La guía ofrece orientación en el acompañamiento a la persona, la correcta realización de informes médicos, posibles iniciativas dentro del Equipo de Atención Primaria, o el trabajo con la comunidad. ¡A ponerla en práctica!
17 jun 2026
Guía Salud y Vivienda para acompañar a personas en riesgo de desahucio
La guía ofrece orientación en el acompañamiento a la persona, la correcta realización de informes médicos, posibles iniciativas dentro del Equipo de Atención Primaria, o el trabajo con la comunidad. ¡A ponerla en práctica!
25 nov 2025
¿Hay otros modelos de cuidados posibles?
Cada vez hablamos más de cuidados, al tiempo que cada vez es más difícil sostenerlos y se construyen modelos profesionalizados que, prometiendo asegurarlos, va minando nuestras propias redes y capacidades para hacerlo. Una tensión constante se va apropiando de este espacio tan importante, generando una sensación de impotencia creciente y desesperante. ¿Hay otras maneras de hacer? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde ponerlas en práctica?
En este sentido, es interesante echar un vistazo a la propuesta lanzada en Hologramas. Salud feminista entre pares para un futuro postcapitalista. No tanto porque ofrezca un modelo cerrado con respuestas a todo, sino más bien porque ayuda a recentrar el foco en torno la pregunta clave de cómo promover redes horizontales de cuidado que ayuden a abrir espacios y tiempos para mirarse (y hablarse) a unx mismx y a lxs demás.
26 dic 2024
Activación Comunitaria, Identidad y Conectores
9 jun 2024
Desigualdades, opresiones, resistencias, luchas (II): Tejidos de violencias y cuidados
Hay una red. Un tejido entremezclado en el que se cruzan diferentes características: la edad, el género, la clase social, el estatus migratorio, el territorio que se habita, la capacidad funcional, la sexualidad... por señalar algunas de entre otras muchas que puede haber. Cada una de ellas señala un eje del tejido, y en función de la potencia acumulada en ese eje podemos encontrar mayor debilidad o fuerza en ese extremo del tejido, más capacidad de acoger dentro de la red o más tensión para rebotar lo que choque contra ella.18 jul 2023
Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (II): Injusticias, saberes y salud
Nos cuesta reconocer las relaciones de poder que atraviesan las relaciones entre profesionales y ciudadanía. En diferentes campos, educativo, social o sanitario, se reconoce y prioriza como saber experto el de quien trabaja en ese ámbito, a costa de empequeñecer e incluso invisibilizar los conocimientos adquiridos a través de la experiencia de vida (a este saber desde el ámbito académico le llaman "saber lego", otro palabro de esos que termina confundiendo más que clarificar). Esta injustica en el reconocimiento de los saberes (aka "injusticia epistémica") tiene dos consecuencias muy importantes:
- eleva el estatus de una parte de la relación, potenciando el poder que tiene sobre la otra parte.
- limita el campo de conocimiento a explorar, al no reconocer más que el saber que hay en un lado y la ignorancia que hay en el otro, en vez de partir de que todos y todas tienen algo que aportar y mucho que aprender mutuamente.
14 nov 2022
Nuestros nombres y la salud
"¿Y ahora qué?", pregunta un amigo al acabar, "¿Cuál es el plan?". ¿Presionar para conseguir minimizar los daños causados con los últimos planes, que han roto el sistema de atención extrahospitalaria de urgencias? ¿Empujar para volver a la situación anterior, dándola por buena? ¿Hacer campaña para conseguir el cambio político en las próximas elecciones y quitar del gobierno autonómico a quien viene desmantelando el sistema público de salud desde hace décadas, mientras favorece el negocio privado en este campo? Pues habrá que poner fuerzas en ello, está claro, pero no serán más que medidas paliativas si no nos atrevemos a mirar y dar pasos más allá de este marco limitado.
5 oct 2022
Fuera de mi
Algunas ideas y ecos entresacados de la lectura de "La expulsión de lo distinto", de Byung-Chul Han, que me parecen muy sugerentes para enfrentar diferentes crisis en torno a la salud mental en el momento actual.
