Han pasado ya unos días desde la celebración del Seminario de
Innovación en Atención Primaria sobre los Deep End, muy interesante y
enriquecedor. ¿Qué son los Deep End? Pues se trata de una iniciativa puesta enmarcha en Escocia en 2009 y liderada por médicos generalistas para abordar los
problemas y dificultades de trabajar en centros de salud situados en áreas
deprivadas. El seminario, en el que participamos principalmente profesionales
de Atención Primaria de diferentes lugares de España y Portugal, nos permitió
conectar las reflexiones y propuestas de la experiencia escocesa con nuestras
propias historias e iniciativas, para desde ahí intentar ir aterrizando
enfoques y herramientas que nos pueden ser útiles de cara al trabajo en estos
lugares donde las complejidades sociales, institucionales y vitales que se dan amenazan con llevarnos por delante.
El nombre Deep End (extremo profundo) hace referencia a la
metáfora utilizada para explicar el trabajo en los centros de salud según donde
este se encuentre. Si imaginamos una piscina, quienes trabajan en zonas
privilegiadas lo harían en la zona de la piscina menos profunda (menos
compleja), donde pueden estar apoyados en el suelo y con la cabeza fuera del
agua. Mientras tanto, quienes lo hacen en áreas deprivadas lo harían “en lo
profundo” (por la mayor complejidad de problemas e interconexiones entre ellos),
donde el agua cubre y no se hace pie, teniendo que hacer un esfuerzo constante
para sacar la cabeza del agua y no ahogarse. Esta imagen conecta de manera
bastante directa con la frecuente sensación, al trabajar en estos “Deep End”,
de desborde y de no poder llegar a abordar de manera efectiva los problemas,
teniendo que dedicar un gran esfuerzo para, en muchos casos, sentir que no se consigue ir más allá de “sobrevivir” o “salir adelante” como se pueda.
Imagen reproducida con el permiso del proyecto Deep End escocés
Desde hace tiempo andamos dando vueltas al tema de la Acción Comunitaria en Salud, y la verdad es que en España hay mucho trabajo y experiencias interesantes en este sentido. Mucha de este conocimiento acumulado ha sido recogido en diversos materiales impulsados desde el área de Prevención y Promoción del Ministerio de Sanidad y la Escuela Andaluza de Salud Pública, como por ejemplo la guía Acción Comunitaria para Ganar Salud y Orientaciones didácticas para la Acción Comunitaria.
Pero siempre resulta enriquecedor abrir la mirada hacia nuevos horizontes, y en concreto el contexto latinoamericano suele aportar perspectivas interesantes. A partir de un exploración sobre el abordaje de los activos en salud en América Latina junto con Mariano Hernán y Patricia Pérez, esta última nos acercó a experiencias de diferentes territorios del continente, pero una de ellas me llamó especialmente la atención. Además, hemos tenido la suerte de que en este año hayan publicado un material sistematizando su propuesta de trabajo: "Activación Comunitaria desde sus recursos. Un enfoque participativo". Se trata de un documento sencillo pero muy trabajado y bien explicado, que pone de relieve algunas de las características que me parecen más innovadoras de su planteamiento.
En primer lugar, sitúan todo el trabajo en relación con procesos de construcción de la identidad comunitaria. Parten de una mirada hacia el pasado que permita recuperar elementos, personas y acontecimientos clave para poder entender mejor así la realidad presente y proyectar un horizonte futuro hacia el que se quiera avanzar. Esto permite enraizar y dar sentido colectivo e histórico a los diferentes proyectos que se puedan ir poniendo en marcha a lo largo del proceso.
Por otro lado, se distingue de manera clara el papel que pueden tener como facilitadores quienes ponen en marcha un proceso de este tipo, del protagonismo que deben ir asumiendo los miembros de la comunidad como parte esencial de estos procesos, con una función de conectores (de hecho se les nombra así, y no como promotores o agentes, como se hace en otros proyectos, lo cual creo que es un acierto, porque clarifica lo esencial de su tarea). Y es que la apuesta central de este modelo, concretada en los diferentes pasos que proponen en su sistematización, es la de generar encuentros, conexiones y diálogos, así como prácticas que permitan experimentar a los miembros de la comunidad sus capacidades para así poder fortalecerlas y potenciarlas colectivamente. Por eso, por ejemplo, inciden en la importancia de reflexionar bien sobre qué acciones pueden desarrollarse con éxito, aunque sean en un primer momento pequeñas, pero que permitan ir poniendo en marcha una dinámica participativa que se apoye en la confianza y reconocimiento mutuo del potencial que se tiene dentro de la comunidad.
Una propuesta interesante, en definitiva, y que puede enriquecer todo el trabajo que acá andamos haciendo sobre activos en salud y salutogénesis en el ámbito comunitario español. ¿Nos ponemos a ello?
Por un lado, Rodó-Zárate clarifica qué es y que no es la interseccionalidad, cuál es su foco. El origen de este término, enraizado en las luchas de las mujeres negras americanas, y su apertura hacia otras realidades y colectivos, puede hacer pensar que la interseccionalidad sea una teoría sobre cómo comprender la configuración de la identidad o la subjetividad. Pero la cuestión central que aborda no es la de identidad, sino la del poder y la discriminación. La interseccionalidad es una perspectiva desde la cual poder pensar cómo se articulan diferentes ejes de desigualdad (el género, la orientación sexual, la clase social, la etnicidad, el origen, la
nacionalidad, la religión, la edad, la discapacidad, etc.), poniendo el foco en cómo se materializa la discriminación sobre los cuerpos concretos a partir de su diferente posición en la organización social. Es, de esta manera, una propuesta para reflexionar sobre la semejanza, la diferencia y su relación con el poder.
"Un punto de partida para poder explorar juntas caminos mestizos hacia nuevos horizontes de liberación..."
Así terminaba la anterior entrada de esta serie, tras bucear en la visión de María Lugones sobre cómo se entremezclan las diferentes características que nos conforman y el rol que pueden jugar éstas en las dinámicas de opresión y privilegio. Más que una intersección de desigualdades / opresiones, lo que propone esta autora es la imagen de un tejido en el que poder situar tanto las violencias sufridas como las resistencias puestas en práctica.
Es este segundo aspecto, que habitualmente queda fuera de foco, el que propongo explorar, ya que es lo que más nos puede ayudar a explorar esos caminos mestizos señalados al principio. Al igual que la atención sanitaria se ha ido construyendo en torno a la enfermedad, dejando de lado la mirada salutogénica y su búsqueda sobre cómo se genera salud, el campo de las inequidades en salud se ha centrado en cómo estas enferman y matan a quienes viven en condiciones más precarias. Pero tan importante como esto es poder entender también cómo resisten, se cuidan y luchan estas mismas personas y grupos porque, si queremos mejorar la salud de quienes se encuentran en situaciones más difíciles, tendremos que apoyarnos en los esfuerzos que ya están haciendo. Y estos apuntan más allá de las desigualdades habitualmente descritas en la mayor parte de las investigaciones. Como también explicamos en el anterior artículo de esta serie, quienes viven en pobreza y exclusión, así como otros colectivos marginalizados (en el sentido de que son expulsados de los espacios centrales de nuestra sociedad), señalan no solo las desigualdades, sino especialmente las dinámicas de opresión que violentan sus vidas, frente a las cuales tratan de organizarse y buscar alternativas. Así, el horizonte que señalan no es solo de curación o disminución de daños, sino de liberación y emancipación.
