Hacer juntas puede significar muchas cosas. Puede ser que hablemos de actuar al mismo tiempo, o de estar cerca mientras resolvemos tareas varias, o de reunirnos alrededor de una misma acción decidida y definida por una o por todas las personas participantes. Y es que a esto de "hacer juntas" le pasa como al término "participación", que se ha usado y abusado tanto de él que puede significar cosas muy diferentes y es necesario aclarar bien de qué estamos hablando cuando lo utilizamos.
31 ene 2022
14 ene 2022
Gente haciendo cosas (Levantando la mirada V)
27 dic 2021
Pulsaciones del poder (Levantando la mirada IV)
14 oct 2021
Determinantes, Desigualdades, Violencias (Levantando la mirada III)
8 oct 2021
El nudo que nos atrapa (Levantando la mirada II)
16 sept 2021
Levantando la mirada
Pues sí, ya es un lugar común el que la pandemia ha revuelto y cambiado nuestras vidas, aunque sigamos todavía en gran medida sin ser conscientes de hasta qué punto o de qué manera, suspendidos como estamos en una incertidumbre que amenaza con perpetuarse sin fin. De hecho, con la vorágine del día a día, en este tiempo pocas veces me he parado para levantar la mirada del presente continuo que nos tiene atrapados para mirar hacia atrás o hacia adelante, más allá de lo inmediato.
Pero desde hace unos días me tiene inquieto un libro, o más bien, el título de un libro que no me he leído aún, pero que desde su cabecera ha conseguido arrancarme la vista del suelo: "El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía". Lo que plantea no parece tampoco un descubrimiento deslumbrante, sino un simple análisis desde la realidad actual dibujando tres posibles futuros posibles:
- que todo vaya a peor y que, con la crisis que tenemos ahora, se genere una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática.- cambiar para que todo quede igual, realizar pequeñas reformas pero mantener el modelo.
- una alternativa civilizatoria que cambie hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales.
21 ago 2020
Aprendizajes de un maestro común, Juan Luis Ruiz-Giménez
“Si quieres hace Medicina de Familia, tienes que irte a Vallecas, con Juan Luis Ruiz-Gimenez. No lo dudes”.
No lo dudé. Edith, amiga de la facultad, era una de las personas en las que más confiaba a la hora de ver cómo enfocar la medicina. Así que no le di más vueltas y allá me fui, en busca de ese elegante señor. Una de las decisiones clave de mi vida.
Yo iba en busca de un tutor, de un maestro, y es lo que encontré, aunque de manera diferente a la que esperaba en un principio. Porque siendo ambas cosas, desde el primer momento sentí como se colocaba a mi lado, como compañero de camino. Con tanto que podía explicar y enseñar, aunque no renunció a ello siempre priorizó escuchar y aprender. Recuerdo muchas claves que me dio sobre la Atención Primaria, sobre el necesario enfoque biopsicosocial para abordarla, sobre la salud comunitaria… pero recuerdo más aún las preguntas que compartió, los “¿y tú cómo harías esto?” ante diferentes situaciones, su curiosidad por lo que yo había aprendido del mundo de la pobreza y la exclusión en ATD Cuarto Mundo, los ánimos con los que nos lanzaba a los residentes del centro a dar un paso adelante para encontrarnos con el vecindario y compartir con este lo mejor de nosotros mismos.
Cuando encuentras a alguien así, solo queda decir “gracias”. Y cuando toca despedirle, como es el caso ahora, aunque las lágrimas asomen y su ausencia genere angustia, no me sale decir otra cosa: gracias, gracias, gracias. Gracias, maestro, por todo lo compartido, pero sobre todo por el hecho mismo de compartir el camino y tantas luchas y cuidados necesarios para sostener la vida: la sanidad pública universal, el derecho a unos ingresos y una vivienda digna, la participación comunitaria como clave para avanzar hacia un horizonte libre de desigualdades e injusticias.
Somos muchas las personas y colectivos que reconocemos a Juan Luis como un referente, como un maestro común. De hecho muchas veces bromeamos hablando de los 100.000 hijos de Juan Luis, de quienes aprendimos junto a él a entender la salud desde una clave comunitaria y emancipadora. Por eso ahora, en estos momentos tan desorientados y desorientadores, creo que es fundamental que señalemos y compartamos esos aprendizajes que entretejimos junto a él. Son señales y claves a poner en común para recuperar un mapa de salud y cuidados comunitarios que nos ayude a encontrarnos, pese a las diferencias, construyendo un presente y un futuro de respeto, reconocimiento y dignidad.
Seguimos, maestro. Seguimos en común.
#JLRGMaestroComún #tequeremosJLRG
23 nov 2019
Promover el desempoderamiento
¿Cómo avanzar en una dinámica efectiva de promoción de la salud en relación a la participación de quienes viven en situaciones de mayor precariedad? Porque esa es una de la claves cuando hablamos de equidad, otra de las ambiciones clave de este enfoque ¿Debemos desechar el empoderamiento como una de sus objetivos esenciales? No, no se trata de eso, sino más bien de incorporar un análisis previo de los mecanismos de desempoderamiento existentes para buscar maneras de desmontarlos. Este es un paso esencial para poder así liberar sus capacidades para hacerse cargo de la propia vida, asumiendo que eso supone abrir la puerta para que se puedan confrontar nuestras prácticas y saberes profesionales, dejando así estos /as de tutelar este tipo de procesos y permitiendo que puedan abrirse a caminos construidos en común, más horizontalmente.
