14 oct 2021

Determinantes, Desigualdades, Violencias (Levantando la mirada III)

"La pandemia nos afecta a todos por igual" fue uno de los primeros tópicos en desmontarse al ir conociendo datos de cómo la COVID-19 afectaba, al igual que muchas otras enfermedades, más y de forma más agresiva a quienes viven en mayor precariedad, mientras que las grandes fortunas se hacían aún mayores y los mecanismos de toma de decisiones se centralizaban en el contexto de emergencia, restando capacidad de acción local.

De repente, aspectos como la vivienda, el trabajo, los cuidados y las relaciones sociales mostraban de manera clara su vinculación con la salud. Los determinantes sociales en salud (DSS) saltaban a primera plana, aunque no se traducían en políticas ambiciosas a la altura de la determinación con la que se implantaban medidas de distanciamiento. ¿Por qué esta parálisis de acción pese a constatar la importancia de estos factores?

Quizás nos hace falta dar un paso más allá. Si no solo enumeramos los DSS como nuevas variables sino que estudiamos cómo se relacionan estos aspectos clave (vivienda, trabajo, ingresos, redes) entre ellos y con el sistema político y económico en el que vivimos, el cuadro resultante cambia bastante. Ya no limitaremos a medir la influencia de factores independientes, sino que podremos entender mejor el entretejido de las diferentes fuerzas y construcciones sociales que influyen en los procesos de salud y enfermedad, como propone el modelo de la Determinación Social de la Salud (cuya diferencia con el modelo de los DSS va mucho más allá del cambio de plural a singular). 

Esto nos permitirá abordar no solo los efectos de los factores sociales, políticos y estructurales en la salud, sino también su origen y estructura, algo clave para no quedarnos en medidas paliativas de reducción de daños. Y esto nos enfrenta a dos cuestiones clave: la del poder y la de las desigualdades / inequidades, así como a su construcción histórica, socio-económica, política y cultural en cada contexto local.

En este sentido es muy clarificador como Paul Farmer señala la cuestión de la violencia estructural como un aspecto invisibilizado que es clave incorporar a nuestros análisis: "no es posible tener un debate honesto sobre alcoholismo entre nativos americanos, o sobre adicción a drogas entre afroamericanos, sin abordar la historia de genocidio y esclavismo en Norteamérica. Este comentario suele ser visto como extraño en círculos médicos y de salud pública, en los que los debates sobre abuso de sustancias están desocializados, vistos como problemas personales y psicológicos en vez de sociales. Así, se perpetua la violencia estructural a través de la omisión analítica". ¿Nos atrevemos a incorporar este enfoque en nuestro entorno cuando atendemos a poblaciones históricamente violentadas, como el pueblo gitano o las comunidades migrantes? ¿Y con "nuevas" realidades emergentes, como las casas de juego en barrios populares o la soledad no deseada? ¿Cómo puede transformar este enfoque nuestra acción?

Lo que está claro es que esto nos empuja a abrir el foco: ¿y si identificáramos las relaciones entre violaciones de derechos humanos con los procesos de salud / enfermedad? ¿Y si a partir de este análisis trabajáramos conjuntamente con otros agentes sociales y comunitarios para generar respuestas que pudieran cambiar realmente las condiciones estructurales? No es fácil, eso seguro, pero el impacto de estas cuestiones sobre la salud es tan brutal que... ¿no tendremos que ponernos de una vez a ello?





8 oct 2021

El nudo que nos atrapa (Levantando la mirada II)

Andamos con la mirada baja, atrapada en el día a día, sin un horizonte claro. Atrapados. Entrampados. ¿Porqué? Razones hay muchas, seguro, pero a mi me resulta muy esclarecedor lo que señala Alessandro Baricco al final de su texto "Lo que estábamos buscando", señalando dos fuerzas opuestas y contrarias que generan un torbellino sordo en el que se sostiene el momento actual:

"La primera fuerza. El virus no es democrático. El virus fortalece a los poderosos, acaba con los pobres. El virus no hace caer la bolsa de valores, sino que devasta la economía informal. En presencia del virus los ricos también mueren, por supuesto, pero los que viven mal son sobre todo los pobres. Decenas de millones de personas están sufriendo un retroceso que los deja en manos de la beneficencia. El poder político ha regresado al centro del terreno de juego en un resurgir ultrarrápido que lo ha apartado de una agonía irreversible. Toda una élite intelectual ha vuelto a ser escuchada en lugar de permanecer archivada. La ira social se ha visto desactivada, confinada, silenciada. Así, la Pandemia acaba por afilar las garras de un poder que estaba perdiendo a su presa. Contiene una energía que tiende a detener los tiempos, a restaurar aquello que había decaído.

(...)

La segunda fuerza. Al mismo tiempo, el cambio de fase de la Pandemia le quita, por así decirlo, un latido a las pulsaciones del poder. Durante un largo tiempo, suspende la secuencia lógica que hacía que cualquier mundo diferente a este pareciera imposible, produciendo una apnea en el sistema. Rompe la cadena de lo inevitable y, al incluir experiencias inéditas, les devuelve a los humanos la capacidad de pensar lo impensable: no como un juego de la fantasía, sino como una técnica de Construcción, como una forma de racionalidad. Esto debe entenderse literalmente, y leerse a un nivel muy práctico: en la posible caída de muchas de las columnas que sostenían el sistema, se asoma la hipótesis de que un colapso controlado, seguido de una reconstrucción con técnicas antes impensables, es la única manera de detener la degeneración crónica de la construcción de nuestro edificio-mundo."

De repente se ha abierto un espacio, una pelea en marcha entre el viejo y el nuevo mundo, entre las certezas y la incertidumbre, entre lo establecido y lo imposible que, de repente, se ha mostrado real. Y en medio de este tira y afloja navegamos en círculos, sin encontrar la salida.

Quizás haya que zambullirse de pleno en la marea generada por estas dos fuerzas para así descubrir cómo poder coger el timón. Y quizás, bueno, no, seguro que la acción comunitaria nos puede dar claves para ello... ¿Alguna experiencia en este sentido?





16 sept 2021

Levantando la mirada

Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.

Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles: 

- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.

- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.

- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.

¿Podemos hacer algo para intentar ir hacia un lado u otro o están ya todas las cartas echadas? Ahí está la cuestión... Y ahí está la importancia de levantar la vista, de mirar hacia atrás para recuperar aprendizajes y saberes sobre cómo ser y hacer juntas, de mirar hacia adelante para encontrar un horizonte que nos ponga en camino. Porque cada vez desde más lugares nos tratan como meros espectadores sin más objetivo que el consumo inmediato del presente. Inmóviles. Estériles.

Hoy levanto la mirada y me veo en la misma consulta de Atención Primaria en la que tanto aprendí al lado de un maestro y compañero del construir en común, Juan Luis Ruiz-Giménez. Pero ahora, en esta consulta a la que volví después de muchos años fuera de ella, empujado por la pandemia, veo como se va desmoronando de manera implacable un sistema de cuidado de la salud que buscaba no dejar a nadie fuera, pero que cada vez excluye y abandona más, al tiempo que machaca a quienes trabajan dentro de él. En el turno de tarde del centro de salud en el que trabajo ya faltan por cubrir la mitad de los puestos de medicina. Miles de personas sin médica de referencia. Como en tantos otros centros de salud a nuestro alrededor. "¡Hay que hacer algo!", se dice y se escucha, pero no encontramos la manera de ir más allá de los parches y las pataletas, los mensajes simples de "hace falta más" pero la falta de diálogo sobre cómo transformar y transformarnos ahora que el barco está haciendo aguas.

¿Todavía queda la esperanza para la Atención Primaria? De nosotras y nosotros depende. A primera vista, todo apunta a ir a peor. Para intentar evitarlo, andamos con prisas tratando de tapar los rotos, pero con eso poco haremos más que sostener una deriva que viene de largo. Es el momento de apostar por la alternativa comunitaria. No queda otra. Abrir las puertas, las ventanas, hablar y escuchar a quienes viven en los barrios en los que trabajamos, proponer y dejarnos cuestionar, reconocer nuestra vulnerabilidad para construir junto con la de otras personas que quieran apostar y apostarse en este hacer camino que no renuncie a un futuro mejor, más humano y en común.