Hay una red. Un tejido entremezclado en el que se cruzan diferentes características: la edad, el género, la clase social, el estatus migratorio, el territorio que se habita, la capacidad funcional, la sexualidad... por señalar algunas de entre otras muchas que puede haber. Cada una de ellas señala un eje del tejido, y en función de la potencia acumulada en ese eje podemos encontrar mayor debilidad o fuerza en ese extremo del tejido, más capacidad de acoger dentro de la red o más tensión para rebotar lo que choque contra ella.
Llego a esta imagen preguntándome cómo poder representar los ejes de desigualdad. Pero en esa búsqueda, como ocurre en tantas otras búsquedas importantes, tropiezo con las palabras, que muestran lo que deben y ocultan lo que quieren.
Y es que es frecuentemente se utiliza el término "desigualdades" para hablar de diferencias en salud que son sistemáticas, tienen un origen social y por tanto son evitables e injustas. Hay quien señala que sería más correcto usar la palabra "inequidades", para remarcar así la última parte de la definición. Sin embargo, sigue faltando algo... ¿qué dinámicas, qué fuerzas generan estas diferencias? ¿O es algo que ya viene dado y que se mantiene por inercia?
¿Y si, en vez de señalar inequidad y justicia como los polos entre los que nos movemos, habláramos de opresión y de liberación?
¿Qué es y qué no es la Acción Comunitaria en Salud? ¿Cómo construir de manera colectiva las condiciones y contextos que nos permiten ganar salud no sólo a nivel individual, sino con una perspectiva amplia abierta a toda la comunidad (o a las diferentes comunidades, pero bueno, ese es otro debate).
Releo estas preguntas y me vuelvo a encontrar con lo que ya hace 13 años me empujó a poner en marcha este blog, y que de manera irregular sigo tratando de recoger en él: la búsqueda de cómo avanzar hacia una visión más completa y compleja de la salud, que salga de la visión individualista que sigue primando hoy en día y que incorpore las evidencias cada vez más contrastadas del importante papel de lo colectivo y lo comunitario en la construcción de la salud.
En estos años he tenido la suerte de haber podido ir aprendiendo al lado de muchas personas referentes en salud comunitaria en España, y leyendo a muchas de otros lugares, especialmente de América Latina y Reino Unido. Mucho de todo lo aprendido lo volcamos en la el documento "Acción Comunitaria para ganar salud", en el que tratamos de recoger y poner al día las claves y el saber acumulado por tantas personas y grupos diversos a lo largo de las últimas décadas. También participé en la coordinación de un proyecto que profundizó en cómo abordar estas cuestiones en contextos de pobreza y exclusión, y del que recogimos muchos aprendizajes en "Tejiendo Salud, Guía para la Acción Colectiva desde realidades de pobreza".
Y, sin embargo, todo lo leído y escrito vuelve a tropezar con la práctica diaria. En el día a día muchas veces no es fácil, entre las prisas cotidianas y las demandas y exigencias que aparecen por doquier, centrar el paso para avanzar de verdad en una dinámica de salud comunitaria. A veces no es fácil saber si lo que haces de verdad construye más allá de lo inmediato, ni encontrar el tiempo para revisar y evaluar con cuidado los pasos.
Por eso, aunque no sea la panacea ni una respuesta universal frente a estas dificultades, me lanzo a compartir un par de herramientas. Son dos de brújulas que, como tales, lo que buscan es permitirnos no perder el paso ni el horizonte, ayudándonos a mantener la mirada en dos aspectos fundamentales de la acción comunitaria: la participación y los cambios que se busca generar. La idea es que estas brújulas sean compañeras de camino a lo largo de los diferentes procesos con dimensión comunitaria en los que nos impliquemos, y no solo una herramienta para planificar al principio o evaluar al final de los mismos.
a) Brújula de Participación. Nos permite abordar la perspectiva de la participación y la equidad, buscando los medios para llegar al conjunto de la población teniendo en cuenta la diversidad de realidades existentes.
Hay tres dimensiones importantes en relación a la participación, cuyos niveles alcanzados pueden señalarse en el gráfico de la brújula, dibujando así un área triangular:
el grado de interacción: intercambio de información e influencia en la toma de decisiones de las distintas personas o grupos participantes.
el alcance: número de personas implicadas.
la amplitud: diversidad de personas y grupos que participan en relación a sus perfiles socioeconómicos, culturales y al tipo de conocimientos que aportan al proceso (académicos, prácticos, vivenciales).
b) Brújula de Horizontes de transformación. La acción comunitaria busca un triple efecto transformador: a) mejorar las condiciones de vida; b) reforzar los vínculos y la cohesión social; c) potenciar las capacidades de acción individual y colectiva. Estos cambios buscados se pueden dar en diferentes campos y, en ese sentido, puede ser útil el marco que proporciona la Carta de Otawa al señalar cinco estrategias para la promoción de la salud: la elaboración de una política pública favorable a la salud, la creación de entornos propicios, el reforzamiento de la acción comunitaria, el desarrollo de aptitudes personales y la reorientación de los servicios de salud.
En esta propuesta, la idea es dibujar el área de transformación que se abre con cada una de las acciones que estemos desarrollando, señalando la capacidad de incidencia en cada uno de los cinco campos (0- ninguna, 1- escasa, 2- bastante, 3- mucha). Esto nos puede ayudar a encuadrar mejor el horizonte de transformaciones posibles, así como la búsqueda de alianzas y herramientas específicas en función de estos.
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Como decía Machado, se hace camino al andar... pero el andar comunitario en salud no se hace de cualquier manera, sino que es importante no perder el norte de con quién lo hacemos y qué buscamos. Ojalá estas dos brújulas puedan darnos alguna pista para ello.
“Contar la historia duele, te recuerda cosas que te dejan la carne de gallina. Si explicas tu vida cada dos por tres, cada vez que vas a una trabajadora social, que vas a un médico, lo que sea… Es una herida que se abre, y que no tiene porqué abrirse. Eso es muy doloroso, y es que encima se te abren otras, sales peor. Explicar todos los días, todas las situaciones…
Tenemos una herida que curar, que hay que cuidar pero no remover, para no dejarnos encerradas en ella. Queremos avanzar, soltar lastre del pasado, no repetir.”
