norteamérica. Este comentario suele ser visto como extraño en círculos médicos y de salud pública, en los que los debates sobre abuso de sustancias están desocializados, vistos como problemas personales y psicológicos en vez de sociales. Así, se perpetua la violencia estructural a través de la omisión analítica". ¿Nos atrevemos a incorporar este enfoque en nuestro entorno cuando atendemos a poblaciones históricamente violentadas, como el pueblo gitano o las comunidades migrantes? ¿Y con "nuevas" realidades emergentes, como las casas de juego en barrios populares o la soledad no deseada? ¿Cómo puede transformar este enfoque nuestra acción?

Lo que está claro es que esto nos empuja a abrir el foco: ¿y si identificáramos las relaciones entre violaciones de derechos humanos con los procesos de salud / enfermedad? ¿Y si a partir de este análisis trabajáramos conjuntamente con otros agentes sociales y comunitarios para generar respuestas que pudieran cambiar realmente las condiciones estructurales? No es fácil, eso seguro, pero el impacto de estas cuestiones sobre la salud es tan brutal que... ¿no tendremos que ponernos de una vez a ello?


8 oct 2021

El nudo que nos atrapa (Levantando la mirada II)

Andamos con la mirada baja, atrapada en el día a día, sin un horizonte claro. Atrapados. Entrampados. ¿Porqué? Razones hay muchas, seguro, pero a mi me resulta muy esclarecedor lo que señala Alessandro Baricco al final de su texto "Lo que estábamos buscando", señalando dos fuerzas opuestas y contrarias que generan un torbellino sordo en el que se sostiene el momento actual:

"La primera fuerza. El virus no es democrático. El virus fortalece a los poderosos, acaba con los pobres. El virus no hace caer la bolsa de valores, sino que devasta la economía informal. En presencia del virus los ricos también mueren, por supuesto, pero los que viven mal son sobre todo los pobres. Decenas de millones de personas están sufriendo un retroceso que los deja en manos de la beneficencia. El poder político ha regresado al centro del terreno de juego en un resurgir ultrarrápido que lo ha apartado de una agonía irreversible. Toda una élite intelectual ha vuelto a ser escuchada en lugar de permanecer archivada. La ira social se ha visto desactivada, confinada, silenciada. Así, la Pandemia acaba por afilar las garras de un poder que estaba perdiendo a su presa. Contiene una energía que tiende a detener los tiempos, a restaurar aquello que había decaído.

(...)

La segunda fuerza. Al mismo tiempo, el cambio de fase de la Pandemia le quita, por así decirlo, un latido a las pulsaciones del poder. Durante un largo tiempo, suspende la secuencia lógica que hacía que cualquier mundo diferente a este pareciera imposible, produciendo una apnea en el sistema. Rompe la cadena de lo inevitable y, al incluir experiencias inéditas, les devuelve a los humanos la capacidad de pensar lo impensable: no como un juego de la fantasía, sino como una técnica de Construcción, como una forma de racionalidad. Esto debe entenderse literalmente, y leerse a un nivel muy práctico: en la posible caída de muchas de las columnas que sostenían el sistema, se asoma la hipótesis de que un colapso controlado, seguido de una reconstrucción con técnicas antes impensables, es la única manera de detener la degeneración crónica de la construcción de nuestro edificio-mundo."

De repente se ha abierto un espacio, una pelea en marcha entre el viejo y el nuevo mundo, entre las certezas y la incertidumbre, entre lo establecido y lo imposible que, de repente, se ha mostrado real. Y en medio de este tira y afloja navegamos en círculos, sin encontrar la salida.

Quizás haya que zambullirse de pleno en la marea generada por estas dos fuerzas para así descubrir cómo poder coger el timón. Y quizás, bueno, no, seguro que la acción comunitaria nos puede dar claves para ello... ¿Alguna experiencia en este sentido?



16 sept 2021

Levantando la mirada

Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.

Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles: 

- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.

- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.

- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.

¿Podemos hacer algo para intentar ir hacia un lado u otro o están ya todas las cartas echadas? Ahí está la cuestión... Y ahí está la importancia de levantar la vista, de mirar hacia atrás para recuperar aprendizajes y saberes sobre cómo ser y hacer juntas, de mirar hacia adelante para encontrar un horizonte que nos ponga en camino. Porque cada vez desde más lugares nos tratan como meros espectadores sin más objetivo que el consumo inmediato del presente. Inmóviles. Estériles.

Hoy levanto la mirada y me veo en la misma consulta de Atención Primaria en la que tanto aprendí al lado de un maestro y compañero del construir en común, Juan Luis Ruiz-Giménez. Pero ahora, en esta consulta a la que volví después de muchos años fuera de ella, empujado por la pandemia, veo como se va desmoronando de manera implacable un sistema de cuidado de la salud que buscaba no dejar a nadie fuera, pero que cada vez excluye y abandona más, al tiempo que machaca a quienes trabajan dentro de él. En el turno de tarde del centro de salud en el que trabajo ya faltan por cubrir la mitad de los puestos de medicina. Miles de personas sin médica de referencia. Como en tantos otros centros de salud a nuestro alrededor. "¡Hay que hacer algo!", se dice y se escucha, pero no encontramos la manera de ir más allá de los parches y las pataletas, los mensajes simples de "hace falta más" pero la falta de diálogo sobre cómo transformar y transformarnos ahora que el barco está haciendo aguas.

¿Todavía queda la esperanza para la Atención Primaria? De nosotras y nosotros depende. A primera vista, todo apunta a ir a peor. Para intentar evitarlo, andamos con prisas tratando de tapar los rotos, pero con eso poco haremos más que sostener una deriva que viene de largo. Es el momento de apostar por la alternativa comunitaria. No queda otra. Abrir las puertas, las ventanas, hablar y escuchar a quienes viven en los barrios en los que trabajamos, proponer y dejarnos cuestionar, reconocer nuestra vulnerabilidad para construir junto con la de otras personas que quieran apostar y apostarse en este hacer camino que no renuncie a un futuro mejor, más humano y en común.

