Hoy se publica en el blog 3500 millones un artículo sobre el apartheid sanitario que el gobierno español está poniendo en marcha. Es importante que se de la máxima difusión a este proceso de
desmantelamiento del sistema sanitario público, así que se agradecen
articulos como este. Señala una de las primeras consecuencias de la reforma, pero es importante no olvidar que ésta no afecta sólo a las personas inmigrantes
sin papeles, sino que estamos hablando de un cambio de modelo,como bien queda bien reflejado en esta presentación de Pablo Pérez y Álvaro Díaz.
Al mismo tiempo, duele leer algunos de los comentarios a dicho artículo y ver como dentro del debate se continúan
haciendo afirmaciones y lanzando sentencias que no son más que actos de
fe, ignorando o negando simplemente "por qué sí" las abundantes
evidencias que hay sobre este asunto, muy bien recogidas , por ejemplo, por Luis Gimeno.
Trato de resumir las grandes líneas en las que concuerdan quienes se han
puesto a estudiar e investigar el asunto, y no sólo a lanzar protestas y
proclamas desde una visión ideologizada (para revisar la evidencia, creo que basta con los dos documentos señalados anteriormente y la documentación a la que hacen referencia):
1.- Las personas inmigrantes utilizan menos los recursos sanitarios, y generan menos gasto que las autóctonas.
2.- Las personas inmigrantes aportan más al sistema sanitario de lo que
reciben de él (esto ha hecho por ejemplo que en EEUU las aseguradoras
privadas se hayan lanzado a por ese "nicho de mercado").
3.- Esto es cierto también para las personas inmigrantes no legalizadas,
ya que el sistema sanitario público español se financia a partir de los
presupuestos generales del estado, no sólo de las cotizaciones. Eso
hace que quien consuma, a través del IVA esté aportando a la
sostenibilidad del sistema. Y ahora con la próxima subida de este
impuesto, pues su aportación será aún mayor. Porqué si no habría que
exonerarles de pagar este impuesto, como a todo ciudadano no comunitario
que está temporalmente en nuestro país, ¿no? Total, si no le permitimos
formar parte de los beneficiarios del sistema...
4.- El sistema sanitario español está infrafinanciado en comparación con
otros sistemas sanitarios de países equivalentes. Aún así, sus niveles
de calidad y eficiencia son de los más altos del mundo.
5.- Sí es verdad que se ha podido gastar de más en cosas no necesarias, y
hay margen para reducir costes, pero esto pasa por medidas que afectan a
las empresas farmacéuticas y tecnológicas, y eso no interesa (aunque se
maquillen con supuestos "medicamentazos" que no las perjudican
realmente).
6.- Tener un sistema público eficiente, universal y gratuito no es sólo
beneficioso para las personas pobres y/o inmigrantes, sino para toda la
población. La ruptura de este modelo llevará a una medicina para ricos y
otra para pobres, ambas incapaces de resolver los verdaderos problemas
de salud de la población y en manos de empresas que priorizan su
beneficio económico antes que el humano. De hecho, está demostrado también científicamente que
la sanidad privada es menos eficiente que la pública (pese a que este es
uno de los grandes lemas de quienes buscan hacer negocio con nuestra
salud).
Así, la evidencia habla en favor de la universalidad y el libre acceso al sistema sanitario, y de la necesidad de un sistema público fuerte. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Bajo criterios de eficiencia es posible privar a un ser humano de un derecho básico y universal
como es de la salud? ¿No somos todos seres humanos?
Tristemente, hay que decir que no. No todos somos considerados en la práctica como seres humanos. No hay más que leer el libro de Paul Farmer "Pathologies of Power" para tomar plena conciencia de eso. Pero este libro merece una revisión más tranquila que ya llegará.
18 jul 2012
17 jul 2012
Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y V): Poder, se puede
Visto lo visto en anteriores entradas, cabe preguntarse si las desigualdades son “naturales”, debidas al azar, o el resultado de la combinación de políticas sociales y económicas concretas. Aunque parezca mentira, a día de hoy la tercera opción no es la más aceptada, aunque resulte evidente (y haya sido ya demostrado con rotundidad. En la última entrada de esta serie recogeré algunos ejemplos históricos ilustrativos) que la buena y la mala salud están muy condicionadas por los determinantes sociales, y que estos varían según las decisiones micro y macropoliticas.
Un buen cuadro resumen de este campo es el recogido en el informe de la Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España.
Pese a todo lo dicho en las entradas anteriores, no sería justo decir que no se ha hecho nada hasta ahora en el campo de las desigualdades sociales en salud en España. Porque hay comunidades como el País Vasco y Andalucía que han incluido la reducción de las desigualdades en salud entre los objetivos principales de sus planes de salud. Y en el ámbito nacional, el Ministerio de Sanidad y Política Social definió la reducción de las desigualdades como una de sus prioridades de acción en la novena legislatura (2008 en adelante), poniendo en marcha una Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España, que entregó su propuesta en mayo de 2010 (ironías del destino, coindiendo con el cambio de rumbo de las politicas gubernamentales para meternos de lleno bajo los directrices de "los mercados").
Y en el momento actual, en nuestro país, ¿en qué momento estamos respecto a los determinantes sociales en salud? Creo que es importante señalar algunos elementos fundamentales para situarnos en este sentido:
- Stuckler y cols (Lancet, 2009): En Finlandia y Suecia, entre 1990 y 1993, subió el desempleo mientras bajaba la tasa de suicidio. En España sucedía lo contrario. ¿Porqué? Según los autores, las diferencias entre estos datos se basaban en otra diferencia existente entre estos países: la inversión en políticas sociales. A menor red de protección social, mayor tasa de suicidios.
- Stuckler y cols (BMJ, 2010): Investigaron no solo el efecto positivo de las políticas sociales, sino el efecto negativo de los recortes sociales en la mortalidad, usando la base de datos de 2000 de 18 países de la UE. Estimaron que por cada 80 € recortados por persona en ayudas a desempleados, discapacitados, jubilados, familias y niños, la mortalidad general puede incrementarse casi un 1%, la debida a problemas relacionados con el alcohol puede subir un 2,8%, las muertes por tuberculosis aumentarían un 4,3% y la mortalidad cardiovascular un 1,2%.