1.- Las historias importan, y mucho. Por eso la historia clínica ocupa un lugar central en el modelo de atención médica. En ella se recogen los antecedentes de la persona, su motivo de consulta, las exploraciones que se realizan y se propone un diagnóstico y un tratamiento. Pero en realidad, aunque se llame así, su enfoque pierde de vista justamente la dinámica histórica, vital, de la salud y la enfermedad, al encajarse en procesos autolimitados con un principio y un final: se consulta por un problema y se propone una solución para el mismo, que se espera sea lo más adecuada posible a este (y en ello se invierte a través de formación y medios técnicos). Esta dinámica, más propio de la atención especializada (ajustada a un modelo de consultores a quienes se pide algo concreto en relación a un problema o área específica), ha ido invadiendo cada vez más el ámbito de la atención generalista propio de la Atención Primaria en salud.
De esta manera, en los centros de salud cada vez se habla más de problemas puntuales, de lo que ocurre en ese momento concreto, de lo que ha motivado la consulta. Y claro, cada vez entendemos menos, hasta el punto de que muchas veces se termina acusando a quien acude de venir sin un motivo suficientemente justificado, y así justificamos que la solución es "educar" a la población en relación al uso de los recursos sanitarios. Sin quitar que es importante el informar y formar en este sentido... ¿no es también fundamental el que los y las profesionales entendamos mejor las realidades que atendemos?
“Que nos podamos comunicar para que podáis entender cómo nos sentimos para así podernos ayudar mejor, y nosotros entender mejor cómo llega vuestra ayuda, y que no quede como que tú estás por encima de mí, que seamos de tú a tú.”
Hay quién sabe mucho de algunas cosas. Hay quien cree saberlo todo. Hay quien no es consciente de lo que sabe. Hay quien sabe cosas que nadie más conoce.
"¿Y tú qué sabes?". Cuando se usa esta frase, suele hacerse más en tono de descalificación o cuestionamiento que por curiosidad sana. Señala a la otra persona como ignorante de ciertas cosas esenciales sobre el tema del que se esté hablando. Y ese señalamiento individual puede empequeñecer a quien lo recibe, salvo que pueda justificar que sí que tiene conocimientos sobre la cuestión tratada (apoyándose en títulos o pruebas que tengan respaldo social). Frente a la ignorancia, que muchas veces se enfoca desde la perspectiva individual, el saber se construye y se reconoce colectivamente.
Para poder decir que sabes algo, otras personas, grupos o instituciones tienen que reconocerte ese saber. ¿Pero qué pasa cuando esto no ocurre? Porque hay personas y grupos a quienes se reconocen sus saberes con títulos y respaldo social, de manera que su reflexión y su palabra son tomadas en cuentas a la hora de seguir construyendo conocimiento, pero hay quienes ven constantemente negados no ya solo lo que han aprendido a través de su experiencia, sino incluso su propia capacidad para reflexionar y analizar lo que viven.
"No soy tonto / no soy tonta". Esto es lo que dicen quienes se ven fuera de juego en las cuestiones del saber reconocido como tal. Yo se la he escuchado a muchas personas en situación de pobreza que he ido conociendo a lo largo de los años en ATD Cuarto Mundo. Cuando no se te reconocen tus conocimientos porque estos se han ido construyendo fuera del mundo académico, lo que queda es defenderte de quienes te señalan como incapaz. ¿Y si lo miramos desde otra perspectiva más amplia? ¿Y si ponemos el foco en la incapacidad de la sociedad para reconocer determinados tipos de saberes y en la pérdida que eso supone para todos y todas? Lo que no se nombra no existe y, si no damos cabida a diferentes miradas sobre el mundo en el que vivimos, muchos aspectos de la realidad seguirán escondidos, acallados.
Cada vez es más evidente que las condiciones de vida afectan a nuestra salud, y todas las investigaciones desarrolladas en el campo de los Determinantes Sociales en Salud han contribuido en gran medida a visibilizarlo. Cada vez son más los nuevos datos que se van acumulando, pero seguimos utilizando mayoritariamente los mismos modelos y esquemas desarrollados hace ya algunas décadas para explicarlos. Desde hace tiempo muchas de quienes estamos interesadas en estas cuestiones andamos compartiendo dudas e inquietudes, tratando de ver si damos con una buena manera de explicar y entender de manera más profunda las diferentes dimensiones y elementos que entran en juego al abordar la relación entre lo social y la salud. Un modelo que sea intuitivo, que se pueda entender sin muchas explicaciones, accesible a muchas, y que al mismo tiempo no niegue la complejidad de las cuestiones que entran en juego. Es la única manera de poder dialogar en torno a estos temas de manera abierta e inclusiva, buscando incorporar los diferentes saberes que pueden aportar elementos clave tanto a nivel teórico como de intervención.
Justo hace unos meses se publicaba una serie de artículos de D. Devakumar et al sobre “Racismo, Xenofobia, Discriminación y Salud” en The Lancet, y en ella se recoge un modelo de determinación de la salud que creo que conecta con varias de las premisas apuntadas anteriormente.
Devakumar D, Selvarajah S, Abubakar I, Kim S-S, McKee M, Sabharwal NS, et al. Racism, xenophobia, discrimination, and the determination of health. Lancet [Internet]. 2022 ; 400(10368):2097–108.
No nos enteramos, pero a nuestro alrededor hay muchas vecinas y vecinos que han visto como en los últimos años cada vez se ha ido complicando más su acceso al sistema sanitario. Y como no nos enteramos, estas dinámicas de exclusión se perpetúan, a pesar del coste que tienen en sufrimiento y enfermedad de tantas y tantas personas, y a pesar también de las repercusiones que eso tiene en la salud de la sociedad en su conjunto. Como bien señala Nacho Revuelta, la exclusión sanitaria nos hace más estúpidos, porque perdemos todos y todas mientras nos venden la promesa de unos beneficios que no existen.
Esta exclusión sanitaria es posible porque la legislación nacional no asegura de manera efectiva la cobertura universal de la asistencia sanitaria, pero es verdad que dependiendo de las distintas comunidades autónomas el aterrizaje de la normativa es muy diferente, como señalaran desde YoSí Sanidad Universal en su informe "El derecho a la asistencia sanitaria en las comunidades autónomas: Un derecho hecho pedazos".
Hacer juntas puede significar muchas cosas. Puede ser que hablemos de actuar al mismo tiempo, o de estar cerca mientras resolvemos tareas varias, o de reunirnos alrededor de una misma acción decidida y definida por una o por todas las personas participantes. Y es que a esto de "hacer juntas" le pasa como al término "participación", que se ha usado y abusado tanto de él que puede significar cosas muy diferentes y es necesario aclarar bien de qué estamos hablando cuando lo utilizamos.
Sin posibilidades económicas, las dificultades para comprar variedad de alimentos, medicamentos o poder acceder a una vivienda se convierten en un desafío a enfrentar en el día a día. Pero abordar la pobreza sólo desde esa perspectiva nubla muchos otros procesos que acompañan esa situación y que son vertebradores de esa realidad.
