10 jun 2026

¿Dónde y con quién estamos? Imaginando territorios, dispositivos y acciones desde los Deep End

Han pasado ya unos días desde la celebración del Seminario de Innovación en Atención Primaria sobre los Deep End, muy interesante y enriquecedor. ¿Qué son los Deep End? Pues se trata de una iniciativa puesta enmarcha en Escocia en 2009 y liderada por médicos generalistas para abordar los problemas y dificultades de trabajar en centros de salud situados en áreas deprivadas. El seminario, en el que participamos principalmente profesionales de Atención Primaria de diferentes lugares de España y Portugal, nos permitió conectar las reflexiones y propuestas de la experiencia escocesa con nuestras propias historias e iniciativas, para desde ahí intentar ir aterrizando enfoques y herramientas que nos pueden ser útiles de cara al trabajo en estos lugares donde las complejidades sociales, institucionales y vitales que se dan amenazan con llevarnos por delante.

El nombre Deep End (extremo profundo) hace referencia a la metáfora utilizada para explicar el trabajo en los centros de salud según donde este se encuentre. Si imaginamos una piscina, quienes trabajan en zonas privilegiadas lo harían en la zona de la piscina menos profunda (menos compleja), donde pueden estar apoyados en el suelo y con la cabeza fuera del agua. Mientras tanto, quienes lo hacen en áreas deprivadas lo harían “en lo profundo” (por la mayor complejidad de problemas e interconexiones entre ellos), donde el agua cubre y no se hace pie, teniendo que hacer un esfuerzo constante para sacar la cabeza del agua y no ahogarse. Esta imagen conecta de manera bastante directa con la frecuente sensación, al trabajar en estos “Deep End”, de desborde y de no poder llegar a abordar de manera efectiva los problemas, teniendo que dedicar un gran esfuerzo para, en muchos casos, sentir que no se consigue ir más allá de “sobrevivir” o “salir adelante” como se pueda. 

Imagen reproducida con el permiso del proyecto Deep End escocés

Esta imagen es muy potente, y conecta mucho, como digo, con la experiencia de muchxs profesionales que trabajamos en barrios y pueblos con menor nivel socioeconómico. Pero al mismo tiempo, como todas las buenas metáforas, merece la pena darle una pensada y jugar un poco con ella, para que nos pueda clarificar aún más.

Una de las primeras cuestiones que me planteaba reflexionando sobre esta imagen es la de quién está en la piscina. Por las primeras cosas que leí sobre el movimiento “Deep End”, me dio la impresión de que las siluetas situadas en el agua eran profesionales, y me preguntaba dónde estarían lxs vecinxs. ¿Acaso no están también en estos lugares? Sin embargo, en la charla inaugural que dio Graham Watt al comienzo del seminario explicó que no, que en la imagen se refleja tanto a profesionales como vecinxs en la piscina, tratando de sacar la cabeza como pueden. Esto por un lado me tranquilizó, aunque al mismo tiempo me generó nuevas preguntas: ¿estamos entonces en las mismas condiciones unxs y otrxs? ¿el Deep End nos afecta por igual?

La imagen de la piscina me regaló entonces una respuesta clara: como en cualquier piscina, quienes trabajan en ella tienen sus horarios fijos y turnos establecidos. Así funcionamos también los profesionales. Tenemos un horario laboral y, más allá de que a veces nos impliquemos en los barrios en los que trabajamos fuera de este si queremos, tenemos siempre la opción de salir de la piscina y volver a nuestro entorno, que en general, debido a nuestras condiciones socioeconómicas, no están tan precarizados como estos territorios en los que trabajamos. Incluso aunque a veces podamos vivir en el mismo barrio, no solemos vernos afectados de igual manera por la precariedad como le ocurre al vecindario en situación más desfavorecida. Llegada nuestra hora podemos salir de la piscina, cambiarnos y volver a “nuestra” realidad. Pero quienes viven en los Deep End ahí quedan, en el agua, continuando su lucha contra las circunstancias que les hacen perder pie.

Esta última imagen de la persona que queda en el agua me conecto con otra que me contaba una vecina de Vallecas en un taller que hicimos justamente una semana antes. Ella me decía que la imagen que mejor explicaba su situación y la de otras personas que estaban pasando por lo mismo que ella era la de un mar lleno de olas gigantes que les llevaban de un lado a otro mientras trataban de no ahogarse. En la imagen que ella ofrecía el mar embravecido no era compartido de manera habitual con lxs profesionales, estaban solxs quienes viven en condiciones precarias. Esto me hacía pensar en que esta situación la ayuda técnica que se espera es más de tipo salvavidas, alguien que acuda al rescate tirándose al agua y sacando de ella a quien está a punto de ahogarse, y no tanto en un trabajo conjunto , mano a mano, como esperamos poder desarrollar desde las consultas de Atención Primaria.

Y a estas tres imágenes llevo días dándoles vueltas… Ninguna es la imagen definitiva, cada una aporta algo, y creo que justamente el diálogo entre todas ellas es lo más interesante. Porque muchas veces no somos conscientes de cómo de amenazante puede ser el contexto vital en el que se mueven las personas a las que atendemos, llegando a ser sentido como un mar salvaje. Pero al mismo tiempo el trabajo en estas circunstancias es bien complicado, y salvo intervenciones puntuales para evitar la tragedia no permite abordar dinámicas de cuidado de la salud a largo plazo. Para ello es clave poder crear dispositivos, como pueden ser las piscinas / centros de salud, en los que poder desarrollar una relación que, aunque se maneje en aguas profundas, mantiene unas condiciones mínimas en las que encontrarse y avanzar de manera conjunta, en los tiempos y espacios acordados. Y en estas piscinas podremos encontrarnos profesionales y vecinxs, reconocernos desde el lugar que ocupamos cada cual y entrenar mano a mano para poder ir desarrollando herramientas que nos permitan promover las capacidades de cada persona para cuidar su salud. Pero no solo eso, sino también comenzar a transformar conjuntamente las dinámicas y estructuras que no solo profundizan nuestro lado de la piscina, sino que además agitan ese mar que golpea con violencia los territorios, comunidades y personas en situación de mayor precariedad.

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