- Otro artículo aparecido en The Lancet en 2011 recogía los siguientes datos los cambios producidos por la crisis en Grecia: aumento del número de personas que no acuden al médico pese a pensar que lo necesitan; disminución de las consultas de Atención Primaria y aumento de los ingresos hospitalarios; aumento del porcentaje de personas con percepción de tener una salud "mala" o "muy mala“; aumento del número de suicidios; aumento del número de contagios de VIH.
- Se favorece la privatización de estos sectores.En el área sanitaria se ha demostrado que las instituciones privadas con ánimo de lucro son más ineficaces (solo presentan mejores resultados en confort y lista de espera).
- Promoviendo la idea de salud= tecnología.
- Caracterizando lo público como “derrochador” e “ineficiente”.
- Culpando a los enfermos, con lo que se diluye la responsabilidad de los profesionales y la administración.
- Haciendo cada vez más opacos los procesos de gestión.
- Empujando a las clases pudientes hacia el sector privado, potenciando dos tipos de sanidad: la de ricos y la de pobres (Ya lo dijo Olof Palme, “Un servicio para pobres es un pobre servicio”).
- Se transforman prestaciones universales en prestaciones de beneficencia, como por ejemplo con el anuncio de que a los inmigrantes no regularizados de los atendería a través de ONGs.
¿Hacía dónde deberíamos caminar?
Lo bueno de que este campo haya sido ya bien trabajado es que el horizonte por el que luchar si de verdad queremos comprometernos por la mejora de la salud de todos y todas está ya bastante definido: reducir las desigualdades en toda la población, teniendo en cuenta el conjunto del gradiente social y la necesidad de trabajar de manera global y multidisciplinar. Las experiencias recientes respaldan la necesidad de priorizar este enfoque, con acciones dirigidas a toda la población, pero con intensidad creciente en fun
Este artículo pertenece a la serie "Cambiando de modelo, ¿Por qué no?":
Un buen cuadro resumen de este campo es el recogido en el informe de la Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España.
Pese a todo lo dicho en las entradas anteriores, no sería justo decir que no se ha hecho nada hasta ahora en el campo de las desigualdades sociales en salud en España. Porque hay comunidades como el País Vasco y Andalucía que han incluido la reducción de las desigualdades en salud entre los objetivos principales de sus planes de salud. Y en el ámbito nacional, el Ministerio de Sanidad y Política Social definió la reducción de las desigualdades como una de sus prioridades de acción en la novena legislatura (2008 en adelante), poniendo en marcha una Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España, que entregó su propuesta en mayo de 2010 (ironías del destino, coindiendo con el cambio de rumbo de las politicas gubernamentales para meternos de lleno bajo los directrices de "los mercados").
Y en el momento actual, en nuestro país, ¿en qué momento estamos respecto a los determinantes sociales en salud? Creo que es importante señalar algunos elementos fundamentales para situarnos en este sentido:
- Crecen la Desigualdades Sociales. No hay más que leer el último trabajo del Colectivo Ioé o mirar la gráfica de abajo (extraída de Eurostat), que refleja la evolución de la desigualdad entre el 20% más rico y el 20% más pobre.
- Se reducen gastos en sanidad, educación, protección social. ¿Esto qué consecuencias tiene? No está de más echar un vistazo a algunas investigaciones:
- Stuckler y cols (Lancet, 2009): En Finlandia y Suecia, entre 1990 y 1993, subió el desempleo mientras bajaba la tasa de suicidio. En España sucedía lo contrario. ¿Porqué? Según los autores, las diferencias entre estos datos se basaban en otra diferencia existente entre estos países: la inversión en políticas sociales. A menor red de protección social, mayor tasa de suicidios.
- Stuckler y cols (BMJ, 2010): Investigaron no solo el efecto positivo de las políticas sociales, sino el efecto negativo de los recortes sociales en la mortalidad, usando la base de datos de 2000 de 18 países de la UE. Estimaron que por cada 80 € recortados por persona en ayudas a desempleados, discapacitados, jubilados, familias y niños, la mortalidad general puede incrementarse casi un 1%, la debida a problemas relacionados con el alcohol puede subir un 2,8%, las muertes por tuberculosis aumentarían un 4,3% y la mortalidad cardiovascular un 1,2%.
- Otro artículo aparecido en The Lancet en 2011 recogía los siguientes datos los cambios producidos por la crisis en Grecia: aumento del número de personas que no acuden al médico pese a pensar que lo necesitan; disminución de las consultas de Atención Primaria y aumento de los ingresos hospitalarios; aumento del porcentaje de personas con percepción de tener una salud "mala" o "muy mala“; aumento del número de suicidios; aumento del número de contagios de VIH.
- Cambio del modelo de servicios públicos, entre los cuales está el sanitario, destacando los siguientes procesos en marcha:
- Se favorece la privatización de estos sectores.En el área sanitaria se ha demostrado que las instituciones privadas con ánimo de lucro son más ineficaces (solo presentan mejores resultados en confort y lista de espera).
- Promoviendo la idea de salud= tecnología.
- Caracterizando lo público como “derrochador” e “ineficiente”.
- Culpando a los enfermos, con lo que se diluye la responsabilidad de los profesionales y la administración.
- Haciendo cada vez más opacos los procesos de gestión.
- Empujando a las clases pudientes hacia el sector privado, potenciando dos tipos de sanidad: la de ricos y la de pobres (Ya lo dijo Olof Palme, “Un servicio para pobres es un pobre servicio”).
- Se transforman prestaciones universales en prestaciones de beneficencia, como por ejemplo con el anuncio de que a los inmigrantes no regularizados de los atendería a través de ONGs.
¿Hacía dónde deberíamos caminar?