No será la primera vez, ni la última. Hay muchas experiencias y saberes que nos pueden servir de brújula. Mi intención es ir compartiendo algunas de ellas, construyendo un mapa, o una caja de herramientas, o una constelación de estrellas que acompañen el camino. Habrá que ir viendo qué es más útil. Pero ya es tiempo. Porque el futuro comienza ahora.







20 oct 2018

Un propósito común

"Vemos que seguimos en el mismo lado... han pasado diez años, cinco años, y sigo con el mismo problema, sigo con el mismo dolor… Sí, vosotros avanzáis, desarrolláis, pero a la hora de la verdad nosotros estamos igual”.

Esto nos contaba Jesús, un vecino de Tetuán, cuando le invitamos a sumarse hace dos años al proyecto de Comunidades Activas en Salud. Nos conocíamos desde hacía tiempo, y la confianza construida permitía este cuestionamiento sincero, enraizado en anteriores experiencias en las que había participado en diferentes recursos por los que había pasado. En su vida, marcada por la lucha contra la pobreza y la exclusión sufrida en primera persona, se ha sentido muchas veces objeto en manos de otras personas o instituciones que han ganado siempre a su costa. Señalaba así una cuestión clave, a la que pocas veces prestamos atención: la mayor parte de proyectos y propuestas que se lanzan desde las instituciones arrancan a partir de la inquietud de determinados profesionales que buscan cómo hacer frente a cuestiones claves que es importante resolver, pero aunque puedan enfocarse a actuar sobre realidades más amplias, tanto sus objetivos como sus resultados terminan siendo determinados por quienes los ponen en marcha.

Este señalamiento que nos hacía Jesús nos ha marcado profundamente a lo largo de todo el proyecto. El punto de partida era claro: generar un proceso de diálogo colectivo entre profesionales y personas en situación de pobreza que permitiera identificar las barreras para el cuidado de la salud que encuentran estas últimas y elaborar propuestas para revertirlas. Pero, ¿cómo avanzar de manera que quienes viven en condiciones más precarias puedan sentir que sacan algo en claro a lo largo del proceso? ¿Qué debíamos intentar ganar colectivamente, que no supusiera solo una mejora para quienes estamos desde un rol profesional o para los colectivos o instituciones a los que pertenecemos? Hablando claro, ¿cómo hacer para que este proyecto no fuera sólo algo que sumar a nuestro currículum, personal e institucional, sino que personas como Jesús, Mª Ángeles, Estrella, Paloma, Nacho, Juan y Tamara sintieran que su participación en el mismo servía de verdad para cambiar sus vidas y la realidad social que les rodea? Un vecino de Vallecas nos dió una de las claves:

“De todo lo malo que hemos aprendido nosotros, los que hemos vivido los males de la miseria, hay que hacerles ver que no pueden seguir las cosas así, que no se pueden destruir las vidas como se han destruido las nuestras. Si lo ven se darían cuenta de que tienen que aprender de nosotros.”  

A lo largo de estos dos años de andadura de Comunidades Activas en Salud hemos buscando entendernos sobre cuáles podían ser los objetivos compartidos entre personas en situaciones tan diferentes como las vecinas y vecinos de Tetuán y Vallecas en situación de pobreza y profesionales de diferentes recursos de estos distritos. Hemos escuchado y recogido las diferentes miradas posibles sobre la salud y sus determinantes, así como propuestas para poder avanzar en una dinámica de salud comunitaria que no deje a nadie fuera. Un camino que hemos recorrido despacio, prestando atención para poder andarlo colectivamente, a un paso que no dejara a nadie atrás, y en el que hemos ido aprendiendo a mirar a nuevos lugares y con una perspectiva más amplia.


Así, al hablar de determinantes y desigualdades en salud, hablamos desde el principio de recursos, pero también de relaciones personales y de la distribución social del poder, como señalaba una de las mujeres que vino desde la Asociación Barró:

Queremos que haya más recursos, pero también que se pongan más en nuestra situación los profesionales y voluntarios que están a nuestra altura. Si ellos no se ponen en nuestra situación, ¿cómo vamos a conseguir que nos entiendan los políticos, los que están más alto? Queremos que nos den un trato mejor, que nos abran las puertas, que nos sintamos queridas, que no tengamos que estar arrastrándonos para pedir una ayuda de libros, de comida para nuestros hijos. Nos asfixia, es agobiante. Esto hay que cambiarlo y hay que empezar por abajo y que nos entiendan ellos primero. Se tienen que poner en nuestra situación, entendernos y ayudarnos a subir un escaloncito más. Si no, ¿cómo lo hacemos solas?” 

También, frente a la impotencia tantas veces sentida por quienes hemos participado en el proyecto queriendo transformar realidades complejas y que parecían venirnos grandes, ha sido importante sentir que siempre es posible hacer algo, acompañarnos mutuamente, sostenernos para seguir en marcha. Jesús lo expresaba de esta manera tan clara y simbólica:

"Esfuérzate, hazlo lo mejor que puedas... ¿Que no puedes alcanzar a lo mejor la copa del árbol? Pues a lo mejor sí a las ramas, o al principio... o recoger las hojas".

Ahora, muchos de estos aprendizajes construidos colectivamente los hemos recogido en una Guía para la Acción Colectiva desde Realidades de Pobreza, "Tejiendo Salud". En ella hay herramientas y propuestas con las que esperamos contribuir a transformar la realidad de injusticia y desigualdad que nos rodea, partiendo de una premisa clara: apoyar cualquier proyecto de lucha contra la pobreza en la experiencia, el conocimiento y la participación efectiva de quienes la sufren. En ese sentido, aún sabiendo que hay muchas cosas que hemos podido hacer mejor, nos tranquiliza escuchar cómo muchas personas en situación precaria se reconocen en los materiales recogidos en esta Guía, así como al propio Jesús, que nos marcó hace dos años el reto de que con esto deberíamos ganar todos y todas:


“Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”  

Esperamos que esta Guía estimule y ayude a poner en marcha procesos con ambiciones similares. Ya nos iréis diciendo...