No será la primera vez, ni la última. Hay muchas experiencias y saberes que nos pueden servir de brújula. Mi intención es ir compartiendo algunas de ellas, construyendo un mapa, o una caja de herramientas, o una constelación de estrellas que acompañen el camino. Habrá que ir viendo qué es más útil. Pero ya es tiempo. Porque el futuro comienza ahora.









21 ago 2020

Aprendizajes de un maestro común, Juan Luis Ruiz-Giménez

“Si quieres hace Medicina de Familia, tienes que irte a Vallecas, con Juan Luis Ruiz-Gimenez. No lo dudes”.

No lo dudé. Edith, amiga de la facultad, era una de las personas en las que más confiaba a la hora de ver cómo enfocar la medicina. Así que no le di más vueltas y allá me fui, en busca de ese elegante señor. Una de las decisiones clave de mi vida.

Yo iba en busca de un tutor, de un maestro, y es lo que encontré, aunque de manera diferente a la que esperaba en un principio. Porque siendo ambas cosas, desde el primer momento sentí como se colocaba a mi lado, como compañero de camino. Con tanto que podía explicar y enseñar, aunque no renunció a ello siempre priorizó escuchar y aprender. Recuerdo muchas claves que me dio sobre la Atención Primaria, sobre el necesario enfoque biopsicosocial para abordarla, sobre la salud comunitaria… pero recuerdo más aún las preguntas que compartió, los “¿y tú cómo harías esto?” ante diferentes situaciones, su curiosidad por lo que yo había aprendido del mundo de la pobreza y la exclusión en ATD Cuarto Mundo, los ánimos con los que nos lanzaba a los residentes del centro a dar un paso adelante para encontrarnos con el vecindario y compartir con este lo mejor de nosotros mismos.

Cuando encuentras a alguien así, solo queda decir “gracias”. Y cuando toca despedirle, como es el caso ahora, aunque las lágrimas asomen y su ausencia genere angustia, no me sale decir otra cosa: gracias, gracias, gracias. Gracias, maestro, por todo lo compartido, pero sobre todo por el hecho mismo de compartir el camino y tantas luchas y cuidados necesarios para sostener la vida: la sanidad pública universal, el derecho a unos ingresos y una vivienda digna, la participación comunitaria como clave para avanzar hacia un horizonte libre de desigualdades e injusticias.

Somos muchas las personas y colectivos que reconocemos a Juan Luis como un referente, como un maestro común. De hecho muchas veces bromeamos hablando  de los 100.000 hijos de Juan Luis, de quienes aprendimos junto a él a entender la salud desde una clave comunitaria y emancipadora. Por eso ahora, en estos momentos tan desorientados y desorientadores, creo que es fundamental que señalemos y compartamos esos aprendizajes que entretejimos junto a él. Son señales y claves a poner en común para recuperar un mapa de salud y cuidados comunitarios que nos ayude a encontrarnos, pese a las diferencias, construyendo un presente y un futuro de respeto, reconocimiento y dignidad.

Seguimos, maestro. Seguimos en común.

#JLRGMaestroComún #tequeremosJLRG 

23 nov 2019

Promover el desempoderamiento

"La ayuda sólo puede venir de quien esté más o menos como tú. Si está por encima no existe la empatía, te juzgan como si no lo estuvieras haciendo lo suficientemente bien, todo el esfuerzo que haces solo lo sabe quien está pasando por lo que tú". Esta frase acompañaba a esta foto con hecha por una vecina de Vallecas en situación precaria. Con ella quería representar una de las principales barreras para el cuidado de la salud que ella encontraba al encontrarse en situación de pobreza, respondiendo a la propuesta que le hicimos desde el proyecto de Madrid Salud en el que he estado participando en los tres últimos años, Comunidades Activas en Salud.