Lo bueno de que este campo haya sido ya bien trabajado es que el horizonte por el que luchar si de verdad queremos comprometernos por la mejora de la salud de todos y todas está ya bastante definido: reducir las desigualdades en toda la población, teniendo en cuenta el conjunto del gradiente social y la necesidad de trabajar de manera global y multidisciplinar. Las experiencias recientes respaldan la necesidad de priorizar este enfoque, con acciones dirigidas a toda la población, pero con intensidad creciente en fun
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- Cambiando de modelo, ¿Por qué no?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y II): ¿Y esto de la salud, en qué consiste?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y III): ¿Qué es la pobreza?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y IV): ¿En realidad, a qué nos dedicamos?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y V): Poder, se puede
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VI): Aprendiendo de la historia
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VII): Perdiendo el paso
15 jul 2012
Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y IV): ¿En realidad, a qué nos dedicamos?
Hay declaraciones que suenan bien y despiertan consenso, al menos a nivel teórico, y así paso por ejemplo con el artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. Todas estas dimensiones están interelacionadas, de manera que el derecho a la salud no puede existir aislado de otros derechos civiles, económicos, sociales y culturales, y se enfoca en la perspectiva de una vida digna.
Yendo un paso más allá,una de las personas que más ha estudiado este tema, Michael Marmot, tiene una frase ya célebre que dice: “Si los principales determinantes de la salud son sociales, también tienen que ser sociales las soluciones”.
Sin embargo, cuando miramos las actuaciones y enfoques concretos del Sistema Sanitario, ¿a qué nos dedicamos? A poco que uno revise las noticias que aparecen en los periódicos sobre Sanidad y se pasee por las consultas de los centros, le quedará claro que los principales esfuerzos se dirigen a las innovaciones tecnológicas y farmacológicas centradas en algunos problemas señalados como prioritarios: enfermedades cardiovasculares, cáncer, tabaquismo, infecciones varias... Mientras tanto, dejamos de lado los determinantes sociales de la salud y otros problemas se invisibilizan. Una muestra evidente es el tema de la salud laboral: ¿quién se detiene en el hecho de que cada año mueren 120.000 personas en la UE por accidente o enfermedad laboral? También nos faltan datos sobre cómo afecta a la salud el paro, el subempleo, la precariedad laboral...
Así, no es extraño que Luis Weinstein, en su imprescindible libro "Salud y Autogestión", ponga en primer plano el trabajo de educador@s, sindicalistas, trabajador@s de barrio, etc. como generadores de salud, por delante de l@s trabajador@s sanitari@s. Porque en muchas ocasiones se reafirma el absurdo recogido en la siguiente imagen:
Como mucho, se habla del acceso universal y gratuito al sistema sanitario como garantía para revertir las desigualdades en salud. Sin embargo, no es suficiente. En todo caso, garantizar la accesibilidad lo que hace es no aumentar las desigualdades (para una reflexión más profunda, revisar el interesante artículo de A. Puyol "Ética, equidad y determinantes sociales en salud"). Para entender el limitado papel del sistema sanitario no hay más que asomarse a la siguiente imagen que recoge bastante bien las diferentes dimensiones que influyen y conforman la salud de personas y comunidades, dentro de las cuales se acumulan las desigualdades.
En el momento actual, con el nuevo decreto ley que acaba con este modelo de universalidad, podemos afirmar que no sólo se están manteniendo, sino agudizando aún más las desigualdades entre quienes ven reconocido su derecho a la salud y quienes lo ven vulnerado.
¿Porqué pese a toda la evidencia y el sentido común disponible “nos olvidamos” de los Determinantes Sociales en Salud? De nuevo Marmot nos ofrece una píldora de claridad:
“La evidencia es una herramienta.
Pero por si misma no es suficiente.
Es necesario que haya deseo,
voluntad política de cambio.
Una vez que exista esa voluntad,
La evidencia puede ser de gran ayuda.”
Es decir, por mucho que queramos centrarnos y casi aislarnos en aspectos meramente científicos y controlables, en el campo la construcción de la salud y la atención sanitaria (como en cualquier otro campo social, por otro lado) es fundamental considerar lo que se mueve a nivel de la voluntad política, del deseo, y cómo éstos se anudan con la ideología para conformar ilusiones que permitan justificarse.
Así, en el campo de la medicina es evidente que uno de los deseos/ideologías dominantes en las últimas décadas ha sido enfoque biomédico y farmaco-tecnológico, apoyado en grandes intereses económicos.
Pero no ha sido el único, sino que se ha visto acompañado y reforzado por el deseo/ideología neoliberal, que nos ha querido convencer de que cada persona es libre y responsable (o culpable) de lo que le ocurra, en una suerte de individualización y desresponsabilización colectiva y estatal. Un ejemplo impagable de esta doctrina nos la ofrece Boi Ruíz, consejero de Sanidad de la Generalitat, que sin citar ninguna base científica ni dejarse frenar por ningún pudor es capaz de lanzar al aire toda una declaración de fe sin fundamento real, pero con claras intenciones "pedagógicas": “la salud es un bien privado que depende de uno mismo, y no del Estado (…) No hay un derecho a la salud, porque esta depende del código genético que tenga la persona, de sus antecedentes familiares y de sus hábitos...”
El problema es que estos deseos/ideologías han conseguido infiltrarse hasta en ámbitos de reflexión ética. Así, el campo de la bioética se ha desarrollado desde los años 70 centrándose en el principio de autonomía del enfermo, pero sin meterse de lleno en un ámbito tan importante y urgente como es el la equidad y la justicia social. Caricaturizando, se ha profundizado más en el derecho a poder morir con autonomía y dignidad que en el derecho a vivir bajo estas dos claves. Un reto que queda pendiente para el futuro...
Este artículo pertenece a la serie "Cambiando de modelo, ¿Por qué no?":
Yendo un paso más allá,una de las personas que más ha estudiado este tema, Michael Marmot, tiene una frase ya célebre que dice: “Si los principales determinantes de la salud son sociales, también tienen que ser sociales las soluciones”.
Sin embargo, cuando miramos las actuaciones y enfoques concretos del Sistema Sanitario, ¿a qué nos dedicamos? A poco que uno revise las noticias que aparecen en los periódicos sobre Sanidad y se pasee por las consultas de los centros, le quedará claro que los principales esfuerzos se dirigen a las innovaciones tecnológicas y farmacológicas centradas en algunos problemas señalados como prioritarios: enfermedades cardiovasculares, cáncer, tabaquismo, infecciones varias... Mientras tanto, dejamos de lado los determinantes sociales de la salud y otros problemas se invisibilizan. Una muestra evidente es el tema de la salud laboral: ¿quién se detiene en el hecho de que cada año mueren 120.000 personas en la UE por accidente o enfermedad laboral? También nos faltan datos sobre cómo afecta a la salud el paro, el subempleo, la precariedad laboral...