Epílogo: durante todo el proceso hay muchas palabras que han hecho eco y que han invitado a profundizar en ellas, para entender mejor y alumbrar nuevas perspectivas hasta entonces desconocidas para algunas de las personas participantes sin experiencia de pobreza: herida, vergüenza, juicio, miedo... Pero hay una que cada vez que se ha pronunciado ha sido repetida como eco por unas y otros, como un latigazo que invitaba a ponerse en pie pese a todas las dificultades:

"Por encima de todo, la dignidad"



22 may 2018

Conocer, unir y separar

Pocos libros hay tan sugerentes y necesarios para abordar el tema del conocimiento de una manera global y abierta como el de "Justicia entre Saberes", de Boaventura de Sousa Santos. Y pocas profesiones necesitan tanto asomarse a estos enfoques como las sanitarias, tan entrenadas para separar, clasificar e imponer su saber, tan sensibles a la ignorancia ajena y tan ciegos/as para la propia.

Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...


"Los poderes hegemónicos que rigen la sociedad de consumo y la sociedad de información han promovido teorías e imágenes que apelan a una totalidad -sea de la especie, del mundo y hasta del universo— que existe por encima de las divisiones entre las partes que la componen. Sabemos que se trata de teorías e imágenes manipuladoras que ignoran las diversas circunstancias y aspiraciones de los pueblos, clases, géneros, regiones, etc., así como las relaciones de desigualdad, explotación y victimización que han unido las partes que componen esa seudototalidad. Sin embargo, el grado de credibilidad de estas teorías e imágenes consiste en apelar, aunque de manera manipuladora, a una comunidad imaginada de la humanidad en su conjunto. El sufrimiento ocurre en todas partes; los individuos son los que sufren, no las sociedades.

A su vez, las fuerzas contrahegemónicas han contribuido a ampliar las arenas de entendimiento político; pero, en general, las coaliciones y las alianzas han sido poco eficaces para superar las teorías de la separación, aunque lo han sido más para superar las separaciones territoriales que para superar las separaciones que provocan las diferentes formas de discriminación y opresión. Las coaliciones transnacionales han sido más fáciles entre grupos feministas y entre ecologistas o indígenas que entre unos y otros grupos Esto se debe al desequilibrio entre las teorías de la separación y las de la unión. Estas últimas, entonces, deben reforzarse para que se vuelva visible lo que hay de común entre las diferentes formas de discriminación y de opresión: el sufrimiento humano.

El respeto la por la diferencia no puede impedir la comunicación y complicidad que hace posible la lucha contra la indiferencia. El momento de peligro por el que estamos atravesando exige que profundicemos en la comunicación y la complicidad. Debemos hacerlo, no en nombre de una communitas abstracta, sino movidos por la imagen desestabillzadora del sufrimiento multiforme causado por la iniciativa humana, tan avasallador como innecesario. Las teorías de la separación, en este momento de peligro, deben formularse sin perder de vista lo que nos une; y, viceversa, las teorías de la unión deben formularse tomando en cuenta lo que nos divide. Las fronteras divisoras deben construirse con numerosas entradas y salidas. Al mismo tiempo, es importante mantener en miente que lo que une sólo une a posteriori. No es la naturaleza humana, sino la iniciativa humana la que nos une.

(…)

La comunicación y la complicidad epistemológicas se asientan en la idea de que no existe solo una forma de conocimiento, sino varias, y que es preciso optar por la que favorece la creación de imágenes desestabilizadoras y una actitud de inconformismo frente a ellas. No hay conocimiento en general ni ignorancia en general. Cada forma de conocimiento conoce en relación con un cierto tipo de ignorancia y, viceversa, cada forma de ignorancia es ignorancia de un cierto tipo de conocimiento.

(…)

Creo que el paradigma de la modernidad contiene dos formas importantes de conocimiento: conocimiento-regulación y conocimiento-emancipación. Él conocimiento-regulación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado caos, y un punto de conocimiento, denominado orden. El conocimiento-emancipación consiste en una trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado colonialismo, y un punto de conocimiento, denominado solidaridad. Si bien estas dos formas de conocimiento están igualmente inscritas en el paradigma de la modernidad, el conocimiento-regulación, durante el último siglo, ha ganado primacía total sobre el conocimiento-emancipación. Con esto, el orden pasó a ser la forma hegemónica del conocimiento, y el caos, la forma hegemónica de la ignorancia. Dicha hegemonía del conocimiento-regulación le permitió recodificar el conocimiento-emancipación en sus propios términos. Así, lo que era saber en esta última forma de conocimiento, se transformó en ignorancia (la solidaridad se convirtió en caos) v lo que era ignorancia se transformó en saber (el colonialismo fue recodificado como orden).

(…)

La solidaridad como forma de conocimiento es el reconocimiento del otro como igual siempre que la diferencia le acarree inferioridad y, como diferente, siempre que la igualdad le ponga en riesgo la identidad."

