10 jul 2024
Desigualdades, opresiones, resistencias, luchas (y III): Resistencia, mestizaje y abogacía por la salud
6 ago 2023
Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (III): Haciendo historias (y poderes)
De esta manera, en los centros de salud cada vez se habla más de problemas puntuales, de lo que ocurre en ese momento concreto, de lo que ha motivado la consulta. Y claro, cada vez entendemos menos, hasta el punto de que muchas veces se termina acusando a quien acude de venir sin un motivo suficientemente justificado, y así justificamos que la solución es "educar" a la población en relación al uso de los recursos sanitarios. Sin quitar que es importante el informar y formar en este sentido... ¿no es también fundamental el que los y las profesionales entendamos mejor las realidades que atendemos?
18 jul 2023
Desigualdades, conocimiento, narrativas y acción (II): Injusticias, saberes y salud
Nos cuesta reconocer las relaciones de poder que atraviesan las relaciones entre profesionales y ciudadanía. En diferentes campos, educativo, social o sanitario, se reconoce y prioriza como saber experto el de quien trabaja en ese ámbito, a costa de empequeñecer e incluso invisibilizar los conocimientos adquiridos a través de la experiencia de vida (a este saber desde el ámbito académico le llaman "saber lego", otro palabro de esos que termina confundiendo más que clarificar). Esta injustica en el reconocimiento de los saberes (aka "injusticia epistémica") tiene dos consecuencias muy importantes:
- eleva el estatus de una parte de la relación, potenciando el poder que tiene sobre la otra parte.
- limita el campo de conocimiento a explorar, al no reconocer más que el saber que hay en un lado y la ignorancia que hay en el otro, en vez de partir de que todos y todas tienen algo que aportar y mucho que aprender mutuamente.
18 dic 2022
Nos la jugamos en los mínimos (detalles sobre Atención Primaria)
Al escribir estas líneas, la huelga de médicos de Atención Primaria en Madrid termina su cuarta semana. Comenzó el 21 de noviembre, anunciándose como una huelga indefinida, y día a día se va confirmando esta indefinición, entre el menosprecio y ninguneo de parte del gobierno autonómico y la frustración acumulada en profesionales que sentimos que ya no podemos más, tras años y años desbordadas de trabajo y engaños por parte de la administración.
Las dudas en cuanto a la duración de la huelga se van acompañando de otras en cuanto a la gestión del día a día. ¿Qué entra y qué no entra dentro de los servicios mínimos? ¿Qué situaciones hay que seguir atendiendo y de qué manera? ¿Qué es lo que puede esperar y lo que no?
14 ene 2022
Gente haciendo cosas (Levantando la mirada V)
27 dic 2021
Pulsaciones del poder (Levantando la mirada IV)
16 sept 2021
Levantando la mirada
Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.
Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles:
- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.
- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.
26 nov 2018
El empoderar ¿se va a acabar?
Con un termino tan de moda, no está de más revisar qué es lo que signfica, porque este significado va a determinar nuestro enfoque y nuestras acción. Y en este sentido es muy interesante seguir la línea que marca Consuelo Chapela, referente mexicana en promoción de la salud, en varios de sus escritos. Así, señala que según la RAE, el empoderamiento iría en la línea de:
- Dar poder a otra para que la represente en juicio o fuera de él.
- Poner algo en poder de alguien o darle la posesión de ello.
- Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido.
- Hacerse dueño de algo, ocuparlo, ponerlo bajo su poder.
- Hacerse poderoso o fuerte; prevenirse de poder o de fuerzas.
20 oct 2018
Un propósito común
Esto nos contaba Jesús, un vecino de Tetuán, cuando le invitamos a sumarse hace dos años al proyecto de Comunidades Activas en Salud. Nos conocíamos desde hacía tiempo, y la confianza construida permitía este cuestionamiento sincero, enraizado en anteriores experiencias en las que había participado en diferentes recursos por los que había pasado. En su vida, marcada por la lucha contra la pobreza y la exclusión sufrida en primera persona, se ha sentido muchas veces objeto en manos de otras personas o instituciones que han ganado siempre a su costa. Señalaba así una cuestión clave, a la que pocas veces prestamos atención: la mayor parte de proyectos y propuestas que se lanzan desde las instituciones arrancan a partir de la inquietud de determinados profesionales que buscan cómo hacer frente a cuestiones claves que es importante resolver, pero aunque puedan enfocarse a actuar sobre realidades más amplias, tanto sus objetivos como sus resultados terminan siendo determinados por quienes los ponen en marcha.