Así, no es extraño que Luis Weinstein, en su imprescindible libro "Salud y Autogestión", ponga en primer plano el trabajo de educador@s, sindicalistas, trabajador@s de barrio, etc. como generadores de salud, por delante de l@s trabajador@s sanitari@s. Porque en muchas ocasiones se reafirma el absurdo recogido en la siguiente imagen:
Como mucho, se habla del acceso universal y gratuito al sistema sanitario como garantía para revertir las desigualdades en salud. Sin embargo, no es suficiente. En todo caso, garantizar la accesibilidad lo que hace es no aumentar las desigualdades (para una reflexión más profunda, revisar el interesante artículo de A. Puyol "Ética, equidad y determinantes sociales en salud"). Para entender el limitado papel del sistema sanitario no hay más que asomarse a la siguiente imagen que recoge bastante bien las diferentes dimensiones que influyen y conforman la salud de personas y comunidades, dentro de las cuales se acumulan las desigualdades.
En el momento actual, con el nuevo decreto ley que acaba con este modelo de universalidad, podemos afirmar que no sólo se están manteniendo, sino agudizando aún más las desigualdades entre quienes ven reconocido su derecho a la salud y quienes lo ven vulnerado.
¿Porqué pese a toda la evidencia y el sentido común disponible “nos olvidamos” de los Determinantes Sociales en Salud? De nuevo Marmot nos ofrece una píldora de claridad:
“La evidencia es una herramienta.
Pero por si misma no es suficiente.
Es necesario que haya deseo,
voluntad política de cambio.
Una vez que exista esa voluntad,
La evidencia puede ser de gran ayuda.”
Es decir, por mucho que queramos centrarnos y casi aislarnos en aspectos meramente científicos y controlables, en el campo la construcción de la salud y la atención sanitaria (como en cualquier otro campo social, por otro lado) es fundamental considerar lo que se mueve a nivel de la voluntad política, del deseo, y cómo éstos se anudan con la ideología para conformar ilusiones que permitan justificarse.
Así, en el campo de la medicina es evidente que uno de los deseos/ideologías dominantes en las últimas décadas ha sido enfoque biomédico y farmaco-tecnológico, apoyado en grandes intereses económicos.
Pero no ha sido el único, sino que se ha visto acompañado y reforzado por el deseo/ideología neoliberal, que nos ha querido convencer de que cada persona es libre y responsable (o culpable) de lo que le ocurra, en una suerte de individualización y desresponsabilización colectiva y estatal. Un ejemplo impagable de esta doctrina nos la ofrece Boi Ruíz, consejero de Sanidad de la Generalitat, que sin citar ninguna base científica ni dejarse frenar por ningún pudor es capaz de lanzar al aire toda una declaración de fe sin fundamento real, pero con claras intenciones "pedagógicas": “la salud es un bien privado que depende de uno mismo, y no del Estado (…) No hay un derecho a la salud, porque esta depende del código genético que tenga la persona, de sus antecedentes familiares y de sus hábitos...”
El problema es que estos deseos/ideologías han conseguido infiltrarse hasta en ámbitos de reflexión ética. Así, el campo de la bioética se ha desarrollado desde los años 70 centrándose en el principio de autonomía del enfermo, pero sin meterse de lleno en un ámbito tan importante y urgente como es el la equidad y la justicia social. Caricaturizando, se ha profundizado más en el derecho a poder morir con autonomía y dignidad que en el derecho a vivir bajo estas dos claves. Un reto que queda pendiente para el futuro...
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- Cambiando de modelo, ¿Por qué no?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y II): ¿Y esto de la salud, en qué consiste?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y III): ¿Qué es la pobreza?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y IV): ¿En realidad, a qué nos dedicamos?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y V): Poder, se puede
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VI): Aprendiendo de la historia
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VII): Perdiendo el paso
13 jul 2012
En marcha
Un recurso imprecindible, ya está en marcha la web de Yo Sí Sanidad Universal, con amplia información y materiales, fundamental para hacer frente a la tarea de acoso y derribo de nuestro sistema sanitario:
Bajo el lema "Yo SÍ, sanidad universal" una serie de usuarios y
trabajadoras del Sistema Nacional de Salud (SNS) estamos organizando una
campaña de desobediencia civil frente a la reciente reforma sanitaria,
recogida en el Real Decreto-Ley 16/2012, que supone la exclusión de
cientos de miles de personas del derecho a recibir atención sanitaria y
el repago de medicamentos y de ciertas prestaciones sanitarias.
El modelo anterior era universal, es decir, el acceso a la sanidad estaba garantizado a toda la población sin excepciones. Ahora, sólo las personas "aseguradas" podrán tener garantizado el acceso a algunas prestaciones "básicas".
Estamos desarrollando líneas de acción para articular y visibilizar la objeción de conciencia de los profesionales al RD y para organizar, sostener y proteger la desobediencia civil de profesionales y usuarias para mantener la atención sanitaria. ¡Queremos una sanidad pública, de tod@s, para tod@s!
Bajo el lema "Yo SÍ, sanidad universal" una serie de usuarios y
trabajadoras del Sistema Nacional de Salud (SNS) estamos organizando una
campaña de desobediencia civil frente a la reciente reforma sanitaria,
recogida en el Real Decreto-Ley 16/2012, que supone la exclusión de
cientos de miles de personas del derecho a recibir atención sanitaria y
el repago de medicamentos y de ciertas prestaciones sanitarias.El modelo anterior era universal, es decir, el acceso a la sanidad estaba garantizado a toda la población sin excepciones. Ahora, sólo las personas "aseguradas" podrán tener garantizado el acceso a algunas prestaciones "básicas".
Estamos desarrollando líneas de acción para articular y visibilizar la objeción de conciencia de los profesionales al RD y para organizar, sostener y proteger la desobediencia civil de profesionales y usuarias para mantener la atención sanitaria. ¡Queremos una sanidad pública, de tod@s, para tod@s!