Cada vez más, el ego se sitúa en el lugar central de nuestra experiencia vital. Un lugar central desde el que se expulsa lo distinto y se niega la distancia necesaria para reconocer y encontrarse con el otro. La inmediatez y la transparencia del mundo virtual y sus conexiones impiden generar la distancia que permite ver a la otra persona, a la que es diferente, enfrente nuestra. Todo es igual, todo es yo, todo es lo mismo... Y a la vez se derrumba la autoestima, aumentan las autolesiones. ¿Cómo es posible? Va a resultar que necesito la mirada de la otra persona, su reconocimiento, su aprecio para poder así apreciarme. Sin esa mirada que confirma ¿quién es capaz de sostenerse? ¿quién puede respirar sin amor? ¿y si el daño a una misma fuera una llamada de auxilio pidiendo ser amada?14 ene 2022
Gente haciendo cosas (Levantando la mirada V)
14 oct 2021
Determinantes, Desigualdades, Violencias (Levantando la mirada III)
8 oct 2021
El nudo que nos atrapa (Levantando la mirada II)
16 sept 2021
Levantando la mirada
Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.
Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles:
- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.
- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.
20 oct 2018
Un propósito común
Esto nos contaba Jesús, un vecino de Tetuán, cuando le invitamos a sumarse hace dos años al proyecto de Comunidades Activas en Salud. Nos conocíamos desde hacía tiempo, y la confianza construida permitía este cuestionamiento sincero, enraizado en anteriores experiencias en las que había participado en diferentes recursos por los que había pasado. En su vida, marcada por la lucha contra la pobreza y la exclusión sufrida en primera persona, se ha sentido muchas veces objeto en manos de otras personas o instituciones que han ganado siempre a su costa. Señalaba así una cuestión clave, a la que pocas veces prestamos atención: la mayor parte de proyectos y propuestas que se lanzan desde las instituciones arrancan a partir de la inquietud de determinados profesionales que buscan cómo hacer frente a cuestiones claves que es importante resolver, pero aunque puedan enfocarse a actuar sobre realidades más amplias, tanto sus objetivos como sus resultados terminan siendo determinados por quienes los ponen en marcha.
Este señalamiento que nos hacía Jesús nos ha marcado profundamente a lo largo de todo el proyecto. El punto de partida era claro: generar un proceso de diálogo colectivo entre profesionales y personas en situación de pobreza que permitiera identificar las barreras para el cuidado de la salud que encuentran estas últimas y elaborar propuestas para revertirlas. Pero, ¿cómo avanzar de manera que quienes viven en condiciones más precarias puedan sentir que sacan algo en claro a lo largo del proceso? ¿Qué debíamos intentar ganar colectivamente, que no supusiera solo una mejora para quienes estamos desde un rol profesional o para los colectivos o instituciones a los que pertenecemos? Hablando claro, ¿cómo hacer para que este proyecto no fuera sólo algo que sumar a nuestro currículum, personal e institucional, sino que personas como Jesús, Mª Ángeles, Estrella, Paloma, Nacho, Juan y Tamara sintieran que su participación en el mismo servía de verdad para cambiar sus vidas y la realidad social que les rodea? Un vecino de Vallecas nos dió una de las claves:
“De todo lo malo que hemos aprendido nosotros, los que hemos vivido los males de la miseria, hay que hacerles ver que no pueden seguir las cosas así, que no se pueden destruir las vidas como se han destruido las nuestras. Si lo ven se darían cuenta de que tienen que aprender de nosotros.”
Así, al hablar de determinantes y desigualdades en salud, hablamos desde el principio de recursos, pero también de relaciones personales y de la distribución social del poder, como señalaba una de las mujeres que vino desde la Asociación Barró:
“Queremos que haya más recursos, pero también que se pongan más en nuestra situación los profesionales y voluntarios que están a nuestra altura. Si ellos no se ponen en nuestra situación, ¿cómo vamos a conseguir que nos entiendan los políticos, los que están más alto? Queremos que nos den un trato mejor, que nos abran las puertas, que nos sintamos queridas, que no tengamos que estar arrastrándonos para pedir una ayuda de libros, de comida para nuestros hijos. Nos asfixia, es agobiante. Esto hay que cambiarlo y hay que empezar por abajo y que nos entiendan ellos primero. Se tienen que poner en nuestra situación, entendernos y ayudarnos a subir un escaloncito más. Si no, ¿cómo lo hacemos solas?”

“Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”
Esperamos que esta Guía estimule y ayude a poner en marcha procesos con ambiciones similares. Ya nos iréis diciendo...
Epílogo: durante todo el proceso hay muchas palabras que han hecho eco y que han invitado a profundizar en ellas, para entender mejor y alumbrar nuevas perspectivas hasta entonces desconocidas para algunas de las personas participantes sin experiencia de pobreza: herida, vergüenza, juicio, miedo... Pero hay una que cada vez que se ha pronunciado ha sido repetida como eco por unas y otros, como un latigazo que invitaba a ponerse en pie pese a todas las dificultades:
22 may 2018
Conocer, unir y separar
Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...
9 abr 2018
Explorando los cuidados
El cuidado supone un relación asimétrica y no recíproca, de ello resulta un estrecho vínculo entre el concepto y la práctica. Cuidar no es un concepto abstracto o una teoría impersonal: del cuidado sólo puede derivarse una actitud interior, que se traduce en comportamiento, acción concreta en la realidad, en situaciones o contextos específicos de experiencia cotidiana. Cuidar no puede ser una práctica extrínseca (una acción exterior), sino que debe estar necesariamente conectada con una práctica interna (vivida, en la experiencia del agente), que implica el sentimiento (la capacidad se sentir algo hacia alguien), la empatía (la participación en lo vivido por el otro), la compasión (identificación del sujeto con la experiencia del otro). La obligación moral procede (espontáneamente) del interior (no es, no puede ser impuesto con coerción por reglas externas, a las que se obedece de forma pasiva).
Cuidar es, además, una práctica que se despliega en el tiempo: es un proceso, una tarea, un compromiso activo, una tensión constante; por tanto, es una virtud (en contraposición a la bioética de los principios) que se adquiere con el hábito de la conducta, sostenida y acompañada por una fuerte motivación personal. Es la práctica de la preocupación, de la atención, de la solicitud: desear el bien del otro, hacer bien al otro, en la capacidad de trascender los propios intereses inmediatos, que emergen en la situación concreta, con independencia del intercambio, en la gratuídad y el desinterés, con la lógica de la beneficencia o benevolencia hacia la alteridad.
En este sentido, en filosofía se podría definir el cuidado como actitud interior y compromiso activo de preocupación/atención responsable (a-simétrica y a-recíproca) a quien es vulnerable.
(...)
Comprender la vulnerabilidad de los otros implica comprender la propia vulnerabilidad y, por tanto, comprender la vulnerabilidad como condición humana (del otro, del sujeto, del hombre, de cada hombre). La conciencia del límite, un ser indigente, finito, la fragilidad como estructura antropológica y fundamento de la acción moral. La vulnerabilidad es la experiencia de todos: al llegar al mundo (todos somos hijos, tenemos la certeza de haber nacido de otros, la alte- ridad es estructural, nadie se crea a sí mismo, sino que tiene necesidad de otros para nacer y para existir); en la enfermedad, en la marginalidad, en las situaciones de debilidad, al acercarse la muerte. La experiencia del límite es la experiencia de un yo que no es autosuficiente, tiene necesidad del otro y de los cuidados del otro. El yo tiene necesidad del otro para ser plenamente él mismo (para adquirir su identidad); tiene necesidad de relacionarse, como condición y como manifestación de la identidad humana. El hombre (varón o mujer) es, al mismo tiempo, sujeto y objeto del cuidado; tienen necesidad de los cuidados del otro (ontológicamente) y tiene la posibilidad de cuidar del otro (éticamente).
(...)
El cuidado integra la justicia (siendo complementaria). El cuidado permite el reconocimiento del otro, y no sólo de forma racional como socius (es decir, aquel que pertenece al mismo orden de la existencia), sino también como prójimo, con empatía, pasando de la relación social, racional, abstracta, imparcial e impersonal, a la relación personal e interpersonal, de sentimientos y experiencias. En este sentido y más allá de la justicia, el cuidado justifica una especial atención a los agentes más débiles.
Justicia y cuidado, a la vez, permiten la realización plena de la dignidad humana: la justicia garantiza, en el ámbito biojurídico, una ética mínima (igualdad simétrica y recíproca). En bioética, el cuidado tiende hacia una ética de máximos (la responsabilidad con empatía, la solicitud altruista y filantrópica). El cuidado exige atender a las diferencias en la igualdad, a las condiciones humanas y reales.