Desde que esta foto apareció en los grupos de reflexión que formamos alrededor del proyecto, la cuestión que señalaba generó mucho debate. ¿Esto es así realmente? ¿La diferencia de estatus determinaba de esta manera la relación en todas las situaciones de este tipo?

En realidad este tema ha sido un tema recurrente a lo largo de todo el proyecto. En el primer encuentro que celebramos entre profesionales y personas con experiencia de pobreza ya se apuntó a la cuestión del poder, el juicio (y el prejuicio) y los encuentros y desencuentros entre estos dos mundos. Una de las profesionales participantes resumía así: "me ha llamado la atención cómo se ha señalado el tema de la vergüenza. Jamás había pensado que la persona que está delante de mi en la consulta pudiera sentir vergüenza". Otro profesional completaba: "me ha dejado una cosa bastante tocado, cuando se ha dicho que desde los profesionales enjuiciamos. Me preocupa, si te digo la verdad, me preocupa bastante… partimos de la base que cuando damos un diagnóstico en las consultas damos un juicio clínico. Lo que estamos haciendo es enjuiciar al paciente, de una manera clínica pero lo enjuiciamos".

Estos dos profesionales, así como muchas de los/las demás que han participado en este proyecto, tienen una larga trayectoria de trabajo en el campo de promoción de la salud. Apuestan claramente en la linea de favorecer que las personas puedan incrementar el control sobre su salud para mejorarla.  En este marco, una de las claves que siempre se señalan es la cuestión del empoderamiento. Sin embargo, dentro del proceso de Comunidades Activas en Salud, y especialmente en la reflexión de las personas con experiencia de pobreza, este tema se ha difuminado en gran medida. Lo que se ha señalado constantemente es su contrario: los mecanismos y protocolos que desempoderan a la población en situación de mayor precariedad, no reconociendo sus capacidades y promoviendo la desesperanza y el inmovilismo. En vez de encontrar un apoyo efectivo para conseguir los objetivos que ellas mismas se marcaban, lo que encuentran de manera habitual es que se les señala como culpables de su situación,  negando su capacidad de análisis e imponiendo objetivos prefijados sin tomar en cuenta su realidad de manera global. ¿Será que hemos ido a dar en este proyecto con la gente más quejicosa e incapaz de asumir sus responsabilidades? Estamos seguros de que no, y más cuando descubrimos que esto que escuchábamos día tras día coincidía con los resultados de una investigación participativa sobre las dimensiones ocultas de la pobreza realizada por ATD Cuarto Mundo Internacional, en la que algunas de estas eran el maltrato institucional y social, y donde se señalaba como cuestión clave en la experiencia de pobreza el tema del desempoderamiento. 

¿Cómo avanzar en una dinámica efectiva de promoción de la salud en relación a la participación de quienes viven en situaciones de mayor precariedad? Porque esa es una de la claves cuando hablamos de equidad, otra de las ambiciones clave de este enfoque ¿Debemos desechar el empoderamiento como una de sus objetivos esenciales? No, no se trata de eso, sino más bien de incorporar un análisis previo de los mecanismos de desempoderamiento existentes para buscar maneras de desmontarlos. Este es un paso esencial para poder así liberar sus capacidades para hacerse cargo de la propia vida, asumiendo que eso supone abrir la puerta para que se puedan confrontar nuestras prácticas y saberes profesionales, dejando así estos /as de tutelar este tipo de procesos y permitiendo que puedan abrirse a caminos construidos en común, más horizontalmente.

En este sentido, otra de las fotos realizadas durante este proyecto de Comunidades Activas recoge muy bien la propuesta final que salió de todo el proceso de diálogo, y que permite concretar alguna de las claves en torno a equidad, participación y capacidad de control sobre la propia experiencia: "Vecinas y profesionales hemos de caminar juntas y trabajar para la mejora de la salud. Para ello es imprescindible mejorar la comunicación. Eso requiere esfuerzo por ambas partes, escucha y situarnos de igual a igual para poder responder mejor a las necesidades".