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dandindan
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Condiciones,
Desigualdades,
Determinantes Sociales,
Dignidad,
Experiencias,
Herramientas,
Investigación,
Promoción de Salud,
Sistema sanitario
10 jul 2012
Tijeras
Hoy se ha presentado este vídeo realizado por Fernando Colono a partir de la reflexión y propuestas del Grupo de Sanidad Sol: Tijeras.
6 jul 2012
Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y III): ¿Qué es la pobreza?
Las desigualdades sociales tienen su coste en salud, tanto por el aumento de enfermedades como por la menor esperanza de vidas de quiénes se encuentran en la zona baja de la escala social. Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Es un problema relacionado con los menores ingresos, con la raza, con la cultura de un grupo social determinado o con conductas individuales nocivas para la salud?
Para profundizar un poco en esta cuestión, conviene revisar algunos artículos de Michael Marmot, en especial el de "The influence of income on health". Resumiendo sus estudios y su visión el tema, la causa fundamental de las desigualdades sociales en salud, el determinante clave en función del cual aumenta o disminuye la salud y la enfermedad, es la pobreza. Pero no una pobreza entendida como la "no riqueza", ni simplemente como menores ingresos económicos (que es la visión clásica del asunto, un umbral de ingresos y si estás por debajo, eres pobre), sino que contiene dos dimensiones esenciales:
Pero para entender mejor todo esto es necesario acercarse y escuchar a quiénes viven en la pobreza. Estas claves sólo ell@s nos las pueden hacer entender. Así lo vivimos algunos compañer@s al terminar la residencia y hacer un proyecto de investigación sobre valores en salud en personas en situación de exclusión social infectadas por VIH. Y esto fue lo que entendimos: que si nos centramos sólo en la enfermedad nos estamos perdiendo otros elementos fundamentales en la construcción de la salud: la autonomía, el desarrollo personal y las redes de apoyo. La lucha contra la pobreza en su sentido más amplio, vamos.
Este artículo pertenece a la serie "Cambiando de modelo, ¿Por qué no?":
Para profundizar un poco en esta cuestión, conviene revisar algunos artículos de Michael Marmot, en especial el de "The influence of income on health". Resumiendo sus estudios y su visión el tema, la causa fundamental de las desigualdades sociales en salud, el determinante clave en función del cual aumenta o disminuye la salud y la enfermedad, es la pobreza. Pero no una pobreza entendida como la "no riqueza", ni simplemente como menores ingresos económicos (que es la visión clásica del asunto, un umbral de ingresos y si estás por debajo, eres pobre), sino que contiene dos dimensiones esenciales:
- La carencia material, pero no sólo por sus efectos más extremos (por ejemplo en los casos de hambrunas),sino en todos los casos en los que implica una falta de autonomía y control sobre la propia vida. En varios estudios, como el famoso Whitehall, se ha demostrado que la sensación de falta de control sobre las tareas a desempeñar genera un stress que conduce a un mayor riesgo de enfermar. Así, la carencia material no sólo afecta, por ejemplo, por los efectos biológicos del hambre y la desnutrición, sino también por la incertidumbre asociada al no saber si hoy va a ser posible comer o no, o a la dependencia de la caridad que igual que entrega puede guardar sus dones.
- La exclusión social, que conlleva la ruptura de lazos y de redes de solidaridad, lo que determina una mayor precariedad y riesgo de carencia material, pero también acarrea un desequilibrio entre los esfuerzos que se hacen por salir adelante y lo que se recibe por estos, a nivel tanto de reconocimiento social como de efectos prácticos. Así, la imagen que se tiene de las personas pobres es de que no hacen lo suficiente, y no se les reconocen sus esfuerzos ni sus capacidades, lo que las sitúa como aún más diferentes y lejanos del resto de ciudadanos. Y esta es una de las claves de la experiencia de pobreza. En una investigación del Banco Mundial en la que se realizaron miles de entrevistas a personas en situación de pobreza por todo el mundo, las respuestas a la pregunta de qué es la pobreza fueron diversas, pero con una base común: no poder hacer lo que se supone que es razonable hacer en la sociedad en la que se vive.
Pero para entender mejor todo esto es necesario acercarse y escuchar a quiénes viven en la pobreza. Estas claves sólo ell@s nos las pueden hacer entender. Así lo vivimos algunos compañer@s al terminar la residencia y hacer un proyecto de investigación sobre valores en salud en personas en situación de exclusión social infectadas por VIH. Y esto fue lo que entendimos: que si nos centramos sólo en la enfermedad nos estamos perdiendo otros elementos fundamentales en la construcción de la salud: la autonomía, el desarrollo personal y las redes de apoyo. La lucha contra la pobreza en su sentido más amplio, vamos.
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- Cambiando de modelo, ¿Por qué no?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y II): ¿Y esto de la salud, en qué consiste?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y III): ¿Qué es la pobreza?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y IV): ¿En realidad, a qué nos dedicamos?
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y V): Poder, se puede
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VI): Aprendiendo de la historia
- Cambiando de modelo, ¿Por qué no? (y VII): Perdiendo el paso
5 jul 2012
Equidad no reñida con eficiencia
Imprescindibles reflexiones recogidas en el gerente demediado:
Horton se contesta a si mismo al considerar que el error que tuvieron sus principales defensores al plantear la cuestión ( Clinton, Obama) fue planearla desde un punto de vista económico ( el crecimiento excesivo de los costes, la ineficiencia del sistema) y no moral; en definitiva, un legítimo derecho de cualquier ciudadano de un país tan rico como el americano. El director de Lancet hace una disección muy interesante de las diferentes acepciones de la palabra “libertad”, mantra de los neoliberales de todo el mundo, y que sintetiza en la diferencia que existe entre “liberty” y “ freedom”.
Liberty fue precisamente un término acuñado en la época de la guerra de independencia americana, un alto ideal construido en la época del romanticismo de Stuart Mill y Percy Shelley. Para éste la libertad solo podría entenderse desde una aceptación plena del igualitarismo, en la que los privilegios de la aristocracia británica del XIX deberían ser abolidos. The Lancet, como señala Horton , nació con ese fin, el de facilitar que cualquier médico por humilde que fuera y aislado que estuviera, tuviera acceso al mejor conocimiento disponible.