9 abr 2018

Explorando los cuidados

Ahora que las miradas van poco a poco explorando las realidades y significados de los cuidades, merece la pena bucear en algunos textos que permiten entender mejor los retos que estos nos plantean, como por ejemplo los de Gloria MarínLaura Palazzani, del que extraigo estos fragmentos sobre la articulación entre cuidados y justicia, entre práctica y teoría (gracias a las gentes de Madrid Ciudad de los Cuidados por recomendarnos estas lecturas):

El cuidado supone un relación asimétrica y no recíproca, de ello resulta un estrecho vínculo entre el concepto y la práctica. Cuidar no es un concepto abstracto o una teoría impersonal: del cuidado sólo puede derivarse una actitud interior, que se traduce en comportamiento, acción concreta en la realidad, en situaciones o contextos específicos de experiencia cotidiana. Cuidar no puede ser una práctica extrínseca (una acción exterior), sino que debe estar necesariamente conectada con una práctica interna (vivida, en la experiencia del agente), que implica el senti­miento (la capacidad se sentir algo hacia alguien), la empatía (la participación en lo vivido por el otro), la compasión (identificación del sujeto con la experiencia del otro). La obligación moral procede (espontáneamente) del interior (no es, no puede ser impuesto con coerción por reglas externas, a las que se obedece de forma pasiva).

Cuidar es, además, una práctica que se despliega en el tiempo: es un proceso, una tarea, un compromiso activo, una tensión constante; por tanto, es una virtud (en contraposición a la bioética de los principios) que se adquiere con el hábito de la conducta, sostenida y acompañada por una fuerte motivación personal. Es la práctica de la preocupación, de la atención, de la solicitud: desear el bien del otro, hacer bien al otro, en la capacidad de trascender los propios intereses inmediatos, que emergen en la situación concreta, con independencia del intercambio, en la gratuídad y el desinterés, con la lógica de la beneficencia o benevolencia hacia la alteridad.

En este sentido, en filosofía se podría definir el cuidado como actitud interior y compromiso activo de preocupación/atención responsable (a-simétrica y a-recí­proca) a quien es vulnerable.

(...)

Comprender la vulnerabilidad de los otros implica comprender la propia vulnerabilidad y, por tanto, comprender la vulnerabilidad como condi­ción humana (del otro, del sujeto, del hombre, de cada hombre). La conciencia del límite, un ser indigente, finito, la fragilidad como estructura antropológica y fun­damento de la acción moral. La vulnerabilidad es la experiencia de todos: al llegar al mundo (todos somos hijos, tenemos la certeza de haber nacido de otros, la alte- ridad es estructural, nadie se crea a sí mismo, sino que tiene necesidad de otros para nacer y para existir); en la enfermedad, en la marginalidad, en las situaciones de debilidad, al acercarse la muerte. La experiencia del límite es la experiencia de un yo que no es autosuficiente, tiene necesidad del otro y de los cuidados del otro. El yo tiene necesidad del otro para ser plenamente él mismo (para adquirir su iden­tidad); tiene necesidad de relacionarse, como condición y como manifestación de la identidad humana. El hombre (varón o mujer) es, al mismo tiempo, sujeto y objeto del cuidado; tienen necesidad de los cuidados del otro (ontológicamente) y tiene la posibilidad de cuidar del otro (éticamente).

(...)

El cuidado integra la justicia (siendo complementaria). El cuidado permite el reconocimiento del otro, y no sólo de forma racional como socius (es decir, aquel que pertenece al mismo orden de la existencia), sino también como prójimo, con empatía, pasando de la relación social, racional, abstracta, imparcial e impersonal, a la relación personal e interpersonal, de sentimientos y experiencias. En este sentido y más allá de la justicia, el cuidado justifica una especial atención a los agentes más débiles.

Justicia y cuidado, a la vez, permiten la realización plena de la dignidad humana: la justicia garantiza, en el ámbito biojurídico, una ética mínima (igualdad simétrica y recíproca). En bioética, el cuidado tiende hacia una ética de máximos (la responsabilidad con empatía, la solicitud altruista y filantrópica). El cuidado exige atender a las diferencias en la igualdad, a las condiciones humanas y reales.

Situar la justicia en las condiciones humanas, reales y concretas, permite especificar el concepto universal de justicia. La justicia por sí sola no es suficiente, el cuidado por sí solo no es suficiente. La justicia es necesaria, pero el cuidado le da sentido. Justicia y cuidado permiten combinar el universalismo abstracto con lo concreto: el cuidado va más allá de la justicia al reconocer el valor de la solidaridad, en su sentido público y universal. Por esta razón, la bioética del cuidado hace una importante contribución, huma­niza la actuación en el ámbito sanitario, contra los excesos de la técnica, de la tecnología, de la gestión, de lo empresarial, contra la despersonalización y buro- cratización de lo sanitario (basado siempre en protocolos y estadísticas). Empieza a ser relevante la educación y la formación en un saber biomédico que no sólo sea técnico, sino humano, que sepa poner énfasis en algo más que en las capacida­des técnicas (las habilidades profesionales), en la gestión (la optimización, la efi­cacia), apostando por las capacidades humanas para relacionarse (el médico, la enfermera, el trabajador de la salud, también la familia, los parientes y los amigos). La ética del cuidado anima a ampliar la perspectiva, prestando atención al bienes­tar global del paciente, considerándolo como persona (en su dimensión física, psí­quica, social y espiritual), atendiendo a la familia y al contexto social (el entorno del paciente). Cada vez es más evidente el valor de la relación interpersonal, la atención y la empatía que surja de una motivación interna (que no se limite a actuar, sino que piense en el ser), en el compromiso con el otro y con el bien del otro.


31 dic 2017

Pura determinación

Un año más se cierra, un año lleno de aprendizajes y sorpresas (y es que lo primero no puede no ir acompañado de lo segundo cuando nos atrevemos a transitar nuevos caminos). En mi caso, cierro recogiendo cabos que me han ido lanzando estos meses y que hasta ahora no he tenido tiempo de recoger, impactado y con muchas ganas de profundizar en la propuesta, nada nueva, pero si bastante  desconocida por estos lares, de la epidemiología crítica latinoamericana, su apuesta por la salud colectiva y el foco que sitúan en la Determinación Social de la Salud. No confundir, como me ha pasado a mí, con el paradigma de los Determinantes Sociales en Salud, que parece lo mismo pero no es igual.

Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.

Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:

"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.

Es decir, el análisis de los paradigmas y modelos con los que ha trabajado la epidemiología, se encuentra inevitablemente atravesado por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones en cada período histórico. Confrontaciones que no se subsanan con la adición de un reconocimiento de “causas de las causas” y de los “determinantes estructurales”, mientras sigue inserta en la misma lógica empírico-funcional.

El paradigma de la llamada epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS sobre “determinantes sociales de la salud” es otro causalismo que explica también el orden bajo la noción causal. Representa un paradigma de transición crítica por que se abre a lo estructural, rompiendo el cerco de la visión más restrictiva de la epidemiología convencional, sin que represente un cambio de paradigma, en tanto convierte las estructuras sociales en variables y no en categorías de análisis del movimiento histórico de la acumulación.

Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o
causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas de contenido crítico y de movimiento: determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).

El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del sujeto institucional, enrolado en el poder público o en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de realizaciones técnicas (tipo metas del milenio) y se propone mejorar una gobernanza, corrigiendo las distorsiones mayores, o estructurales, que amenazan la legitimidad del orden social."

¿Y entonces cómo se propone como alternativa? ¿En qué consiste el paradigma de la determinación social?

"El paradigma de la determinación social se plantea en la interfase del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la sociedad. Se propone descifrar el movimiento de la vida, de su metabolismo histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos (económicos, políticos, culturales) y del movimiento de los geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social cuyo eje es la acumulación de capital, nombre que toma en nuestras sociedades la reproducción social. 

No hay cabida en el eje vertebrador de este paradigma para colocar como objetivos estratégicos y centrales: ni la redistribución de ingreso y acceso a servicios; ni las medidas limitadas de gobernanza; ni las reivindicaciones aisladas culturales; ni las propuestas de negocio ecológico, es un paradigma que busca acompañar el esfuerzo histórico de los pueblos por derrotar y desmontar el sistema actual de acelerada acumulación de capital, exclusión social y destrucción de la naturaleza, con su modo civilizatorio consumista, contaminante y derrochador. Un paradigma que se piensa y avanza en trance de transformación integral de la sociedad capitalista no sólo para conseguir metas puntuales convencionalmente medidas en indicadores de calidad de vida, como los de ingreso, educativos, y sanitarios- sino para  emancipar a la sociedad y conseguir la vigencia plena de los 4 rubros de la vida: sustentabilidad, soberanía, solidaridad y salud/bioseguridad integral."


Para entender mejor hacia adonde apunta:

"El paradigma de la epidemiología crítica trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una investigación intercultural, interdisciplinaria y basada en la comunidad, que busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos. Una investigación y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura, produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la determinación social general que se expresan en las 4 “S” de la vida (civilización sustentable, soberana, solidaria, saludable/biosegura). 

En el marco de este paradigma, se asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de vivir, y para lograr el control y un giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que degrada también la relación sociedad - naturaleza.

No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."

¿Y cómo se consigue avanzar en esta vía? Acá va una propuesta muy sugerente y que descoloca nuestras maneras de hacer mayoritariamente desde el campo profesional:

"Para ubicar su abordaje o proyección práctica podemos situarlo en relación con los tres elementos del triángulo de la política

a) un proyecto emancipador para la salud (teoría crítica sanitaria y proyecto estratégico de incidencia sobre los procesos críticos de la determinación social).

b) un bloque social articulado de sujetos-comunidades afectados y movilizados

c) un cuerpo de conocimientos científicos y herramientas técnicas usadas y rediseñadas en dirección al avance de los dos otros elementos."
  
Generar conocimiento que permitan generar teoría y proyecto, pero no solo, sino también construir un movimiento de sujetos y comunidades afectados... 

¿Nos atrevemos? 

No es mala propuesta para el año que empieza...




16 nov 2017

¿Quién te hago ser?

Recién comienzo a leer el libro de "El burócrata y el pobre. Relación administrativa y tratamiento de la miseria", de Vincent Dubois y ya se agolpan algunas ideas que señalan algunos espacios y relaciones sobre los que no suele ponerse el foco y que sin embargo son fundamentales para entender el papel que como profesionales jugamos entre la institución y la ciudadanía.

Porque mucho se viene hablando sobre la disolución de las identidades clásicas en la sociedad actual, en la que el trabajo (y el papel que juega en relación a construir el "quien soy") está en crisis, los roles familiares y relacionales se transforman a toda velocidad y la tradición es vista muchas veces más como algo a lo que enfrentarse que como un pozo del que nutrirse. Pero pocas veces se aborda cómo ante esta falta de referentes la administración y la relación que que la ciudadanía tiene con ella termina jugando un papel cada vez más importante a la hora de definir la identidad personal, especialmente en el caso de quienes van a pedir ayuda a los diferentes dispositivos que en algún momento se alinearon con el "estado del bienestar".

Porque en este momento de debilitamiento de los espacios y redes de socialización comunitaria, las administraciones abiertas al público terminan apareciendo como espacios privilegiados de relación humana y de identificación de uno/a mismo/a. Así, la puerta de la consulta de atención primaria o del despacho de Servicios Sociales se abre a unas realidades que desbordan muchas veces su supuesto papel, y al mismo tiempo contribuyen a moldearlas dentro del sistema del que forman parte.

Esto es especialmente significativo en los casos en los que la relación se articula en torno al señalamiento de una necesidad, limitación o dificultad, siendo ésta la que justifica el ser atendido, y como tal es analizada, medida y juzgada, de manera que esta "tara" termina siendo la carta de presentación de cara a la administración, pero "encarnándose" de alguna manera y modelando la identidad de la persona, que termina interiorizando su situación a partir de ella, en una posición de inferioridad respecto al resto de la sociedad.