Salir a la calle, buscar un camino compartido, ¿cómo se hace eso? Otra profesional completaba: "hay que inventar cosas nuevas. Eso va a tener como efecto positivo el que las podemos hacer juntos, es decir, hacer cosas nuevas nos va a ayudar a quitar esa estructura de poder que el sistema nos ha ido colocando y en la que nos colocamos un poco sin querer, en la comunicación, en el espacio, en la relación… Pero si hacemos algo nuevo y lo hacemos entre todos, se supone que podrá ser un espacio más horizontal."

De alguna manera, este proyecto de Comunidades Activas en Salud ha sido un esfuerzo en esta línea de ir más allá de los roles establecidos, de generar una plataforma de encuentro, diálogo y co-formación entre profesionales y personas en situación de pobreza, en la que todas aprenden de todas mientras tratamos de analizar y revertir los procesos de desempoderamiento que tanto dañan a la salud individual y comunitaria. Así lo explica un vecino de Tetuán que ha participado en el proceso desde el principio: “Para los que nos consideramos en esta situación hemos ganado el no estar solos en una lucha que nos afecta. Y conseguir unos lazos de confianza que hemos abierto. Hemos roto muchas barreras entre nosotros, tanto personales como profesionales. Y poder contar nuestras historias nos ha aportado mucha riqueza, ver que puedo expresarme y que puedo confiar. (...) Ver que la preocupación común está ahí, que nos preocupa a todos, que todos hemos participado, todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos. Nos ha llamado a unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”

22 oct 2019

Exposición de Fotorelatos sobre Salud y Pobreza



Sin posibilidades económicas, las dificultades para comprar variedad de alimentos, medicamentos o poder acceder a una vivienda se convierten en un desafío a enfrentar en el día a día. Pero abordar la pobreza sólo desde esa perspectiva nubla muchos otros procesos que acompañan esa situación y que son vertebradores de esa realidad.

Desde el comienzo del proyecto de Comunidades Activas en Salud hemos buscado un camino que nos llevara a una comprensión más completa sobre la pobreza. Para abordar el análisis de lo que nos íbamos encontrando en las reuniones con profesionales, vecinas y vecinos, hemos utilizado el informe “Las Dimensiones Ocultas de la Pobreza”, realizado por ATD Cuarto Mundo Internacional y la Universidad de Oxford. Pero también hemos querido explorar nuevas formas de expresión con las personas con experiencia de pobreza y profesionales participantes, lo que se ha concretado en el proyecto de Fotorelatos que presentamos ahora.

Esta exposición, que recorre varios ejes temáticos (Contexto, Necesidades, Experiencia de Pobreza e Interacciones), estará en la Sala Primavera del Centro Cultural Casa del Reloj, en Madrid, hasta el próximo 31 de octubre.






¡A ver qué os parece!

31 ene 2019

Conjugando salud en plural

Hace un año justamente andába enredando ideas junto a Elena Ruíz, María José Fernández de Sanmamed y Mariano Hernández a partir de la invitación de J. Gervás para escrbir algo sobre la simplicidad de la respuesta sanitaria a los problemas sociales y el peligro de medicalización con buenas intenciones. Y esto fue lo que parimos...