Este señalamiento que nos hacía Jesús nos ha marcado profundamente a lo largo de todo el proyecto. El punto de partida era claro: generar un proceso de diálogo colectivo entre profesionales y personas en situación de pobreza que permitiera identificar las barreras para el cuidado de la salud que encuentran estas últimas y elaborar propuestas para revertirlas. Pero, ¿cómo avanzar de manera que quienes viven en condiciones más precarias puedan sentir que sacan algo en claro a lo largo del proceso? ¿Qué debíamos intentar ganar colectivamente, que no supusiera solo una mejora para quienes estamos desde un rol profesional o para los colectivos o instituciones a los que pertenecemos? Hablando claro, ¿cómo hacer para que este proyecto no fuera sólo algo que sumar a nuestro currículum, personal e institucional, sino que personas como Jesús, Mª Ángeles, Estrella, Paloma, Nacho, Juan y Tamara sintieran que su participación en el mismo servía de verdad para cambiar sus vidas y la realidad social que les rodea? Un vecino de Vallecas nos dió una de las claves:
“De todo lo malo que hemos aprendido nosotros, los que hemos vivido los males de la miseria, hay que hacerles ver que no pueden seguir las cosas así, que no se pueden destruir las vidas como se han destruido las nuestras. Si lo ven se darían cuenta de que tienen que aprender de nosotros.”
Así, al hablar de determinantes y desigualdades en salud, hablamos desde el principio de recursos, pero también de relaciones personales y de la distribución social del poder, como señalaba una de las mujeres que vino desde la Asociación Barró:
“Queremos que haya más recursos, pero también que se pongan más en nuestra situación los profesionales y voluntarios que están a nuestra altura. Si ellos no se ponen en nuestra situación, ¿cómo vamos a conseguir que nos entiendan los políticos, los que están más alto? Queremos que nos den un trato mejor, que nos abran las puertas, que nos sintamos queridas, que no tengamos que estar arrastrándonos para pedir una ayuda de libros, de comida para nuestros hijos. Nos asfixia, es agobiante. Esto hay que cambiarlo y hay que empezar por abajo y que nos entiendan ellos primero. Se tienen que poner en nuestra situación, entendernos y ayudarnos a subir un escaloncito más. Si no, ¿cómo lo hacemos solas?”

“Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”
Esperamos que esta Guía estimule y ayude a poner en marcha procesos con ambiciones similares. Ya nos iréis diciendo...
Epílogo: durante todo el proceso hay muchas palabras que han hecho eco y que han invitado a profundizar en ellas, para entender mejor y alumbrar nuevas perspectivas hasta entonces desconocidas para algunas de las personas participantes sin experiencia de pobreza: herida, vergüenza, juicio, miedo... Pero hay una que cada vez que se ha pronunciado ha sido repetida como eco por unas y otros, como un latigazo que invitaba a ponerse en pie pese a todas las dificultades:
22 may 2018
Conocer, unir y separar
Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...
31 dic 2017
Pura determinación
Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.
Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:
"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.
Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas de contenido crítico y de movimiento: determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).
No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."
6 dic 2017
Amor prohibido
Nada más lejos de la realidad. Asistí durante dos horas a un torrente de intervenciones de las diferentes personas participantes, especialmente de aquellas en situación de mayor pobreza, espoleadas como si llevaran años esperando poder abordar este tema que tanto parecía resonarles, y cuyo compartir se enriquecía en una espiral de diálogos y reconocimiento mutuo que parecía no tener fin.
Por una vez en estas reuniones, callé. Solo abrí la boca para dar las gracias al final de la sesión por todo lo que me llevaba, mucho todavía sin digerir. Escuchar sobre las experiencias concretas en este campo, especialmente aquellas que ancladas en la primera infancia, de aquellas personas cuya realidad había sido (y en muchos casos seguía siendo) tan complicada que el amor parecía un lujo del que, sin embargo, nadie estaba dispuesto a desprenderse. De repente resonaban con fuerza esas palabra de Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo "el amor, en todas sus dimensiones y formas, es un proyecto que requiere de libertad de elección, distancia y tiempo. Para descubrir cómo los más pobres crean esos márgenes de libertad, distancia y tiempo hay que arrodillarse, pues esta libertad se produce a un nivel muy bajo". Y ahí estaba yo, con la oportunidad de poner pie a tierra, acercar el oído y escuchar, ávido de seguir aprendiendo sobre algo que descubría de repente como apasionante y necesario.
Sí, es necesario que hablemos del amor. Pero no como suele aparecer en contextos profesionales, encuadrado en sus manifestaciones más aberrantes, como una enfermedad que amenaza con desequilibrar la vida y sus fragilidades. Se multiplican los cursos, formaciones y alarmas sobre patologías relacionadas con el amor y las relaciones, y es importante, no voy a decir que no. Pero si el amor es reconocido por muchas personas como un motor fundamental para sus vidas, como un activo en salud esencial, ¿no deberíamos abordarlo también desde ese punto de vista, desde lo que aporta, construye y sana?