Al mismo tiempo, el paso de un abordaje más colectivo de los problemas sociales a una mayor individualización, como se ha producido en las últimas décadas, termina reforzando un enfoque más personalizado y biográfico que se construye en diálogo con las categorías fijadas por la administración, que tiene el poder de definir si eres "víctima", "persona en riesgo", "discapacitado", "dependiente", etc. Esta identificación por categorización termina imponiendo a las personas la manera en la que deben vivir su propia vida, asignándoles un lugar, aunque no sea el que ellas mismas reivindican.  Una categorías que no son solamente rúbricas de una nomenclatura administrativa, sino que son también categorías de juicio, y que por tanto a la hora de aplicarse pueden potenciar el rol de superioridad y dominación por parte del personal administrativo que las prescribe.

De esta manera, la relación con la administración y el proceso identitario que genera termina siendo ambivalente, ya que produce al mismo tiempo relación social y coerción, contribuye a ayudar a las personas en situación difícil a salir adelante al mismo tiempo que les mantiene en su lugar dificultando su promoción. Así, los papeles que fijan la situación (y de esta manera la identidad) de una persona, resultan ser al mismo tiempo vectores de imposición normativa y de integración.

Un militante de ATD Cuarto Mundo comentaba una Universidad Popular hace unos meses "¿Porqué están todo el día preguntando a ver si mi mujer es puta o mi hijo se droga?¿Es lo único que les interesa?". Otra comentaba "Para obtener ayudas tengo que decir que soy víctima de violencia de género. Pero ya no lo soy, ya superé esa etapa. Pero es la única manera de conseguir lo que necesito".

¿Qué papel queremos jugar? ¿Cómo revisar nuestro papel como profesionales de manera que podamos potenciar el vínculo social que se ofrece en los dispositivos en los que estamos sin encerrar en categorias estancas y marginadoras? Todo un tema a ir revisando...


24 oct 2017

De riesgos y solidaridades

Uno de los textos que más me ha impactado últimamente por su capacidad de iluminar algunos aspectos sobre los que se suele pasar de puntillas, pero que son fundamentales para poder entender nuestra manera de situarnos en relación a la salud, es el de "Viejos y nuevos riesgos: en busca de otras protecciones", de Sandra Caponi. Pero cuando además se pone en diálogo con Raúl Zibechi y su propuesta de "La mirada horizontal", merece la pena pararse, escuchar y buscar cómo resituarse.

Y es que el tema de los riesgos, su utilización en el mundo sanitario y el cómo se han enfrentado a lo largo de la historia es un tema a revisar:

"En la sociedad industrial el riesgo se asocia con los accidentes de trabajo y con la pobreza y paralelamente se vincula con las ideas de protección social y seguridad. El reconocimiento de los riesgos llevó a que fueran creadas, estimuladas y organizadas nuevas formas de solidaridad popular tales como asociaciones de ayuda mutua, las cajas obreras, las cooperativas y mutuales, redefiniéndose los roles y las nuevas funciones del Estado. Así, la protección contra los riesgos implicó, en las sociedades modernas organizadas, la construcción de redes de solidaridad profesional integradas con un Estado capaz de garantizar la existencia de estrategias de protección contra fenómenos tales como los accidentes de trabajo, el desempleo, la enfermedad o la vejez. El Estado y las categorías socio-profesionales homogéneas son las bases sobre las que se han edificado los sistemas de protección colectiva.

(...)

Mientras los riesgos clásicos se refieren a contingencias de la vida cuyas consecuencias pueden ser "dominadas porque se socializan", tales como la vejez o el desempleo, los nuevos riesgos se refieren a una serie de amenazas difusas que se confunden con las debilidades y las dificultades propias de la condición humana. A lo mejor porque estos nuevos riesgos se asocian a catástrofes naturales o a conductas individuales (el número de compañeros sexuales), y por tanto parecen llevar la marca de lo incontrolable, y consecuentemente de la frustración y el fracaso.

(...)

Si los múltiples riesgos a los que estamos expuestos en la vida moderna no son mutualizables, si su control depende de cambios de comportamiento individuales, el traslado de esta lógica a los riesgos clásicos significará necesariamente un aumento de la desprotección y el aislamiento. Trasladar esa lógica a los accidentes de trabajo, a la vejez, a la enfermedad, a la violencia o al desempleo significa retirar las protecciones sociales y substituirlas por la lógica de la responsabilidad individual. Por esa razón "la ideología generalizada e indiferenciada del riesgo [la llamada "sociedad del riesgo"] se ofrece hoy como la referencia teórica privilegiada para enunciar la insuficiencia, el carácter obsoleto, de los dispositivos clásicos de protección".

(...)

La relación entre riesgo, accidente y pobreza estudiada por los higienistas del siglo XIX se ha subordinado a una nueva percepción sobre los riesgos, la de una amenaza difusa y permanente que nos condena inevitablemente al fracaso. La desaparición y el debilitamiento de las protecciones sociales clásicas dan testimonio de esa subordinación, que no por haber sido reiteradamente denunciada ha dejado de ser verdadera. El repliegue de las clásicas protecciones estatales contra la vejez o contra la violencia, y la inevitable consecuencia de que esas protecciones están en nuestras manos (como controlar el estrés o la taza de colesterol) genera monstruosidades."


Una perspectiva que nos permite resituar el concepto de riesgo y abordar los problemas que conlleva su enfoque actual mayoritario, ¿no? Pues actuemos en consecuencia, así debería ser... Y ahí es donde Zibechi muestra un camino que aunque es bastante evidente tras leer lo anterior, nos cuesta asumir desde nuestras tradiciones de lucha colectiva:

"Otro de los errores que parece necesario combatir es la obsesión por el estado. Este aspecto tiene dos vertientes. Por un lado, el estado sigue siendo un referente esencial para el movimiento popular, que sigue pretendiendo -como en el período del estado benefactor- que resuelva los problemas acuciantes de la gente. La mayor parte de las energías de los movimientos aparecen destinadas a exigir que el estado cumpla un papel que ya ni quiere ni puede cumplir. La mayoría de las luchas tienen como destinatario al aparato estatal, en sus diferentes ramas o poderes. 