Salir a la calle, buscar un camino compartido, ¿cómo se hace eso? Otra profesional completaba: "hay que inventar cosas nuevas. Eso va a tener como efecto positivo el que las podemos hacer juntos, es decir, hacer cosas nuevas nos va a ayudar a quitar esa estructura de poder que el sistema nos ha ido colocando y en la que nos colocamos un poco sin querer, en la comunicación, en el espacio, en la relación… Pero si hacemos algo nuevo y lo hacemos entre todos, se supone que podrá ser un espacio más horizontal."
22 oct 2019
Exposición de Fotorelatos sobre Salud y Pobreza
Sin posibilidades económicas, las dificultades para comprar variedad de alimentos, medicamentos o poder acceder a una vivienda se convierten en un desafío a enfrentar en el día a día. Pero abordar la pobreza sólo desde esa perspectiva nubla muchos otros procesos que acompañan esa situación y que son vertebradores de esa realidad.
Desde el comienzo del proyecto de Comunidades Activas en Salud hemos buscado un camino que nos llevara a una comprensión más completa sobre la pobreza. Para abordar el análisis de lo que nos íbamos encontrando en las reuniones con profesionales, vecinas y vecinos, hemos utilizado el informe “Las Dimensiones Ocultas de la Pobreza”, realizado por ATD Cuarto Mundo Internacional y la Universidad de Oxford. Pero también hemos querido explorar nuevas formas de expresión con las personas con experiencia de pobreza y profesionales participantes, lo que se ha concretado en el proyecto de Fotorelatos que presentamos ahora.
Esta exposición, que recorre varios ejes temáticos (Contexto, Necesidades, Experiencia de Pobreza e Interacciones), estará en la Sala Primavera del Centro Cultural Casa del Reloj, en Madrid, hasta el próximo 31 de octubre.
¡A ver qué os parece!
31 ene 2019
Conjugando salud en plural
Otro día más de consulta. Otro día más arrastrando esta sensación de desenfoque, de no terminar de encontrar el rumbo, de desborde. Llevo ya 8 años en el mismo centro de salud y la dinámica de deterioro de la situación social y económica del barrio no revierte. La consulta sigue coloreándose con mil y un circunstancias sociales frente a las que siento que poco puedo hacer, la verdad. Tantos años de carrera, la residencia, tantas formaciones de mil y un tipos en mi esfuerzo por mantenerme al día, y la sensación de que hay algo fundamental que se me escapa, frente a lo que no sé qué hacer ni cómo actuar, sigue indemne. La sorpresa inicial al descubrir todas estas realidades tan distantes de la mía (¡menudo aterrizaje tuve cuando llegué a este centro!) ya pasó, pero sigo sin tener muy claro cómo dar un paso adelante. Las informaciones sobre los nuevos fármacos y protocolos de actuación se acumulan sobre mi mesa, pero todavía sigo esperando que venga alguien a explicarme cómo responder a Pedro, que relaciona el diagnostico de depresión con los tres años y medio de paro que lleva, qué hacer más allá de dar un ansiolítico a Rosa, sobrepasada por la amenaza de un desahucio, o a Inés, que no soporta más el acoso de su jefe, o que otras alternativas puedo ofrecer a Fernando para el manejo del su dolor además de las farmacológicas, de eficacia tan limitada en casos de biografías tan abigarradas como la suya. Porque mientras tanto me golpea la sensación de impotencia por no poner más que tiritas que tapan algunos síntomas mientras queda al descubierto el grueso de las causas de tantos malestares y enfermedades.
No, no puedo decir que no esté haciendo nada en estos casos. Desde el comienzo de mi formación me inculcaron que debo tener siempre una respuesta preparada frente al sufrimiento humano, así que me centro en buscar una explicación biomédica, dentro del paradigma en el que me he formado y en el que me resulta más cómodo moverme. Por lo menos me permite aportar algo, “intervenir”. Pero, ¿para bien o para mal? Muchas veces me asalta esta duda previamente a la impotencia que comentaba antes. Porque quizás de esta manera, recogiendo, encuadrando y respondiendo a lo que me comparten dentro del enfoque biológico/tecnológico/farmacológico termino legitimando ante la persona que tiene un problema, orgánico o psicológico, da igual, ya que de todas maneras queda en lo individual y requiere de un/a profesional para ser arreglado.
Transformando lo social en individual, en vez de abordar los mecanismos sociales que provocan estas realidades y que determinan la salud, puede llevarme a reforzar las dinámicas que responsabilizan, e incluso culpan, a quienes sufren de sus problemas o enfermedades. Responsabilizar para luego desposeer de cualquier capacidad de acción, situada la dolencia en un plano bioquímico inaccesible, impidiendo reconocer los propios esfuerzos por resistir, promoviendo la victimización y transformando a las personas en pacientes, pasivos/as, impotentes, a merced de “expertas/os” (¿o mejor llamarles “salvadoras/es”).