Sin embargo, para Horton “liberty” degeneró en “freedom”, otra manera de entender la libertad, no como aspiración a la igualdad, sino como el estar libre de cualquier interferencia o injerencia en los asuntos de uno; de hecho la principal argumentación contra la ley de Obama era precisamente la aberración que para algunos supone “obligar” a nadie a contratar un seguro o pagar un impuesto. Hasta el punto que aquellos que defienden el viejo principio del “igualitarismo”, incluso en un interés común como es la salud, son considerados cada vez más como amenazas para los principios fundamentales sobre los que se fundaron los Estados Unidos.
¿ Por qué es tan importante lo que decidan los americanos respecto a la cobertura universal? Pues ni más ni menos que por la tremenda influencia que tienen. Horton señala que el dinero que éstos destinan a ayuda sanitaria internacional es mucho mayor que el del Banco Mundial o el Fondo Global ( en 2.011 los Estados Unidos financiaron el 27% del gasto global en salud). Por eso no es baladí el modelo de sistema sanitario que defienden, y que durante todos estos años ha sido el contrario del universalismo, algunos de cuyos efectos se han visto por vez primera también en países desarrollados como Reino Unido y España.
En este sentido, conviene aclarar los términos para no equivocarnos, lo que hacen espléndidamente (además de Horton) Reidpath, Olafsdottir, Pokherel y Alotey en el BMC, desmontando otra falacia comúnmente admitida: que la equidad y la eficiencia son mutuamente incompatibles y que elegir una es sacrificar a la otra. Y que, por lo tanto, como la eficiencia se ha convertido en otro de los dogmas del liberalismo de nuevo cuño, la equidad es insostenible.
Sin embargo,como muy bien señalan Reidpath et al, la eficiencia no es un resultado ( outcome) de los sistemas sanitarios; la equidad en cambio si lo puede ( y para algunos debería ) ser. Porque la eficiencia simplemente establece una relación entre inputs y outputs, un término que no procede de la economía ,sino de la física y su principio de la transformación de la energía calorífica en mecánica; porque no toda la primera produce la segunda y no toda la segunda se transforma en trabajo útil. Es asombroso que una interesante idea de medición de la producción y la transformación material haya tenido tanto éxito a la hora de definir el fundamento de los sistemas sanitarios.
En éstos son numerosos los “resultados” que pueden obtenerse, y lo que es más importante, priorizarse. Y esto último es una cuestión de juicio, de prioridad, de elección.El grupo de Reidpath plantea el debate, no en términos de elección entre equidad y eficiencia, sino en la decisión colectiva sobre cual de las siguientes tres opciones preferimos:
1.- El enfoque tradicional: alcanzar las mayores ganancias en salud para un determinado nivel de imputs, sin tener en cuenta si éstos se concentran en un solo grupo social
2.- El enfoque alternativo: adquirir la forma más equitativa de distribución de la salud para un nivel determinado de ingresos
3.- Un balance entre equidad y ganancias en salud: adquirir un balance adecuado entre las máximas ganancias en salud para un nivel determinado de imputs, pero con la limitación de conseguirlo con una distribución justa entre los diferentes grupos sociales.
El Real Decreto Ley español 16/2012 y sus exclusiones al derecho de aseguramiento creo que son ejemplos evidentes del primer tipo. El debate está en que tipo de alternativa queremos como sociedad."
"Richard Horton, el siempre incisivo director de The Lancet se preguntaba en su editorial de esta semana, a raíz de la aprobación del Obamacare:" la
cuestión más preocupante es, ¿ por qué una de las naciones más
avanzadas cultural y científicamente del mundo ha sido siempre tan
reticente a aceptar la cobertura sanitaria universal?"
Horton se contesta a si mismo al considerar que el error que tuvieron sus principales defensores al plantear la cuestión ( Clinton, Obama) fue planearla desde un punto de vista económico ( el crecimiento excesivo de los costes, la ineficiencia del sistema) y no moral; en definitiva, un legítimo derecho de cualquier ciudadano de un país tan rico como el americano. El director de Lancet hace una disección muy interesante de las diferentes acepciones de la palabra “libertad”, mantra de los neoliberales de todo el mundo, y que sintetiza en la diferencia que existe entre “liberty” y “ freedom”.
Liberty fue precisamente un término acuñado en la época de la guerra de independencia americana, un alto ideal construido en la época del romanticismo de Stuart Mill y Percy Shelley. Para éste la libertad solo podría entenderse desde una aceptación plena del igualitarismo, en la que los privilegios de la aristocracia británica del XIX deberían ser abolidos. The Lancet, como señala Horton , nació con ese fin, el de facilitar que cualquier médico por humilde que fuera y aislado que estuviera, tuviera acceso al mejor conocimiento disponible.
Sin embargo, para Horton “liberty” degeneró en “freedom”, otra manera de entender la libertad, no como aspiración a la igualdad, sino como el estar libre de cualquier interferencia o injerencia en los asuntos de uno; de hecho la principal argumentación contra la ley de Obama era precisamente la aberración que para algunos supone “obligar” a nadie a contratar un seguro o pagar un impuesto. Hasta el punto que aquellos que defienden el viejo principio del “igualitarismo”, incluso en un interés común como es la salud, son considerados cada vez más como amenazas para los principios fundamentales sobre los que se fundaron los Estados Unidos.
¿ Por qué es tan importante lo que decidan los americanos respecto a la cobertura universal? Pues ni más ni menos que por la tremenda influencia que tienen. Horton señala que el dinero que éstos destinan a ayuda sanitaria internacional es mucho mayor que el del Banco Mundial o el Fondo Global ( en 2.011 los Estados Unidos financiaron el 27% del gasto global en salud). Por eso no es baladí el modelo de sistema sanitario que defienden, y que durante todos estos años ha sido el contrario del universalismo, algunos de cuyos efectos se han visto por vez primera también en países desarrollados como Reino Unido y España.
