El Sistema Nacional de Salud (SNS) es eficaz, es apreciado por los ciudadanos y es sostenible.
Argumentos para combatir el tópico de la insostenibilidad del SNS
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública. Junio de 2011
Desde hace meses arrecian los mensajes interesados en la construcción de un tópico: “El SNS resulta tan costoso que no podemos sostenerlo”. Recortes en las prestaciones, copagos y privatizaciones son las recetas propuestas por los corifeos de las empresas de seguros, de tecnologías sanitarias y por los partidos de derechas, que desearían poder repartir como beneficios parte de los miles de millones que mueve la financiación, contratación y provisión de servicios del SNS.
Están equivocados, porque el SNS es SOSTENIBLE; las Comunidades
Autónomas (CCAA) no despilfarran en sanidad, si no que no reciben la
financiación adecuada; las privatizaciones incrementan los costes y ni
el copago ni los seguros privados son la solución.
El SNS es sostenible
El gasto sanitario total español está por debajo del promedio de la UE 15 países en $ por poder paritario de compra (&ppc).El gasto sanitario público es inferior a la media de la UE 15 en 805 €/ habitante/ año.
El crecimiento del gasto sanitario público español en los 10 últimos años ha sido del 2,7 % anual, frente al 4,1 % de promedio en los países de la OCDE.
El gasto sanitario total crece a expensas del gasto sanitario privado.
El SNS no recibe financiación suficiente
En nuestro país hay una baja presión fiscal y se ha reducido la
recaudación por la retirada de impuestos (patrimonio, sucesiones)
Los ingresos fiscales en España están 10 puntos por debajo del promedio de la UE 15 y de la UE 17 (34,5 % del PIB frente al 44,4 % y al 44,0 %, respectivamente).
El fraude fiscal en España es del 23 %, frente al 13 % de la UE, un diferencial equivalente a 100.000 millones de €/ año.
Son las decisiones políticas las que ocasionan que la diferencia de presupuestos sanitarios entre la CCAA con presupuesto mayor y menor fuera de 556,71 €/ habitante/ año en 2011.
Parte de los presupuestos destinados a sanidad (fondos de compensación, céntimo sanitario), algunas CCAA (Madrid, País Valenciano) los derivan a otros fines, con lo cual crece el endeudamiento y la infrapresupuestación.
El gasto farmacéutico y las privatizaciones incrementan los costes.
En comparación con los países de la OCDE el gasto farmacéutico se coloca 3,9 puntos por encima del promedio en porcentaje del gasto sanitario (21,3 % versus 17,4 %) y 0,3 puntos más en % sobre el PIB (1,8 versus 1,5%).
En el incremento del gasto farmacéutico per capita influyen el mayor envejecimiento poblacional de nuestro país, la baja participación de los pacientes en la financiación del consumo farmacéutico público (copago efectivo), de tendencia decreciente en España pero creciente en Europa, y un precio más “europeo” de los medicamentos realmente prescritos.
En la Comunidad de Madrid la financiación privada ha multiplicado por 7,14 el coste de construcción de los nuevos hospitales.
La entropía del sistema sanitario incrementa los costes
La sobreutilización de la tecnología (sólo un 30 % está justificada), por la presión de la tecnoestructura económica y sanitaria y por la fascinación que ejerce en los médicos, incrementa los costes (30 % del gasto sanitario total español).La persecución inmisericorde del diagnóstico, incluso sin tener en cuenta las necesidades de los pacientes, incrementa los costes.
La variabilidad injustificada de la práctica clínica incrementa los costes y los riesgos para el paciente.
La descentralización sanitaria en varios centros de compra rompe las economías de escala incrementando los costes.
La descoordinación entre atención primaria, hospitalaria y atención socio-sanitaria incrementa los costes.
La práctica de la medicina defensiva puede encarecer el gasto sanitario hasta un 15-20 %, como pasa en USA.
La politización de la gestión produce desconfianza, desmotivación y falta de colaboración de los profesionales en el cumplimiento de los objetivos asistenciales y financieros del SNS.
La subfinanciación de la atención primaria reduce su capacidad de intervención y dificulta su labor resolutiva y de filtro.