Desde el comienzo del proyecto de Comunidades Activas en Salud hemos buscado un camino que nos llevara a una comprensión más completa sobre la pobreza. Para abordar el análisis de lo que nos íbamos encontrando en las reuniones con profesionales, vecinas y vecinos, hemos utilizado el informe “Las Dimensiones Ocultas de la Pobreza”, realizado por ATD Cuarto Mundo Internacional y la Universidad de Oxford. Pero también hemos querido explorar nuevas formas de expresión con las personas con experiencia de pobreza y profesionales participantes, lo que se ha concretado en el proyecto de Fotorelatos que presentamos ahora.
Esta exposición, que recorre varios ejes temáticos (Contexto, Necesidades, Experiencia de Pobreza e Interacciones), estará en la Sala Primavera del Centro Cultural Casa del Reloj, en Madrid, hasta el próximo 31 de octubre.
"Vemos que seguimos en el mismo lado... han pasado diez años, cinco años, y sigo con el mismo problema, sigo con el mismo dolor… Sí, vosotros avanzáis, desarrolláis, pero a la hora de la verdad nosotros estamos igual”.
Esto nos contaba Jesús, un vecino de Tetuán, cuando le invitamos a sumarse hace dos años al proyecto de Comunidades Activas en Salud. Nos conocíamos desde hacía tiempo, y la confianza construida permitía este cuestionamiento sincero, enraizado en anteriores experiencias en las que había participado en diferentes recursos por los que había pasado. En su vida, marcada por la lucha contra la pobreza y la exclusión sufrida en primera persona, se ha sentido muchas veces objeto en manos de otras personas o instituciones que han ganado siempre a su costa. Señalaba así una cuestión clave, a la que pocas veces prestamos atención: la mayor parte de proyectos y propuestas que se lanzan desde las instituciones arrancan a partir de la inquietud de determinados profesionales que buscan cómo hacer frente a cuestiones claves que es importante resolver, pero aunque puedan enfocarse a actuar sobre realidades más amplias, tanto sus objetivos como sus resultados terminan siendo determinados por quienes los ponen en marcha.
Este señalamiento que nos hacía Jesús nos ha marcado profundamente a lo largo de todo el proyecto. El punto de partida era claro: generar un proceso de diálogo colectivo entre profesionales y personas en situación de pobreza que permitiera identificar las barreras para el cuidado de la salud que encuentran estas últimas y elaborar propuestas para revertirlas. Pero, ¿cómo avanzar de manera que quienes viven en condiciones más precarias puedan sentir que sacan algo en claro a lo largo del proceso? ¿Qué debíamos intentar ganar colectivamente, que no supusiera solo una mejora para quienes estamos desde un rol profesional o para los colectivos o instituciones a los que pertenecemos? Hablando claro, ¿cómo hacer para que este proyecto no fuera sólo algo que sumar a nuestro currículum, personal e institucional, sino que personas como Jesús, Mª Ángeles, Estrella, Paloma, Nacho, Juan y Tamara sintieran que su participación en el mismo servía de verdad para cambiar sus vidas y la realidad social que les rodea? Un vecino de Vallecas nos dió una de las claves:
“De todo lo malo que hemos aprendido nosotros, los que hemos vivido los males de la miseria, hay que hacerles ver que no pueden seguir las cosas así, que no se pueden destruir las vidas como se han destruido las nuestras. Si lo ven se darían cuenta de que tienen que aprender de nosotros.”
A lo largo de estos dos años de andadura de Comunidades Activas en Salud hemos buscando entendernos sobre cuáles podían ser los objetivos compartidos entre personas en situaciones tan diferentes como las vecinas y vecinos de Tetuán y Vallecas en situación de pobreza y profesionales de diferentes recursos de estos distritos. Hemos escuchado y recogido las diferentes miradas posibles sobre la salud y sus determinantes, así como propuestas para poder avanzar en una dinámica de salud comunitaria que no deje a nadie fuera. Un camino que hemos recorrido despacio, prestando atención para poder andarlo colectivamente, a un paso que no dejara a nadie atrás, y en el que hemos ido aprendiendo a mirar a nuevos lugares y con una perspectiva más amplia.
Así, al hablar de determinantes y desigualdades en salud, hablamos desde el principio de recursos, pero también de relaciones personales y de la distribución social del poder, como señalaba una de las mujeres que vino desde la Asociación Barró: “Queremos que haya más recursos, pero también que se pongan más en nuestra situación los profesionales y voluntarios que están a nuestra altura. Si ellos no se ponen en nuestra situación, ¿cómo vamos a conseguir que nos entiendan los políticos, los que están más alto? Queremos que nos den un trato mejor, que nos abran las puertas, que nos sintamos queridas, que no tengamos que estar arrastrándonos para pedir una ayuda de libros, de comida para nuestros hijos. Nos asfixia, es agobiante. Esto hay que cambiarlo y hay que empezar por abajo y que nos entiendan ellos primero. Se tienen que poner en nuestra situación, entendernos y ayudarnos a subir un escaloncito más. Si no, ¿cómo lo hacemos solas?”
También, frente a la impotencia tantas veces sentida por quienes hemos participado en el proyecto queriendo transformar realidades complejas y que parecían venirnos grandes, ha sido importante sentir que siempre es posible hacer algo, acompañarnos mutuamente, sostenernos para seguir en marcha. Jesús lo expresaba de esta manera tan clara y simbólica:
"Esfuérzate, hazlo lo mejor que puedas... ¿Que no puedes alcanzar a lo mejor la copa del árbol? Pues a lo mejor sí a las ramas, o al principio... o recoger las hojas".
Ahora, muchos de estos aprendizajes construidos colectivamente los hemos recogido en una Guía para la Acción Colectiva desde Realidades de Pobreza, "Tejiendo Salud". En ella hay herramientas y propuestas con las que esperamos contribuir a transformar la realidad de injusticia y desigualdad que nos rodea, partiendo de una premisa clara: apoyar cualquier proyecto de lucha contra la pobreza en la experiencia, el conocimiento y la participación efectiva de quienes la sufren. En ese sentido, aún sabiendo que hay muchas cosas que hemos podido hacer mejor, nos tranquiliza escuchar cómo muchas personas en situación precaria se reconocen en los materiales recogidos en esta Guía, así como al propio Jesús, que nos marcó hace dos años el reto de que con esto deberíamos ganar todos y todas:
“Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”
Esperamos que esta Guía estimule y ayude a poner en marcha procesos con ambiciones similares. Ya nos iréis diciendo...