En este sentido, conviene aclarar los términos para no equivocarnos, lo que hacen espléndidamente (además de Horton) Reidpath, Olafsdottir, Pokherel y Alotey en el BMC, desmontando otra falacia comúnmente admitida: que la equidad y la eficiencia son mutuamente incompatibles y que elegir una es sacrificar a la otra. Y que, por lo tanto, como la eficiencia se ha convertido en otro de los dogmas del liberalismo de nuevo cuño, la equidad es insostenible.
Sin embargo,como muy bien señalan Reidpath et al, la eficiencia no es un resultado ( outcome) de los sistemas sanitarios; la equidad en cambio si lo puede ( y para algunos debería ) ser. Porque la eficiencia simplemente establece una relación entre inputs y outputs, un término que no procede de la economía ,sino de la física y su principio de la transformación de la energía calorífica en mecánica; porque no toda la primera produce la segunda y no toda la segunda se transforma en trabajo útil. Es asombroso que una interesante idea de medición de la producción y la transformación material haya tenido tanto éxito a la hora de definir el fundamento de los sistemas sanitarios.
En éstos son numerosos los “resultados” que pueden obtenerse, y lo que es más importante, priorizarse. Y esto último es una cuestión de juicio, de prioridad, de elección.El grupo de Reidpath plantea el debate, no en términos de elección entre equidad y eficiencia, sino en la decisión colectiva sobre cual de las siguientes tres opciones preferimos:
1.- El enfoque tradicional: alcanzar las mayores ganancias en salud para un determinado nivel de imputs, sin tener en cuenta si éstos se concentran en un solo grupo social
2.- El enfoque alternativo: adquirir la forma más equitativa de distribución de la salud para un nivel determinado de ingresos
3.- Un balance entre equidad y ganancias en salud: adquirir un balance adecuado entre las máximas ganancias en salud para un nivel determinado de imputs, pero con la limitación de conseguirlo con una distribución justa entre los diferentes grupos sociales.
El Real Decreto Ley español 16/2012 y sus exclusiones al derecho de aseguramiento creo que son ejemplos evidentes del primer tipo. El debate está en que tipo de alternativa queremos como sociedad."
2 jul 2012
¡No a las reformas sanitarias que pueden costar vidas!
Otra iniciativa a apoyar...
| España: ¡No a las reformas sanitarias que pueden costar vidas! |
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La retirada
de tarjetas sanitarias a migrantes en situación irregular puede poner en
peligro la vida de miles de personas. Amnistía Internacional, Médicos del
Mundo y Red Acoge exigen a las Comunidades Autónomas que no adopten medidas
regresivas en el acceso a la salud y que mantengan la asistencia sanitaria
para todas las personas. ¡Actúa!
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¡No a las reformas sanitarias que pueden costar vidas!
Aisha es una mujer marroquí. Con motivo de la crisis perdió su trabajo y con
ello el permiso de residencia. Le detectaron un cáncer de pecho hace dos
años y medio cuando estaba embarazada. Sufrió una mastectomía y le aplicaron
quimioterapia. Ahora va al médico cada dos meses. Sin tarjeta de residencia
no podrá continuar su tratamiento.
Carmen es chilena y se encuentra en situación administrativa irregular. Necesita diálisis porque sus riñones sólo funcionan al 22 por ciento. Si pierde el acceso al sistema sanitario no podrá asumir el coste de la máquina de diálisis de la que depende su tratamiento. La reforma sanitaria introducida por el Real Decreto Ley 16/2012 puede costar vidas. La limitación del acceso a la atención sanitaria para las personas migrantes mayores de edad en situación irregular a la modalidad de urgencias y a la asistencia al embarazo, parto y posparto, así como el retroceso en la universalidad del acceso a la atención sanitaria para las personas españolas constituyen medidas regresivas y discriminatorias. Además de vulnerar obligaciones internacionales, tienen un gran impacto sobre el derecho a la vida de las personas. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, ha recomendado a España que la "reforma sanitaria adoptada no limite el acceso de las personas que residen en el Estado a los servicios de salud, cualquiera sea su situación legal". Recomienda revisar las reformas implementadas para garantizar que todas las medidas de austeridad mantengan el nivel alcanzado de protección de los derechos económicos, sociales y culturales, y sean en todos casos temporales, proporcionales y no perjudiciales para estos derechos. Las Comunidades Autónomas, desde el respeto a sus competencias deben garantizar el acceso y disfrute del derecho a la salud de todas las personas, y dar cumplimiento así a sus obligaciones internacionales, sin regresividad ni discriminación. Sin necesidad de crear un sistema sanitario paralelo en colaboración con las organizaciones sociales que no garantice el mismo nivel de calidad. El derecho a la vida de miles de las personas depende de ello. |
YO SI SANIDAD UNIVERSAL
A no perder de vista...
¡Ven el próximo sábado! ¡Para echar atrás el Real Decreto! ¡Para que la
desobediencia se convierta en realidad!
Ideas de desobediencia contra el decretazo de sanidad
Debate público y presentación de la (futura) campaña YO SÍ SANIDAD UNIVERSAL
En Librería Traficantes
de Sueños (C/ Embajadores 35, Lavapiés)
Sábado 7 de julio, 19:30.
Desde el grupo de la campaña YO SÍ SANIDAD
UNIVERSAL invitamos a todas las personas dispuestas a responder a las
indignantes medidas del Gobierno contra la sanidad pública, a participar en un
debate abierto para aportar ideas, sumar fuerzas y/o unirse a la campaña que lanzaremos el
próximo septiembre, con la entrada en vigor del RD 16/2012. ¿Te unes?
¿Qué queremos que sea la campaña YO SÍ SANIDAD UNIVERSAL?
El Real Decreto 16/2012 supone
el mayor ataque a la sanidad pública en su historia: un punto de inflexión en
el que se cambia de raíz el modelo sanitario, donde pasamos de tener un derecho
universal a la salud, a ser “asegurados” y “no asegurados”.
Al
comprender la gravedad de la situación en
que nos dejaba este decretazo, diferentes personas de a pie y personal
sanitario (enfermeras, personal administrativo, médicos, etc) decidimos
organizarnos -como muchos otros grupos en defensa de la sanidad- pero en
particular con el objetivo de sacar adelante una campaña de respuestas
concretas y
realizables. Decidimos que la campaña se llamara YO SI SANIDAD
UNIVERSAL. ¿Por qué?