                                         Foto: Elena Serrano

Otro día más de consulta. Otro día más arrastrando esta sensación de desenfoque, de no terminar de encontrar el rumbo, de desborde. Llevo ya 8 años en el mismo centro de salud y la dinámica de deterioro de la situación social y económica del barrio no revierte. La consulta sigue coloreándose con mil y un circunstancias sociales frente a las que siento que poco puedo hacer, la verdad. Tantos años de carrera, la residencia, tantas formaciones de mil y un tipos en mi esfuerzo por mantenerme al día, y la sensación de que hay algo fundamental que se me escapa, frente a lo que no sé qué hacer ni cómo actuar, sigue indemne. La sorpresa inicial al descubrir todas estas realidades tan distantes de la mía (¡menudo aterrizaje tuve cuando llegué a este centro!) ya pasó, pero sigo sin tener muy claro cómo dar un paso adelante. Las informaciones sobre los nuevos fármacos y protocolos de actuación se acumulan sobre mi mesa, pero todavía sigo esperando que venga alguien a explicarme cómo responder a Pedro, que relaciona el diagnostico de depresión con los tres años y medio de paro que lleva, qué hacer más allá de dar un ansiolítico a Rosa, sobrepasada por la amenaza de un desahucio, o a Inés, que no soporta más el acoso de su jefe, o que otras alternativas puedo ofrecer a Fernando para el manejo del su dolor además de las farmacológicas, de eficacia tan limitada en casos de biografías tan abigarradas como la suya. Porque mientras tanto me golpea la sensación de impotencia por no poner más que tiritas que tapan algunos síntomas mientras queda al descubierto el grueso de las causas de tantos malestares y enfermedades.

No, no puedo decir que no esté haciendo nada en estos casos. Desde el comienzo de mi formación me inculcaron que debo tener siempre una respuesta preparada frente al sufrimiento humano, así que me centro en buscar una explicación biomédica, dentro del paradigma en el que me he formado y en el que me resulta más cómodo moverme. Por lo menos me permite aportar algo, “intervenir”. Pero, ¿para bien o para mal? Muchas veces me asalta esta duda previamente a la impotencia que comentaba antes. Porque quizás de esta manera, recogiendo, encuadrando y respondiendo a lo que me comparten dentro del enfoque biológico/tecnológico/farmacológico termino legitimando ante la persona que tiene un problema, orgánico o psicológico, da igual, ya que de todas maneras queda en lo individual y requiere de un/a profesional para ser arreglado.

Transformando lo social en individual, en vez de abordar los mecanismos sociales que provocan estas realidades y que determinan la salud, puede llevarme a reforzar las dinámicas que responsabilizan, e incluso culpan, a quienes sufren de sus problemas o enfermedades. Responsabilizar para luego desposeer de cualquier capacidad de acción, situada la dolencia en un plano bioquímico inaccesible, impidiendo reconocer los propios esfuerzos por resistir, promoviendo la victimización y transformando a las personas en pacientes, pasivos/as, impotentes, a merced de “expertas/os” (¿o mejor llamarles “salvadoras/es”).

Un buen ejemplo de esto es todo el aparato construido en torno a los estilos de vida, con mil y un preceptos “saludables” lanzados como dardos a quienes acuden a nuestras consultas, sin reparar en cómo influyen los diferentes condicionantes sociales que nos encontramos unos y otras en las posibilidades de ponerlos en práctica. ¿Cómo tener una dieta equilibrada cuando la principal fuente de alimentos es un contenedor de basura o un banco de alimentos? ¿Cómo encontrar la tranquilidad para la meditación cuando estás tan sobrepasado por mil y una dificultades que resistirte a huir del mundo a través de una botella es toda una heroicidad? ¿Cómo hacer deporte cuando las instalaciones adecuadas para ello son de pago y los parques y calles de tu entorno peligrosos?

En los últimos años he tratado de leer lo que he podido sobre determinantes sociales en salud. La verdad es que es sorprendente hasta que punto se ha llegado a confirmar la influencia de éstos y lo poco que se ha traducido en prácticas concretas. «Si los principales determinantes de la salud son sociales, sociales han de ser también las soluciones», decía Marmot. Pues bien, ¿a qué esperamos para ponerlas en marcha? Será que somos mayoría quienes estamos como yo, sin saber qué hacer en concreto. Eso o que las soluciones posibles pondrían en cuestión todo el tinglado de intereses económicos, políticos y profesionales que sostiene la actual apuesta por la farmacia y la tecnología como puntas de lanza del sistema sanitario.