Sí, es difícil, hablar del amor cuando la legitimidad del conocimiento parece provenir sólo del ámbito científico y de lo cuantificable. Pero es un reto que debemos abordar si queremos acompañar realmente procesos de promoción de la salud y de cuidado de la vida. Y con él otros temas, como el perdón, la fraternidad, la esperanza... Sí, puede sonar un poco a catequesis y a más de uno/a se le pondrán los pelos de punta con esta secuencia. Pero el otro día lo decía muy claramente una militante Cuarto Mundo hablando de lo que les pide a los/as profesionales: "Por lo menos que nos den esperanza para poder cambiar". Esa, y no otra, es la prioridad que señalaba.
¿Cómo ofrecer algo a lo que no nos atrevemos a mirar de frente?
Amor, perdón, fraternidad, esperanza... deberes pendientes que tenemos.
16 nov 2017
¿Quién te hago ser?
Porque mucho se viene hablando sobre la disolución de las identidades clásicas en la sociedad actual, en la que el trabajo (y el papel que juega en relación a construir el "quien soy") está en crisis, los roles familiares y relacionales se transforman a toda velocidad y la tradición es vista muchas veces más como algo a lo que enfrentarse que como un pozo del que nutrirse. Pero pocas veces se aborda cómo ante esta falta de referentes la administración y la relación que que la ciudadanía tiene con ella termina jugando un papel cada vez más importante a la hora de definir la identidad personal, especialmente en el caso de quienes van a pedir ayuda a los diferentes dispositivos que en algún momento se alinearon con el "estado del bienestar".
Porque en este momento de debilitamiento de los espacios y redes de socialización comunitaria, las administraciones abiertas al público terminan apareciendo como espacios privilegiados de relación humana y de identificación de uno/a mismo/a. Así, la puerta de la consulta de atención primaria o del despacho de Servicios Sociales se abre a unas realidades que desbordan muchas veces su supuesto papel, y al mismo tiempo contribuyen a moldearlas dentro del sistema del que forman parte.
Esto es especialmente significativo en los casos en los que la relación se articula en torno al señalamiento de una necesidad, limitación o dificultad, siendo ésta la que justifica el ser atendido, y como tal es analizada, medida y juzgada, de manera que esta "tara" termina siendo la carta de presentación de cara a la administración, pero "encarnándose" de alguna manera y modelando la identidad de la persona, que termina interiorizando su situación a partir de ella, en una posición de inferioridad respecto al resto de la sociedad.
Al mismo tiempo, el paso de un abordaje más colectivo de los problemas sociales a una mayor individualización, como se ha producido en las últimas décadas, termina reforzando un enfoque más personalizado y biográfico que se construye en diálogo con las categorías fijadas por la administración, que tiene el poder de definir si eres "víctima", "persona en riesgo", "discapacitado", "dependiente", etc. Esta identificación por categorización termina imponiendo a las personas la manera en la que deben vivir su propia vida, asignándoles un lugar, aunque no sea el que ellas mismas reivindican. Una categorías que no son solamente rúbricas de una nomenclatura administrativa, sino que son también categorías de juicio, y que por tanto a la hora de aplicarse pueden potenciar el rol de superioridad y dominación por parte del personal administrativo que las prescribe.
De esta manera, la relación con la administración y el proceso identitario que genera termina siendo ambivalente, ya que produce al mismo tiempo relación social y coerción, contribuye a ayudar a las personas en situación difícil a salir adelante al mismo tiempo que les mantiene en su lugar dificultando su promoción. Así, los papeles que fijan la situación (y de esta manera la identidad) de una persona, resultan ser al mismo tiempo vectores de imposición normativa y de integración.Un militante de ATD Cuarto Mundo comentaba una Universidad Popular hace unos meses "¿Porqué están todo el día preguntando a ver si mi mujer es puta o mi hijo se droga?¿Es lo único que les interesa?". Otra comentaba "Para obtener ayudas tengo que decir que soy víctima de violencia de género. Pero ya no lo soy, ya superé esa etapa. Pero es la única manera de conseguir lo que necesito".
¿Qué papel queremos jugar? ¿Cómo revisar nuestro papel como profesionales de manera que podamos potenciar el vínculo social que se ofrece en los dispositivos en los que estamos sin encerrar en categorias estancas y marginadoras? Todo un tema a ir revisando...