Esto provoca tanto la subordinación de los movimientos a la lógica del poder estatal como dificulta que esos movimientos se concentren en la autoayuda en los niveles de base, única forma de recrear las redes de solidaridad entre los de abajo. 

(...)

Parece necesario, para trabajar por la emancipación social, abrir espacios propios fuera del alcance y de la lógica del mercado, donde construir poderes locales democráticos y autónomos. Espacios en los que sea posible ensayar nuevas formas de vida, como fueron los sindicatos, las organizaciones obreras y los barrios proletarios. Deberían ser una suerte de “laboratorios culturales” en los que hombres y mujeres sean capaces de tejer vínculos cara a cara, directos y sin intermediaciones. Espacios que sean lo suficientemente libres y abiertos como para permitir experimentar sin temor a los errores y fracasos, única forma de crear las condiciones para que se inviertan, o subviertan, los valores dominantes. Una larga práctica en espacios no contaminados, o escasamente contaminados, por la lógica dominante (incluso por el mercadeo político), puede dar pie a que se practiquen y reflexionen nuevas formas de vida, códigos propios, que vayan dando origen a una cultura política diferente, basada en la autonomía. 

(...)

Demasiado tiempo lleva el movimiento social mirando hacia afuera, hacia el estado, las instituciones, los poderes públicos o los llamados países socialistas. Mirar hacia afuera es lo que aprendimos, lo que la sociedad moderna exige; salir hacia afuera para construir otro mundo, una correlación de fuerzas más favorable. Nuestro propio mundo se ha evaporado -entre otras razones- por no prestarle la suficiente atención. Esta tendencia debe invertirse. 

(...)

Se trata de luchar, en cada lugar, por más democracia: en el barrio, en la fábrica, en el centro de estudio, en la familia. Sólo así podremos construir poderes democráticos en base a vínculos sociales solidarios y abrir espacios de sociabilidad popular. En esta lucha, debería ir tomando cuerpo una ética de la autonomía y de la diferencia, relaciones intersubjetivas que consideren a todos y todas sujetos iguales que colaboren y cooperen entre sí, rehuyendo la competencia que alienta el sistema."

Es importante revisar y calibrar nuestras brújulas... Y a mí esta pareja me ayuda a centrarla en torno a unas referencias que me parecen esenciales. A seguir caminando pues...

16 oct 2017

7 Razones por las que apoyar #LosCuidados

Llevamos ya algo más de 30 días en campaña de crowdfunding de #LosCuidados, y este tiempo de presentar el proyecto y dialogarlo ha sido, como siempre que se abre algo a compartir, muy rico e interesante, y me ha ayudado a entender mejor el porqué tiene sentido apoyar una aventura como esta. Así que ahora que estamos en la recta final de cara a conseguir el mínimo presupuesto para hacerlo posible, acá lanzo las 7 principales razones que encuentro para apoyar este proyecto, por si pueden animar a alguien indeciso en estos días finales.


1.- La salud no debe ser un negocio, pero se hacen muchos negocios (cada vez más), con la salud. Las industrias farmacológicas y tecnológicas nos avasallan con mensajes constantes vendiéndonos las bondades de sus productos, tergiversando el sentido de lo que es la salud. Para recuperar este sentido es necesario recuperar las narrativas a pie de barrio, una búsqueda en la que ha participado desde hace años el C.S. Vicente Soldevilla y de la que se hace eco este proyecto de #LosCuidados.

2.- Se acumulan desde hace tiempo los datos sobre la influencia de los Determinantes Sociales en la Salud. Pero este saber se puede conseguir también de una manera más directa, preguntando directamente a la población, como hicieron los profesionales del C.S. Vicente Soldevilla en los años 90, lo que les llevó a escuchar con claridad el mensaje de gran parte del vecindario de San Diego: "sin vivienda digna, no hay salud". Eso cambió para siempre la práctica de algunxs de estxs profesionales y sus vínculos con la comunidad. Y de esta historia podemos seguir aprendiendo muchxs otrxs.

3.- Esta práctica que se puso en marcha en torno al C.S. Vicente Soldevilla permite recuperar muchas claves de cómo establecer una colaboración fructífera entre un colectivo profesional y el vecindario para garantizar los derechos y la salud de todxs. Una oportunidad para entender mejor qué es la participación y como entrelazar luchas entre instituciones y ciudadanía, algo tan en la picota ahora mismo.

4.- Al mismo tiempo, los encuentros cotidianos que han ido entrelazando las vidas de esta gente se han entroncado en torno a una dimensión frecuentemente olvidada, invisibilizada o tergiversada: la de los cuidados. Por eso es necesario poder reconstruir esta historia común poniendo bajo los focos lo que ha sido su núcleo vital, esta búsqueda compartida en torno a cómo sostener y acariciar la vida.

5.- Cada vez se toma más conciencia, dentro de algunos colectivos profesionales y activistas, de la importancia de las dimensiones comunitarias de la salud y de la centralidad de los cuidados. Pero en otros ámbitos estos temas siguen siendo minoritarios, incluso marginales. Por eso creemos que es necesario apostar por contar, de manera atractiva y accesible para todo el mundo, las claves de esta historia, en un documental y un libro que sea bonito al mismo tiempo que cargado de significado. 

6.- Pero más allá, o más acá, de estas razones, la más importante para mí es que detrás de este proyecto y de esta experiencia hay nombres muy concretos y muy reales, de personas por las que merece la pena apostar porque ellas han apostado siempre por otrxs: Juan Luis, Mª José, Antonio, Jara, Mar, María, Edith, Luis, Jesús, Marta, Victoria, Diego... Y tantas otras, como tú, como yo, gente dispuesta a creer, a soñar y a hacer realidad esos sueños.