A veces creo ver en la enfermedad a una espía de las contradicciones del sistema. Sí, ese que dice preocuparse por la salud de todas las personas, pero que nos enferma desigualmente. El mismo que invisibiliza que la salud es una cuestión colectiva en la que sólo las consecuencias de su pérdida son individuales. Si trabajamos sólo en la resolución de éstas, si canalizamos el sufrimiento hacia lo sanitario y dejamos de atender las causas de las causas como algo sistémico, de cuidar aquello que protege nuestra salud, estaremos generando un entorno insalubre, de enfermos adaptados.

¿Y qué hacemos cuando la enfermedad se convierte en el único lenguaje legitimado de denuncia, cuando los colectivos se reapropian colectivamente de ella y la reivindican como medio de protesta? ¿Qué papel jugamos en esos casos? ¿Estamos dispuestos/as a escuchar estas formas de narrarse desde experiencias comunes de sufrimiento? No es cualquier cosa, ya que esto pone en cuestión nuestro rol como agentes de enunciación de la enfermedad. Pero al mismo tiempo nos muestra una nueva posibilidad de relacionarnos como aliadas/os y acompañantes de los procesos puestos en marcha en los cuerpos y las calles.

En la consulta, enfrente de mí, por encima de cada paciente que atiendo, puedo leer el cartel que he colgado: “Curar y solucionar a veces, escuchar, entender y acompañar siempre”. Es la brújula que he encontrado por el momento para abordar esas realidades que se me escapan, que me desbordan. Para encontrar otras maneras de hacer. Mirar cara a cara a quien tengo enfrente, a cada una de estas personas, con buen ánimo para aprender y compartir lo que sé, para promover una dinámica de diálogo, conocimiento y reconocimiento mutuo que nos permita entender mejor qué es lo que podemos aportar cada uno/a desde nuestra posición, desde el ser “paciente” o “ciudadana/o” y el ser “profesional”, para superar la impotencia que nos encierra a unas y a otros con tanta frecuencia. Dejar atrás nuestra manía tan “médica” de etiquetar síntomas y clasificar personas como base sin la cual no es posible actuar, aprender a hablar más allá de nuestros términos “sanitarios” y enredarnos en conversaciones sobre vivienda, sobre trabajo, sobre educación, sin pretender conquistar estos ámbitos desde el campo de la salud sino más bien conocer y vincularnos con lo que otras hacen. Escuchar para poder desde ahí reformular conjuntamente los problemas, considerando tanto el impacto en salud individual como la referencia a los contextos sociales, convivenciales y biológicos que los codeterminan. ¿Qué es si no tratar a las personas con la dignidad que reclaman desde las calles?

Esta dinámica de escucha y reconocimiento de los diferentes saberes que aportamos unas y otros (experiencial, práctico y académico) es la que nos puede empujar más allá de las respuestas individuales, poniéndonos en marcha al encuentro de otras y otros diferentes para ver qué somos capaces de construir desde lo común. Esto nos lleva también a un replanteamiento de nuestro rol profesional, no queda otra, pero nos permitirá también entender mejor cómo poder hacer aportaciones más efectivas y útiles. Y, desde esta nueva posición, animar a otras personas, especialmente a quienes se enfrentan a situaciones de mayor precariedad y aislamiento, a enredarse en esta deriva en la que poder aportar y recibir, en la que poder crecer en colectivo frente a la amenaza de la impotencia y la desesperación.







26 nov 2018

El empoderar ¿se va a acabar?

Venga, que el empoderamiento mola. Hay que empoderar todo lo que se pueda, es la receta mágica sobre todo cuando hablamos de procesos participativos, comunitarios o como queramos llamar a todos esos proyectos en los que echamos la vista más allá de nuestro círculo cercano y descubrirmos a esas otras u otros cuya situación nos empuja a la acción para mejorarla. ¿Qué tipo de acciones? Pues acciones que empoderen, está claro... ¿no?