27 may 2017
Ecos activos
La mesa final del congreso lanzó algunas cuestiones que ayudaron a ir más allá de las experiencias concretas compartidas para revisar el desde donde y cómo nos situamos los profesionales, y más en concreto lxs sanitarixs, en nuestra relación con la comunidad. Rafa Cofiño fue bien claro: "como bacterias que somos, podemos contaminar otros campos si invadimos espacios sin estar formados para ello". Todo un llamamiento a hacer lo que sabemos hacer, incorporando ahí la clave de activos comunitarios, reconocer lo que no sabemos y, desde ahí, dejar espacio para que otrxs lideren dentro de la propia comunidad. Y es que muchas veces damos por supuesto que nuestra buena disposición es suficiente, y no es así ni mucho menos.
En este punto me pareció importante que Sergió Minué trajera a colación a Bauman y sus "Vidas desperdiciadas", poniendo sobre la mesa la cuestión de la gran parte de la humanidad que es tratada como sobrante, como desechos, desperdicios de quienes no sabemos cómo deshacernos. En la busqueda histórica de una sociedad más justa una de las grandes peleas ha sido la de la universalidad, la de la construcción de un mundo, de unas reglas comunes que nos incluyeran a todos. Ahí cristalizan los derechos humanos en toda su amplitud, que tan fácilmente nos saltamos cuando de estas vidas sobrantes se trata (cuando traspasan vallas fronterizas, cuando se buscan la vida de manera autónoma escapando de la dependencia, cuando evidencian un universo demasiado diferente al que asumimos como "normalizado"...). Actualmente hay una brecha enorme con estas realidades, y cada vez va a más y no tenemos mucha respuesta frente a ello. Por eso es fundamental visibilizarlas, escucharlas, plantar los pies en su barro cotidiano para construir ahí cimientos que afiancen nuestra voluntad de no dejar a nadie fuera.
Dialogar con esta realidad cara a cara nos pueda permitir también entender mejor quiénes somos y qué podemos aportar. Escapar de la inercia que nos lleva a plantear proyectos propios con los que queremos enganchar a otrxs para descubrir qué sueñan y luchan por hacer real a pie de calle y cuál es la aportación que se nos pide. Aunque eso supone una disponibilidad que hay que asumir y no siempre es fácil. No es fácil renunciar a ser el dueño/a de tu destino, a decidir por tí mismo/a, y menos en esta sociedad de llaneros solitarios totalmente autogestionados. Pero si hablamos de participación y comunidad, tenemos que tener claro que el proceso debe ser dialogado, y nos puede empujar a asumir no tanto cómo conseguimos la participación sino cómo podemos arrimar el hombro en las acciones en marcha por el pro-común.
Seguimos hablando de la importancia de los determinantes sociales en salud mientras estamos atrapadxs todavía en la casi exclusiva oferta de educación de conductas individuales saludables. Efectivamente frente a muchos determinantes estructurales nos sentimos impotentes e incapaces de cambiarlos. Pero si paramos la máquina de actividades programadas y nos ponemos a escuchar, seguro que aparecen personas y colectivos que consiguen resituarnos en cuanto al poder que tenemos para aportar cosas significativas, más del que nos creemos. Por ejemplo, si la vivienda es un determinante claro y tremendamente precarizado en el momento actual, ¿por qué no plantearnos qué podemos aportar para apoyar la lucha de los colectivos que luchan porque se reconozca como derecho? Ya hay ejemplos claros en este campo de cómo investigar y evidenciar el impacto de la perdida de vivienda en salud puede ayudar a legitimar esta lucha y explicarla no solo desde el buenismo sino desde lo que es, una cuestión que pone en jaque nuestras vidas. ¿Para cuando abrimos estas líneas de investigación entrelazadas con las realidades de del barrio, desde abajo y en los márgenes? Porque esa es la primera clave de la co-producción de salud de la que se hablaba al final de la mañana: decidir conjuntamente con las comunidades cuáles son las preguntas que nos queremos hacer para enfocar las acciones a construir.