Epílogo: durante todo el proceso hay muchas palabras que han hecho eco y que han invitado a profundizar en ellas, para entender mejor y alumbrar nuevas perspectivas hasta entonces desconocidas para algunas de las personas participantes sin experiencia de pobreza: herida, vergüenza, juicio, miedo... Pero hay una que cada vez que se ha pronunciado ha sido repetida como eco por unas y otros, como un latigazo que invitaba a ponerse en pie pese a todas las dificultades:
Pocos libros hay tan sugerentes y necesarios para abordar el tema del conocimiento de una manera global y abierta como el de "Justicia entre Saberes", de Boaventura de Sousa Santos. Y pocas profesiones necesitan tanto asomarse a estos enfoques como las sanitarias, tan entrenadas para separar, clasificar e imponer su saber, tan sensibles a la ignorancia ajena y tan ciegos/as para la propia.
Acá van algunas ideas sobre el tema rescatadas del libro...
"Los poderes
hegemónicos que rigen la sociedad de consumo y la sociedad de
información han promovido teorías e imágenes que apelan a una
totalidad -sea de la especie, del mundo y hasta del universo— que
existe por encima de las divisiones entre las partes que la componen.
Sabemos que se trata de teorías e imágenes manipuladoras que
ignoran las diversas circunstancias y aspiraciones de los pueblos,
clases, géneros, regiones, etc., así como las relaciones de
desigualdad, explotación y victimización que han unido las partes
que componen esa seudototalidad. Sin embargo, el grado de
credibilidad de estas teorías e imágenes consiste en apelar, aunque
de manera manipuladora, a una comunidad imaginada de la humanidad en
su conjunto. El sufrimiento ocurre en todas partes; los individuos
son los que sufren, no las sociedades.
A su vez, las
fuerzas contrahegemónicas han contribuido a ampliar las arenas de
entendimiento político; pero, en general, las coaliciones y las
alianzas han sido poco eficaces para superar las teorías de la
separación, aunque lo han sido más para superar las separaciones
territoriales que para superar las separaciones que provocan las
diferentes formas de discriminación y opresión. Las coaliciones
transnacionales han sido más fáciles entre grupos feministas y
entre ecologistas o indígenas que entre unos y otros grupos Esto se
debe al desequilibrio entre las teorías de la separación y las de
la unión. Estas últimas, entonces, deben reforzarse para que se
vuelva visible lo que hay de común entre las diferentes formas de
discriminación y de opresión: el sufrimiento humano.
El respeto la por la
diferencia no puede impedir la comunicación y complicidad que hace
posible la lucha contra la indiferencia. El momento de peligro por el
que estamos atravesando exige que profundicemos en la comunicación y
la complicidad. Debemos hacerlo, no en nombre de una communitas
abstracta, sino movidos por la imagen desestabillzadora del
sufrimiento multiforme causado por la iniciativa humana, tan
avasallador como innecesario. Las teorías de la separación, en este
momento de peligro, deben formularse sin perder de vista lo que nos
une; y, viceversa, las teorías de la unión deben formularse tomando
en cuenta lo que nos divide. Las fronteras divisoras deben
construirse con numerosas entradas y salidas. Al mismo tiempo, es
importante mantener en miente que lo que une sólo une a posteriori.
No es la naturaleza humana, sino la iniciativa humana la que nos une.
(…)
La comunicación y
la complicidad epistemológicas se asientan en la idea de que no
existe solo una forma de conocimiento, sino varias, y que es preciso
optar por la que favorece la creación de imágenes
desestabilizadoras y una actitud de inconformismo frente a ellas. No
hay conocimiento en general ni ignorancia en general. Cada forma de
conocimiento conoce en relación con un cierto tipo de ignorancia y,
viceversa, cada forma de ignorancia es ignorancia de un cierto tipo
de conocimiento.
(…)
Creo que el
paradigma de la modernidad contiene dos formas importantes de
conocimiento: conocimiento-regulación y conocimiento-emancipación.
Él conocimiento-regulación consiste en una trayectoria entre un
punto de ignorancia, denominado caos, y un punto de conocimiento,
denominado orden. El conocimiento-emancipación consiste en una
trayectoria entre un punto de ignorancia, denominado colonialismo, y
un punto de conocimiento, denominado solidaridad. Si bien estas dos
formas de conocimiento están igualmente inscritas en el paradigma de
la modernidad, el conocimiento-regulación, durante el último siglo,
ha ganado primacía total sobre el conocimiento-emancipación. Con
esto, el orden pasó a ser la forma hegemónica del conocimiento, y
el caos, la forma hegemónica de la ignorancia. Dicha hegemonía del
conocimiento-regulación le permitió recodificar el
conocimiento-emancipación en sus propios términos. Así, lo que era
saber en esta última forma de conocimiento, se transformó en
ignorancia (la solidaridad se convirtió en caos) v lo que era
ignorancia se transformó en saber (el colonialismo fue recodificado
como orden).
(…)
La solidaridad como
forma de conocimiento es el reconocimiento del otro como igual
siempre que la diferencia le acarree inferioridad y, como diferente,
siempre que la igualdad le ponga en riesgo la identidad."
Ahora que las miradas van poco a poco explorando las realidades y significados de los cuidades, merece la pena bucear en algunos textos que permiten entender mejor los retos que estos nos plantean, como por ejemplo los de Gloria Marín y Laura Palazzani, del que extraigo estos fragmentos sobre la articulación entre cuidados y justicia, entre práctica y teoría (gracias a las gentes de Madrid Ciudad de los Cuidados por recomendarnos estas lecturas): El cuidado supone un relación asimétrica y no recíproca, de ello resulta un estrecho vínculo entre el concepto y la práctica. Cuidar no es un concepto abstracto o una teoría impersonal: del cuidado sólo puede derivarse una actitud interior, que se traduce en comportamiento, acción concreta en la realidad, en situaciones o contextos específicos de experiencia cotidiana. Cuidar no puede ser una práctica extrínseca (una acción exterior), sino que debe estar necesariamente conectada con una práctica interna (vivida, en la experiencia del agente), que implica el sentimiento (la capacidad se sentir algo hacia alguien), la empatía (la participación en lo vivido por el otro), la compasión (identificación del sujeto con la experiencia del otro). La obligación moral procede (espontáneamente) del interior (no es, no puede ser impuesto con coerción por reglas externas, a las que se obedece de forma pasiva).
Cuidar es, además, una práctica que se despliega en el tiempo: es un proceso, una tarea, un compromiso activo, una tensión constante; por tanto, es una virtud (en contraposición a la bioética de los principios) que se adquiere con el hábito de la conducta, sostenida y acompañada por una fuerte motivación personal. Es la práctica de la preocupación, de la atención, de la solicitud: desear el bien del otro, hacer bien al otro, en la capacidad de trascender los propios intereses inmediatos, que emergen en la situación concreta, con independencia del intercambio, en la gratuídad y el desinterés, con la lógica de la beneficencia o benevolencia hacia la alteridad.
En este sentido, en filosofía se podría definir el cuidado como actitud interior y compromiso activo de preocupación/atención responsable (a-simétrica y a-recíproca) a quien es vulnerable.