7.- La última... Que ahora que queda tan poco para poder hacerlo posible, cuando casi 200 personas se han dejado conquistar por esta propuesta, sería una pena que con lo poco que queda no lo lográramos, ¿verdad?

9 oct 2017

Enredando

Ahora que se viene hablando tanto de participación y el enfoque comunitario de la salud, ahora que hay tantas ganas de aprender y desarrollar prácticas en este sentido, un par de píldoras del libro "Sin Poder", de Javier Encina y Ainhoa Ezeiza, que me parece claves fundamentales:

"Para pasar de sujeto individual a sujeto colectivo, no se trata de trabajar con suma de individuos, ni siquiera con suma de colectivos, no es trabajar con asociaciones ni siquiera con colectivos estructurales (inmigración, mujer,…), no es que l@s técnic@s dejen opinar ni siquiera que escuchen, no es que todo lo que se diga en un grupo esté bien, ni mal, sino que se trata de trabajar enredando y enredándose entre los cultivos sociales y desempoderandose individualmente para construir colectivamente.

(...)

El estilo de la democracia radical puede ser el de la conmoción, que contrasta explícitamente con toda forma de promoción, la cual implica suponer que la gente está paralizada (hay que moverla) o que se mueve en dirección equivocada (moverla en la dirección verdadera, que el promotor posee). La conmoción y el contagio suponen moverse con el otro y hacerlo con todo el ser, no solo con la cabeza"

6 jun 2017

¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú

"Nos tratan como si fuéramos desechos"

Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.

Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.


kamshots Flickr via Compfight cc
: Pensaba en esto leyendo la entrada de Sergio Minué en la que recupera el concepto de Bauman sobre las "vidas desperdiciadas" y cómo la aparición de una parte importante de la población señalada como "residuos humanos" puede cambiar las bases que han sustentado hasta ahora los planteamientos de los llamados "estados del bienestar". Y me surgía la duda de qué es lo que ha cambiado para que ahora esta realidad sea reconocida de manera más clara, cuando hay tantas y tantos que se sienten tratados como  meros desechos no desde hace unos años, ni siquiera como una marca de nacimiento, sino como una herencia que se transmite de generación en generación. ¿Es que ahora este problema afecta a nuevas poblaciones? ¿Quizás es que la situación actual del mundo del trabajo no permite culpar de manera individual a quienes no se quieren incorporar al mismo y evidencia de manera más clara la responsabilidad del sistema? ¿O es solo una cuestión de cantidad?

Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.

Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.

No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:

"La realidad muchas veces no la queremos mostrar, porque nos da vergüenza y porque nos ha colgado muchos prejuicios. Personas como por ejemplo yo, que me he tirado muchos años en prisión, he estado mucho tiempo en la calle tirado, he estado con problemas de drogas, he tenido problemas con familia, los servicios sociales me han quitado hijos... No al primer profesional que llega le vas a explicar toda tu vida… se lo explicas una vez, pero es que luego ellos cogen y lo apuntan en tu historial en un ordenador y luego cuando vas a ver a otro profesional entonces ya no se fijan nada más que en esa historia. Y de lo que se trata es que tienen que sacar ese problema que tú tienes en realidad en ese momento… No el que tú has tenido anteriormente… No de los años que tú has cumplido de carcel, o de los errores que has cometido y demás."

Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:

Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc 
"Te sientes cuestionada, y encima tienes que dar pena para ser ayudada… Que cuanto peor estés sabes que más ayuda te van a dar… Si vas perfumada, si vas arreglada, no te ayudan igual. La burocracia, los papeles, el cómo me miran, el “¿realmente lo necesitará o no lo necesitará?”, el que te cuestionen, eso no te ayuda nada. Te pueden pagar la luz pero te pasas tres noches sin dormir porque te sientes mal. Y eso no te va a ayudar. Si te dan un abrazo lo mismo estás a oscuras, pero no tienes ese malestar... Desgraciadamente, como lo he vivido y tengo que hablar con la trabajadora social y he estado muy mal, he llorado en muchos sitios."

Vergüenza, prejuicios, la inercia de una historia que atrapa impidiendo avanzar, la victimización como única alternativa para conseguir ayuda y no ser catalogada como un parásito del sistema... ¿Hasta dónde pueden romper este tipo de dinámicas a una persona? ¿Qué dinámicas de resistencia permiten sacar la cabeza entre tantos pisotones? De esto también tenemos que aprender de quienes se encuentran en esta situación, como nos muestra esta misma mujer:

"Me dice mi hija cuando le digo “tenemos que ir a tal sitio” “¿pero vas a llorar, mamá?”; “Yo ya no lloro, hija, yo ya no lloro”. Si me quieren ayudar, si me quieren escuchar, si me quieren atender, pues bien. Y si no, pues si me tengo que ir de mala leche, porque lo que si que no me van a quitar es mi dignidad, ¿sabes? Soy honesta, voy con dignidad y tú a mi no me tienes que tratar como una mierda porque no lo soy”.”

Pero esta semilla de resistencia y dignidad necesita unirse a otras para transformar la realidad. Y no es fácil partiendo de donde parte. Hoy comentaba José en la misma preparación de la Universidad Popular: "es tremendo ver el metro a tope, con mucha gente de pie, y el sitio que hay a mi lado vacío. Nadie se quiere sentar ahí". Varias de las otras personas presentes asintieron enseguida: a ellas les pasa lo mismo con frecuencia.

¿Puede ser este momento, en el que también los "buenos pobres" son lanzados a la basura, la ocasión para unir fuerzas y cambiar la situación? ¿Hay capacidad de conexión entre estos dos mundos para generar una masa crítica suficiente? Ahí está la clave para transformar la crisis en oportunidad, para acabar con las dinámicas que manejan a tantos seres humanos como si fueran simples bolsas de basura que esconder, quemar o triturar.