13 abr 2017
Un curso, dos cursos... y muchos encuentros por compartir
Y este año tengo la suerte de hacer doblete. Por un lado profundizando en el enfoque de los mapas y los activos en salud junto a Jara, Mariano y Rafa en el curso de "Comunidad, participación e inclusión: cómo trabajar desde el modelo de activos", y por otro con una apuesta nueva junto a Beatriz Aragón (médica-antropóloga que hace la calle con el Equipo de Intervención con Población Excluida en Cañada Real) y Julio Lasheras (médico de familia y salubrista, que conjuga extraordinariamente el rigor científico y una mirada tremendamente humanista). Este segundo curso se titula "¿Salud pública para tod@s? prácticas interdisciplinares para una promoción de la salud que no deje a nadie atrás" y lo presentamos así:
"El abordaje de la intervención con colectivos en situación de pobreza y exclusión social desde la Salud Pública se ha basado fundamentalmente en una perspectiva de prevención de la enfermedad y modificación de estilos de vida no saludables. Esta es una dimensión necesaria, pero dicho enfoque puede suponer también una dificultad de cara a desarrollar proyectos de promoción de la salud y la autonomía con estos colectivos si no se tiene en cuenta a las poblaciones a las que van dirigidas las intervenciones. En este curso proponemos reflexionar sobre las claves y herramientas de las que disponemos como profesionales sanitarios que nos permitan desarrollar proyectos de promoción de la salud que incorporen la experiencia, el conocimiento y la participación de quienes viven en condiciones de exclusión social, aportando nuevas miradas desde otras disciplinas como la antropología, la sociología y la pedagogía que puedan ayudarnos."
¿Qué, cómo lo ves? Buena pinta, ¿no? Pues ya sabes, si puedes, no pierdas esta oportunidad, apúntate y nos embarcamos juntxs en esta búsqueda de una promoción de la salud sin exclusiones.
26 feb 2017
Recuperar la historia, recrear el futuro
Así me pasó que, tras haber enviado una primera presentación sobre la Longitudinalidad de la atención y el Cuarto Mundo, salgo con esta otra que aquí comparto bajo el brazo, fruto de los compartires de este seminario (con especial mención a las aportaciones de Elena, Marta, Nabil y Bea). ¡Gracias a todxs lxs que habéis ayudado a empujar esto!
Recuperar la historia, recrear el futuro
"Necesitaríamos 2 años de saber que vamos a poder quedarnos en esta casa para poder arreglar nuestra situación". Esto me lo comentaba un hombre que, sin haber tenido nunca acceso a una vivienda digna, ya que con lo que gana recuperando chatarra no da para alquilar ni comprar nada, ha echado en numerosas ocasiones solicitudes de vivienda social que no han tenido nunca respuesta positiva. Así que lleva ahora ya 15 años ocupando casas vacías, cuatro por el momento, para evitar que le quiten a sus hijxs si se ve en la calle con ellxs. La mala suerte ha querido que cuando se ha tenido que mudar el cambio del colegio de lxs niñxs no ha sido rápido, y cuando lo ha conseguido le han vuelto a echar de su nuevo piso, con lo que durante varios años han tenido que andar varios kilómetros para poder acudir al colegio cada día. Según me contaba, el no saber si mañana o pasado seguirá en la misma casa o será desahuciado hace que no pueda planificar más que al día, sin ninguna referencia para saber si es mejor invertir el poco dinero que gana en arreglar las goteras de la vivienda o en un abono transporte.

Lo mismo les pasaba a las familias con las que comenzamos a hacer la Biblioteca de Calle en Tetuán. Eran familias rumanas, muchas de las cuales vivían en un edificio que se incendió en plena noche a las pocas semanas de conocernos. Una de ellas se hizo una chabola en la zona para mantener los apoyos que habian encontrado, sobre todo en el cole. Pero un mes más tarde la chabola despareció de un día para otro, arrasada por la excavadora y una orden de derribo. De esa familia no volvimos a saber más. Marcharon del barrio quién sabe adonde. Un nuevo ejemplo del nomadismo forzoso que sufren muchxs de quienes transitan los márgenes.
Precariedad máxima. Sin pasado, desconocido o malinterpretado por muchxs, ni futuro, ya que no hay alternativa que permita iniciar un camino hacia un horizonte claro. El único movimiento posible termina siendo la huida o la expulsión. Solo presente, un eterno y maldito presente.
Pero la precariedad golpea también desde otros lados. La asistencia institucional que se ofrece bajo el prisma de las ayudas no tienen tampoco proyección a largo plazo. Así, en los barrios con más dificultades es habitual que muchxs profesionales salgan pronto en busca de destinos menos complicados, o que incluso se establezcan turnos rotatorios en la atención a estas familias para evitar el "queme" profesional. Está claro que frente al desgaste que supone trabajar en estos entornos hay que establecer medidas, pero... ¿y qué pasa con el "queme" de quienes viven en estos lugares y no tienen opción de escapar ni rotar con otrxs? ¿No es algo a tomar en cuenta?
Estos cambios de profesionales obligan continuamente a recomenzar las relaciones con ellxs, a volver a exponer la propia vida con todos sus contraluces a alguien que no se sabe cuanto tiempo va a mantenerse en ese puesto, avanzando en cada vuelta de tuerca hacia una mayor desconfianza y despersonalización en la relación con el sistema.