(...)
Comprender la vulnerabilidad de los otros implica comprender la propia vulnerabilidad y, por tanto, comprender la vulnerabilidad como condición humana (del otro, del sujeto, del hombre, de cada hombre). La conciencia del límite, un ser indigente, finito, la fragilidad como estructura antropológica y fundamento de la acción moral. La vulnerabilidad es la experiencia de todos: al llegar al mundo (todos somos hijos, tenemos la certeza de haber nacido de otros, la alte- ridad es estructural, nadie se crea a sí mismo, sino que tiene necesidad de otros para nacer y para existir); en la enfermedad, en la marginalidad, en las situaciones de debilidad, al acercarse la muerte. La experiencia del límite es la experiencia de un yo que no es autosuficiente, tiene necesidad del otro y de los cuidados del otro. El yo tiene necesidad del otro para ser plenamente él mismo (para adquirir su identidad); tiene necesidad de relacionarse, como condición y como manifestación de la identidad humana. El hombre (varón o mujer) es, al mismo tiempo, sujeto y objeto del cuidado; tienen necesidad de los cuidados del otro (ontológicamente) y tiene la posibilidad de cuidar del otro (éticamente).
(...)
El cuidado integra la justicia (siendo complementaria). El cuidado permite el reconocimiento del otro, y no sólo de forma racional como socius (es decir, aquel que pertenece al mismo orden de la existencia), sino también como prójimo, con empatía, pasando de la relación social, racional, abstracta, imparcial e impersonal, a la relación personal e interpersonal, de sentimientos y experiencias. En este sentido y más allá de la justicia, el cuidado justifica una especial atención a los agentes más débiles.
Justicia y cuidado, a la vez, permiten la realización plena de la dignidad humana: la justicia garantiza, en el ámbito biojurídico, una ética mínima (igualdad simétrica y recíproca). En bioética, el cuidado tiende hacia una ética de máximos (la responsabilidad con empatía, la solicitud altruista y filantrópica). El cuidado exige atender a las diferencias en la igualdad, a las condiciones humanas y reales.
Situar la justicia en las condiciones humanas, reales y concretas, permite especificar el concepto universal de justicia. La justicia por sí sola no es suficiente, el cuidado por sí solo no es suficiente. La justicia es necesaria, pero el cuidado le da sentido. Justicia y cuidado permiten combinar el universalismo abstracto con lo concreto: el cuidado va más allá de la justicia al reconocer el valor de la solidaridad, en su sentido público y universal. Por esta razón, la bioética del cuidado hace una importante contribución, humaniza la actuación en el ámbito sanitario, contra los excesos de la técnica, de la tecnología, de la gestión, de lo empresarial, contra la despersonalización y buro- cratización de lo sanitario (basado siempre en protocolos y estadísticas). Empieza a ser relevante la educación y la formación en un saber biomédico que no sólo sea técnico, sino humano, que sepa poner énfasis en algo más que en las capacidades técnicas (las habilidades profesionales), en la gestión (la optimización, la eficacia), apostando por las capacidades humanas para relacionarse (el médico, la enfermera, el trabajador de la salud, también la familia, los parientes y los amigos). La ética del cuidado anima a ampliar la perspectiva, prestando atención al bienestar global del paciente, considerándolo como persona (en su dimensión física, psíquica, social y espiritual), atendiendo a la familia y al contexto social (el entorno del paciente). Cada vez es más evidente el valor de la relación interpersonal, la atención y la empatía que surja de una motivación interna (que no se limite a actuar, sino que piense en el ser), en el compromiso con el otro y con el bien del otro.
Muy interesante este vídeo de Rishi Manchanda por su clara interpelación a dejarnos de excusas y ponernos manos a la tarea de resolver los problemas de salud en su origen, y no sólo en sus consecuencias:
Ya llevaba yo tiempo sin hacer referencia en este espacio al Cruce de Saberes y Prácticas, y no por falta de ganas. Más bien al contrario, el estar experimentando con este enfoque dentro del proyecto de "Comunidades Activas en Salud", promovido por Madrid Salud, Tesela Psicodrama y apoyado por ATD Cuarto Mundo, me ha ido permitiendo descubrir la potencia de esta propuesta, pero sin tiempo para aclarar y clarificar lo suficiente como para poder compartir aquí de manera ordenada.
Ahora, revisando la experiencia y materiales de otros grupos que han trabajado en esta línea, quiero aprovechar para entresacar algunas cuestiones que me parecen fundamentales. Por de pronto, para quien no haya participado nunca en un proyecto de Cruce de Saberes y Prácticas, acá va un vídeo en el que se recoge una de estas experiencias y que pone en claro algunas de las dinámicas que se suelen producir en ellas.
En este artículo se recogen algunos aprendizajes del proyecto ÉQUIsanTÉ, desarrollado en Canadá, que creo que apuntan a algunas cuestiones clave en relación a la investigación militante y consciente de las desigualdades de saber y poder existentes entre los diferentes grupos. Y es que los dispositivos de democracia participativa pueden reforzar las desigualdades sociales cuando no transforman las formas prácticas de
ejercicio del lenguaje y del poder (Young, 2000), así como la investigación
participativa puede, paradójicamente, conducir a reforzar el poder de
lxs científicxs para enunciar una ciencia única y objetiva (Coutellec, 2015). En este sentido, la propuesta del Cruce de Saberes y Prácticas se alínea con prácticas decolonialistas y feministas que tratan de producir y validar los conocimientos provenientes de las
experiencias de resistencia de grupos sociales que han sufrido la
injusticia y la opresión causada por el capitalismo, el colonialismo y
el patriarcado.
Así, una
condición primordial para que sea posible el Cruce de Saberes y Prácticas es partir del análisis de las vivencias, del saber
y las experiencias de las personas en situación de pobreza, que este sea el
punto de partida para una construcción de saberes cruzados.
Otra clave es que, previamente al trabajo colectivo entre personas con experiencia de pobreza, profesionales y académicos, haya etapas de reflexión y diálogo entre cada uno de estos grupos de pares. El cruce
de saberes implica asumir ciertos riesgos para todos los
participantes, al partir de la consciencia de las asimetrías de poder y de saber
que existen entre ellos, por lo que hay que promover espacios de confianza y seguridad. No hay que tener prisa en mezclarse, ya que es necesario dar tiempo para una construcción colectiva de conocimiento. Esto es especialmente importante para las personas en situación de pobreza, cuya materia prima de saber es su propia experiencia, por lo que deben poder trabajarla para no quedarse en una mera enunciación de un testimonio, así como evitar exponerse demasiado personalmente en
público. Pero este trabajo en grupos separados, donde se genera mucha información que no se comparte con el resto de participantes, es difícil de integrar para algunas de las personas investigadoras, que sienten estas precauciones metodológicas como una
desposesión: su acceso a ciertos datos es limitado, se les impone una
distancia con las personas en situación de pobreza y no tienen la
libertad de poder utilizar por si mismas los productos de la
investigación. En realidad es una consecuencia lógica, ya que la lucha contra las desigualdades genera inevitablemente conflictos al poner en cuestión las certidumbres y los hábitos.