Un buen ejemplo de esto es todo el aparato construido en torno a los estilos de vida, con mil y un preceptos “saludables” lanzados como dardos a quienes acuden a nuestras consultas, sin reparar en cómo influyen los diferentes condicionantes sociales que nos encontramos unos y otras en las posibilidades de ponerlos en práctica. ¿Cómo tener una dieta equilibrada cuando la principal fuente de alimentos es un contenedor de basura o un banco de alimentos? ¿Cómo encontrar la tranquilidad para la meditación cuando estás tan sobrepasado por mil y una dificultades que resistirte a huir del mundo a través de una botella es toda una heroicidad? ¿Cómo hacer deporte cuando las instalaciones adecuadas para ello son de pago y los parques y calles de tu entorno peligrosos?
En los últimos años he tratado de leer lo que he podido sobre determinantes sociales en salud. La verdad es que es sorprendente hasta que punto se ha llegado a confirmar la influencia de éstos y lo poco que se ha traducido en prácticas concretas. «Si los principales determinantes de la salud son sociales, sociales han de ser también las soluciones», decía Marmot. Pues bien, ¿a qué esperamos para ponerlas en marcha? Será que somos mayoría quienes estamos como yo, sin saber qué hacer en concreto. Eso o que las soluciones posibles pondrían en cuestión todo el tinglado de intereses económicos, políticos y profesionales que sostiene la actual apuesta por la farmacia y la tecnología como puntas de lanza del sistema sanitario.
A veces creo ver en la enfermedad a una espía de las contradicciones del sistema. Sí, ese que dice preocuparse por la salud de todas las personas, pero que nos enferma desigualmente. El mismo que invisibiliza que la salud es una cuestión colectiva en la que sólo las consecuencias de su pérdida son individuales. Si trabajamos sólo en la resolución de éstas, si canalizamos el sufrimiento hacia lo sanitario y dejamos de atender las causas de las causas como algo sistémico, de cuidar aquello que protege nuestra salud, estaremos generando un entorno insalubre, de enfermos adaptados.
¿Y qué hacemos cuando la enfermedad se convierte en el único lenguaje legitimado de denuncia, cuando los colectivos se reapropian colectivamente de ella y la reivindican como medio de protesta? ¿Qué papel jugamos en esos casos? ¿Estamos dispuestos/as a escuchar estas formas de narrarse desde experiencias comunes de sufrimiento? No es cualquier cosa, ya que esto pone en cuestión nuestro rol como agentes de enunciación de la enfermedad. Pero al mismo tiempo nos muestra una nueva posibilidad de relacionarnos como aliadas/os y acompañantes de los procesos puestos en marcha en los cuerpos y las calles.
En la consulta, enfrente de mí, por encima de cada paciente que atiendo, puedo leer el cartel que he colgado: “Curar y solucionar a veces, escuchar, entender y acompañar siempre”. Es la brújula que he encontrado por el momento para abordar esas realidades que se me escapan, que me desbordan. Para encontrar otras maneras de hacer. Mirar cara a cara a quien tengo enfrente, a cada una de estas personas, con buen ánimo para aprender y compartir lo que sé, para promover una dinámica de diálogo, conocimiento y reconocimiento mutuo que nos permita entender mejor qué es lo que podemos aportar cada uno/a desde nuestra posición, desde el ser “paciente” o “ciudadana/o” y el ser “profesional”, para superar la impotencia que nos encierra a unas y a otros con tanta frecuencia. Dejar atrás nuestra manía tan “médica” de etiquetar síntomas y clasificar personas como base sin la cual no es posible actuar, aprender a hablar más allá de nuestros términos “sanitarios” y enredarnos en conversaciones sobre vivienda, sobre trabajo, sobre educación, sin pretender conquistar estos ámbitos desde el campo de la salud sino más bien conocer y vincularnos con lo que otras hacen. Escuchar para poder desde ahí reformular conjuntamente los problemas, considerando tanto el impacto en salud individual como la referencia a los contextos sociales, convivenciales y biológicos que los codeterminan. ¿Qué es si no tratar a las personas con la dignidad que reclaman desde las calles?
Esta dinámica de escucha y reconocimiento de los diferentes saberes que aportamos unas y otros (experiencial, práctico y académico) es la que nos puede empujar más allá de las respuestas individuales, poniéndonos en marcha al encuentro de otras y otros diferentes para ver qué somos capaces de construir desde lo común. Esto nos lleva también a un replanteamiento de nuestro rol profesional, no queda otra, pero nos permitirá también entender mejor cómo poder hacer aportaciones más efectivas y útiles. Y, desde esta nueva posición, animar a otras personas, especialmente a quienes se enfrentan a situaciones de mayor precariedad y aislamiento, a enredarse en esta deriva en la que poder aportar y recibir, en la que poder crecer en colectivo frente a la amenaza de la impotencia y la desesperación.







