Hace unos meses, en la presentación de una propuesta de dinámica participativa de personas en pobreza de cara al Ayuntamiento de Madrid, otras dos mujeres se atrevieron a tomar la palabra y dar su opinión sobre el funcionamiento de los servicios sociales. Su intervención generó polémica. Tras ella, una trabajadora social tomó la palabra para decir que su desconfianza respecto a ellxs es exagerada, que no tienen que tener miedo a que les quiten a sus hijxs, que eso nunca se hace salvo en casos excepcionales. "Yo no es que tenga miedo a que me quitéis a mis hijos por lo que me hayan contado. Es que ya me los quitásteis y me costó años recuperarlos", contestó con firmeza una de ellas.
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Generalmente, cuando abordamos lo comunitario, cuesta profundizar en las diferentes realidades que ese ámbito contiene. Así, el glosario de Promoción de la Salud de la OMS define Comunidad como "Grupo específico de personas que viven en una zona geográfica definida (barrio, pueblo, mancomunidad, ciudad...), comparten cultura, valores y normas y están organizadas en una estructura social conforme al tipo de relaciones que la comunidad ha desarrollado a lo largo del tiempo. Los miembros de una comunidad adquieren su identidad personal y social al compartir creencias, valores y normas comunes que la comunidad ha desarrollado en el pasado y que pueden modificarse en el futuro. Sus miembros tienen conciencia de su identidad como grupo y comparten necesidades comunes y el compromiso de satisfacerlas."
Esta definición delimita la comunidad como un colectivo mucho más
homogeneo de lo que suele ser en realidad. Se invisibilizan así las
complejas conformaciones de las comunidades geográficas, o la
multicomunitariedad que convive en los territorios y lo que eso
conlleva (a veces a nivel de conflictos, pero también de riquezas y
activos).
Por otro lado, en la definición clásica de desigualdades sociales en salud se señala la desigual distribución de recursos y riquezas, pero no se dice nada del reconocimiento, del "ser tomado en cuenta", que es un
factor también muy determinante de la salud del que pocas veces se
señala su importancia, aunque quienes sufren de esta falta de
reconocimiento lo indican siempre entre los aspectos prioritarios.
Cada barrio, cada territorio, está conformado por una "comunidad de comunidades", diferentes colectivos que configuran la realidad de éste. Se trata de colectivos formados por personas que comparten
un lugar social específico con sus propios valores, normas y
cultura, construidos a partir de unas experiencias, formaciones y
actividades compartidas que determinan su visión de la realidad. Así, por ejemplo, podríamos señalar la comunidad de vecinos reconocida como tal y la comunidad de profesionales que intervienen en la zona, pero también, frecuentemente olvidadas, hay otras comunidades invisibles, las de quiénes habitan los márgenes del sistema social, con poco reconocimiento pero conformando una red con una incidencia propia en el territorio (hablo fundamentalmente de redes de apoyo y sostén mutuo, no nos encerremos en la idea de redes mafiosas o criminales, que es a lo que nos lleva el imaginario "normalizado"). Cada uno de estos grupos constituyen así comunidades específicas que desde su
posicionamiento pueden realizar aportaciones en torno a la cuestión
de la salud y sus cuidados que es necesario reconocer y valorar para
así ponerlas en diálogo y poder buscar acciones conjuntas. Todas ellas, si les damos oportunidad y las reconocemos como tal, pueden funcionar como Comunidades Activas
en Salud.
Sin embargo, esto no es algo que pueda proponerse sin más esperando una respuesta espontánea a nuestra buena voluntad. Para quienes han experimentado a lo largo de toda su vida que su palabra no es tomada en cuenta, que su saber no es reconocido y que siempre hay otras personas expertas, con títulos a cuestas, dispuestas a enseñarles el "buen camino" por las buenas o por las malas si es necesario (con diversos instrumentos en su mano para imponer sus directrices), no es fácil participar en pie de igualdad. Acá van algunas condiciones y seguridades que favorecen esta participación, extraídas del documento "Pobreza extrema, participación y acceso a los derechos fundamentales para todas las personas"
- Reconocer la aportación de las personas en situación de pobreza y tener la voluntad de trabajar juntos para poder formarnos todos. Se trata de admitir que tienen, colectivamente, algo que decir, un pensamiento original que viene de su experiencia vital, de su sufrimiento, de su resistencia a la miseria y a todas las consecuencias de ésta.
- Respetar y garantizar la libertad de cada persona. Para que un diálogo colectivo se inscriba en una lógica de colaboración, es necesario que se establezca entre personas que ni tengan poder ni sean dependientes una de otra. Es por esto que aunque la participación empiece a menudo a nivel local, los diálogos más estructurados (en el marco de la formación de profesionales o de concertación política) deben establecerse con cierta distancia en cuanto a la vida de las personas implicadas.
- Medir los riesgos. El método de trabajo debe de respetar al menos tres condiciones:
- No inducir a las personas a hablar de aspectos demasiado íntimos o difíciles de los que normalmente nadie querría hablar ni compartir en público.
- Encontrar una solución para que las personas no tengan que relatar todo el tiempo su propia historia, para que puedan apoyarse en ejemplos que no son los suyos y dar a conocer su reflexión.
- Comprometerse todos juntos a conservar la confidencialidad sobre todo lo dicho y escrito en el trabajo común.
- La participación puede representar otro riesgo: la incomprensión del propio entorno. Pertenecer a un grupo de referencia y ser acompañado son las condiciones necesarias para entender estos riesgos y enfrentarlos.
- Experiencias positivas y tiempo. Es preciso que las personas prueben a participar con otras en un evento sin que se les juzgue o se les rechace y sin que esto ponga en peligro a su familia, que se den cuenta de que esto les hace felices y les brinda alegría y fuerza a su familia. Estos primeros pasos requieren un enorme esfuerzo de parte de las personas que han perdido la confianza en ellas mismas y en su entorno.
- Incorporarse al medio, a un grupo de referencia. A pesar del encierro al que conduce la precariedad, las personas y familias que viven en la miseria no son casos aislados. Pertenecen a un medio, encuentran apoyo en las relaciones con su familia que se agranda y sin las cuales no podrían vivir. Esos lazos con su medio les son necesarios para comprender su vida y salir de la situación en la que están encerradas. Nadie puede liberarse solo; cada uno necesita a los suyos, necesita a su medio para comprender su historia y su vida, superar la vergüenza y atreverse a actuar. Es indispensable crear espacios de libertad, de expresión y de formación donde los muy pobres puedan expresarse, escuchar a los demás, aprender, dialogar en un clima de confianza y de buena convivencia. De esta manera, las personas en situación de pobreza se dan cuenta de que no están solas, de que no son las culpables de lo que les sucede, de que la miseria no es ni una fatalidad ni una vergüenza y de que si asocian a otras personas, libremente, pueden tomar el control de sus vidas y desarrollar su pensamiento.
Serie completa
Salud, Pobreza y Cuidados (I): Empecemos a hablar
Salud, Pobreza y Cuidados (II): Cuando no se puede, no se puede
Salud, Pobreza y Cuidados (III): Hay muchas maneras de abandonar a alguien
Salud, Pobreza y Cuidados (IV): Hay recursos, hay activos... pero hay que saber mirar
Salud, Pobreza y Cuidados (V): Los cuidados serán en común, o no serán
Salud, Pobreza y Cuidados (V): Los cuidados serán en común, o no serán
Salud, Pobreza y Cuidados (VI): Liberar la palabra y la experiencia
Salud, Pobreza y Cuidados (VII): Revisando las perrillas
Tus reflexiones amplían las nuestras.
ResponderEliminarGracias