"Lo
que he vivido es más que una experiencia, es un saber. Es el saber de
la vida a través de experimentar las consecuencias de un sistema". Esto comentaba una de las personas participantes en situación de pobreza.
Pero al mismo tiempo hay que recordar que lo que se ha vivido en estas situaciones es doloroso: la pobreza suscita la colera, la
vergüenza, el rechazo frente a quienes se ven todavía más perjudicadxs que unx mismx. Todo esto es muy difícil de expresar, de valorar, y por eso suele permanecer generalmente invisible, ignorado y necesita ser
trabajado colectivamente para llegar a estructurarse como un saber.
Y ahí es donde entran en juego los últimos personajes de esta aventura: lxs voluntarixs, en el caso de este trabajo de ÉQUIsanTÉ provenientes de ATD Cuarto Mundo y con años de compromiso y conocimiento sobre diferentes realidades de pobreza y exclusión. ¿Qué papel juegan en esta historia? Según una de las personas con experiencia de pobreza participantes "son como un puente. Sin el puente, se nos habría analizado. Pensamos por nosotras mismas, pero este puente permite clarificar, profundizar en nuestro pensamiento. No
podría ser una investigadora quien hiciese ese puente. Hace falta
alguien que conozca el mundo de la pobreza. Lo mejor es conocer los dos
lados, el mundo de la pobreza y el mundo médico, que sean reconocidos por ambos lados.". Una explicación que no todas las personas voluntarias aceptan, ya que por ejemplo una de ellas sitúa su trabajo no tanto en el registro de la traducción y de la mediación
sino más bien en el del apoyo, de estar al lado de las personas en
situación de pobreza, con ellas, enteramente de su parte, asi como hay otra persona referente del lado de los profesionales. ¿Pero no es esto algo totalmente contrario a la pretendida objetividad científica e investigadora?¿Qué razón de ser tiene? Lxs
voluntarixs explican que una parte de su trabajo consiste en evitar que
las personas en situación de pobreza caigan en el silencio por la dificultad de compartir determinadas experiencias, y que puedan situarse en un diálogo de igual a igual con profesionales y académicxs, aunque esto choque con sus experiencias cotidianas de ser tratadxs como ignorantes e incapaces: "Podemos
empujar a participar a las personas en situación de pobreza. Esto a veces se
entiende como una manipulación. Pero nuestra experiencia de acompañarles
desde hace años es la que hace que podamos empujarles cuándo se atascan,
para que así puedan sacar sus saberes y también sus desacuerdos". Tema de delicados equilibrios este... ¿Cómo apoyar la toma de palabra cuando las experiencias de dolor y humillación en las que se basa el conocimiento de quienes las sufren empujan al silencio? ¿Cómo sostener y animar la participación garantizando la libertad, sin generar ni ahondar en dependencias que condicionan y amordazan?
Esto a su vez apunta a la última cuestión. Desde esta perspectiva, entonces, ¿el saber puesto en juego es un saber situado de personas en pobreza o un saber sobre la pobreza
construido por estas personas en un espacio asociativo comprometido en la lucha contra la
miseria? El concepto de saber situado de quienes viven en pobreza podría dar a entender que éste se construye solo, lo
que es improbable en una sociedad tan desigual como la nuestra. Si Hartsock hablaba de un "punto de vista feminista" y no de un "punto de
vista de las mujeres" lo hacía para marcar que el conocimiento construido es
político y comprometido, no un conocimiento esencialista,
reducido al testimonio de las mujeres. Lo mismo ocurre con el saber producido por y con las personas en pobreza en el seno de ATD Cuarto Mundo: un saber que podríamos calificar como "saber de lucha contra la pobreza".
Sin embargo, esta manera de plantear la investigación y el reconocimiento de su dimensión
militante incomoda a algunxs investigadorxs. De hecho, sigue manteniéndose el modelo del "sociólogo comprometido" de Burawoy en la mayor parte de las situaciones de cooperación
e investigación entre universitarios y sociedad civil: el profesional de la investigación desciende a la arena, escucha y se implica en los grupos que
estudia, haciéndoles una devolución final sobre su acción, pero el
análisis y la escritura continúan siendo su propiedad personal.
Como señala Boaventura Santos (2014), "hace
falta decolonizar los metodos sociologicos". Lo que Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo, explicaba así: "que
los universitarios vayan a la calle, pero no para preguntar ni para
acumular información para ellos mismos, sino para aprender, para
dejarse corregir, dispuestos a que se les ponga en cuestión, no
solamente en su saber, sino también sobre los fundamentos, el método y la
significación del saber."
Un año más se cierra, un año lleno de aprendizajes y sorpresas (y es que lo primero no puede no ir acompañado de lo segundo cuando nos atrevemos a transitar nuevos caminos). En mi caso, cierro recogiendo cabos que me han ido lanzando estos meses y que hasta ahora no he tenido tiempo de recoger, impactado y con muchas ganas de profundizar en la propuesta, nada nueva, pero si bastante desconocida por estos lares, de la epidemiología crítica latinoamericana, su apuesta por la salud colectiva y el foco que sitúan en la Determinación Social de la Salud. No confundir, como me ha pasado a mí, con el paradigma de los Determinantes Sociales en Salud, que parece lo mismo pero no es igual.
Recojo algunos retazos de textos de Jaime Breilh, para tratar de ordenar un poco lo que me interpela de esta propuesta y animar a ver si a alguien más se le despiertan las ganas de profundizar en este tema.
Nada como empezar poniendo en su sitio las limitaciones del enfoque mayoritario de la ciencia:
"La epidemiología convencional, incluso con las mejores intenciones, estructura su discurso metódico de manera que hace invisibles las relaciones de determinación generadas por el sistema económico de acumulación de capital, las relaciones de inequidad que lo reproducen y la destrucción de la naturaleza.
Es decir, el análisis de los paradigmas y modelos con los que ha trabajado la epidemiología, se encuentra inevitablemente atravesado por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones en cada período histórico. Confrontaciones que no se subsanan con la adición de un reconocimiento de “causas de las causas” y de los “determinantes estructurales”, mientras sigue inserta en la misma lógica empírico-funcional.
El paradigma de la llamada epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS sobre “determinantes sociales de la salud” es otro causalismo que explica también el orden bajo la noción causal. Representa un paradigma de transición crítica por que se abre a lo estructural, rompiendo el cerco de la visión más restrictiva de la epidemiología convencional, sin que represente un cambio de paradigma, en tanto convierte las estructuras sociales en variables y no en categorías de análisis del movimiento histórico de la acumulación.