Situar la justicia en las condiciones humanas, reales y concretas, permite especificar el concepto universal de justicia. La justicia por sí sola no es suficiente, el cuidado por sí solo no es suficiente. La justicia es necesaria, pero el cuidado le da sentido. Justicia y cuidado permiten combinar el universalismo abstracto con lo concreto: el cuidado va más allá de la justicia al reconocer el valor de la solidaridad, en su sentido público y universal. Por esta razón, la bioética del cuidado hace una importante contribución, humaniza la actuación en el ámbito sanitario, contra los excesos de la técnica, de la tecnología, de la gestión, de lo empresarial, contra la despersonalización y buro- cratización de lo sanitario (basado siempre en protocolos y estadísticas). Empieza a ser relevante la educación y la formación en un saber biomédico que no sólo sea técnico, sino humano, que sepa poner énfasis en algo más que en las capacidades técnicas (las habilidades profesionales), en la gestión (la optimización, la eficacia), apostando por las capacidades humanas para relacionarse (el médico, la enfermera, el trabajador de la salud, también la familia, los parientes y los amigos). La ética del cuidado anima a ampliar la perspectiva, prestando atención al bienestar global del paciente, considerándolo como persona (en su dimensión física, psíquica, social y espiritual), atendiendo a la familia y al contexto social (el entorno del paciente). Cada vez es más evidente el valor de la relación interpersonal, la atención y la empatía que surja de una motivación interna (que no se limite a actuar, sino que piense en el ser), en el compromiso con el otro y con el bien del otro.
31 dic 2017
Pura determinación
Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.
Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:
"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.
Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas de contenido crítico y de movimiento: determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).
No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."
16 nov 2017
¿Quién te hago ser?
Porque mucho se viene hablando sobre la disolución de las identidades clásicas en la sociedad actual, en la que el trabajo (y el papel que juega en relación a construir el "quien soy") está en crisis, los roles familiares y relacionales se transforman a toda velocidad y la tradición es vista muchas veces más como algo a lo que enfrentarse que como un pozo del que nutrirse. Pero pocas veces se aborda cómo ante esta falta de referentes la administración y la relación que que la ciudadanía tiene con ella termina jugando un papel cada vez más importante a la hora de definir la identidad personal, especialmente en el caso de quienes van a pedir ayuda a los diferentes dispositivos que en algún momento se alinearon con el "estado del bienestar".
Porque en este momento de debilitamiento de los espacios y redes de socialización comunitaria, las administraciones abiertas al público terminan apareciendo como espacios privilegiados de relación humana y de identificación de uno/a mismo/a. Así, la puerta de la consulta de atención primaria o del despacho de Servicios Sociales se abre a unas realidades que desbordan muchas veces su supuesto papel, y al mismo tiempo contribuyen a moldearlas dentro del sistema del que forman parte.
Esto es especialmente significativo en los casos en los que la relación se articula en torno al señalamiento de una necesidad, limitación o dificultad, siendo ésta la que justifica el ser atendido, y como tal es analizada, medida y juzgada, de manera que esta "tara" termina siendo la carta de presentación de cara a la administración, pero "encarnándose" de alguna manera y modelando la identidad de la persona, que termina interiorizando su situación a partir de ella, en una posición de inferioridad respecto al resto de la sociedad.
Al mismo tiempo, el paso de un abordaje más colectivo de los problemas sociales a una mayor individualización, como se ha producido en las últimas décadas, termina reforzando un enfoque más personalizado y biográfico que se construye en diálogo con las categorías fijadas por la administración, que tiene el poder de definir si eres "víctima", "persona en riesgo", "discapacitado", "dependiente", etc. Esta identificación por categorización termina imponiendo a las personas la manera en la que deben vivir su propia vida, asignándoles un lugar, aunque no sea el que ellas mismas reivindican. Una categorías que no son solamente rúbricas de una nomenclatura administrativa, sino que son también categorías de juicio, y que por tanto a la hora de aplicarse pueden potenciar el rol de superioridad y dominación por parte del personal administrativo que las prescribe.