Pero no es solo un problema de temporalidad, sino del propio enfoque de muchas de nuestras intervenciones que, sin darnos a veces cuenta, terminan atacando las minimas seguridades que aún tienen quienes viven en condiciones más difíciles. La mirada profesional enfocada hacia los déficits y las necesidades invisibiliza las propias capacidades que tiene cada persona o colectivo, tanto de puertas afuera como para si misma, potenciando aún más su precariedad. Así, cuando me encontré por primera vez con las familias rumanas de las que hablaba antes para ofrecerles participar en la Biblioteca de Calle como espacio semanal abierto a todxs lxs niñxs del barrio, su respuesta automática fue “Nuestros hijos ya van al cole”. Acostumbradas a que quienes no les conocen se acerquen para ofrecer cubrir necesidades de una manera que les señala como incapaces de asumir sus propias responsabilidades, luchan por quitarse de encima esas etiquetas. Pero no es fácil convivir con ese continuo marcaje precarizador. Así, una mujer nos contaba el otro día cómo su hija le pregunta cuando se entera que va a tener cita con su trabajadora social: "¿Vas a llorar otra vez, mamá?".
Avishai Margalit, filósofo israelí, plantea en una de sus obras, "Una sociedad decente", que en la actualidad la filosofía centra su atención en el ideal de la sociedad justa basado en el equilibrio entre libertad e igualdad. Pero este ideal de la sociedad justa, aunque sublime, es difícil de poner en práctica. En cambio plantea como algo más abordable la constitución de una sociedad decente, o civilizada, que es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros.
John Mcknight, tras muchos años de trabajo comunitario, aporta una clave para mi fundamental para encontrar una vía de salida a estas situaciones: “Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema”. Esa es una de las grandes cuestiones que debemos afrontar. La historia de quienes viven en gran precariedad no está escrita por ellxs mismxs, sino recogida en diferentes expedientes e historias realizados por difentes profesionales con quienes entran en contacto pidiendo ayuda o siendo evaluadxs por sus comportamientos. De esta manera, sus historiales engordan a base del señalamiento de incapacidades, taras y problemas (de hecho muchas veces el diagnóstico que reciben quienes viven en pobreza al acudir a consulta es "problema social", donde no queda claro si lo que se quiere decir es que la causa de sus molestias es sólamente social y por tanto no compete al clínico, o que esa persona es en si misma un problema social que hay que marcar como tal para su posterior vigilancia). Pero si el compromiso del personal sanitario es con el cuidado, prevención y promoción de la salud ¿no deberían también registrarse los esfuerzos y herramientas que esta persona pone en juego para intentar cuidarse? ¿No habría que recoger cuáles son sus prioridades y habilidades en este campo, y no solo sus carencias? ¿Qué queremos hacer de las historias clínicas (u otros registros profesionales según el caso), herramientas para comprender mejor o para catalogar / desechar / descargar la responsabilidad en quién nos enfrenta a la frustración del fracaso, del eterno retorno al punto de bloqueo?
Esta cuestión es especialmente clave cuando enfrente tenemos a algunx de lxs "Otrxs": pobre, migrante, loco/a... Sus claves de entender la realidad, de interpretar el mundo, rompen con las nuestras, y en ese desencuentro es fundamental que nos esforcemos en construir puentes que permitan el acercamiento y el reconocimiento. En el caso de quienes viven desde siempre en pobreza hay una cultura de resistencia que es casi siempre menospreciada, invisibilizada, no tomada en serio. Pero no por ello deja de existir ese anhelo de proteger la propia dignidad pese a todas las dificultades, poniendo en marcha diferentes estrategias que terminan cristalizando en una manera concreta de relacionarse y convivir con otros grupos sociales. Tenemos que aprender a reconocer esa cultura, esos valores, esa comprensión del mundo, para poder dar pasos concretos que permitan escapar de la espiral de eterno retorno en la que encierra la violencia de la extrema pobreza.
“Mi padre fue alcóholico. Pero fue la impotencia de no poder sacar a su familia adelante, sin poder ganar ni un duro desde que se levantaba hasta que se acostaba, lo que le mató".
¿La historia clínica de este hombre recogería algo de lo importante que era para él poder hacerse cargo del cuidado de su familia? ¿O se quedaría en el mero diagnóstico de la dependencia alcohólica? ¿Diría algo sobre sus esfuerzos por conseguir ganar algo de dinero, o de las habilidades que trataba de poner en juego para ello? ¿Leerla nos empujaría a juzgarle, incluso a darle por perdido, o a movilizarnos para encontrar una solución aportando además pistas de por donde buscarla?