Juntos
hemos
decidido decir alto y claro que YO SÍ. Cada uno de nosotros estamos
dispuestos a aportar, defender y construir cada día una sanidad
universal, de
todas y para todas, como la que teníamos hasta ahora o incluso mejor,
mucho
mejor. Como primer paso en esta tarea, que sólo puede ser real si es
cosa de
muchos, hemos empezado a proponer toda una serie de respuestas contra el
RD
16/2012, dirigidas fundamentalmente a que todo el mundo siga teniendo
acceso a
la sanidad pública ya existente. Tenemos las ganas y la fuerza para
responder a este RD a través de: medidas de visibilidad -chapas, web,
video-, un manual de desobediencia -con las acciones concretas que
pueden realizar personal sanitario y usarios-,
una red de desobedientes y objetores de conciencia, y muchas cosas más
que queremos que estén funcionando... ¡este septiembre!
Decimos YO
SÍ, porque NO queremos vivir en una sociedad sin una atención sanitaria garantizada para todas las personas.
29 jun 2012
El ministerio de sanidad y su poca ciencia...
Si a la ministra de sanidad o a alguien de su equipo le interesara un mínimo la salud de la gente, enmarcaría este artículo de Médico Crítico sobre la mesa de su despacho:
Sacando medicamentos de la financiación pública sin ton ni son
En el Real Decreto del 20 de abril de 2012, en el artículo 85 ter punto 2 se especificaban las características que debería cumplir un fármaco para ser desfinanciado, destacando (por ser más novedosas) las siguientes:
- Que el principio activo cuente con un perfil de seguridad y eficacia favorable y suficientemente documentado a través de años de experiencia y un uso extenso.
- Por estar indicados en el tratamiento de síntomas menores.
Muchos pensábamos que se trataba de un error, que no podía ser que fueran a desfinanciar medicamentos eficaces y seguros por el mero hecho de serlo, pero...
Lo que ha sucedido/está sucediendo (despropósitos en el Ministerio de Sanidad, toma 14.431).
El Ministerio de Sanidad ha publicado una nota en la que comunica qué fármacos propondrá para su desfinanciación próximamente.
No voy a enumerar aquí el listado porque se puede encontrar en el enlace a la nota del ministerio, simplemente comentar que incluye medicamentos de uso común como antitusivos, mucolíticos, descongestivos, antivirales tópicos, antidiarreicos o laxantes (y varios grupos más). En un principio no aparece el paracetamol, a pesar de lo comentado por el director general de igualdadd y seguridad social en el día de ayer, por lo que es de esperar alguna modificación d este listado a posteriori.
Un total de 456 medicamentos en los que el sistema público de salud gastó el año pasado 440 millones de euros.
Lejos de tomar una decisión técnica de difícil cuestionamiento científico, los medicamentos incluidos son aquellos en los que han coincidido 3 o más Comunidades Autónomas a la hora de proponer qué medicamentos desfinanciar. Esto es, no se han mirado los estudios de evaluación económica de los diferentes medicamentos para después ver qué impacto económico tendría su financiación (o su desfinanciación, la inclusión y exclusión de prestaciones son procesos análogos) y en base a esto priorizar unos medicamentos sobre otros, se confía en que cada Comunidad Autónoma tenga criterio científico y si 3 de ellas coinciden... luz verde. Esto es, si en su comunidad de vecinos hay 3 que quieren pintar la escalera de amarillo chillón se hace; esa es la metodología que lleva a cabo el ministerio de sanidad. ¿quién dijo ciencia?
Los problemas de hacer las cosas mal desde el principio (erre que erre).
El procedimiento para desfinanciar tecnologías sanitarias (lo cual incluye medicamentos, aparatos diagnósticos o de rehabilitación, procedimientos,...) debe ser el mismo que el utilizado para comenzar su financiación. Sobre esto se puede leer más detenidamente en este post de otro blog. El problema con esta medida es que no se pretende desfinanciar porque no se haya demostrado que los medicamentos en cuestión sean poco útiles, tengan muchos efectos adversos o no presenten una buena relación de coste-efectividad. No. Se pretenden desfinanciar porque van dirigidos al tratamiento de síntomas menores. Esta consagración de la magnitud del síntoma como variable farmacoeconómica puede traer grandes problemas en un futuro porque plantea un escenario en el que lo importante no es el beneficio en salud que aporta un medicamento y el coste al que lo aporta, sino que se abre la puerta a la financiación (o mantenimiento de la misma) de medicamentos para síntomas “mayores” que no hayan demostrado un claro valor terapéutico (sólo por el hecho de ser para síntomas mayores).
Los problemas de hacer las cosas mal desde el principio (erre que erre).
El procedimiento para desfinanciar tecnologías sanitarias (lo cual incluye medicamentos, aparatos diagnósticos o de rehabilitación, procedimientos,...) debe ser el mismo que el utilizado para comenzar su financiación. Sobre esto se puede leer más detenidamente en este post de otro blog. El problema con esta medida es que no se pretende desfinanciar porque no se haya demostrado que los medicamentos en cuestión sean poco útiles, tengan muchos efectos adversos o no presenten una buena relación de coste-efectividad. No. Se pretenden desfinanciar porque van dirigidos al tratamiento de síntomas menores. Esta consagración de la magnitud del síntoma como variable farmacoeconómica puede traer grandes problemas en un futuro porque plantea un escenario en el que lo importante no es el beneficio en salud que aporta un medicamento y el coste al que lo aporta, sino que se abre la puerta a la financiación (o mantenimiento de la misma) de medicamentos para síntomas “mayores” que no hayan demostrado un claro valor terapéutico (sólo por el hecho de ser para síntomas mayores).
En otros países como Francia (con su Haute Autorité de Santé) o Reino Unido (con su National Institute for Health and Clinical Excelence) existen mecanismos transparentes y basados en la ciencia (en mayor o menor medida) para la adopción de nuevas tecnologías y para su retirada de la financiación pública. Una transparencia que brilla por su ausencia a la hora de manejar el dinero público (transparencia y dinero público deberían ir siempre cogidas de la mano) en temas sanitarios.
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