De esta manera, la relación con la administración y el proceso identitario que genera termina siendo ambivalente, ya que produce al mismo tiempo relación social y coerción, contribuye a ayudar a las personas en situación difícil a salir adelante al mismo tiempo que les mantiene en su lugar dificultando su promoción. Así, los papeles que fijan la situación (y de esta manera la identidad) de una persona, resultan ser al mismo tiempo vectores de imposición normativa y de integración.Un militante de ATD Cuarto Mundo comentaba una Universidad Popular hace unos meses "¿Porqué están todo el día preguntando a ver si mi mujer es puta o mi hijo se droga?¿Es lo único que les interesa?". Otra comentaba "Para obtener ayudas tengo que decir que soy víctima de violencia de género. Pero ya no lo soy, ya superé esa etapa. Pero es la única manera de conseguir lo que necesito".
¿Qué papel queremos jugar? ¿Cómo revisar nuestro papel como profesionales de manera que podamos potenciar el vínculo social que se ofrece en los dispositivos en los que estamos sin encerrar en categorias estancas y marginadoras? Todo un tema a ir revisando...
24 oct 2017
De riesgos y solidaridades
Y es que el tema de los riesgos, su utilización en el mundo sanitario y el cómo se han enfrentado a lo largo de la historia es un tema a revisar:
"En la sociedad industrial el riesgo se asocia con los accidentes de trabajo y con la pobreza y paralelamente se vincula con las ideas de protección social y seguridad. El reconocimiento de los riesgos llevó a que fueran creadas, estimuladas y organizadas nuevas formas de solidaridad popular tales como asociaciones de ayuda mutua, las cajas obreras, las cooperativas y mutuales, redefiniéndose los roles y las nuevas funciones del Estado. Así, la protección contra los riesgos implicó, en las sociedades modernas organizadas, la construcción de redes de solidaridad profesional integradas con un Estado capaz de garantizar la existencia de estrategias de protección contra fenómenos tales como los accidentes de trabajo, el desempleo, la enfermedad o la vejez. El Estado y las categorías socio-profesionales homogéneas son las bases sobre las que se han edificado los sistemas de protección colectiva.
(...)
Mientras los riesgos clásicos se refieren a contingencias de la vida cuyas consecuencias pueden ser "dominadas porque se socializan", tales como la vejez o el desempleo, los nuevos riesgos se refieren a una serie de amenazas difusas que se confunden con las debilidades y las dificultades propias de la condición humana. A lo mejor porque estos nuevos riesgos se asocian a catástrofes naturales o a conductas individuales (el número de compañeros sexuales), y por tanto parecen llevar la marca de lo incontrolable, y consecuentemente de la frustración y el fracaso.
(...)
Si los múltiples riesgos a los que estamos expuestos en la vida moderna no son mutualizables, si su control depende de cambios de comportamiento individuales, el traslado de esta lógica a los riesgos clásicos significará necesariamente un aumento de la desprotección y el aislamiento. Trasladar esa lógica a los accidentes de trabajo, a la vejez, a la enfermedad, a la violencia o al desempleo significa retirar las protecciones sociales y substituirlas por la lógica de la responsabilidad individual. Por esa razón "la ideología generalizada e indiferenciada del riesgo [la llamada "sociedad del riesgo"] se ofrece hoy como la referencia teórica privilegiada para enunciar la insuficiencia, el carácter obsoleto, de los dispositivos clásicos de protección".
(...)
La relación entre riesgo, accidente y pobreza estudiada por los higienistas del siglo XIX se ha subordinado a una nueva percepción sobre los riesgos, la de una amenaza difusa y permanente que nos condena inevitablemente al fracaso. La desaparición y el debilitamiento de las protecciones sociales clásicas dan testimonio de esa subordinación, que no por haber sido reiteradamente denunciada ha dejado de ser verdadera. El repliegue de las clásicas protecciones estatales contra la vejez o contra la violencia, y la inevitable consecuencia de que esas protecciones están en nuestras manos (como controlar el estrés o la taza de colesterol) genera monstruosidades."
Una perspectiva que nos permite resituar el concepto de riesgo y abordar los problemas que conlleva su enfoque actual mayoritario, ¿no? Pues actuemos en consecuencia, así debería ser... Y ahí es donde Zibechi muestra un camino que aunque es bastante evidente tras leer lo anterior, nos cuesta asumir desde nuestras tradiciones de lucha colectiva:
Es importante revisar y calibrar nuestras brújulas... Y a mí esta pareja me ayuda a centrarla en torno a unas referencias que me parecen esenciales. A seguir caminando pues...