"Lo que más se necesita es que te entiendan, que se pongan en tu situación, no que encima te tengas que sentir cuestionada, que tengas que dar pena para ser ayudada, que cuanto peor estés más ayuda puedas conseguir, es como funciona el sistema. Te cuestionan, a lo mejor te pagan la luz pero te pasas tres noches llorando porque te sientes mal. La ayuda es la comprensión y el calor que puedas recibir. Muchas veces lo que necesitamos no es que nos paguen una facturas, si no ver la manera de que podamos sentirnos que podemos hacerlo, que hay otras posibilidades".
Ese es el reto al que debemos enfrentarnos: recoger una historia fiel a esa búsqueda de dignidad que todas las personas compartimos, de manera que ayude a recrear este futuro hoy negado a quienes están en una situación más difícil, a escapar del eterno retorno del presente precario, desde las siguientes claves:
- basarse en escucha respetuosa, comprensiva y atenta.
- mantener un diálogo siempre abierto en torno a cual puede ser nuestro papel de acompañamiento en el cuidado de la salud.
- apostar de manera clara (y apostar siempre conlleva un cierto riesgo) por que todas las personas, incluidas quienes viven en situaciones más difíciles, puedan ser protagonistas reales de sus vidas, promoviendo para ello dinámicas de libertad y autonomía.
- plantear esta recogida de la historia como una herrmamienta que nos ayude a aprender y a comprometernos más y mejor con este mundo tan cercano y lejano al mismo tiempo.
Frente a la extrema precariedad que oculta el pasado y niega el futuro solo es posible avanzar si somos capaces de reconstruir, paso a paso, la historia que de verdad merece ser rescatada: no la de la impotencia perpetua, sino la de la esperanza y la dignidad. Así, en el primer caso que compartía sería necesario no quedarse en el diagnóstico de depresión o lumbalgia, sino recoger también la vulneración constante del derecho a la vivienda digna que le deja sin fuerzas para seguir pese a haber probado ya con diversas alternativas; o su trabajo recogiendo chatarra ocho horas al día, sin ninguna garantía de encontrar nada por más que se esfuerce, como única manera de complementar la pobre Renta Mínima que recibe su familia y que nos les permite llegar ni a mitad de mes.Y es que complementando la visión de la realidad de esta manera no solo conoceremos mejor sus capacidades, sino que también tomaremos mejor conciencia de nuestra responsabilidad colectiva como sociedad, y así dejaremos de echar toda la responsabilidad de sus penurias sobre sus hombros.
¿Nos ponemos a la tarea? Hay mucho que escribir...
6 feb 2017
Etiquetas
"Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema.
Un punto clave en el desarrollo de la lucha por los derechos civiles fue la capacidad del movimiento negro de declarar el "problema blanco" como la cuestión central. La gente declarada deficiente y en necesidad se quitaba de encima sus etiquetas y conseguía bloquear a sus opresores.
Había algo revolucionario en esta estrategia. Reconocía que el papel de etiquetar a la gente como deficiente y declararla en necesidad es la herramienta básica de control y opresión en las sociedades industrializadas modernas. Los agentes con poder de etiquetar en estas sociedades son los profesionales de ayuda."
2 oct 2016
Escuchar
"La empatía no es ponerse en lugar del otro. Eso es imposible. Uno no puede saber, si no lo ha sufrido, qué se siente cuando se muere un hijo, cuando te dicen que tienes cáncer, cuando te desahucian, cuando la vejez se lleva la libertad, cuando no tienes dinero para dar de comer a los tuyos, cuando te pega tu marido, cuando sufres un accidente de tráfico o cuando tu mujer se va con otro. Además, los médicos somos clase económica y cultural alta. Existen problemas que sufren las personas que nos consultan que ni imaginamos, mucho menos vamos a ser capaces de entenderlos. Pensar lo contrario forma parte de la soberbia que nos adorna a la mayoría. Y es que intentar ponerse en los zapatos del otro conduce, en demasiadas ocasiones, a errores que dinamitan la relación con el paciente. Corres el riesgo de creer que está triste, cuando está enfadado, rabioso cuando resignado, alegre cuando ansioso. Empatía es otra cosa. Empatía es generar y favorecer espacios y tiempos en los que la persona, de un modo seguro, tranquilo y confiado, pueda expresar cómo se siente y lo haga usando el canal que considere más adecuado (hablando, pintando, llorando, escribiendo, callando…)."
29 jun 2016
Salud, Pobreza y Cuidados (VII): Revisando las perrillas
Serie completa
Salud, Pobreza y Cuidados (I): Empecemos a hablar
Salud, Pobreza y Cuidados (II): Cuando no se puede, no se puede
Salud, Pobreza y Cuidados (III): Hay muchas maneras de abandonar a alguien
Salud, Pobreza y Cuidados (V): Los cuidados serán en común, o no serán














Quienes viven en pobreza son una carga para la sociedad. Al menos eso es lo que les transmiten siempre: siempre pidiendo, sin aportar por su lado al sistema, consumiendo recursos sin resultados a cambio.