Con esto no es posible ofrecer una crítica directa de la organización social de la sociedad de mercado y de sus rotundas consecuencias en la salud; ni analizar el proceso radical de acumulación económica/exclusión social, como eje de una reproducción ampliada de la inequidad social, ni abordar el metabolismo sociedad naturaleza . Escogen la vía causal deificando categorías analíticas en factores o causas estructurales, que aparecen como abstracciones sonoras pero vaciadas de contenido crítico y de movimiento: determinantes estructurales de inequidades (gobernanza, políticas, cultura) y unos determinantes intermedios (circunstancias materiales, conductas y factores biológicos).
El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del sujeto institucional, enrolado en el poder público o en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de realizaciones técnicas (tipo metas del milenio) y se propone mejorar una gobernanza, corrigiendo las distorsiones mayores, o estructurales, que amenazan la legitimidad del orden social."
¿Y entonces cómo se propone como alternativa? ¿En qué consiste el paradigma de la determinación social?
"El paradigma de la determinación social se plantea en la interfase del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la sociedad. Se propone descifrar el movimiento de la vida, de su metabolismo histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos (económicos, políticos, culturales) y del movimiento de los geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social cuyo eje es la acumulación de capital, nombre que toma en nuestras sociedades la reproducción social.
No hay cabida en el eje vertebrador de este paradigma para colocar como objetivos estratégicos y centrales: ni la redistribución de ingreso y acceso a servicios; ni las medidas limitadas de gobernanza; ni las reivindicaciones aisladas culturales; ni las propuestas de negocio ecológico, es un paradigma que busca acompañar el esfuerzo histórico de los pueblos por derrotar y desmontar el sistema actual de acelerada acumulación de capital, exclusión social y destrucción de la naturaleza, con su modo civilizatorio consumista, contaminante y derrochador. Un paradigma que se piensa y avanza en trance de transformación integral de la sociedad capitalista no sólo para conseguir metas puntuales convencionalmente medidas en indicadores de calidad de vida, como los de ingreso, educativos, y sanitarios- sino paraemancipar a la sociedad y conseguir la vigencia plena de los 4 rubros de la vida: sustentabilidad, soberanía, solidaridad y salud/bioseguridad integral."
Para entender mejor hacia adonde apunta:
"El paradigma de la epidemiología crítica trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una investigación intercultural, interdisciplinaria y basada en la comunidad, que busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos. Una investigación y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura, produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la determinación social general que se expresan en las 4 “S” de la vida (civilización sustentable, soberana, solidaria, saludable/biosegura).
En el marco de este paradigma, se asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de vivir, y para lograr el control y un giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que degrada también la relación sociedad - naturaleza.
No es posible lograr estas metas actuando sobre factores, ni ajustando artifcialmente sistemas, ni tampoco buscando mejoras en la gobernanza. Por ello el paradigma de la determinación social es una herramienta para el avance de la justiciabilidad y exigibilidad de derechos sistemáticamente conculcados."
¿Y cómo se consigue avanzar en esta vía? Acá va una propuesta muy sugerente y que descoloca nuestras maneras de hacer mayoritariamente desde el campo profesional:
"Para ubicar su abordaje o proyección práctica podemos situarlo en relación con los tres elementos del triángulo de la política:
a) un proyecto emancipador para la salud (teoría crítica sanitaria y proyecto estratégico de incidencia sobre los procesos críticos de la determinación social).
b) un bloque social articulado de sujetos-comunidades afectados y movilizados
c) un cuerpo de conocimientos científicos y herramientas técnicas usadas y rediseñadas en dirección al avance de los dos otros elementos."
Generar conocimiento que permitan generar teoría y proyecto, pero no solo, sino también construir un movimiento de sujetos y comunidades afectados...
Hace unas semanas asistí a una Universidad Popular Cuarto Mundo cuyo tema en un principio me animaba poco a participar: el amor. No sé muy porqué, pero al pensar en hablar de ese tema me parecía que podía ser un poco pueril, difícil de profundizar, poco útil de cara a nuestro objetivo en ATD Cuarto Mundo de luchar contra la pobreza...
Nada más lejos de la realidad. Asistí durante dos horas a un torrente de intervenciones de las diferentes personas participantes, especialmente de aquellas en situación de mayor pobreza, espoleadas como si llevaran años esperando poder abordar este tema que tanto parecía resonarles, y cuyo compartir se enriquecía en una espiral de diálogos y reconocimiento mutuo que parecía no tener fin.
Por una vez en estas reuniones, callé. Solo abrí la boca para dar las gracias al final de la sesión por todo lo que me llevaba, mucho todavía sin digerir. Escuchar sobre las experiencias concretas en este campo, especialmente aquellas que ancladas en la primera infancia, de aquellas personas cuya realidad había sido (y en muchos casos seguía siendo) tan complicada que el amor parecía un lujo del que, sin embargo, nadie estaba dispuesto a desprenderse. De repente resonaban con fuerza esas palabra de Wresinski, fundador de ATD Cuarto Mundo "el amor, en todas sus dimensiones y formas, es un proyecto que requiere de libertad de elección, distancia y tiempo. Para descubrir cómo los más pobres crean esos márgenes de libertad, distancia y tiempo hay que arrodillarse, pues esta libertad se produce a un nivel muy bajo". Y ahí estaba yo, con la oportunidad de poner pie a tierra, acercar el oído y escuchar, ávido de seguir aprendiendo sobre algo que descubría de repente como apasionante y necesario.
Sí, es necesario que hablemos del amor. Pero no como suele aparecer en contextos profesionales, encuadrado en sus manifestaciones más aberrantes, como una enfermedad que amenaza con desequilibrar la vida y sus fragilidades. Se multiplican los cursos, formaciones y alarmas sobre patologías relacionadas con el amor y las relaciones, y es importante, no voy a decir que no. Pero si el amor es reconocido por muchas personas como un motor fundamental para sus vidas, como un activo en salud esencial, ¿no deberíamos abordarlo también desde ese punto de vista, desde lo que aporta, construye y sana?
Sí, es difícil, hablar del amor cuando la legitimidad del conocimiento parece provenir sólo del ámbito científico y de lo cuantificable. Pero es un reto que debemos abordar si queremos acompañar realmente procesos de promoción de la salud y de cuidado de la vida. Y con él otros temas, como el perdón, la fraternidad, la esperanza... Sí, puede sonar un poco a catequesis y a más de uno/a se le pondrán los pelos de punta con esta secuencia. Pero el otro día lo decía muy claramente una militante Cuarto Mundo hablando de lo que les pide a los/as profesionales: "Por lo menos que nos den esperanza para poder cambiar". Esa, y no otra, es la prioridad que señalaba.
¿Cómo ofrecer algo a lo que no nos atrevemos a mirar de frente?
Amor, perdón, fraternidad, esperanza... deberes pendientes que tenemos.