16 oct 2017
7 Razones por las que apoyar #LosCuidados
1.- La salud no debe ser un negocio, pero se hacen muchos negocios (cada vez más), con la salud. Las industrias farmacológicas y tecnológicas nos avasallan con mensajes constantes vendiéndonos las bondades de sus productos, tergiversando el sentido de lo que es la salud. Para recuperar este sentido es necesario recuperar las narrativas a pie de barrio, una búsqueda en la que ha participado desde hace años el C.S. Vicente Soldevilla y de la que se hace eco este proyecto de #LosCuidados.
2.- Se acumulan desde hace tiempo los datos sobre la influencia de los Determinantes Sociales en la Salud. Pero este saber se puede conseguir también de una manera más directa, preguntando directamente a la población, como hicieron los profesionales del C.S. Vicente Soldevilla en los años 90, lo que les llevó a escuchar con claridad el mensaje de gran parte del vecindario de San Diego: "sin vivienda digna, no hay salud". Eso cambió para siempre la práctica de algunxs de estxs profesionales y sus vínculos con la comunidad. Y de esta historia podemos seguir aprendiendo muchxs otrxs.
3.- Esta práctica que se puso en marcha en torno al C.S. Vicente Soldevilla permite recuperar muchas claves de cómo establecer una colaboración fructífera entre un colectivo profesional y el vecindario para garantizar los derechos y la salud de todxs. Una oportunidad para entender mejor qué es la participación y como entrelazar luchas entre instituciones y ciudadanía, algo tan en la picota ahora mismo.
4.- Al mismo tiempo, los encuentros cotidianos que han ido entrelazando las vidas de esta gente se han entroncado en torno a una dimensión frecuentemente olvidada, invisibilizada o tergiversada: la de los cuidados. Por eso es necesario poder reconstruir esta historia común poniendo bajo los focos lo que ha sido su núcleo vital, esta búsqueda compartida en torno a cómo sostener y acariciar la vida.
5.- Cada vez se toma más conciencia, dentro de algunos colectivos profesionales y activistas, de la importancia de las dimensiones comunitarias de la salud y de la centralidad de los cuidados. Pero en otros ámbitos estos temas siguen siendo minoritarios, incluso marginales. Por eso creemos que es necesario apostar por contar, de manera atractiva y accesible para todo el mundo, las claves de esta historia, en un documental y un libro que sea bonito al mismo tiempo que cargado de significado.
6.- Pero más allá, o más acá, de estas razones, la más importante para mí es que detrás de este proyecto y de esta experiencia hay nombres muy concretos y muy reales, de personas por las que merece la pena apostar porque ellas han apostado siempre por otrxs: Juan Luis, Mª José, Antonio, Jara, Mar, María, Edith, Luis, Jesús, Marta, Victoria, Diego... Y tantas otras, como tú, como yo, gente dispuesta a creer, a soñar y a hacer realidad esos sueños.
7.- La última... Que ahora que queda tan poco para poder hacerlo posible, cuando casi 200 personas se han dejado conquistar por esta propuesta, sería una pena que con lo poco que queda no lo lográramos, ¿verdad?
9 oct 2017
Enredando
"Para pasar de sujeto individual a sujeto colectivo, no se trata de trabajar con suma de individuos, ni siquiera con suma de colectivos, no es trabajar con asociaciones ni siquiera con colectivos estructurales (inmigración, mujer,…), no es que l@s técnic@s dejen opinar ni siquiera que escuchen, no es que todo lo que se diga en un grupo esté bien, ni mal, sino que se trata de trabajar enredando y enredándose entre los cultivos sociales y desempoderandose individualmente para construir colectivamente.
(...)
El estilo de la democracia radical puede ser el de la conmoción, que contrasta explícitamente con toda forma de promoción, la cual implica suponer que la gente está paralizada (hay que moverla) o que se mueve en dirección equivocada (moverla en la dirección verdadera, que el promotor posee). La conmoción y el contagio suponen moverse con el otro y hacerlo con todo el ser, no solo con la cabeza"
6 jun 2017
¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú
Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.
Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.
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Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.
Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.
No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:
Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:
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| Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc |

