Aunque parezca muy duro decirlo así, son mil y un los mecanismos a través de los cuales hacemos llegar estos mensajes a quienes viven en mayor precariedad. Las ayudas sociales son escasas y claramente insuficiente (¿Quién puede vivir realmente con lo que dan como Renta Mínima de Inserción?), pero se dan como si fueran grandes sumas que hay que fiscalizar para evitar la estafa; las visitas médicas suelen poner en evidencia lo mucho que se ha gastado en medicación con nulo resultado, casi culpando a quien demanda ayuda de no cansarse de compartir su malestar; las políticas de vivienda social... ¡Ah, no, que de eso no hay! Bueno, sí, se hace política criminalizando las alternativas que encuentra la gente y dificultando el acceso a servicios básicos.
Hay un debate que se repite de manera reiterativa, basado en una perspectiva economicista: "¿A alguien que no deja de fumar/beber se le incluye en la lista de trasplantes del cáncer de pulmón/hígado?". Esto se puede ampliar al "Si no se toma el tratamiento que le digo, no venga a verme más", y tantas otras variantes de culpabilización individual. Porque claro, plantearse la responsabilidad colectiva y social que tenemos respecto a las condiciones y hábitos de vida en las que vivimos no solo nosotrxs, sino otras personas, eso es pedir demasiado. Incluso algunxs acusan a esta perspectiva de paternalista, parece que la preocupación por otrxs no se puede establecer con otros modos más horizontales.
Pensando en estas cosas no puedo evitar acordarme de mi rotación en la la UVAAD (Unidad de seguimiento cercano y Apoyo a la Atención Domiciliaria perteneciente al Servicio de Microbiología Clínica del Hospital Gregorio Marañón). En ella Pedro Montilla y Elena Bermudez, junto con otros profesionales sanitarios, vienen trabajando desde hace años con pacientes infectados por el VIH que por diferentes razones (aunque en casi todos los casos relacionadas con una situación de exclusión social) han tenido dificultades en el seguimiento de unas pautas de tratamiento y en el control evolutivo de su enfermedad en otras unidades.
Un estudio realizado en esta unidad durante el periodo 2004-2006 demostró que la intervención de la UVAAD mediante un abordaje específico, individualizado, interdisciplinar, activo y sostenido, atento a los aspectos psicológicos, sociales y sanitarios en el día a día y en el entorno del paciente es capaz de neutralizar efectos negativos clásicamente asociados al fracaso terapéutico en pacientes con infección VIH, con una eficacia similar a la de cualquier nuevo antirretroviral puesto en el mercado comparando las mismas variables (supervivencia, adherencia al tratamiento, etc.).
Pero esto no se logra por casualidad. Es fruto de dos claves de partida compartidas por el grupo de profesionales que lo puso en marcha: por un lado la indignación y ganas de entender las causas que permitían la muerte de muchxs jóvenes (en algún momento llegaban a morir 3 al día en Madrid) cuando ya había tratamiento para el VIH, pero que ellxs no tomaban; por otro el compromiso que nace de asumir la responsabilidad profesional que se tiene frente a esto, sin tirar del comodín "es que no hace lo que le digo". Y ese compromiso es el que les llevó a patearse los barrios de chabolas, a analizar con la gente sus dificultades y a buscar soluciones adaptadas (siempre me acordaré del calendario con las pastillas pegadas para asegurar la toma regular, y así mil y un ejemplos).
Claro que hay tratamientos caros que si no se administran adecuadamente suponen una pérdida de dinero. Sin embargo, la solución no es retirarlos cuando la situación de precariedad es grande, sino dedicar el tiempo, la escucha y la inteligencia propia y ajena para encontrar alternativas.
Pero esto pasa también por escapar de los cantos de sirena de la tecnología e invertir en mejorar las condiciones de vida y establecer una base mínima de seguridad frente a la vulnerabilidad. Garantizar unos ingresos dignos a todas las personas, la estabilidad de una vivienda, apostar por mejorar la convivencia en los barrios más deprimidos. Todo esto, aunque parezca de otro mundo, es salud, previene la enfermedad, aumenta la esperanza de vida. Como aparecía publicado hace poco, ¿quieres disminuir los costes de tu sistema sanitario? Pues disminuye las desigualdades.
No queda otra: para mejorar la salud, hay que aumentar el gasto social y mejorar las condiciones de vida. Sin eso, lo sanitario no dejará de ser algo paliativo en su mayor parte.