Con un termino tan de moda, no está de más revisar qué es lo que signfica, porque este significado va a determinar nuestro enfoque y nuestras acción. Y en este sentido es muy interesante seguir la línea que marca Consuelo Chapela, referente mexicana en promoción de la salud, en varios de sus escritos. Así, señala que según la RAE, el empoderamiento iría en la línea de:
  • Dar poder a otra para que la represente en juicio o fuera de él.
  • Poner algo en poder de alguien o darle la posesión de ello.
O si lo queremos traducir del ingles: 
  • Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido.
La idea, en todos estos casos, es clara: empoderar se refiere a alguien que por sus propias razones y con sus propios medios o fines, decide dotar a otra persona o grupo de algo que ella posee y la otra persona o grupo no, estableciendo así una relación en la que una parte es activa e independiente y la otra pasiva y dependiente.

Sin embargo, "empoderar" se relaciona en castellano con otro verbo que no resulta tan simpático: "apoderar". Este verbo está más cercano del concepto de autonomía, en el que el sujeto es un agente activo que se dota a sí mismx y recupera algo que era suyo en primera instancia. Volvemos a recuperar definiciones de la RAE sobre este termino:
  • Hacerse dueño de algo, ocuparlo, ponerlo bajo su poder. 
  • Hacerse poderoso o fuerte; prevenirse de poder o de fuerzas.
Se nos hace raro plantear que los grupos sociales desfavorecidos deben "apoderarse" de que era suyo y se les ha arrebatado, ¿no? Suena amenazador en cierta manera... y lo es, ya que pone en cuestión los privilegios y el estatus de quienes podemos tomar decisiones que les afectan. Trabajar por el empoderamiento refuerza nuestro rol y posición como transmisores y reforzadores de una capacidad de acción que de alguna manera seguimos tutelando. Generar las condiciones para que quienes se han visto más afectadas por las dinámicas de desposesión del sistema capitalista en el que vivimos (desposesión de recursos, capacidades y conocimientos ejercida que viene de lejos, pero cada vez más marcada y machacante) puedan decidir qué se les ha quitado y tienen derecho a recuperar, organizándose para ello... eso cambia las reglas del juego. Por eso mismo nos lleva a lugares verdaderamente transformadores, mucho más inseguros y esperanzadores al mismo tiempo.

Aunque tampoco con esto vamos a inventar nada... No es algo muy diferente del "poderío" del que se habla en el flamenco, siempre relacionado con un saber hacer muy concreto, con un movimiento de dentro afuera que llena la escena con una presencia plena que no se deja dominar. Una reivindicación de lo que pese a todo no se puede arrebatar: la dignidad del ser humano cuando se encuentra con lo que es y siente. ¡Qué arte! ¡Qué poderío!

Empoderar. Apoderar. Poderío. Parece lo mismo. Pero no lo es. Ni mucho menos.


21 nov 2018

Por una formación independiente

Algunas ideas de cara avanzar hacia una formación independiente, surgidas como continuidad de la mesa sobre formación médica e industria de las Jornadas de Osatzen de Noviembre 2017 (http://www.osatzen.com/jornadas2017). Para leer, compartir, revisar y cuestionar(nos).

Está en formato pdf también.

¡Gracias por el trabajo realizado a lxs autorxs!



12 nov 2018

Club de Lecturas Ultramarinas... ¡Marchando una de Chapela!

Hay muchas gentes por el mundo. Muchas y diversas. Algunas hasta divertidas. O curiosas. Las hay inquietas, preocuponas y soñadoras. Y haylas también de esas a las que gusta ir tirando de un hilo a ver como se desmadeja o enreda la cosa, para ver a qué formas y bailes conduce... Son gentes derivonas, que no derivadas, embarcadas siempre en viajes y mareas en los que poder aprender y descubrir nuevas miradas y palabras.

Y ahora resulta que algunas de entre esas gentes nos proponemos emprender rumbo compartido, navegando entre lecturas que nos lleven a ultramar, a nuevos territorios entre la salud y la vida, con algunas lentes que queremos enfocar sobre algunas cuestiones como la promoción, el poder y lo común.

Nuestra primera parada es este texto de Consuelo Chapela: "Promoción de la salud, siete tesis del debate". Una invitación a asomarnos a una apuesta por la Promoción de la Salud que nos resulta muy sugerente.

Quién quiera que tome la chalupa. Quien quiera, que lea a la Chapela...